Archivos para mayo, 2016

La verdadera ley de la atracción

Podría decirse que existe una fuerza oculta en la naturaleza que nos lleva a mujeres y hombres a aproximarnos y unirnos entre sí, a amarnos; esta fuerza tiene sentido de sí en la reproducción y perpetuación de la especie humana. No somos del todo conscientes de ello, no obstante estamos programados desde nuestro ADN para comportarnos de esta manera.

A su vez, existe otra fuerza oculta en nuestras vidas, tan fuerte como la anterior pero que se dirige en la dirección contraria, llevándonos hacia la soledad, hacia la imposibilidad de conectarnos unos con otros. Llega mucho más lejos de lo que creemos: llega al extremo de tomar el control sobre nosotros y nuestras voluntades a través de la locura (u otro padecimiento) cuando permanece insatisfecha. Hace que muchas veces hombres y mujeres nos peleemos mutuamente cuando en realidad queremos amarnos y expresarnos afecto.

¿Pero qué es esto y cómo podemos explicarnos esta aparente contradicción?

El flautista de Hamelin o “el dueño del corazón”

En el cuento, el flautista se lleva a todos los niños de un pueblo que lo traiciona tras haberlos librado de las ratas. Con las melodías que salen de su flauta, capta la atención del corazón de todos los niños que, hipnotizados, desaparecen por siempre tras él.

Este cuento no tan infantil representa un arquetipo que se halla presente permanentemente en nuestras vidas pero que desconocemos y que produce un efecto inconsciente y determinante sobre nosotros, tanto que si no nos damos cuenta de qué es lo que reclama puede llegar a llevarse nuestro corazón y toda nuestra vida. Puede llevarse todo a través de una adicción al alcohol, a través de la violencia que destruye familias, a través de infidelidades o por medio de un sin sentido y vacío permanente de nuestra existencia.

Lo creamos o no, si nos animamos a hacer consciente lo inconsciente, rápidamente notaremos su presencia en nosotros y la fuerza de atracción que tiene, cómo nos puede dominar y llevarnos completamente hacia dónde quiere.

¿Hacia dónde quiere llevarnos eso? Antes de poder comprender esto,  tenemos que hacernos otra pregunta: ¿cómo es que puede atraernos de tal manera? Para ello, volvamos al flautista de Hamelin; ¿cómo es que logra captar la atención total de los niños? Si tomamos a “los niños” como metáfora de nuestro “niño interior”, tal vez ya podamos ir haciéndonos una idea de lo que sucede. Esta fuerza que nos atrae lo hace con la melodía de la felicidad, del disfrute de la vida, del sentido de vivir quizás también, en última instancia es un intento de escaparse del miedo que todos tenemos a morir, porque la distracción nos sirve un poco para no pensar en ello.

Esta fuerza interior que nos atrae hacia la soledad y el alejamiento de los otros lo hace desde el poder de hacernos no sentir el crudo dolor de nuestra muerte y la de nuestros seres queridos.

Pero vayamos un poco más profundo: ¿por qué, cuál es el sentido de todo esto?, ya que parece no tenerlo. Si retomamos el cuento una vez más, nos está faltando saber por qué el flautista actuó de aquella manera. Él lo hizo porque fue traicionado por aquellos a quienes liberó de un grave problema y los ayudó a vivir mejor; por lo tanto, lo que podemos apreciar es que lo que “el dueño del corazón” hace es reclamarnos nuestra atención y nuestro oro (lo que más vale de nosotros, nuestra vida interior), y mientras no le demos su paga no va a dejar de arrancarnos el corazón y dejarnos desgarrados de paz interior.

¿Cómo es, qué hago, a dónde llevo mi vida interior? Es más sencillo de lo que parece: es tiempo a mi vida interior. Es sólo un momento para escuchar su melodía.

Las familias y las relaciones han arribado a un estado en el que las fracturas y las divisiones son la norma. Ello se produce habitualmente en el marco de un conflicto que no halla solución y que, cuando existen niños, éstos se vean directamente involucrados y resultando siempre los más dañados. Para analizar esta situación planteemonos algunas ideas comunes.

Un supuesto podría decir: “las parejas y las familias ya no pueden resolver los problemas que afrontan, ello supera su capacidad resolutiva y las divisiones son consecuencia de ello; como los problemas que los separaron siguen sin resolverse, es lógico que el conflicto continúe y, en algunos casos, hasta pueda volverse más agudo”.

Éste es un planteo que, incluso, sostienen muchos terapeutas. Sin embargo, vemos un error y un peligro en esta idea. Un error porque no contempla la posibilidad de que la situación puedan evolucionar favorablemente; por lo tanto, trae aparejado un peligro: se naturaliza el malestar de las personas que vivencian este tipo de relaciones vinculares. Implícitamente siempre se espera que algo funcione mal.

Me pregunto de dónde surge este planteo acerca de las parejas y familias fracturadas. Surge, evidentemente, de los modelos de familia y pareja [ideales] que tenemos en nuestras mentes. Por lo tanto, estas valoraciones surgen de nuestros esquemas mentales que recibimos por educación y que pertenecen a otras épocas en las que… “¡no había problemas en casa!”, nos gustaría decir; pero sabemos que ello no es cierto, un sin número de personas han tenido que ver confinadas sus vidas a terribles situaciones violentas porque el contexto social no permitía su cuestionamiento. No me refiero con ello solamente a las mujeres víctimas de violencia doméstica, sino también a niñas y niños que han soportado infancias terroríficas porque nadie se animara a cuestionar el orden y el poder doméstico. ¿Qué es lo que ha cambiado entonces?

La externalización del problema

Las parejas y las familias siempre han tenido que vivenciar situaciones adversas y dolorosas; la diferencia actual se halla, desde mi punto de vista, en que ahora es posible expresar y sacar a la luz el dolor y el malestar, incluso las nuevas reformas al Código Civil de la Nación permiten que aún los niños puedan expresarse por medio de Cámara Gesell en los tribunales de Justicia; independientemente de la instancia judicial, lo que ha cambiado es que las personas pueden sacar a la luz, y para que otras personas los ayuden, lo que padecen.

Vivencias que dañan

Es hora de que dejemos de decirnos mentiras intentando forzar a las personas en antiguos moldes. Las parejas pueden sufrir momentos de cuyas heridas puedan sanarse y salir adelante, pero también pueden atravesar momentos que dejen secuelas invalidantes que los lleven a la fractura o disolución del vínculo. No pensemos solamente en situaciones trágicas, muchas veces situaciones como las migraciones han dividido familias para siempre sin ser ello culpa de alguno de sus miembros.

Creo que en la última oración se halla uno de los “nudos” que hace que nos cueste tanto afrontar estas nuevas situaciones: “¡necesitamos tanto poder echarle la culpa a alguien!”.

La terrible incertidumbre y su potencial creador

Hace no mucho tiempo, los niños con padres separados eran una minoría en las escuelas; actualmente, algunos investigadores sociales mencionan que llegan al 80% en segundo grado en muchas escuelas de Argentina. Evidentemente, los modos de vincularnos afectivamente están cambiando, sin embargo, lo que sucede es que no sabemos qué es lo que sucede. Ni la sociedad en general ni nosotros los especialistas; no tenemos ni siquiera una idea remota de lo que está sucediendo. Ello se demuestra sencillamente por ser ésta una crisis de la sociedad y, si estamos en crisis, es porque todavía no tenemos las respuestas.

Ante está situación, la incertidumbre se vuelve insoportable y la necesidad de acusar a alguien como culpable de la fractura resulta el modo frecuente de reducir la angustia por no saber lo que sucede e introducir a las personas en un esquema de acusación simplista ente víctimas y victimarios. Alguien necesariamente tiene que tener ser el responsable.

De esta manera perdemos de vista que los seres humanos estamos siempre intentando evolucionar y crecer, no nos damos cuenta que estamos involucrados en un proceso que pretende resolver los nuevos problemas que afrontamos en un nuevo contexto social en el que, por ejemplo, la mujer trabaja de modo paralelo al hombre. Es imposible pensar en un modo de vinculación afectivo entre parejas y entre progenitores e hijos sin tener en consideración este factor; ello no es malo, solo diferente.

Por algún extraño motivo perdemos nuestra capacidad de comprender y nos enfocamos en acusar, realizando un pre-juicio. También las mismas personas involucradas en una separación caen en la trampa de encontrar un “culpable necesario” de las rupturas. En este sentido, tenemos la oportunidad de psicoeducar en el bienestar a las personas que atraviesan una separación mostrándoles nuevas posibilidades de vincularnos afectivamente; referido ello a los hijos, pero también a las ex-parejas.

Nuevos modelos de parentalidad

Los profesionales de la salud mental en Argentina hemos tenido la oportunidad de ver en estado naciente los nuevos modos de vinculación afectiva con los niños en padres y madres que no conviven entre sí. Recuerdo haber cursado el doctorado en la Universidad de Palermo con quién hiciera una de las investigaciones inaugurales sobre el tema.

Lo que observamos contradice la moral: vemos papas y mamas vinculandose bien con sus hijos, realizando con gran capacidad y creatividad un balance entre las necesidades que plantea el mundo laboral y el mundo afectivo, vemos vínculos intensos ente los papás varones con sus hijos e hijas que antes sólo se limitaban a un rol de proveedor económico, vemos hombres desplegando un potencial afectivo en el vínculo temprano como jamás se vio en la historia, vemos mujeres equilibrando sus energías afectivas, intelectuales y constructivas como nunca antes.

Lamento mucho la obcecación mental de los acusadores, algo increíble está sucediendo en Argentina y no están pudiendo verlo.

Pd: permítanme cambiar el título: “percepciones que dañan a las parejas”