En un mundo multicolor, el claroscuro se impone – Parte II

Algunos dicen que los seres humanos podemos ver una amplia gama de colores mientras que los animales -correcto sería decir: ‘el resto de los animales’- sólo percibirían tonos de grises, entre el blanco y el negro. No obstante, esta descalificación de nuestros hermanos animales es puesta en duda frente a la potente visión de un águila, un lince o un felino nocturno cuya vista es superior a la nuestra. Entonces, ¿cuál es nuestra ventaja, si es que realmente la tenemos? ¿Nuestra visión es realmente superior a la del resto de la naturaleza o simplemente estamos negando con el orgullo de nuestro ego que somos realmente limitados? En pocas palabras y para no extenderme en un tema secundario, nosotros vemos el “partido de fútbol” de la vida en un TV de altísima definición, mientras que los animales perciben con todos los sentidos porque están en la cancha y son parte del juego.

¿Por qué te hago este planteo?

Hace 500 años los nativos de las tierras americanas fueron engañados por los avaros conquistadores que los deslumbraron con el brillo de sus telas e imágenes, quitándoles el oro de las montañas por el color de su propia imagen devuelta en un espejo. ¡Qué preciado valor tenía su ego!

Desde aquel tiempo, la estrategia ha sido infalible y como arquetipo que incesantemente puja por manifestarse, encarnamos generación tras generación esta trágica profecía reeditada por las redes sociales digitales.

Espejito, espejito; altar de nuestro ego te adoramos.

Sólo 1

Desde mi punto de vista, la cuestión no ha sido ni es la avaricia de los extranjeros -digamos, por ejemplo: ¡Instagram!-, sino el hecho de carecer de un criterio de referencia para poder discernir la substancia real del intercambio.

Cuando empleamos una red social para comunicar una imagen de nosotros mismos, se produce un intercambio manifiesto entre la divulgación masiva que la red realiza de nuestro ego y la información que obtiene de nosotros; sin embargo, existe otro “intercambio comercial” aún más incisivo: en nuestra propia Ánima o Ánimus hemos cedido el insight por el outside, abandonando el conocimiento interior.

Como hábil tentador, el conquistador no nos fuerza al abandono de nuestro mundo interno, nosotros se lo hemos entregado sin siquiera el más mínimo reparo, sin considerar las “implicancias” de este perverso contrato espiritual. ¿Por qué hacemos esto?

En muchas ocasiones, solamente dos tonos hacen más sencilla la toma de decisiones frente a la multitud de opciones.

Freud contra Dios

Es llamativo que Sigmund Freud (creador del Psicoanálisis) hablara de “represión” por parte de la religión siendo él mismo judío; me cuesta creer que él no supiera que los criterios antiquísimos de su pueblo no tienen que ver en absoluto con un rechazo de la sexualidad sino con el hecho de ofrecerles un criterio organizador.

Los mandamientos de la ley hebrea constituyen un principio activo -como el elemento activo de un fármaco que cura una enfermedad-, no buscan restringir un comportamiento sino organizarlo en base a un único referente. Repito: un único centro de atención.

La estética y el placer relajan la concentración del ser humano, no están mal de por sí, pero no sirven en absoluto cuando las personas atravesamos situaciones críticas en la vida. Figurémonos que, ante la pérdida de trabajo de un padre de familia, se le dijese:

Ve a la peluquería, córtate el cabello para sentirte más a gusto contigo mismo y luego cómprate un buen vino para relajarte esta noche antes de dormir.

Parece una broma; sin embargo, dudo de cuántas personas sabrían qué decir a un hombre en esta situación.

Es increíble el estado de humillación al que hemos sometido nuestra propia alma americana al dejar de lado el forjar principios (¡palabra repudiada por los grandes intelectuales de esta parte del continente!) que sean los promotores de valor en todos los planos de nuestras vidas.

La creación de valor de una sociedad no está dada por los recursos naturales, las nuevas tecnologías o el conocimiento que posee, menos aún por el capital o el socialismo; la creación de valor depende de, precisamente, “crear valor”, y esto sólo puede realizarse a partir de criterios con los cuales desarrollamos nuestro mundo interno, nuestra experiencia y nuestro accionar.

El alma de Argentina

En la Psicología Junguiana existen dos conceptos opuestos y complementarios que indican atributos culturales masculinos y femeninos, respectivamente son Ánimus y Ánima; ambos se refieren al “alma” humana pero, con la intención de diferenciar una cualidad y otra, Carl G. Jung los llamó de esta manera.

Observo en el discurso que transmiten los medios una visión de nuestra realidad argentina como “inestable emocionalmente”, “sin identidad”, sin “proyecto de país” claramente definido, inclusive pareciera que selección argentina de fútbol porta estas cualidades. Además, nos decimos a nosotros mismos que somos un país inmaduro, adolescente, que nos faltan “guerras”. Desde la mirada exterior, somos subdesarrollados o, en el mejor de los diagnósticos económicos: emergentes.

El Inconsciente Colectivo de Argentina

No me simpatizan los juicios de valor, sinceramente, creo que estas opiniones que los mismos argentinos ratificamos, están un tanto desajustadas. Al considerar los conceptos anteriores, se torna claro que Argentina es una sociedad (permítanme la generalización) donde se destacan las cualidades del Ánima femenina, aspecto puesto de manifiesto claramente en la actualidad con el debate sobre la ley del aborto, que se despliega casi exclusivamente en el escenario público de las mujeres. Estos elementos, desde la Psicología Profunda, resultan emergentes de una situación colectiva e inconsciente: Argentina es Ánima. Y los hombres, que oscilamos desde las violencias hacia la ausencia en la participación social constructiva y cooperativa, tenemos mucho que ver en esto.

Hace algunos años trabajé en un barrio periférico de la ciudad, allí pude constatar una realidad que se torna día a día extensiva en nuestro territorio: las personas que, de modo casi exclusivo, participan en la vida social, son las mujeres. Con esta afirmación quiero decir:

  • en la copa de leche con los niños;
  • atendiendo a los ancianos en los comedores públicos;
  • participando en Cáritas o en las iglesias;
  • en las escuelas;
  • en los hogares al frente de las familias.

Siempre son ellas, las mujeres. Si busco a los hombres, después de cierta edad, es difícil encontrarlos, porque están muertos o en la cárcel, excepto aquellos que tienen un trabajo y prácticamente se esconden del entorno. Un porcentaje destacado de varones están ligados al delito, pero son mayormente adolescentes y jóvenes.

Pero ésta, no es una realidad periférica, sólo la menciono a título de ejemplo; toda nuestra sociedad padece de una ausencia de hombres y de padres que tengamos claro el enfoque de nuestras vidas y de nuestros hogares. Por este motivo, considero que los juicios de valor patriarcales que se realizan sobre nuestro país no comprenden profundamente nuestra sociedad. Argentina es Ánima, por ello la Psicología (una disciplina fuertemente marcada por las cualidades femeninas -cabe destacar que Freud construye su Psicoanálisis escuchando a mujeres que sufrían en una sociedad en extremo machista) ha encontrado aquí su polo mundial.

¿Y esto cómo se explica?

Una vez más, al observar los símbolos sociales, modos en los que la afectividad colectiva subyacente de la nación se expresa… Argentina produce mucho talento, posee mucha creatividad y ha sido receptiva (otro rasgo Ánima) a muy diversas culturas que se han radicado aquí. Buenos Aires, como capital nacional, es claramente un crisol de razas y de pueblos. Tal vez el problema radica en los criterios con los que juzgamos; quizás sea más apropiado dejar de utilizar “diagnósticos políticos y económicos” y comenzar a comprender cómo es una sociedad, cómo se expresa, que muestra en sus diversas manifestaciones.

Tal vez somos un referente en Latinoamérica, quizás el mundo debate sobre esta parte del continente y su futuro…