Batman technologies

Las mayorías y la minoría entran en tensión; no me refiero a cualquier minoría marginal de una sociedad sino a aquella que tiene poder y a la mayoría que representa a la masa. Pero… y siempre hay un pero, aparece un tercer elemento en discordia.

En el film Joker (2019) el personaje principal logra movilizar a la colectividad de ciudad gótica que se encuentra sumida en los conflictos sociales y económicos; el protagonista, en la medida que va siendo transformado por el arquetipo que encarna, se vuelve punta de iceberg emergente de un malestar generalizado y es el canal que lleva a la masa hacia la violencia. Ésta violencia terminará por matar a los padres del niño que, posteriormente, será Batman quien, como justiciero desde la sombra, vendrá a reestablecer el orden.

De esta manera, el surgimiento de Batman se vuelve cíclico y circular respecto de Joker dónde se produce un movimiento de la masa desde uno hacia el otro: con el paso del tiempo la sociedad ficcionada en el cómic se satura de la violencia y pide por justicia, la cuál da lugar a Batman. Se observa perfectamente delineado el clima social emocional que pasa de un estado al otro.

Pero hay algo más aquí que reviste relevancia a la hora de pensar en analogías con la sociedad real. Batman está asociado al huérfano millonario y poderoso que se vale de la tecnología en gran medida para combatir al crímen.

Joker = depresión + caos + violencia;

Batman = dinero + poder +tecnología.

El problema de la creatividad

Sin embargo, la potencia creativa no está en la tecnología sino en el caos y en el conflicto. Por lo que, paradójicamente, el Joker se encuentra más identificado a la creatividad y al arte que Batman. Lo que reviste enormes implicancias. Veamos algunas.

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. (Génesis 1,2).

El libro bíblico que habla de la creación, o sea, de la creatividad, pone en el primer lugar al desorden, el vacío, las tinieblas y el abismo. Todos símbolos que solemos asociar a la negatividad. Este pequeño versículo que nos llega por la tradición cristiana nos hace pensar que el Joker se encuentra más cerca del principio de la divinidad que el formal y tecnológico Batman.

Relaciones acausales

Me pregunto: ¿cuál es el mérito, el logro, de este personaje? ¿Por qué se vuelve relevante para el análisis?

Quizás el punto crítico tiene que ver con que sus actos ponen de manifiesto situaciones que pocos pueden soportar ver o reconocer. En primer lugar, el desprecio de la propia madre que lo expone y somete a un abusador; en segundo lugar, la sociedad general que lo rechaza por padecer una enfermedad mental; por último, la violencia contenida de la mayoría que padece las injusticias sociales. De todo ello es emergente el Joker.

No obstante ello, la fortísima relación acausal (= sincrónica) que muestra el film se halla en otra parte: tanto él como Batman poseen una “conexión oculta”: ambos no tienen padre. Éste no es un aspecto colateral de la estructura de la saga, por el contrario, es el elemento central pero sólo accesible a un buen observador.

Destacado

Joker

Es uno de los doce arquetipos junguianos, mayormente conocido como trickster o tramposo, cobra protagonismo en la pantalla mediática contemporánea, y si esto sucede, es debido a que la consciencia colectiva le ha dado interés y relevancia. No es la sombra de Batman, esta vez él es el personaje principal.

Una verdad insoportable

La película muestra cómo una persona, cuyo destino inevitable es el psiquiátrico y la locura -o sea: tiene psicopatología severa-, se estabiliza por el acceso al mal. Y esto, es real. No es ficción, la enfermedad mental se equilibra completamente por esta vía.

Suena difícil de creer, pero es así; por este motivo quise tomarme el tiempo para analizar el film, aún cuando existen muchísimas películas de elevado valor artístico para el análisis.

Máscara de payaso

De modo que ya dije algo. Pero esto no es nuevo, lo novedoso es que la atención pública dirija su mirada de consumo en esta dirección. Se trata de una persona solitaria, carente totalmente de figura paterna y en medio de una sociedad superficial, vulgar, dominada por la estética banal… en la que el yo del personaje… ¿no puede realizar vínculo social? ¿No puede relacionarse sanamente con las personas porque es un psicópata?

¡No! ¡Nada más alejado de la realidad!

¿No? ¿No es un psicópata?

En este punto uno puede comenzar a notar por qué el tema comienza a complejizarse.

Si no vinimos a ver la historia de un psicópata, ¿qué estamos haciendo aquí?

Payaso no es Joker

En la mayoría de las mitologías antiguas existe la figura del trickster, “embaucador” o “tramposo divino” que hace trucos o desobedece normas de comportamiento. Si el patrón aparece en diferentes culturas ello significa que es parte de nuestra psiquis colectiva.

Los psicólogos y psiquiatra contemporáneos piensan que los arquetipos representan la versión arcaica de los trastornos psiquiátricos modernos, sin embargo, ello implica un grave error de estudio. Los arquetipos siempre fueron “espíritus”, podría decir: estructuras complejas de pensamientos-sentimientos-comportamientos que recaen sobre el yo, son externos a él, y constituyen un sistema de representación alternativo de la realidad, como tales no pertenecen a la mentalidad de la época sino al inconsciente colectivo.

Quizás el punto crítico, el que da comienzo a la revelación que trae la película tiene que ver con la condensación de dos símbolos en uno.

El Joker no es el payaso. El payaso eres tú.

El Joker domina a la perfección una técnica muy compleja que consiste en volverse él mismo espejo del otro. La estética del maquillaje -esa con la que el protagonista no puede vincularse para obtener un trabajo y acceder a una vida socialmente aceptable- es usada para ser deconstruida, desarticulada, desintegrada. Por ello, el trickster es un agente del caos.

¿Quién es el Joker entonces?

Antes de responder este interrogante, podemos avanzar en un nuevo descubrimiento:

La película fue elaborada para vos, el consumidor masivo.

No te olvides. En el cine, todo está hecho para vos.

Un arquetipo del Inconsciente Colectivo

El punto crítico, el risen, sucede cuando el protagonista termina de maquillarse como Joker y muestra a la perfección a través de la danza cómo es poseído por una especie de energía que lo invade y lo impulsa a actuar, allí se produce la “desconexión emocional”  que es fundante de este arquetipo, representada con el comienzo de los homicidios.

El tratarse de un complejo de representaciones del inconsciente colectivo y no del individuo puede apreciarse en cómo éste arquetipo moviliza a la masa social en tensión ante las injusticias y los problemas sociales no resueltos, en cuyo contexto el trickster florece en todo su esplendor logrando movilizar a la multitud hacia la destrucción y el caos.

Un Joker en el comienzo de nuestra cultura

Un análisis rápido puede hacernos pensar que se trata de una película sobre un perfil psicopático y punto, que toda esta argumentación acerca del arquetipo del Joker nada tiene que ver con nuestra vida cotidiana, sin embargo, encontramos este patrón en la historia de Israel; ésta es la historia de un tramposo y su posible “redención” a través de la lucha espiritual.

Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, era el segundo hijo de su padre quién prefería claramente a su primogénito Esaú. El nombre Jacob significa tramposo en hebreo (!) y por estas cualidades sumadas a la complicidad de su madre (que también cumple un rol importante en la película) Jacob engaña a Esaú y le roba la primogenitura quedándose con la herencia de su padre; algo así como que el Guasón se hubiese casado con la princesa simulando ser él Batman, la deja embarazada y a Batman -el moralista- sólo le queda ocultar la verdad. La misma estructura simbólica se encuentra en Braveheart, protagonizada por Mel Gibson sobre la revolución de los escoceses.

Y Jacob, gracias a su acto de chantaje, pasa a ser el protagonista principal de la película llamada historia judeo-cristiana.

Una y otra vez el mismo trasfondo

Jacob, el hijo no elegido; Arthur -el Joker- en busca de un padre que le de reconocimiento; una y otra vez el mismo patrón patológico derivado de la falta de figura paterna y sus efectos devastadores sobre la psiquis humana -¡qué diferencia de comprensión de la realidad psicológica en el arte cinematográfico estadounidense respecto del latino! La falta de padre es lo que lleva al joven hacia el lado oscuro (Star Wars). Latinoamérica ruega que su madre la defienda pero es ella quién permitió que la abusasen. Otro patrón que trágicamente se repite y de modo colectivo.

Una función psicológica

En este contexto de análisis, el Joker representa una función psicológica distorsionada, pervertida de su eje; por lo que análisis no apunta al juicio de valor sobre el sujeto (“psicópata”) sino a comprender la razón de existir de tal fenómeno. Como agente del caos es una instancia social necesaria para producir la ruptura de paradigmas sociales y personales saturados y agotados, por lo que anticipa el nuevo orden que en la película se visualiza en el niño Bruce que posteriormente se convertirá en Batman tras reaccionar a la muerte de sus padres por el conflicto social que desató el Guasón; como alguna vez Uribe se transformó en Batman y acabó con la guerrilla colombiana que había asesinado a su padre. ¡Tan arquetípico como real!

El punto de equilibrio

Jacob tuvo su oportunidad de redención. A través de una larga noche (= crisis existencial) en la que lucha con Dios (=el Padre) en búsqueda de obtener su bendición (=su reconocimiento) y recibe un nombre nuevo que será Israel, que significa “el que lucha con Dios”; obtiene la bendición justa que tramposamente robó y recibe una herida en su pierna como señal de que esta vez “la cosa fue en serio” y no es otra de sus artimañas. Por lo tanto, aquí podemos observar la espiritualización de la función Joker, la cual no puede ser eliminada sino integrada.

Quizás esto último es lo más difícil de reconocer:

El Joker no es un elemento demoníaco, sino que está dentro del plan de Dios (=el trazado del Inconsciente Colectivo).

Preocupaciones económicas

Mientras esperaba la luz verde en el semáforo, en el caluroso atardecer santafesino, pude ver una escena instantánea de dos símbolos opuestos y, quizás, complementarios: los chicos que pedían en el semáforo y que contaban el dinero para comprar una cerveza, por otro lado, el “plumerero de Santa Fe” (*) que volvía caminando por la vereda.

¿A quién elijo?

Hice un cálculo rápido y tomé consciencia que seguramente estos jóvenes (cuyas edades rondan los 20 años) ganan más dinero diario que este hombre. Me pregunté:

¿El plumerero equivocó el trabajo?

Si yo tuviera que elegir uno de estos trabajos…

¿Cuál elegiría?

Parece un poco injusto, tanto esfuerzo y kilómetros diarios dejan como resultado una pezca muy pobre al avecinarse la tercera edad.

Dos espíritus en lucha

No es el Yin y el Yang, estos opuestos no son complementarios porque tienen un desequilibrio implícito entre ellos.

El plumerero no lo sabe, pero en ese mismo momento él estaba encarnando un arquetipo del Inconsciente Colectivo, y esto posee muchísima fuerza intrínseca.

El espíritu de este tiempo, la mentalidad de nuestra época, puede hacernos creer que el esfuerzo acumulado de tantos años no vale nada.

Contra el pensamiento de la mayoría, existe otro espíritu, el espíritu de la profundidad, que responde a otros criterios, donde patrones ancestrales se vuelven a hacer presentes, vivos, en la experiencia de personas que “sintonizan” con ellos.

Hace dos mil años otro hombre volvía de una extensa y frustrada jornada de trabajo, sin nada que aprovechar, sólo vacío en sus manos. Pero en ese momento, aquel hombre vivencia una presencia que lo cambia para siempre y que lo transporta directamente a otra realidad. Esa presencia es sólo una voz que llega a sus oídos desde lejos. Esa voz le dice:

Vuelve a buscar en las profundidades.

En aquel entonces fue una expresión literal, porque aquel hombre era pescador y al alba la voz le dijo que vuelva al mar a pescar pero a mayor profundidad. Pero esas palabras y esa voz no fueron sólo literales sino que quedaron ancladas en el Inconsciente Colectivo y llegan hasta el plumerero de la ciudad.

Me pregunto qué podrían significar éstas palabras para él.

El espíritu de la profundidad (Carl G. Jung) es atacado por aquellos jóvenes seducidos por placeres inmediatos, sin consciencia de que ellos mismos hace 500 son poseídos por un arquetipo de destrucción cuyo lema dice:

Espejitos de colores por oro.

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(*) Un hombre de aproximadamente 60 años que hace muchísimos años vende plumeros “casa por casa”.

El origen de los arquetipos

Los arquetipos que estudia la psicología junguiana tienen la particularidad de que se encuentran desde los comienzos de la civilización humana; ante los primeros rastros de cultura ya tenemos testimonio de rituales en torno a la muerte y la vida de ultratumba, por ejemplo. Surge entonces la pregunta: ¿De dónde provienen los arquetipos?

Los arquetipos o patrones culturales del significado humano se expresan en diferentes símbolos (el rey, un guerrero, un amante, una artista, entre muchos otros), son innatos, ¿acaso los colocó una civilización extraterrestre allí?

¿El conocimiento como origen?

Los arquetipos griegos (Zeus, Dionisio, Atenea, Ulises y un sin fin de imágenes) pueden considerarse como símbolos asociados al pensamiento, son producto de la intelectualidad. Sin embargo, de esta manera no podemos rastrear el origen buscado.

Occidente, por influencia del pensamiento griego, reproduce símbolos de este “perfil intelectual”; no obstante, si buscamos en las tradiciones espirituales aborígenes de América, la simbología no está asociada tan claramente a la actividad cognoscitiva del hombre sino a la observación de la naturaleza. De este modo, los llamdos pueblos originarios pueden arrrojar luz al problema de los arquetipos.

Mientras los griegos imaginaron a Cronos para representar al tiempo; la mística aborigen simbolizó al espíritu con el águila o el jaguar. ¿Es porque ellos eran “primitivos”?

Creatividad y producción

El ser humano es un mamífero más de la naturaleza y, como tal, se halla integrado a su entorno y esta interacción es mutuamente enriquecedora. Las mujeres y hombres realizamos durante miles de años un aprendizaje empático de la naturaleza y éste impulsó nuestro desarrollo como especie: los chamanes ancestrales observaron el vuelo de las aves y crearon símbolos de hombres alados muchísimos años antes que el científico Leonardo Da Vinci diseñara una máquina para volar; aquellos hombres anhelaron apropiarse de la fuerza del jaguar, danzaron en rituales al sonido del tambor la identificación con la potencia del sagaz felino con gran antelación a que Henry Ford ensamblara su primer auto.

Como podés observar, es la actividad psíquica creadora de los arquetipos la que se encuentra en la base de la productividad humana.

De esta manera puedo postular la tesis acerca de que el origen de los arquetipos del Inconsciente Colectivo se halla en la naturaleza -en nuestro enraizamiento con el animal- y no en la actividad intelectual. Y esto tiene un implicancia.

Restauración de una generación

Una y otra vez escucho el melodrama “quejoso” de los “nobles” que juzgan América latina con sus diagnósticos de oficina:

Es una generación perdida… La droga… El delito… La desnutrición… El analfabetismo…

Frases que sirven de pretexto para garantizar la tranquilidad de no hacer nada, de no “jugarse la piel” (Nassim Taleb, 2018).

Quizás hoy el chamanismo aborigen me permite comprender por qué Jesucristo buscó pescadores y mujeres sencillas para crear su comunidad de paz que se transformó en el hito que partió la historia en dos mitades. Las mismas dos mitades con las que se forma el símbolo del pez que los cristianos primitivos emplearon cómo código encriptado para reconocerse.

El asesinato del héroe

Este título representa un símbolo y un principio. Voy a ser un poquito esquemático esta vez:

Símbolo = el héroe;

Principio = sobresaliente del resto de las personas por sus destrezas;

El símbolo remite a una imagen mental, el principio es un proceso o comportamiento; el primero es un factor estático, el segundo es dinámico, como si dijese “en movimiento”.

En El Libro Rojo, Carl G. Jung enuncia este título para referir que el acceso a los procesos psíquicos profundos exige, en sus primeras instancias, el abandono del deseo de ser alguien poderoso, destacado, que se impone al resto de los seres humanos; exige el sacrificio de este aspecto ideal que el ser humano cristaliza en su imaginación como “el héroe”, con ello surge en el sí-mismo una sensación difícil de soportar.

La impotencia

El héroe, en el ejercicio del principio que mencioné, no es consciente de la energía que despliega en busca de alcanzar su imagen idealizada, pero esa energía muchas veces se alimenta de la competitividad y el sacrificio de los vínculos afectivos más cercanos. Con las mejores intenciones, el hombre en busca de su héroe se aproxima peligrosamente a la violencia. Ejemplo de esto fue la vida del rey David, símbolo por excelencia del héroe (¡mató al gigante Goliat!) y del liderazgo (el más importante rey de Israel); sin embargo su familia fue trágica y debió mandar a matar a su hijo más querido, Absalón. Toma un minuto y observa a tu alrededor, mira los “héroes” que te rodean, muchos de ellos han tenido que sacrificar a sus hijitos. Pero continuemos.

La palabra clave es “sacrificio”; el punto es que cuando una mujer o un hombre deja de entregar tanta energía a la imagen del héroe, libera en el sí mismo una fuerza interior contenida que estaba “pagando impuestos” al ideal; toda esa energía queda disponible para el Yo.

Este tema produce mucho sufrimiento en nosotros porque sentimos una gran frustración al no poder satisfacer a esta imagen y aceptar la impotencia para el preludio de una vida derrotada. Y quizás, así lo sea. Quiero decir: el asesinato del héroe por nada… Es nada.

¿Por qué Jung asesina al héroe?

El héroe, en tanto imagen, es como un film que vemos por un medio de comunicación, nuestra vida real no participa de ello.

Se trata destituir una imagen del Yo para acceder al Inconsciente Colectivo, pero este Inconsciente Colectivo no es una especie de “conocimiento supersecreto al que sólo algunas personas privilegiadas pueden acceder” como el que dicen poseer algunas sectas top, si así fuese, sería otro simulacro del héroe. Sí sí, ellos también cayeron en la trampa del Ego. El inconsciente colectivo podríamos definirlo hoy como todas aquellas personas, de todos los tiempos, a las que podés hacerles bien y que pueden hacerte bien a vos, empezando por tu familia. Quizás hoy eres joven y fuerte, pero imagínate cuando seas viejito o viejita… Como dice una amigo sobre sus hijos pequeños: “a estos los tengo que tratar bien porque me van a empujar la silla de ruedas”.

Un antiprincipio

Si eres intelectual seguramente te he decepcionado con mi definición de inconsciente colectivo; permitime mostrarte algo más. En concreto, la imagen y el principio que te mencioné poseen otro símbolo y otro principio detrás, ocultos en su inconsciente.

Símbolo.héroe = “portador de luz propia”… “ángel de luz”… Lucifer;

Principio.sobresalir = aislamiento;

Restauración del principio originario

En el vínculo afectivo (lo colectivo) con todo lo que rodea al ser humano (lo inconsciente) se produce el efecto de liberación de la energía y el despliegue del potencial humano, lo que transforma al sujeto de espectador en creador de SU propia aventura (no la Hollywood). Aquí comienza el acceso al Espíritu de la Profundidad en términos de la Psicología Junguiana.