La pasión del curador: entre la ciencia y los psicofármacos

Recuerdo una situación con una paciente, cuya problemática no pude resolver y, al cabo de un tiempo, la terapia se interrumpió por no haber alcanzado los objetivos previstos. Recuerdo la sensación de no haber podido ayudar a aquella persona, tenía la percepción de que, por algún motivo, mi mente se había cerrado con ella no pudiendo yo visualizar lo que tenía que interpretar, lo que tenía que decir o hacer.

Tiempo después, menos de un año, llega a la consulta otra persona con la misma problemática, de hecho, su caso era mucho más severo; sin embargo, había una cualidad completamente diferente en su carácter respecto del de aquella persona, este último consultante era una persona muy humilde -casi que demasiado, pensaba en ese momento- y pude observar el efecto psicológico que él producía en mí -técnicamente se denomina “contratransferencia”-, el producía una apertura de mi mente que me conducía a interpretar y hacer los señalamientos correctos para su caso. No necesito agregar más detalles, podés imaginar el resultado de uno y otro tratamiento, pero lo que quiero que observes es que se trató siempre del mismo terapeuta, yo no fui la variable de la cura sino que lo fue el péndulo afectivo que oscila del orgullo a la humildad, que considero una de las “llaves maestras” para la salud de cualquier persona, para la cura de cualquier enfermedad.

Ciencia, fármacos y llegar al corazón…

Te hablé del orgullo, los psicólogos preferimos llamarle “Ego”, pero es casi lo mismo. Ahora quiero comentarte algo sobre el Ego de los terapeutas.

La Psicología avanza a paso firme por el camino de la ciencia; el “método” y el Positivismo filosófico la han seducido con todos sus resultados “palpables y demostrables”.

Esta disciplina, que nació como exploración del alma, ahora es desgarrada por la Neurología por la diestra, y por la Farmacología desde la siniestra.

¿Dónde está el corazón del curador?, me pregunto; también éste se ha llenado de orgullo y su Ego se ha inflado como un globo lleno de gas, por los “resultados científicos” que conquista.

Permitime un consejo: no sé que clase de terapeuta soy -los consultantes lo dirán-, pero si buscás uno, no mires sus títulos ni sus súper técnicas, asegúrate de que sea una persona humilde y honesta, ése será tu mejor terapeuta.

Te invito a que te tomes unos minutos para reflexionar. Sentite libre de escribirme o dejar tu comentario en el blog si querés compartirlo.

Saludos desde Argentina para todos aquellos que desde partes muy remotas del mundo leen el blog -WordPress me avisa en las estadísticas.    ; ) 

Recuperar la alegría en tres pasos

Lo que se opone a la alegría es la tristeza y la angustia; hay un tipo de angustia que es buena porque lleva al crecimiento personal -en otros artículos la he tratado-, pero aquí quiero referirme a la “mala angustia”, la que trae aparejada culpa y sentimientos de muerte. Esta última, la angustia de muerte, proviene del miedo; su orígen y su causa están ocultos, son inconscientes, pero sencillos de desenmascarar cuando se observa con buenos ojos.

Una opción

Estos sentimientos negativos que menciono se aplacan cuando una persona comienza a mostrar una actitud agradecida con la vida, mezcla de respeto y reverencia a este proceso incomprensible para nuestra mente que, cómo especie, nos mantiene vivos hace ¡más de 3.500.000 años! Sin embargo, para muchas personas esta sencilla actitud es muy difícil de desarrollar. Averigüemos por qué…

Corazón con agujeritos

Voy a ser sincero: no me gusta plantear este tema, ni me considero el hombre con la capacitación adecuada para hacerlo, pero algo dentro de mí me dice que tengo que decírtelo.
Una de las situaciones que trae más angustia y tristeza a las personas que vienen a la consulta psicológica es la sexualidad, me refiero a ella de modo amplio -con todo lo que implica afectivamente-, pero también me refiero de modo concreto al sexo. No quiero escribir nada al respecto, sólo sugerirte una pregunta cuya respuesta sólo tu guardes: ¿realmente el sexo casual te deja satisfecho? Tal vez haya algo aquí donde se enraizen muchas tristezas. Aún así, el corazón tiene algo más profundo.

Una mochila muy pesada

¿Cómo puedo decirte esto…? Mmmm, bueno, que sea como me salga.
Todo esto que valoro de mí mismo: mi profesión, familia, éxitos, todo lo que considero un “logro” o un “éxito”, va forrando mi ser con un pesado, muy pesado tener, y a dicho tener hay que alimentarlo y pagarle “impuestos emocionales” permanentemente, cada vez más caros en la medida que más grande y brilloso se torna mi Ego. Y ello… y ello… consume mucha energía (cualquier empresario o comerciante me va a comprender perfectamente haciendo un simple paralelismo entre el Ego y la AFIP -ente recaudador de impuestos en Argentina). Ésta es una de las razones más profundas de las tristezas patológicas, aquellas que no responden a eventos de pérdidas que las justifiquen.
En el título de este pequeño artículo dije “recuperar la alegría”… ¿cómo es eso? En primer lugar necesitamos hacer un buen diagnóstico para poder llegar a un buen tratamiento.

Alegría desde dentro hacia fuera

Los párrafos anteriores estuvieron destinados a interrogar acerca de si la mayor parte de las tristezas de tipo existencial tienen que ver con el mal trato del amor y el Ego. Ellos representan tres criterios fundamentales y sencillos para poner el corazón en orden y preparado para alegrarse. Corregido el error, el reconocimiento del la inmensidad de la vida y el ser parte de la naturaleza hace emerger naturalmente la alegría. Muchas veces no hay que forzar un proceso normal, sino más bien permitirle que suceda como está genéticamente programado. Te recuerdo este número: 3.500.000. Muchos más que mis velitas de cumpleaños.

¡Un abrazo!