​El Arquetipo más peligroso del Inconsciente Colectivo

Ciclotimia y Estados de ánimo cambiantes (2)

Quiero cuidar cada palabra que escribo porque ellas no son neutras y remiten a pensamientos que no son neutros.

Ayer vi en el cine una película muy buena y muy fuerte al mismo tiempo; se llama “Belleza inesperada”, y trata sobre un hombre que ha perdido a su hija. Habla sobre la necesidad que todos tenemos de estar conectados unos con otros y que allí existe una belleza infinita.

La vida, en su entrelazamiento con la muerte, el tiempo y el amor, producen una tensión indescriptible; pero de esa tensión surge, con la fuerza de la Resurrección, la necesidad de conectar con otros. Es lo que Jesús le hizo ver a María Magdalena, cuando ella se puso de espaldas al sepulcro y quiso agarrarlo para retenerlo junto a sí para siempre; o como ella le dijo previamente sin reconocerlo: “dime dónde lo pusiste y yo me lo llevaré”, mostrando su anhelo melancólico de poseerlo por siempre, aunque sea sólo un cuerpo muerto.

Él rompe su esquema y le dice que lo suelte y que vaya con sus hermanos, porque allí lo va a ver a él; Jesús envía el alma enamorada a conectar con las otras personas, y allí vuelve a aparecer con toda la fuerza de la Resurrección.

El Amante es la puerta hacia el Sentido

El arquetipo del Amante es el más peligroso de todos para el orden social; el Sabio descubre principios ocultos que los Reyes instituyen en un orden y un territorio, y los Guerreros lo defienden en su servicio (según autores post junguianos, los cuatro patrones colectivos de personalidad predominantes son: Guerrero, Rey, Sabio y Amante).

Pero al Amante parecen no importarle estas cosas, él y ella son cuerpo y sensación. Incluso JesuCristo lo coloca en primer lugar (representado por María Magdalena, una amante herida) y ante situaciones límites, como la de los duelos, es el único arquetipo que tiene la fuerza suficiente como para poder sobrellevar y superar el dolor; pero no solamente en estas vivencias muestra su poder, también es el único que moviliza la pasión de un emprendedor, de un visionario, el que impulsa la procreación -el sentido biológico fundamental. Aunque cueste reconocerlo, sin las vivencias que aporta este patrón del Inconsciente Colectivo, la vida no tiene sentido. Por lo tanto, el Amante es la puerta hacia el Sentido.

Por otra parte, la angustia intensa que siente el melancólico es la respuesta a los mismos pensamientos de culpa y autocastigo que, por lo general, se autogenera. Se castiga con el dolor de la ausencia, ya que la toma como algo concreto con lo que dañarse a sí mismo. Si bien la culpa permanece, el reconocimiento puede traerle algo de tranquilidad.

En una aparente paradoja, el arquetipo del Amante conduce al fortalecimiento de un aspecto del Sí mismo que funcione como sostén ante la presión del enamoramiento y del duelo, ambos tan emparentados como los pares de opuestos que se atraen; posiblemente los sentimientos más intensos que experimentamos los seres humanos.

El enamoramiento hace que el sentimiento erótico se dirija hacia una sola persona, pero para que ello sea posible, exige una fortaleza de carácter que muy pocos pueden soportar, como lo recitó Homero en la Odisea, donde sólo el inteligente y experimentando rey Ulises puede atravesar el mar de las sirenas manteniéndose ceñido al mástil de su barco. Vale para la psiquis del hombre como para la de la mujer, sin embargo, es el hombre el que necesita más psicoeducación en este plano.

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