El asesinato del héroe

Este título representa un símbolo y un principio. Voy a ser un poquito esquemático esta vez:

Símbolo = el héroe;

Principio = sobresaliente del resto de las personas por sus destrezas;

El símbolo remite a una imagen mental, el principio es un proceso o comportamiento; el primero es un factor estático, el segundo es dinámico, como si dijese “en movimiento”.

En El Libro Rojo, Carl G. Jung enuncia este título para referir que el acceso a los procesos psíquicos profundos exige, en sus primeras instancias, el abandono del deseo de ser alguien poderoso, destacado, que se impone al resto de los seres humanos; exige el sacrificio de este aspecto ideal que el ser humano cristaliza en su imaginación como “el héroe”, con ello surge en el sí-mismo una sensación difícil de soportar.

La impotencia

El héroe, en el ejercicio del principio que mencioné, no es consciente de la energía que despliega en busca de alcanzar su imagen idealizada, pero esa energía muchas veces se alimenta de la competitividad y el sacrificio de los vínculos afectivos más cercanos. Con las mejores intenciones, el hombre en busca de su héroe se aproxima peligrosamente a la violencia. Ejemplo de esto fue la vida del rey David, símbolo por excelencia del héroe (¡mató al gigante Goliat!) y del liderazgo (el más importante rey de Israel); sin embargo su familia fue trágica y debió mandar a matar a su hijo más querido, Absalón. Toma un minuto y observa a tu alrededor, mira los “héroes” que te rodean, muchos de ellos han tenido que sacrificar a sus hijitos. Pero continuemos.

La palabra clave es “sacrificio”; el punto es que cuando una mujer o un hombre deja de entregar tanta energía a la imagen del héroe, libera en el sí mismo una fuerza interior contenida que estaba “pagando impuestos” al ideal; toda esa energía queda disponible para el Yo.

Este tema produce mucho sufrimiento en nosotros porque sentimos una gran frustración al no poder satisfacer a esta imagen y aceptar la impotencia para el preludio de una vida derrotada. Y quizás, así lo sea. Quiero decir: el asesinato del héroe por nada… Es nada.

¿Por qué Jung asesina al héroe?

El héroe, en tanto imagen, es como un film que vemos por un medio de comunicación, nuestra vida real no participa de ello.

Se trata destituir una imagen del Yo para acceder al Inconsciente Colectivo, pero este Inconsciente Colectivo no es una especie de “conocimiento supersecreto al que sólo algunas personas privilegiadas pueden acceder” como el que dicen poseer algunas sectas top, si así fuese, sería otro simulacro del héroe. Sí sí, ellos también cayeron en la trampa del Ego. El inconsciente colectivo podríamos definirlo hoy como todas aquellas personas, de todos los tiempos, a las que podés hacerles bien y que pueden hacerte bien a vos, empezando por tu familia. Quizás hoy eres joven y fuerte, pero imagínate cuando seas viejito o viejita… Como dice una amigo sobre sus hijos pequeños: “a estos los tengo que tratar bien porque me van a empujar la silla de ruedas”.

Un antiprincipio

Si eres intelectual seguramente te he decepcionado con mi definición de inconsciente colectivo; permitime mostrarte algo más. En concreto, la imagen y el principio que te mencioné poseen otro símbolo y otro principio detrás, ocultos en su inconsciente.

Símbolo.héroe = “portador de luz propia”… “ángel de luz”… Lucifer;

Principio.sobresalir = aislamiento;

Restauración del principio originario

En el vínculo afectivo (lo colectivo) con todo lo que rodea al ser humano (lo inconsciente) se produce el efecto de liberación de la energía y el despliegue del potencial humano, lo que transforma al sujeto de espectador en creador de SU propia aventura (no la Hollywood). Aquí comienza el acceso al Espíritu de la Profundidad en términos de la Psicología Junguiana.

El “acechador” de la psiquis

En la psiquis humana se desarrolla en numerosas ocasiones el sentimiento inconsciente de culpa que, si bien es externo y educado, llega a producir daños psicológicos severos en las personas. Podría decirse que es uno de los elementos más nocivos para el ser humano y que habita en las profundidades de su mente, al menos desde el punto de vista psicoanalítico. No obstante, no es a este fenómeno al que voy a remitirme aquí. Existe algo aún mayor en su gravedad.

Culpa y poder

La culpa en la psiquis es como el delito para una persona que ha transgredido la ley, una especie de sombra oculta que lo persigue día y noche con la amenaza del encierro. El “acechador” (por ahora llamémosle así) sería como Chernobyl, una irradiación imposible de contener a la que burdamente encoframos con acero pero que, tarde o temprano, será devorado sin que haya posibilidad de contención; ante este poder el Yo se encuentra totalmente desamparado y expuesto. Como digo, tiene que ver con un poder sobre el Yo y con la amenaza de extinción.

Se trata de la última clave de la locura, tan difícil de asir como de soportar. Surge de la desprotección primaria que vivencia un niño o niña, como si un pequeño chimpancés se hallara solo cuando merodea un tigre hambriento en derredor. Siguiendo este ejemplo, quiero mostrarte que dicho enemigo tiene que ver con la desprotección primaria de los humanos y la pérdida del vínculo afectivo en adultos.

El cazador rugiente e insaciable también busca la construcción del Ego -autoconocimiento- y del poder, ya que ambos producen el mismo efecto: la desvinculación social y próxima. En la medida que acreciento el conocimiento de mí mismo (como proclamaron los griegos), hago decrecer el interés puesto en el otro; en la medida que escalo en la pirámide competitiva del poder, mayor es mi falta de “pares” y me encuentro en soledad en aumento.

Por lo tanto, puedo hacer una primera aproximación a esta “psicología del infierno” y lo que los psicólogos clínicos podemos hacer frente a ello:

Nosotros buscamos cuidar y sanar los vínculos afectivos de las personas, la mejor defensa frente al acechador.

Una hipótesis antropológica

Un primate de hace 3.000.000 de años se queda sin su hábitat natural en los árboles. El descenso a la sabana africana lo conduce a adaptarse a un nuevo ámbito, nuevos alimentos, mayores posibilidades pero, al mismo tiempo, mayores peligros. Mientras un mono sobre los árboles goza de gran destreza de desplazamiento y resulta difícil de acechar por un gran predador, no sucede lo mismo sobre la tierra árida y con poca vegetación.

En los árboles, los depredadores actuales de los monos son los grandes felinos y las grandes serpientes. Mientras un mono alfa de grupo puede enfrentar a un tigre desde las alturas, nada podría hacer, por más fuerte que sea, sobre el terreno sin árboles y frente a un león. Y ésta ha sido, con toda probabilidad, la situación de nuestros antepasados.

Lo primero que podemos tomar consciencia en la evolución de un primate primitivo hacia el homo sapiens es que, ante esta amenaza, el macho alfa no sirve para nada.

Préstame atención:

El homo sapiens no se organiza en torno a machos alfas porque no tiene estructura biológica de combate apta para ello.

Para poder afrontar al león (entre otros peligros) el humano originario debió desarrollar la cooperación; la defensa fue la ayuda mutua, posteriormente el desarrollo de herramientas primitivas se convirtió en armas de defensa, pero la primera protección debió ser la cooperación.

Esta experiencia, la del acecho, se repitió durante muchos años; con muchos años quiero decir algo así como 3.000.000 de años. Mucho tiempo, muchas experiencias gravadas en la memoria genética de nuestra especie.

Introduzcámonos en la psiquis del león, en su modo de pensar un momento. El león no se quedó de brazos cruzados mirando pasivamente como la comida se le escapaba de las garras y también desarrollo un plan de acecho, él también debió evolucionar.

La estrategia del león

El león comprendió que un espécimen solo era una presa fácil, por lo tanto, la estrategia siempre fue aislar al individuo del grupo, esto habría sido particularmente factible con las hembras y, en particular con las crías. Si los leones lograban atemorizar al grupo de pequeños homínidos, seguramente los individuos más frágiles (las hembras preñadas y las crías) serían una presa fácil.

Pero los machos nunca quedaron fuera del alcance de su ojo, estos representaban una posibilidad de mayor ingesta de proteínas para el león y su grupo. Ante ellos el león hizo sublime su acecho, cambió su táctica pero mantuvo la misma estrategia.

Si ante las hembras el rugido y la imagen atemorizante de su fiereza podría atemorizarlas y hacerlas huir ante el pánico de muerte abandonando sus crías; con los machos la táctica perfecta fue la seducción. El felino es un animal sumamente inteligente, el león en postura de sumisa debilidad le hizo creer sutilmente al macho humano que él era fuerte y poderoso, se hizo perseguir por él en actitud de temor y debilidad con la finalidad de fomentar su creencia de poder, de superioridad; el león alimentó su orgullo haciéndole creer que él podía aislarse de su grupo con una rudimentaria arma primitiva, le hizo creer en su soberbia que era él, el supuesto alfa dominante, quién podía enfrentarlo solo. Una vez aislado del grupo por su propia voluntad y tras la ilusión del león cansado de huir, él le demostró quién manda en África. Un trágico final para el macho dominante.

Un ejemplo presente

Permitime una breve digresión para citarte un hecho actual y mostrarte la inteligencia de este predador:

Un grupo de cazadores furtivos ingresan (armados por su puesto) a territorio de leones para cazar un ejemplar. Se pudo reconstruir a posteriori lo sucedido. Tres leones los dejan entrar en su territorio, no salen en defensa sino que los dejan avanzar, tanto como para estar suficientemente lejos de todo pedido de ayuda. Los dejan acampar día tras día, sólo observándolos. Cuando ellos se encuentran con cierto agotamiento, confiados en que su cacería avanza satisfactoriamente, en la noche, los tres leones atacan el campamento y devoran a los cazadores humanos sin resultar ningún león herido. Estamos hablando del siglo XXI, armas de fuego y cazadores profesionales.

Resumiendo el apartado:

La estrategia fue el aislamiento. El aislamiento tuvo dos tácticas diferentes:

  • Ante las hembras, la amenaza de muerte para que abandonen a las crías indefensas;
  • Ante los machos, la seducción del poder para separarlos del grupo.

Una hipótesis desde la psicología Junguiana

El homo sapiens se encuentra con su grupo de pares en la sabana africana. Parece que tenemos una explicación biológica del problema, sin embargo, ¿por qué sucedió esto? ¿Es efecto del azar? ¿Las condiciones materiales, concretas, sin ningún motivo, se organizaron de esta manera?

Son preguntas difíciles de responder, porque el único acceso al tema es por la vía de la Psicología Profunda.

Con el paso del tiempo, el león fue introyectado en la psiquis humana y se convirtió en una función de ésta. Es parte de nosotros, de nuestra memoria ancestral; se transformó en una función de nuestra mente inconsciente y colectiva, esto es: un patrón, el arquetipo del acechador.

La hembra primitiva se transformó en el Ánima de la cultura y el macho en el Ánimus: las representaciones inconscientes acerca de lo masculino y lo femenino. Las patologías del Ánima se desarrollan por la desvinculación social que la conduce a la peligrosa melancolía, manifestación inconsciente de la devoración del león. Las patologías del Ánimus se relacionan a la falsa creencia del poder y la superioridad ante su par, que terminan conduciendolo otra vez al aislamiento jerárquico competitivo y las patologías del poder en las diferentes formas de la violencia.

En pocas palabras:

La única defensa sigue siendo la empatía y el vínculo social.

La receta de Juan

Había un hombre que se llamaba Juan. Su mejor amigo era su primo mayor, compañeros de juego en la infancia, de grandes ideas revolucionarias en la juventud, de aventuras y viajes cuando fueron grandes…

Frente a sus ojos su primo y mayor afecto fue torturado por la dictadura y después asesinado. Él mismo pudo correr el mismo destino pero como era hijo de una familia influyente logró ser “rescatado” del mismo desenlace.

Juan conoce la violencia, la conoce de cerca, vió con sus propios ojos a los asesinos de su primo hermano; no lo leyó en un libro ni lo miró por televisión en un documental.

Hoy es un hombre mayor, roza los 80 años, conoce al león, reconoce su mirada y su rugido cuando está cerca. Anoche soñó con las fauces abiertas del devorador frente a una mujer joven, quizás símbolo de su nación…

Él comprende de lo que se trata, sabe lo que viene, lo que va a suceder y decide escribir una carta a su familia:

Hijitos míos…

En el amor no hay temor.

Cuando la vida te descarta (no-hacer III)

Llega una determinada edad en el transcurrir de las personas en la que empezamos a dudar acerca de qué es lo que estamos haciendo en este mundo y de cuál es la posición en la cancha en la que la vida nos ha colocado. Pronto nos damos cuenta que ya no somos titulares en este partido, sino que estamos en el banco de suplentes… ¿Qué es lo que sucede? ¿Algún poder invisible nos está descartando?

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¿Cuándo el Inconsciente Colectivo te descarta?

Cuando la vida de un ser humano deja de tener sentido creativo, cuando una persona “mecaniza” su vida de tal manera que ya no surge nada profundo que pueda conectarla con los significados más antiguos de la humanidad -ésos que nos llegan a través de los relatos de mitos y leyendas, fábulas y cuentos de hadas-, el Yo de ese individuo deja de “vivir esos símbolos”, deja de estar “conectado” con los arquetipos y patrones más antiguos -y al mismo tiempo permanentes de la cultura humana-; cuando eso sucede lo advertimos como una pérdida de sentido de nuestras vidas, como un menoscabo palpable de energía en nuestras sensaciones. Literalmente: nos vamos marchitando.

Entonces, algo aún peor nos ha sucedido: el Inconsciente Colectivo nos ha quitado su atención, ya no nos convoca como al actor principal de la película de nuestra propia existencia sino que meramente nos “subsidia” el resto de una vida lánguida en energía psíquica. Para comprender en su cabal magnitud esta afirmación, es necesario tener presente que en la Psicología Junguiana el Inconsciente Colectivo está vivo, tiene voluntad propia e independiente del Yo de cada individuo. Por lo tanto, puede descartarnos como si simplemente dejara de regar una planta para esperar que naturalmente se seque y sólo sirva de material de carbono para alimentar a un nuevo ser en la próxima generación.

¿Cuándo? ¿Cuándo sucede esto?

Como lo expresé: cuando nuestra vida deja de estar ligada, relacionada, a los mitos y creencias más antiguos de nuestra civilización. El espíritu de este tiempo, la mentalidad de una determinada época, la controlan los órganos sociales de poder y control; sin embargo, las masas a lo largo de la historia la controlan las ideologías y los sistemas de creencias -subjetivos, inmateriales- y no el poder material.

La producción de estructuras de significado racionalistas (digamos por ejemplo: pagar el crédito del auto todos los meses) fija nuestra energía psíquica en esos objetos y restringe la posibilidad de nuevas ideas libres. Más aún: podemos fijar nuestra propia imagen en una especie de “auto-idolatría” a través del perfil público en una red social.

Un mensaje para psicólogos

Este breve ensayo no está dirigido al público general (que también está invitado a leerlo), sino a mis colegas:

Un psicólogo que no puede entrar en la profundidad del símbolo no tiene razón de ser en esta sociedad.

Una enfermedad no te descarta, la pobreza no te pone en el “banco de suplentes de la superliga”, una limitación no te quita la mirada del Inconsciente Colectivo… si seguís produciendo símbolos; y las personas que debemos ayudar en esta tarea a otras personas somos los psicólogos en este momento particular de la historia de la humanidad. Pensá en aquella joven mujer argentina que escribe un diario íntimo para su hijito porque sabe que ella va a morir y ese cuaderno se transforma más tarde en un libro con el que ella atraviesa la misma muerte.

¿Para qué sirve un psicólogo que no puede conectar a las personas con el espíritu de la profundidad? Estimados psicólogos, colegas y amigos:

Dejen de vender su alma en Instagram y Netflix y pónganse a estudiar mitología.

Soy un poquito ácido en este comentario por una razón; Instagram idolatriza la imagen del Ego (en la que se enquista la psicopatología que nosotros intantamos resolver) y Netflix industrializa los símbolos (los cuentos de hadas), con lo que los encierra en un sólo significado posible (el que le da el productor) y cierra la posibilidad de múltiples sentidos e interpretaciones, que es desde donde surge el potencial de energía que nos trae el Inconsciente Colectivo. ¿Por qué, por qué y por qué? Porque las historias mitológicas permiten ser revividas, reeditas en nuestras vidas a lo largo de miles de años; una mujer hermosa que me tienta hoy como una sirena a Ulises en su retorno a Ítaca es el mismo símbolo con el que se animó a cruzar el mar un marinero de la época de Homero, ¡hace 2800 años!; sin embargo, la mujer de la que me quedo prendado no es la misma que la de aquel marinero sino que el mismo arquetipo se “reencarna” en nuevas personas y así logra seguir viviendo. Los personajes de una serie televisiva no se van a reeditar en nadie; no estoy en contra de estas producciones que responden al espíritu de nuestro tiempo, ellas tienen su importante razón de ser, sino que estoy en contra de que los psicólogos nos adiestremos con ellas.

Tu enemigo te necesita

Pienso que muchos acontecimientos sociales se producen de modo paralelo con muchas situaciones que vivimos los individuos. De esta manera, las experiencias colectivas quedan anidadas en el Inconsciente Colectivo generación tras generación como las distintas capas de sedimento bajo nuestros pies que, tras miles de años, la naturaleza fue arrojando hacia lo más profundo de la tierra.

Sin embargo, de tanto en tanto, en distintos lugares, las erupciones volcánicas nos arrojan nuevamente a la superficie aquello que está en el corazón de nuestro planeta como lava incandescente que, luego de enfriarse, permite a los investigadores el análisis de ese material y conocer, justamente, los minerales y materiales que fueron arrojados.

Te decía que algo similar sucede con las vivencias de la humanidad que van quedando sepultadas con el transcurrir de los años. En mi momento presente, un sector de la sociedad se alza frente a otro desde hace años, con distintas irrupciones de agresiones pero con el mismo tema reiterativo de la confrontación. Desde la Psicología Junguiana, podemos interpretar que esta confrontación no nos deja crecer porque busca someter o superar al otro, cuando el crecimiento debería permitir al individuo y a la sociedad el crecimiento mutuo dado por los distintos puntos de vista.

Un conflicto que no sucedió

Permitime mostrarte una confrontación que no fue, una de hace muchos años y que posee ocultas algunas ideas increíblemente valiosas para afrontar la actualidad; como aquellos minerales que el volcán nos trae desde el interior de la tierra, esta historia nos trae una sabiduría ancestral de inestimable valor y “supercondensada” en pocas frases…

Al entrar Jesús en Cafarnún, se le acercó un centurión y le rogó:

‘Señor, mi criado yace en casa, paralítico y con muchos sufrimientos.’

Jesús le dijo: ‘Iré a sanarlo.’

(Mateo 8, 5-7.)

El concepto de Sombra

Te paso un par de conceptos para hacer este análisis:

Jesús = Yo; centurión (soldado romano) = enemigo (la Sombra).

Cafaranún fue un lugar muy cálido para Jesús, a él le gustaba ir a esa ciudad, muchos de sus amigos vivían allí; era un lugar de encuentro fraterno, como el que todos buscamos con nuestros amigos y aquellos con los que conformamos nuestro ámbito de pertenencia (los del mismo club de fútbol, los de la iglesia, los que comparten con nosotros una actividad laboral o afición, etc.). Sin embargo, al llegar de viaje a este lugar, el Yo se encuentra con su Sombra, con el enemigo -los romanos habían esclavizado a la comunidad de Jesús y los centuriones eran los encargados militares de hacer cumplir el sometimiento al césar de Roma. Y aquí tenemos nuestra primera clave de análisis:

La Sombra-enemigo aparece frente al Yo porque necesita su ayuda.

Este relato arquetípico (se trata de un patrón de la psiquis humana lo que el pequeño texto relata) muestra que ante cualquier situación de confrontación que se presente a una persona o grupo, la manera de solucionar el problema es interpretando la necesidad de la otra parte, jamás juzgándola. Parece muy sencillo y que todos estamos de acuerdo, sin embargo, no resulta agradable pensarlo así, menos aún si se trata de confrontaciones que implican violencia. Pero aquí la clave es “interpretar”, o sea: entender qué es lo que está pasando con el otro, por qué piensa o actúa de esta manera.

El quitar la mirada de la violencia del otro y enfocar la necesidad, es una herramienta psicológica para salir internamente de la frustración y el dolor. Intentar comprender muchas veces detiene la violencia. No se trata de una receta mágica, porque éstas no existen, pero puede ser un gran recurso en muchas ocasiones. Sigamos un poco más…

Escuchar y sanar

El agresor sabe que está frente a su víctima, sabe que Jesús es un esclavo de Roma, pero también sabe que este hombre no están juzgándolo ni haciendo nada en contra suyo. Esto le permite expresarse, le permite contarle lo que está pasando en su vida, algo que le produce mucho dolor…

Cuando pienso en estas líneas que escribo, estoy pensando en los debates contemporáneos entre abortistas y no abortistas. Sea cual sea tu postura, sin dudas también del otro lado hay una necesidad, aún cuando se trata de un opresor. Quisiera intentar descubrir cuál es esa necesidad… ¿tal vez la de sanarse? ¿sanarse de qué?

Sanar el corazón del hombre sometido por el patriarcado violento

Hay un símbolo más en esta historia y que es de suma importancia: el criado.

Criado = ?

¿Podés descubrir qué simboliza el criado enfermo de tu enemigo? Entonces ya estás sanándolo.

Este personaje mencionado que no aparece en la escena es la Sombra del centurión, lo que no está funcionando en su vida, una parte de sí mismo que se muere o sufre en extremo. Esto es: el enemigo patriarcal y violento tiene dentro suyo una parte de sí que le produce terrible dolor y contra la que no sabe qué hacer. Para ello, necesita de su opuesto, alguien externo a él que es espejo de su criado, puesto que ambos son sus “esclavos”. Pero al acercarse a pedir ayuda al sanador, reconoce algo más allá del poder.

Si algo caracterizaba al imperio romano fue claramente el poder: poder de someter, controlar y matar. Centuriones romanos, manipulados por los dirigentes judíos, asesinaran un par de años después de este hecho al mismo Jesús. No obstante, este hombre vive en carne propia el sufrimiento y reconoce dónde buscar la salud: fuera del poder; abajo, entre los sometidos hebreos.

Ausencia paterna: temas de la presentación del libro

Foto. Presentación pública del libro realizada el 14 de julio de 2018 en LOXS_BAR (SF, AR).

La presentación del libro “Alicia sin Espejo. Una era sin Padre”, giró en torno a los efectos de la ausencia paterna y las posibilidades de su restitución en la psiquis.

La pregunta acerca de qué es un papá desde la perspectiva psicológica es tratada en el libro. No obstante, puedo realizar un acercamiento a través de una hipótesis de la Antropología llamada “La niña de Dikika”.

Foto. Durante la presentación.

Lucy

Se trata de un hallazgo arqueológico de gran importancia para la ciencia y que data de pocos años. En la zona austral de África, investigadores hallaron los restos de un homínido de 3.500.000 años aproximadamente; se trata de una hembra joven que posee en su parte superior (de la cintura hacia arriba) una estructura corporal similar a la de un mono; sin embargo, el descubrimiento permitió reconstruir una de sus piernas y, en particular, uno de sus pies, mostrándose el dedo pulgar atrofiado y rotado (en los monos, este dedo se opone a los cuatro restantes formando una “pinza”, al igual que sus manos), con ello se puso en evidencia que esta niña seguramente había alcanzado -junto con su grupo- la bipedestación. Posiblemente se trató de un grupo de primates que anteriormente vivió en los árboles pero que se vio obligado a bajar a la sabana africana, quizás en busca de alimento. Sea cual fuera el motivo, debieron abandonar la vida en los árboles.

Foto. Junto a la diseñadora del libro: Rocío Vadell.

Una vez en el suelo, los pastos cubrían la visión de esta especie que caminaba en cuatro patas con lo que se habría visto obligada a erguirse y adaptar su marcha al uso de sólo dos extremidades. Esto produjo cambios evolutivos muy fuertes, puesto que las monas llevan a sus crías sobre sus espaldas; una vez de pie, sus pequeños no podían sostenerse por sí solos y ella debió trasladarlos hacia adelante sujetándolos con sus manos. Esta situación produjo la estimulación visual directa del futuro niño o niña, acrecentando enormemente su desarrollo cerebral y cognitivo por el contacto cara a cara con su madre, que le daba un rostro donde verse reflejado a sí mismo. Pero ella se vio limitada en el uso de sus manos a la hora de recolectar alimentos, por lo cual necesitó de la cercanía del macho que la ayudase y, para lograrlo, se volvió receptiva sexualmente durante todo el ciclo femenino, a diferencia de otros primates que, por lo general, sólo se aparean durante los días fértiles del ciclo reproductivo de la hembra.

Esta hipótesis antropológica nos da una perspectiva posible acerca del origen de los vínculos afectivos primarios en el ser humano. Independientemente de la conexión evolutiva o no con la especie de Lucy, la presencia del padre ha sido fundamental para el desarrollo sano de los grupos humanos, tanto para las mujeres como para los niños. A su vez, la presencia del hombre estimula las capacidades lúdicas de los niños mayormente que las madres, con lo que se observa que aún en los bebés su participación en la crianza resulta muy beneficiosa para los niños y las niñas.

Foto. Dedicatoria para una amiga muy especial: Elvira.

Foto. La presencia del público superó las expectativas previas y el número de sillas disponibles.