Archivos para agosto, 2014

¿Por qué realizo tanta insistencia en la angustia, el alejamiento del confort y de toda comodidad? Porque tras estos últimos se esconde la pretensión de construir una imagen del Yo que intente evadirse de toda limitación propia de la existencia humana; a esta imagen encubridora la denominamos “Ego”. El problema es que construir a lo largo de toda la vida de una persona esta imagen, basada en nuestras conquistas, nuestros logros tangibles, nuestros reconocimientos sociales, es algo altamente peligroso. ¿Por qué?

Para responder esta pregunta y comprender el fondo de este planteo, basta mirar qué sucede en la vida de una persona “exitosa”, desde el punto de vista social, cuando un hecho desafortunado sucede. En primer lugar no hay nada que pueda soportarlo, no hay nada que pueda contener el dolor; pero en segundo lugar, sucede algo que llamaría una “condenación en vida”: ¡esta persona debe continuar con su vida! La demanda de su Ego es tan grande; a esta “fama” (pequeña o grande) ha consagrado todas sus fuerzas, y ella ahora le demanda despiadadamente (sin consideración de su dolor) que siga y siga, que continúe actuando de la misma manera, que no puede detener la máquina. ¿Me comprendés? Poco hay más terrible que esto… además de todo el dolor, tenés que ahogarlo dentro de vos mismo, debés enviar a matar a tu propio corazón. Peor que un sufrimiento es un sufrimiento asfixiado.

No hay ningún problema en el desarrollo de las capacidades de una persona, ni de la fama incluso, el problema es que te lo creas. Una cosa es tener una función social, otra “creérsela”.

Ok. Continuemos. Tengo más malas noticias para vos. La limitación va a llegar, inevitable e impredeciblemente. ¿Entendés? Algún día, algo malo va a suceder. Lo que pretendo decirte, y que lo traigo aquí desde la experiencia de los místicos y de los psicólogos junguianos, es que es imprescindible el desarrollo del mundo interior, prestarle atención por encima de cualquier situación externa, porque es la única manera de afrontar esta guerra perdida por la prevalencia del Ego.

Sé que todavía no nos entendemos. Tal vez pueda explicarme mejor cambiando el enfoque: existe un increíble potencial en nuestra psique para afrontar las diversas situaciones vitales que nos tocan vivir, que puede potenciar nuestra vida en los momentos positivos y que puede ayudarnos en nuestros dolores. No se trata de un modo de defenderse, sino todo lo contrario, un modo de crecimiento desde dentro hacia afuera. ¡Creo que estoy progresando en mi modo de expresarme!

Vos me dirás: “Ok. Lo compro. ¿Cómo se hace?” Lo primero (volvemos al punto de partida) es lo más difícil pero pone en marcha todo el funcionamiento interior: no hay que hacer nada. O sea: hay que dejar de alimentar el Ego, dejar de hacer cosas por su fama y su prestigio. Luego, la angustia marcará el camino. El Ego es una anestesia del ser; siempre que haya angustia él estará fallando y siempre que no la haya él estará refugiándose en alguna comodidad o “zona de confort”, como dicen los psicólogos “top”. Aquí hay una señal clara, como un cartel en una autopista que te indica en qué dirección debes continuar.

Sólo prestar atención al proceso, puede ser de enorme trascendencia y aún eficacia.

Dios abandona al hombre

Publicado: 17 agosto 2014 en abandono, angustia, crisis, soledad
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“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Suelo escuchar que Dios no abandona nunca al hombre que lo busca, y menos aún en momentos críticos. Pero esto no es cierto; en determinadas ocasiones Dios abandona. De hecho, está en la Biblia: Dios abandonó a su propio hijo en la crucifixión. ¿O tal vez Jesús mintió? ¿O quizás era un pecador y por eso lo abandonó?

Sucede que racionalizamos demasiado las cosas, buscamos explicación para todo y pretendemos una lógica exacta que nos permita comprender todo lo que nos sucede; pero ello no existe. El abandono sucede y no sabemos por qué. Por lo general tomamos consciencia de esto cuando reconocemos que vamos a morir.

A veces resulta útil, práctico, preguntarse hacia donde nos lleva una determinada experiencia y no tanto de dónde proviene. Es que estamos acostumbrados a quejarnos y a compadecernos de nosotros mismos que reingerimos una y otra vez el vómito de nuestro pasado sin percibir que algunos hechos presentes sólo se pueden explicar en prospectiva y no en retrospectiva. ¿Acaso conduciríamos nuestras autos mirando el espejo retrovisor para ver si la ruta es recta o tiene una curva?

Cuando somos niños todos creemos en Dios o en alguien poderoso que va a ayudarnos y protegernos siempre. Así pensaban los judíos contemporáneos de Jesús: el Templo era intocable y vendría un líder militar a liberarlos de la esclavitud romana y a convertirlos en los dueños del mundo (una pretensión bastante infantil). Pero Jesús le dice a los espirituales de su tiempo (a los practicantes judíos) que el Templo iba a ser destruido y que Dios no tenía ninguna salvación para ellos. Y así sucedió.

A veces es necesario distinguir a quién le habla Jesús en determinados momentos: a los religiosos les dice “no”, y a los que les anuncia “buenas noticias” es a otro tipo de personas, quiénes la mayoría no eran personas religiosas. ¿Y cuál es la buena noticia para estos últimos? ¿Que nadie va a venir a salvarlos? ¡Eso ya lo sabían!

¿Es posible que Jesucristo haya dado un mensaje centrado en la interioridad del hombre? Quiero decir: sin esperar “auxilios” externos. Porque si esto fue así, él fue un verdadero psicoterapeuta. Acaso su frase antes de su muerte “Señor, Señor, ¿por qué me has abandonado?”, ¿no es también un mensaje a sus amigos y quienes lo siguieron, como para que quede claro el asunto? “Ni papá, ni mamá, ni nuestros líderes religiosos, ni Dios, van a salvarnos del imperio Romano y del mal.” Ahora: ¿no implica esto una real toma de consciencia de la existencia y permite ser más operativo hacia el futuro que permanecer en la dependencia?

Puedo pasarme toda la vida esperando que alguien me ayude ¡y actuando en consecuencia! O puedo empezar a desarrollar lo único que tengo: mi consciencia psicológica, mi reflexión, mi capacidad de sentir… mi alma (psyqué, en griego).

Santa Fe, Argentina.

A menudo escucho una queja recurrente por parte de los consultantes, particularmente los varones, que expresan que el padre ha sido agresivo, otras veces poco afectuoso o aún directamente ausente durante sus infancias. En virtud de estas situaciones, habrían crecido “sin figura paterna”, o incluso a veces escucho “fue mi abuelo materno el que cumplió esa función”.

Me pareció oportuno tratar aquí el tema puesto que es bastante general la preocupación, y aun cultural. Existe un primer gran error al considerar que la función paterna debería ser igual que la materna, esto es: estar presente, dar afecto directo, compartir momentos de juego y acompañamiento durante la infancia, etc.; si bien todo esto es muy bueno, no hace a la función paterna, y por lo tanto su ausencia no la menoscaba.

Existe un problema que se oculta tras las quejas a los padres: la dificultad de salir fuera de la contención materna y todas las comodidades que ello implica, se trata de una dificultad de afrontamiento del mundo paterno puesto que nuestra sociedad maternal (no matriarcal) no nos prepara realmente para ello y nos lo vuelve traumático. Sin embargo, como intentaré argumentarlo aquí, permanecer en el mundo materno es trágico.

La hipótesis de trabajo que presento puede escribirse como una fórmula matemática:

F(P) = marca

Con estas letras sencillas de recordar quiero decir que la función paterna consiste en realizar una marca sobre el hijo, en particular el hijo varón. Dicha marca implica una memoria del padre.

Es posible pensar que los tatuajes responden a esta necesidad de marcar, de modo indeleble sobre el cuerpo, en búsqueda de que tras esta marca temporal algo trascendente suceda.

Me pregunto qué habrán dicho las madres de aquellos que fueron jóvenes en la década del ’70 a sus hijos, en el contexto de un patriarcado injusto y violento, asociado a las dictaduras militares. Me pregunto si los habrán incentivado a rebelarse, a luchar por la “libertad”… de ellas. ¿Existirá algo más fuerte que el deseo de liberar a mamá? Algo de ello se expresa en el excelente drama psicológico que presenta Star Wars en los Episodios I a III (no es un film del género de la fantasía, sino un drama político anclado en la psiquis de un individuo y con una estética de ficción para adolescentes -muy recomendable para quién esté interesado en comprender la psiquis del varón), donde el personaje principal parte de la esclavitud de su infancia vivida junto a su madre y la falta de padre. Tal vez sea hora de que las mamás se hagan cargo de su parte…

El patriarcado no se puede evitar, y los padres deben enseñarles a sus hijos un modo de afrontarlo, por ello necesitan ser “traumáticos”, porque a imagen de “la marca de Caín”, ésta señal ha dañado al joven pero al mismo tiempo lo protege, una paradoja de la psiquis masculina. El joven varón no podrá librarse del trauma paterno y deberá metabolizarlo como pueda, sin recibir la ayuda adecuada de adultos sabios se perderá en el mar de la angustia, pero si es advertido de este proceso encontrará una vía de salida al patriarcado violento.

Actualmente en Argentina sucede un ataque violento hacia nuestros jóvenes desde diferentes lugares, que los lleva muchas veces a encontrarse con la muerte. Pero sucede que los padres no sabemos qué hacer, no sabemos cómo prepararlos para afrontar este mundo destructivo. A diferencia de plantear una búsqueda de libertad para nuestro Ego y sus placeres, su “estilo de vida”, creo que los hombres debemos enseñar a nuestros hijos todo lo contrario, enseñarles a dejar el Ego. ¿Cómo puede existir un joven que muere por defender su bicicleta? ¿Tanta importancia tenía para su Ego?

Lo único que veo tras las revoluciones armadas, de la época que sea (como la actual en Oriente), es una “pila de muertos”. ¿Nadie puede hacer otra cosa? ¿A nadie le sucedió tener que “trabajar” durante muchos años en el “mundo interno” para luego liberarse en el externo?

Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica. A todo el que te pida, dale, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames. [Lucas 6, 29-30]

Santa Fe, Argentina.