Archivos para noviembre, 2014

Narcotráfico y violencia: un toque de Dios

Publicado: 30 noviembre 2014 en psicología
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“Yo doy la vida, y yo la quito;

yo hiero de muerte, y yo devuelvo la vida,

y no hay nadie que pueda evitarlo.”

Creo que con esta nota voy a ganarme el odio de la mitad más uno de los lectores…

A veces no termino de darme cuenta si los políticos y aquellos que supuestamente luchan contra el narcotráfico “son o se hacen”; si realmente son grandes hipócritas o no se dan cuenta de lo que dicen. Pero, después de mirar el ridículo intento del presidente uruguayo Mujica por legalizar la producción y distribución de marihuana, no me queda otra opción que pensar que no se dan cuenta.

Ridículo intento porque es imposible, porque no entiende la lógica social en la que se inspira el fenómeno y que implica que todos los intentos de control vayan a fracasar. El narcotráfico es una diarrea de humanos, y lo único que se puede hacer es esperar a que termine el proceso, rogando a Dios que no se lleve una parte esencial de nuestras vidas.

¿Por qué te planteo esto? Porque el narcotráfico y la violencia, que son dos realidades muy ligadas, poseen raíces muy profundas en la biología y la psicología del varón, cumplen una función importante en la psiquis masculina, y nada se puede contra ello.

El 25 de noviembre fue el día de lucha contra la violencia de género (¿el día de lucha contra la violencia hacia los niños cuando es?); leía al respecto una nota que decía algo así como: “el tráfico de mujeres y el feminicidio es el delito que más vidas humanas cobra”. Bueno, ¿qué decir?, vamos a hacer una pequeña corrección:

El acto de violencia que más vidas humanas cobra se llama guerra, y las vidas que se lleva son en su mayoría de varones.

Empecemos por hacer un buen diagnóstico, si no, vamos a prescribir el tratamiento equivocado. Es importante que enfoquemos bien la violencia; ésta no la generó el narcotráfico, la generamos nosotros, los “educados y civilizados”, los que nos oponemos a la barbarie; la engendramos porque la consentimos con los siguientes principios organizadores de nuestra urbe:

  • Está bien que los niños se peguen en la escuela: “¡Y… son varones!”
  • Está bien que los jóvenes vayan a morir a la guerra: “¡Se llama patriotismo!”
  • Está bien que los varones compitan en la selección del más macho por una mujer: “¿Dependencia?”
  • Está bien que los niños sean violados en los orfanatos y los delincuentes en las cárceles: “¿Ok?”

Los humanos parece que organizamos nuestra cultura en base a separaciones morales: lo bueno y lo malo, nosotros y ellos, los del centro y los de la periferia, los normales y los enfermos, etc. Sin embargo, si nos hospedamos unos días en la selva, todo ello se diluye, allí la naturaleza enlaza vida y muerte, creación y destrucción en un circuito que se retroalimenta permanentemente.

La cita que transcribí al comienzo la extraje de la Biblia (Deuteronomio 32, 39), y muestra cómo el Dios judeo-cristiano es poseedor de toda la realidad, la que nos gusta y la que nos repugna. Esto significa que existe SIGNIFICADO en todo los actos humanos, y hacia allí vamos en busca del sentido del narcotráfico y la violencia.

Las opciones del “sistema” son interesantes: si no sos de la elite (ya sea por dinero o por salud -son los dos criterios fundamentales de exclusión), podés intentar ser como ellos: tener un oficio o ser policía… ¡algún día te van a aceptar en el círculo de los elegidos por el bienestar social! Pero el violento que pasa al acto delictivo no cree en nada de ello y sólo él, en este momento, rompe con el sistema. Y esto, es necesario; es necesario que alguien rompa, sino, desaparecemos como humanos.

Los enfermos fueron confinados a los hospitales, los niños con su creatividad serán atrofiados en las escuelas, los curas fueron tragados por la imagen, los artistas también, los psicólogos estamos en proceso, pero… ¡no hay más lugar en las cárceles para los delincuentes! ¿Qué vamos a hacer con ellos? Además, ¿quién va a trabajar por unas monedas para los chicos y chicas top de la ciudad?

Agresividad, ruptura, libertad, cuerpo, potencia física, placer… todo ello está en la sombra que intenta rescatar la droga, viene a sacar a luz aquella parte eliminada del varón, domesticada por la civilización, rechazada por los moralistas pero que es humana, demasiado humana como para ser repudiada. Por ello, se trata de un toque de Dios; y tiene una función muy importante que cumplir en la sociedad, más importante que la preservación de tu ego.

Las feministas tienen la solución: “¡el hombre es el problema! ¡Librémonos de él!”

Una pregunta más: ¿quiénes terminaron con la esclavitud? ¿quiénes liberaron? ¿quiénes crearon? Pero… no lo vamos a entender.

Santa Fe, Argentina

(Allá perdidos por Sudamérica)

PD: ¿sabés qué se memora el 25 de abril?

Hace unos años, cuando surgió en la escena mediática el caso Clara Rojas en Colombia, explicamos que el hijo que la abogada tuviese en cautiverio no había sido consecuencia del Síndrome de Estocolmo -como lo afirmaban los medios masivos-, sino que era producto de una violación. Tras la liberación y posterior edición de un libro por parte de Clara Rojas, ella expresó en una entrevista que no quería dar detalles acerca de cómo había sucedido aquello por preservar a su hijito, pero quería aclara que no se había tratado de una relación consentida (¿o sea…?).

Previamente a esto, tratamos el caso Madeleine McCann y, hace poco más de un año, comenzamos a hablar en el blog sobre la muerte de los niños, mencionamos a Martín, Candela, Ángeles, algunos de los chicos cruelmente asesinados en nuestro medio. Dijimos que era un fenómeno que vendría en crecimiento… en Argentina.

Hoy, fines de 2014, el tema es insoportable, cómo los medios evidencian la brutalidad del maltrato infantil que por lo general culmina en el abuso sexual, la muerte del niño o, ambas cosas. En este momento estoy observando una nota periodística referida a niños de 3 y 4 años abusados en un jardín recientemente.

Pero permítanme que les cuente el futuro… como suelo dar malas noticias, ya se sabrá que pienso que el problema no se va a resolver… pero no creo que sepan cuál es en mi opinión el problema.

El problema es la escuela como institución normalizadora el ser humano, quiero decir con esto: no puede resolverse el problema en el marco de la institución educativa porque ella posee como presupuesto la desprotección de los niños por parte de sus padres (que, según la naturaleza, son los encargados de cuidarlos hasta que se vuelvan independientes).

Entonces advendrán mayores y rigurosos controles sobre el personal que trabaja en las escuelas -lo cual es necesario- y… esto es lo que quiero decir: el problema va a estallar por otro lado. Por uno mucho peor… por el lado de los mismos niños. Los más grandes van a abusar de los más pequeños y la situación no podrá ser controlada. Hasta que algún niño tome un arma de fuego… Igualmente no soluciona.

De modo que tenemos que enviar nuestros niños a la escuela para que abusen de ellos… de eso se trata la educación institucionalizada, para eso se crearon las escuelas (¿te dije que se crearon de modo conjunto con la cárceles y las industrias?)

No hace falta ser adivino para saber esto… mirá el otro lado de la fuerza… allí donde también hay niños hacinados en instituciones, desde hace mucho tiempo, sin papás que los protejan, entonces me vas a creer. Tal vez tenés experiencia de lo que te digo, tal vez no tenés ganas de mirar nada de lo que te muestro… no importa, da igual.

Seguimos en la cuesta hacia abajo… hacia nuestra anhelada autodestrucción. No es la primera vez que sucede en la historia, la próxima te cuento sobre el rey que quemó a su hijo.

Santa Fe, Argentina

La muerte de los niños

Publicado: 23 noviembre 2014 en SATURACIÓN
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Y el temor a la profundidad

El otro lado y el miedo

La muerte de los niños es un tema que te propongo reflexionar en un momento paradójico de nuestras vidas y de nuestras comunidades: cuando nos hallamos en “el mejor momento” desde el punto de vista social, exterior, “tangible”.

El motivo para ello radica en que se produce un encadenamiento cíclico entre el máximo bienestar y el inicio de un período negativo de nuestras vidas. Cuando digo “bienestar” quiero decir el momento de mayor consumo en nuestras vidas y contextos. Allí, precisamente, sucede la muerte de los niños, como el Yin y el Yang, se produce un engendramiento del opuesto.

Sé que este tema que te planteo no está bueno, no es agradable de pensar, incluso causa temor, pero tiene una finalidad positiva: es un parámetro, un marcador, una señal que puede testearnos realmente “desde el alma”, desde nuestra profundidad.

Muchas veces te voy a repetir esta idea: cuando las personas y las sociedades se saturan se engendra de modo paralelo un impulso de destrucción hacia los niños o las generaciones más jóvenes. Si estás involucrado en la saturación, advertí y percibí la señal para no cometer errores y para que te obligue a prestar atención a lo esencial, aun cuando no puedas salir de la saturación por el presente. Si no estás en medio del proceso pero tal vez tu sociedad lo esté, observá el proceso porque es masivo y arrastra a todos.

Este acontecimiento es un principio o arquetipo, se produce por necesidad y no puede detenerse ni modificarse, aunque una personas sí puede sustraerse de su radio de acción. ¿Cómo?

¡A través del miedo!

“El miedo te sirve” dijo alguna vez Guillermo Vilas. El miedo de obliga a estar atento, alerta, prestando atención a todo lo que sucede a tu alrededor, no deja que la anestesia social del bienestar te adormezca y te vuelva insensible a los aspectos esenciales de la vida.

Hace muchos años viajé a Europa para competir en un deporte. Arribé a Lucca, una ciudad italiana que se caracteriza por ser la que posee la población más avejentada de todo el continente: allí no nacen niños. El primer día fui a la plaza principal y, a pesar de que no tenía hijos ni pensaba en tenerlos en ese momento, percibí un choque violento en mi mente. Incluso fue inconsciente, porque no sabía qué me pasaba hasta que tomé consciencia que me producía un gran rechazo el hecho de que no hubiese niños en la plaza, ni en las calles, ni en ninguna parte, ellos no eran parte de la vida de aquella comunidad. ¡Increíble! Uno no puede creerlo hasta que no lo percibe por sí mismo. Lamentablemente, nosotros nos dirigimos en la misma dirección.

Aplicación práctica: cuando a todos les vaya muy bien… ¡huí!; cuando a la mayoría le vaya muy mal… ¡vení!, es momento para nuevos proyectos.

¿A los psicólogos nos parece que vale todo?

Existe un concepto, una idea, en la ciencia psicológica que ha traído muchas confusiones, aún entre los mismos psicólogos; es la expresión “realidad psíquica”.
Frecuentemente se expresa que los psicólogos somos “relativistas”, que pensamos que todo es relativo, que las cosas dependen de cómo las miremos. Sin embargo, esto es un error a la hora de apreciar el trabajo de un psicólogo clínico. Porque el relativismo remite a una postura filosófica, y los psicoterapeutas tenemos poco que ver con los filósofos.

“Realidad psíquica” es un concepto y una herramienta terapéutica que consiste en que, dentro del encuadre de la psicoterapia (en las consultas) se considera todo lo dicho como un escenario alternativo de la realidad, construido por el pensamiento del consultante. Este escenario mental, que se conforma con lo que dice el consultante junto a las referencias del psicólogo, es reestructurado dentro la terapia, de modo similar a cómo un médico cirujano realiza una operación y modifica tejidos internos de un paciente en el marco delimitado del quirófano. Así como ningún médico le sugiere a sus pacientes que caminen por la calle con los órganos internos expuestos, de modo análogo, la relatividad psíquica es un fenómeno “intraconsultorio”, y de ninguna manera una concepción de vida para traspolar fuera del ámbito propio.

Que algunas personas malinterpreten estas ideas y las tomen como criterios de vida no es competencia de los psicólogos.

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