Ojos cansados de no soñar…

El domingo por la tarde ingresé a un local comercial, no veo más que lo cotidiano, una chica de veinti pocos años atendiendo. Me llamó la atención su mirada cansada, hacia ningún lado, tal vez cansada de su trabajo, tal vez cansada de no soñar… Entonces hice lo que no debo hacer, me puse a pensar y decidí hacerme una pregunta: “¿esta joven no debería estar tomando mates en la costanera con sus amigas? ¿qué hace aquí trabajando? ¿habrá querido estudiar? ¿o tal vez… otra cosa?

*  *  *

Abandonamos nuestra infancia

Cuando éramos niños jugábamos con juguetes y, de ellos como un trampolín, saltaban imágenes y sensaciones en nuestra mente, tan intensas, tan vívidas, que las recordamos muy cercanas a la felicidad.

Algo siempre irrumpe allí, y trastoca ese mágico mundo, para lentamente darnos cuenta que tenemos que “ser adultos”, dejar de soñar despiertos y empezar a pensar nuestras acciones. De una o de otra manera, el poder del materialismo nos deja en claro que hay alguien que puede someternos, y que nosotros deberemos aprender estas lecciones. Llamémosle bullying, maltrato, o lo que sea. Es coercitivo y viene de afuera.

Hoy pasaron muchos años, y nos preguntamos “cuánto daríamos por volver a vivir aquel tiempo una vez más”… para tan solo dejarlo en el olvido, ya que “fue una ilusión, el mundo real es éste”.

Pero el manual del mundo adulto no funciona, los ideales que perseguimos no nos sacian y aquellas sensaciones de felicidad sólo podemos verlas a través del espejo invertido de nuestra infancia proyectada sobre niños ocasionales con los que interactuamos. No se entiende cuál es la lógica de volverse adultos, o adultos de esta manera disociada de una parte de nuestra vida y experiencias.

En este momento, en un intento por cuestionar los logros del mundo adulto, me pregunto si realmente ellos ganaron y “nos volvimos como los grandes”; o tal vez los niños nos defendimos y fuimos nosotros quienes ganamos, aunque estemos ocultos tras máscaras adultas esperando que suene la melodía del flautista de Hamelin y vuelva a convocarnos.

Quizás es hoy ese momento, quizás la imaginación y la creatividad que desarrollamos con aquellos juguetitos sean la llave maestra que necesitan nuestros problemas de grandes, hoy, para poder ser resueltos. Tal vez no debemos ir hacia adelante, sino hacia lo “profundo”.

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