Adultos

Cuando eramos niños existía una fuerza interior que nos llevaba a desear jugar, divertirnos, explorar el mundo. Todo ello nos producía placer y al mismo tiempo era la base de nuestro crecimiento y de nuestro mundo interior.

Cuando nos volvemos adultos todo cambia, allí surge una sensación nueva: la angustia. Luchamos contra ella, intentamos acallarla con distracciones, anestesiarla con ansiolíticos, o directamente la llevamos hacia nuestro cuerpo con alguna sintomatología. Pero de una u otra manera, ella no se va.

Quisiera poder dejar clara una diferencia: tristeza y angustia .

La tristeza es un sentimiento, la percibo con mis emociones y me lleva al desgano, a no querer hacer nada, como una vaga idea de rendición. Es un sentimiento “bajista”, “nos tira para atrás”.

La angustia es todo lo contrario, no es un sentimiento sino que se percibe con el cuerpo; ella es una sensación en el pecho o en el estómago, pura tensión mezclada con impotencia, es como un guerrero sometido.

Es importante conocer esta diferencia porque ella se halla detrás muchos síntomas psicológicos y en numerosas ocasiones la angustia es positiva, porque intenta rescatar aquel niño perdido tras las exigencias del mundo adulto. Sólo que no sabemos cómo podríamos hacer esto.

Te invito a recorrer las pestañas de la sección “La Sombra de Cristo”, donde se halla mayormente desarrollada esta idea.

 

PSICÓLOGO, SANTA FE, ARGENTINA.

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