Abusos sexuales y violencia

Abusos sexuales y violencia: ni el cuerpo nos pertenece

Recuerdo hace un año y medio cuando entraron a robar a mi casa y golpearon y lastimaron a mi hijo y mi esposa, recuerdo los días siguientes ir a la pieza y ver la sangre en el piso entre todo el desorden de cosas, y esa sensación de no querer estar allí, en nuestra propia casa, sentir que invadieron nuestra intimidad y no querer ya estar más en ese lugar, como un rechazo de nuestro propio territorio.

Sé que algo similar siente una persona que ha padecido violencia, o un abuso, o una violación: sentir que se han apropiado de algo que es muy tuyo, tu cuerpo, y sentir un rechazo hacia sí mismo por sentir que está sucio, contaminado por eso que hizo el victimario. Como un veneno que se introduce en la sangre, que te intoxica por dentro y que no sabés como expulsar de ti; querés vomitar y no podés, querés arrancarte la piel pero no te dejan, querés abrirte las venas para que se drene ese veneno…

A Jesús le pasó eso, él probó el veneno de la violencia e incluso, ésta lo mató.

Me pregunto qué pasó con la violencia sobre él. Me pregunto qué pasó en su intimidad, cómo lo vivenció. Lo que me planteo como reflexión sé que no está bueno… al menos para los hombres y mujeres felices de nuestro tiempo.

Siguiendo algunas reflexiones del psiquiatra suizo Carl Jung, pienso que Jesús se volvió malo y violento… que “probó el vinagre”. Sé que esta idea es una herejía para el cristiano modelo, pero cuanto me aliviaría que él haya sentido lo mismo que yo.

Pude mudarme cobardemente de mi casa, pero de tu cuerpo y tus pensamientos no podés irte. Algunos piensan que es algo que sólo pasa por tu cuerpo… pero tu cuerpo sos vos. Lo que tengo para decirte es terrible, y lo sé:

Te vas a volver malo/a; te vas a pasar al “lado oscuro de la fuerza”. Tal vez Jesús al morir fue a la tierra de los muertos y los condenados, y él mismo se volvió uno de ellos.

Como el cuerpo fabrica el anticuerpo para combatir un veneno que se introdujo en su sangre y éste permanece para siempre como memoria de aquel, también la víctima tendrá que procesar su defensa asumiendo que se va a volver ello, todo el mal recibido se va a encarnar en el propio ser, cuerpo, mente, sentimientos, y los va a moldear. Y desde allí, desde esa fuerza de odio y resentimiento apropiados sobre el sí mismo, se va a crear la defensa.

El católico modelo me va a decir que no es lo que hizo Jesús, pero tal vez debería releer las profecías bíblicas y recordar lo que sucedió en Jerusalén unos años después de la muerte de Cristo, cuando “no quedó piedra sobre piedra”.

El problema es cómo resolver esto de modo inteligente, como orientar y gestionar esa fuerza impresionante que se desata y que se llama impulso de muerte o “Sombra”.

“Entonces Jesús, cuando hubo tomado el vinagre, dijo: ¡Consumado es! E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.” [Juan 19, 30.]

 

Psicólogo, Santa Fe, Argentina.

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