Exigencias

Los niños no pueden soportar la demanda de desarrollo “industrial” de nuestro Ego

El mundo de los adultos se debate en exigencias y anhelos de éxitos sociales y económicos, acelerados por la sociedad de consumo donde la apropiación del objeto conlleva la devoración del propio consumidor

En este contexto enajenante, los adultos dirigimos nuestras perspectivas frustradas hacia nuestros niños, cargando sobre sus frágiles espaldas la demanda de más y más “hacer”: pretendemos que se destaquen en un deporte (¡perdón!, quiero decir: ¡que sean millonarios!), que posean múltiples habilidades destacadas aun antes que pudiesen hablar, sencillamente: que sean el mejor y, por supuesto, ¡ricos! Esto lo denominó Jean Piaget: “la pregunta norteamericana”, cómo producir más y en menos tiempo.

Pero nuestras pretensiones no terminan aquí; exigimos todo esto en el contexto del mayor abandono afectivo de nuestros niños, puesto que estamos ocupados en “remendar” nuestro propio Ego con todo aquello que no hicimos cuando supuestamente la vida debió dárnoslo, aunque sólo se trate de abrazarnos a una botella o substancia para sentirnos… quién sabe qué…

Como lo titulamos, los niños no van a resistir esta situación. Sus pequeñas psiquis en desarrollo van a ir estallando de a poco a nivel colectivo, puesto que de un modo sublime pero eficiente, estamos sacrificándolos.

Pienso que, paulatinamente, estos acontecimientos nos conducirán a problemas psicopatológicos en los niños que no nos darán el tiempo suficiente para actuar, ya que al poseer ellos una menor capacidad de procesamiento mental que un adulto, no nos permitirán a los clínicos disponer del tiempo necesario para intervenir, adelantándose ellos a través de daños irreparables de su sistema nervioso debido al consumo de substancias peligrosas, hechos de violencia y muerte de otros niños y de sí mismos, trastornos del espectro psicótico -que son crónicos y dejan secuelas psicológicas irreparables e invalidantes. En pocas palabras: vidas de niños destruidas.

No conozco recetas mágicas que puedan dar la certeza del cuidado de los niños, pero sí es posible detener el afán por hacer de nuestro Ego: tan solo siéntate en el piso a jugar con ellos, sin reloj ni artefacto tecnológico que te distraiga, sin ningún objetivo que alcanzar, sin ninguna tarea que cumplir para otros, y quítate los zapatos, porque estás en “tierra sagrada”.

 

Psicólogo, Santa Fe, Argentina.

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