¿Y dónde está papá?

Sea que él haya muerto, se halla ido o tengas una mala relación con él… Si estás dentro de alguna de estas condiciones, este artículo fue escrito para vos.

Una mirada

Quiero hablarte de un ojo, un ojo que observa como un espectador participante de la vida, de situaciones, de ésta en particular.

Pensemos en tres etapas de una pérdida: en la primera de ellas nuestra mirada se dirige hacia el padre que perdemos, aquel que tuvimos y ya no está; sólo enfocamos ese dolor del recuerdo de una figura ideal o quizás podemos hacer un paralelismo con el transcurso de una larga enfermedad terminal.

La segunda etapa la podemos considerar como el presente, el momento de la ausencia real, la pérdida aceptada y resignada; es aquí donde parece que nos hallamos ante el fin de la historia.

¿Cuál es esa otra mirada, qué es lo que ese ojo observa?

En el primer tiempo, el del pasado, podríamos decir que un Otro observa los acontecimientos como el caer de una fruta desde un árbol, que lentamente entra en proceso de descomposición como curso de su propia evolución.

En el segundo tiempo, aquel ojo observa aquel fruto desaparecido y una semilla plantada, en paralelismo a la pérdida.

Hay un tercer tiempo, en el que ese ojo observa un árbol surgir de aquella semilla germinada y brotada.

¿Dónde está papá?

El punto crítico es que no se trata de nuestra mirada, nuestro modo de ver esta pérdida, nuestro modo de hacer el duelo o nuestra interpretación; esto se encontraría dentro del ámbito de la autosugestión. No es de lo que estoy hablando aquí, no estoy buscando “encontrarle un sentido a la vida”.

Para poder responder a la pregunta podemos situar nuestra propia mirada en el ojo observador, pero no en el “árbol” (esto representa la autosugestión, “mi propia” manera de darle sentido); sino en el ojo de un Otro que mira con Sentido (“su” sentido, no el “mío”) los acontecimientos pero que no es nuestro ojo, es otro diferente, radicalmente diferente.

Si lo racionalizás demasiado no la vas a poder percibir, porque se trata de una experiencia intuitiva de la psiquis individual a través de la cuál accede al Inconsciente Colectivo a través de un efecto de descentramiento de la atención y disolución del Ego (el Yo-consciente) en fusión del Sí-mismo (algo así como “mi ser más allá de lo poco que conozco de mí”) con el Espíritu de la Profundidad de la experiencia humana ancestral.

No quiero abrumarte con conceptos raros, éstos son irrelevantes; lo que pretendo es invitarte a que realices esta experiencia de percepción desde otro lugar distinto al de tu Yo.

El gráfico es una foto de un dibujo sobre el pizarrón del consultorio, lamento que no sea una imagen más elaborada. Muestra la sucesión de estas dos miradas que mencioné y cómo, en el tercer tiempo, prevalece una sola de ellas.

En el segundo momento, mientras la persona se halla en duelo, el ojo del observador percibe una semilla a punto de terminar.

El tercero momento es la desaparición de la estructura del Ego-individual y la integración de este gran Otro como un aspecto del Sí-mismo.

Presencia – ausencia – presencia es un modo de representar estas relaciones, incluso puede hacerse con el sistema binario: 101. Distintas maneras de percibir la realidad, de interpretarla.

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