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Cicliotimia y estados de ánimo cambiantes

Publicado: 10 marzo 2009 en Ciclotimia
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Introducción

Argentina había ganado 2-0 a Francia, Maradona estaba contento y extasiado; dijo algún comentario de más (como siempre) y todos nos fuimos contentos a descansar… excepto él. Tampoco se fue triste ni desilusionado, pero no contento. Mucho más que eso, Maradona estaba eufórico: a las 5.00 am se levantó para ver nuevamente el partido. “¡Qué pasión por el fútbol!” podría decir un ingenuo, pero en realidad, la situación interna de Maradona era mucho más complicada que eso.

No nos interesa introducirnos en los intersticios de su mente, sólo pretendemos tomarlo como un ejemplo de lo que hemos denominado “estados de ánimo cambiantes”.

 

 

 

Este tema es uno de los más importanteas para comprender muchas psicopatologías individuales y ciertos aspectos insanos del contexto propio de Argentina. En efecto, la ciclotimia, que se halla categorizada como un  “Trastorno del humor persistente” por la OMS consiste en:

una inestabilidad permanente del estado de ánimo, que implica la existencia de muchos períodos de depresión y de euforia leves. Esta inestabilidad aparece por lo general al inicio de la edad adulta y sigue un curso crónico, aunque a veces el estado de ánimo permanece normal y estable durante meses seguidos. El enfermo no percibe relación alguna entre las oscilaciones del humor y los acontecimientos vitales. Las oscilaciones del ánimo son relativamente leves y los períodos de euforia pueden ser muy agradables, la ciclotimia pasa frecuentemente desapercibida a la atención médica. Esto puede deberse, en algunos casos, a que los cambios del estado de ánimo son menos evidentes que los cambios cíclicos en el nivel de actividad, la confianza en sí mismo, la sociabilidad o las apetencias” (OMS, CIE-10). 

Ciclotimia y emociones

El punto crítico de este tema en realidad es identificar cuál es la función que tienen las emociones en el ser humano. Si bien muchas personas consideran que ellas son una fuente de disfrute y orientación en la vida, lo que te permite saber aquello que te gusta o prefieres de aquello que no, esta es una comprensión parcial de lo que ellas en realidad implican en la estructura psíquica.

Es necesario discriminar las emociones en tanto reactivas de los afectos primarios (por ejemplo, relaciones familiares), constitutivos del ser humano.

 

La emoción es a la psiquis lo que la sensación es al cuerpo. La emoción es un fenómeno subjetivo o mental, mientras que la sensación (placer/dolor corporal) es un fenómeno corporal. La alegría y la tristeza, la angustia y la ansiedad, son en realidad reacciones percibidas, sentidas, que produce la estructura psíquica humana a acontecimientos profundos.

Este razonamiento permite apreciar que no se puede tomar a las emociones como jueces de la toma de decisiones como si se tratase de una clase de hedonismo mental. Si un inversor de bolsa se dejaría llevar por las fuertes emociones que experimenta, se terminaría convirtiendo en un apostador del casino más grande del mundo y acabaría en la ruina; él, más que nadie, sabe lo difícil y peligroso que puede resultar tener una visión superflua de lo que significan las emociones.

 

¿Qué nos está pasando a los argentinos?

Bueno, es una pregunta que no podemos responder desde ningún punto de vista; pero en lo que a psicopatología se refiere, cierta “mala educación de las emociones” nos conduce muchas veces a decidir en base a cómo nos sentimos y, aún, a juzgar que no estamos bien tan sólo porque nos sentimos un poco mal. Esta “locura” que nos invierte el rol de las emociones nos anula la mente racional y, paradójicamente, no nos permite usufructuar de las emociones al máximo ni gozar de ellas… La alegría tan sólo parece ser un buen momento lejos de la tristeza que, en cualquier momento, frágilmente se puede resquebrajar y acabar con nosotros.

 

Conclusiones: la potencialidad de las emociones…

Mientras todavía muchas personas no se cansan de criticar a los adolescentes, nosotros consideramos que los jóvenes son lo mejor que tiene la sociedad, sus mejores recursos están puestos en ellos. No es sólo nuestra opinión, sino también la de grandes empresarios que consideran que para comprender qué sucede en el mercado es necesario poder ver a través de los ojos de un adolescente puesto que son ellos quiénes anticipan las tendencias y se hallan más sensibles a lo que ha de suceder en al sociedad y la cultura. Un ejemplo de esta postura es el millonario Robert Kiyosaki, autor de numerosos libros sobre finanzas.

Quizás el problema no sean los jóvenes sino los adultos que no saben cómo aprovechar ni encausar ese gran recurso de que disponen como ente social. Los jóvenes poseen una mente lo suficientemente desestructurada como para crear permanentemente recursos (en eso se parecen a los niños), pero al mismo tiempo poseen un sistema cognitivo adecuadamente desarrollado como para poder atender a casi cualquier tema adulto (en ello su psiquis se asemeja mucho a la del adulto). Esta posición excepcional intermedia nos permite compararlos con lo que las emociones representan para el ser humano: tanto unos como otros son grandes y fortísimas señales. Las emociones y los jóvenes muestran posibles nuevos rumbos que es posible tomar de un modo independiente del racionalismo estructurante, la emoción se suelta y dirige hacia fines que no son coaccionados por los conocimientos ya adquiridos e impulsa a la búsqueda de nuevas experiencias.

La emoción es como la capacidad de abrir nuevas puertas, de crear nuevas alternativas; después la razón puede explorarlas y profundizarlas, examinar si son convenientes o no. Esa “señal” que significan las emociones, ese gusto o disgusto que algo nos sugiere es el medio que nos lleva a indagar más profundo en el fenómeno. El paso por la emoción y su goce es importante y muy bueno, pero todavía se puede ir más allá y buscar el sentido detrás.