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El sacrificio de los niños 2

Publicado: 19 junio 2015 en niños, SATURACIÓN
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A través de una serie de posteos, iniciaremos unos comentarios acerca de este fenómeno contemporáneo, que palpamos en nuestra sociedad, pero que sin embargo resulta una triste y cíclica repetición de una conducta colectiva humana.

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En el momento presente, nuestra sociedad ha puesto sobre el escenario mediático la violencia de género hacia la mujer; desde mi punto de vista, esta violencia es más extensiva y abarca a todo aquel que es “débil” de alguna manera ante la mirada de otro que puede instituirse como “poderoso”. Débil porque posee una limitación, una diferencia, débil porque es un niño.

No es meramente una cuestión de discriminación, de “distinguir” o separar a unos de otros, se trata de someter como esta sociedad lo enseña: por poder, por poder sólo de someter, una especie de placer oculto, de goce siniestro.

Todos somos partícipes de este fenómeno en alguna medida, sólo que solemos presentarlo de modo solapado, en pequeños detalles: competimos para ganar, nos especializamos para sobresalir, trabajamos por más dinero y por objetos de consumo lujosos y costosos, quiero decir, competimos por diferencias.

Detestamos al otro y el juego social consiste en demostrarle que él es más débil. En el deporte, en la ropa que vestimos, en las escuelas de nuestros niños, en todo… Éstas son las reglas de nuestro “contrato social”, a esto jugamos, porque nos organizamos de un modo patriarcal perverso, en el que el que asciende a la cima de la jerarquía puede hacer lo que quiera con los que están abajo, lo podemos comprobar aún en la política de nuestro tiempo, no solo la que gobierna a un país, sino también a las asociaciones deportivas hasta llegar a los pequeños clubes de barrio.

Nuestra sociedad no es represiva ni permisiva; nuestra sociedad es perversa, goza, es psicopática, disfruta de devorar al débil.

Ciclos sociales y el mito de la democracia

Esta situación es cíclica y repetitiva, se relaciona trágicamente a los procesos de decantación de un paradigma de pensamiento socialmente compartido. La dictadura militar argentina no termina por los reclamos de democracia por parte de las ideologías socialistas de la década de 1970, sino por la muerte de niños en la Guerra de Malvinas en 1982. Éste es siempre el último paso de la ruptura de un paradigma de pensamiento, porque son los niños los más débiles para ser sacrificados (una mujer golpeada puede denunciar a su marido, pero ¿puede un niño denunciar a sus padres? La mayoría de las veces no) y, tarde o temprano, un sector de la sociedad desde el dolor de ver morir a sus niños reacciona sin más tolerancia ante el dolor.

Más allá de todo límite

¿No es cierto, acaso, que vos y yo aplaudimos a un famoso técnico de fútbol condenado años atrás por violación de un niño?

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Santa Fe, Argentina… allá en el extremo de Sudamérica.

Existe un momento del desarrollo de nuestras sociedades (2013-2014 para Argentina) en el que, junto al crecimiento y desarrollo de nuestras vidas individual y social, comenzamos a ver y a experimentar la tensión social existente en aumento progresivo; es un extraño fenómeno que sucede para la mayoría de las personas.
Si este desenvolvimiento de nuestra sociedad ocurre, es comprensible que sean los individuos más frágiles de la sociedad quiénes reciban el mayor impacto de esta “tensión”, y en toda sociedad y en todas las épocas, los más débiles siempre han de ser los niños.
Esta situación ya la he mencionado numerosas veces, sin embargo, hoy quiero pedirte un instante tu atención sobre un aspecto global, que nos toca a todos de alguna manera, y que se refiere a la relación entre el consumo y este sacrificio de los niños.

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“Yo consumo, tu consumes, todos consumimos”

El consumo no se limita a los “bienes y servicios” definidos como tales por la Economía, nosotros también consumimos drogas ilegales, consumimos delito, consumimos violaciones y asesinatos… pero lo que más consumimos son niños.
Creo que los contadores deberían empezar a registrar estos factores en los balances de las empresas. Porque allí está presente una fuerza oculta que mueve nuestra sociedad. Nos alimentamos de su sangre.
Entiendo que tal vez no te gusten mis ideas, pero dame una oportunidad más… hasta las “aplicaciones prácticas”, después me das tu opinión.

+ Mayor consumo.
+ Más aceleración.
+ Más activismo.
+ Más trabajo.
= menor interés en la protección de los niños.

Los humanos somos una especie que se nutre de alimentos y afectos, no somos mosquitos, nuestros niños no nacen y se desarrollan solos con tan sólo que algún NN les ponga comida en la boca… Pero… ¡estamos ocupados! Trabajando, industrializándonos, tecnologizándonos, delinquiendo… sea como sea, acelerando nuestras vidas en el hacer más y más. Y esto no es compatible con el sano desarrollo de los chicos.

¡Tranquilo o tranquila! Se que todo esto ya los sabés, lo que quiero contarte es lo que sucede después de nuestro innegociable estilo de vida.
“¿Los chicos van a tener problemas en el colegio?” No, eso ya pasó, fue la etapa anterior. Ahora viene la desconexión emocional, fria, silenciosa, mortífera, sin que nadie pueda medirla ni siquiera decirla. “¿La desconexión de los niños?” ¡Nooooo! ¡La nuestra!
“¿Y qué sucede cuando nos desconectamos emocionalmente?”
Todo comienza por sentir que vamos a enloquecer, pero eso sólo es el comienzo. La sociedad pierde el factor que la cohesiona, que la une, por lo tanto se comienza a disgregar. “¿Cómo?”

Aplicaciones prácticas

La insensibilidad emocional en el plano individual y colectivo (la sociedad) nos conduce a un estado de tristeza agotadora en la espera del bloque de hielo que parta por la mitad el Titanic y nos hunda en lo más profundo del océano. Nos debilitamos a tal extremo de esta manera que perdemos la capacidad de percibir el peligro, y esto va a suceder, necesariamente (sólo basta mirar un poquito la historia: a grandes excesos le suceden grandes tragedias). No es una metáfora, es real lo que te digo.
Por ello, quiero transmitirte algunos aspectos prácticos acerca del bloque de hielo que se avecina:
1. No podemos ver el peligro que se avecina ni el momento de ello, por lo tanto, es imprevisto.
2. Las mujeres y los niños suben primero a los botes de rescate… los poderosos, y los que dejan encerrados a otros para que se ahoguen también!
3. Siga los consejos de Jesucristo: “si no se hacen como niños no pueden entrar en el rescate”.
4. Cuidado con el consumo y la industria (¡no se distraiga en la fiesta!).
5. No se puede hacer nada para evitar el proceso. Va a ocurrir necesariamente.