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Joker

Es uno de los doce arquetipos junguianos, mayormente conocido como trickster o tramposo, cobra protagonismo en la pantalla mediática contemporánea, y si esto sucede, es debido a que la consciencia colectiva le ha dado interés y relevancia. No es la sombra de Batman, esta vez él es el personaje principal.

Una verdad insoportable

La película muestra cómo una persona, cuyo destino inevitable es el psiquiátrico y la locura -o sea: tiene psicopatología severa-, se estabiliza por el acceso al mal. Y esto, es real. No es ficción, la enfermedad mental se equilibra completamente por esta vía.

Suena difícil de creer, pero es así; por este motivo quise tomarme el tiempo para analizar el film, aún cuando existen muchísimas películas de elevado valor artístico para el análisis.

Máscara de payaso

De modo que ya dije algo. Pero esto no es nuevo, lo novedoso es que la atención pública dirija su mirada de consumo en esta dirección. Se trata de una persona solitaria, carente totalmente de figura paterna y en medio de una sociedad superficial, vulgar, dominada por la estética banal… en la que el yo del personaje… ¿no puede realizar vínculo social? ¿No puede relacionarse sanamente con las personas porque es un psicópata?

¡No! ¡Nada más alejado de la realidad!

¿No? ¿No es un psicópata?

En este punto uno puede comenzar a notar por qué el tema comienza a complejizarse.

Si no vinimos a ver la historia de un psicópata, ¿qué estamos haciendo aquí?

Payaso no es Joker

En la mayoría de las mitologías antiguas existe la figura del trickster, “embaucador” o “tramposo divino” que hace trucos o desobedece normas de comportamiento. Si el patrón aparece en diferentes culturas ello significa que es parte de nuestra psiquis colectiva.

Los psicólogos y psiquiatra contemporáneos piensan que los arquetipos representan la versión arcaica de los trastornos psiquiátricos modernos, sin embargo, ello implica un grave error de estudio. Los arquetipos siempre fueron “espíritus”, podría decir: estructuras complejas de pensamientos-sentimientos-comportamientos que recaen sobre el yo, son externos a él, y constituyen un sistema de representación alternativo de la realidad, como tales no pertenecen a la mentalidad de la época sino al inconsciente colectivo.

Quizás el punto crítico, el que da comienzo a la revelación que trae la película tiene que ver con la condensación de dos símbolos en uno.

El Joker no es el payaso. El payaso eres tú.

El Joker domina a la perfección una técnica muy compleja que consiste en volverse él mismo espejo del otro. La estética del maquillaje -esa con la que el protagonista no puede vincularse para obtener un trabajo y acceder a una vida socialmente aceptable- es usada para ser deconstruida, desarticulada, desintegrada. Por ello, el trickster es un agente del caos.

¿Quién es el Joker entonces?

Antes de responder este interrogante, podemos avanzar en un nuevo descubrimiento:

La película fue elaborada para vos, el consumidor masivo.

No te olvides. En el cine, todo está hecho para vos.

Un arquetipo del Inconsciente Colectivo

El punto crítico, el risen, sucede cuando el protagonista termina de maquillarse como Joker y muestra a la perfección a través de la danza cómo es poseído por una especie de energía que lo invade y lo impulsa a actuar, allí se produce la “desconexión emocional”  que es fundante de este arquetipo, representada con el comienzo de los homicidios.

El tratarse de un complejo de representaciones del inconsciente colectivo y no del individuo puede apreciarse en cómo éste arquetipo moviliza a la masa social en tensión ante las injusticias y los problemas sociales no resueltos, en cuyo contexto el trickster florece en todo su esplendor logrando movilizar a la multitud hacia la destrucción y el caos.

Un Joker en el comienzo de nuestra cultura

Un análisis rápido puede hacernos pensar que se trata de una película sobre un perfil psicopático y punto, que toda esta argumentación acerca del arquetipo del Joker nada tiene que ver con nuestra vida cotidiana, sin embargo, encontramos este patrón en la historia de Israel; ésta es la historia de un tramposo y su posible “redención” a través de la lucha espiritual.

Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, era el segundo hijo de su padre quién prefería claramente a su primogénito Esaú. El nombre Jacob significa tramposo en hebreo (!) y por estas cualidades sumadas a la complicidad de su madre (que también cumple un rol importante en la película) Jacob engaña a Esaú y le roba la primogenitura quedándose con la herencia de su padre; algo así como que el Guasón se hubiese casado con la princesa simulando ser él Batman, la deja embarazada y a Batman -el moralista- sólo le queda ocultar la verdad. La misma estructura simbólica se encuentra en Braveheart, protagonizada por Mel Gibson sobre la revolución de los escoceses.

Y Jacob, gracias a su acto de chantaje, pasa a ser el protagonista principal de la película llamada historia judeo-cristiana.

Una y otra vez el mismo trasfondo

Jacob, el hijo no elegido; Arthur -el Joker- en busca de un padre que le de reconocimiento; una y otra vez el mismo patrón patológico derivado de la falta de figura paterna y sus efectos devastadores sobre la psiquis humana -¡qué diferencia de comprensión de la realidad psicológica en el arte cinematográfico estadounidense respecto del latino! La falta de padre es lo que lleva al joven hacia el lado oscuro (Star Wars). Latinoamérica ruega que su madre la defienda pero es ella quién permitió que la abusasen. Otro patrón que trágicamente se repite y de modo colectivo.

Una función psicológica

En este contexto de análisis, el Joker representa una función psicológica distorsionada, pervertida de su eje; por lo que análisis no apunta al juicio de valor sobre el sujeto (“psicópata”) sino a comprender la razón de existir de tal fenómeno. Como agente del caos es una instancia social necesaria para producir la ruptura de paradigmas sociales y personales saturados y agotados, por lo que anticipa el nuevo orden que en la película se visualiza en el niño Bruce que posteriormente se convertirá en Batman tras reaccionar a la muerte de sus padres por el conflicto social que desató el Guasón; como alguna vez Uribe se transformó en Batman y acabó con la guerrilla colombiana que había asesinado a su padre. ¡Tan arquetípico como real!

El punto de equilibrio

Jacob tuvo su oportunidad de redención. A través de una larga noche (= crisis existencial) en la que lucha con Dios (=el Padre) en búsqueda de obtener su bendición (=su reconocimiento) y recibe un nombre nuevo que será Israel, que significa “el que lucha con Dios”; obtiene la bendición justa que tramposamente robó y recibe una herida en su pierna como señal de que esta vez “la cosa fue en serio” y no es otra de sus artimañas. Por lo tanto, aquí podemos observar la espiritualización de la función Joker, la cual no puede ser eliminada sino integrada.

Quizás esto último es lo más difícil de reconocer:

El Joker no es un elemento demoníaco, sino que está dentro del plan de Dios (=el trazado del Inconsciente Colectivo).

Preocupaciones económicas

Mientras esperaba la luz verde en el semáforo, en el caluroso atardecer santafesino, pude ver una escena instantánea de dos símbolos opuestos y, quizás, complementarios: los chicos que pedían en el semáforo y que contaban el dinero para comprar una cerveza, por otro lado, el “plumerero de Santa Fe” (*) que volvía caminando por la vereda.

¿A quién elijo?

Hice un cálculo rápido y tomé consciencia que seguramente estos jóvenes (cuyas edades rondan los 20 años) ganan más dinero diario que este hombre. Me pregunté:

¿El plumerero equivocó el trabajo?

Si yo tuviera que elegir uno de estos trabajos…

¿Cuál elegiría?

Parece un poco injusto, tanto esfuerzo y kilómetros diarios dejan como resultado una pezca muy pobre al avecinarse la tercera edad.

Dos espíritus en lucha

No es el Yin y el Yang, estos opuestos no son complementarios porque tienen un desequilibrio implícito entre ellos.

El plumerero no lo sabe, pero en ese mismo momento él estaba encarnando un arquetipo del Inconsciente Colectivo, y esto posee muchísima fuerza intrínseca.

El espíritu de este tiempo, la mentalidad de nuestra época, puede hacernos creer que el esfuerzo acumulado de tantos años no vale nada.

Contra el pensamiento de la mayoría, existe otro espíritu, el espíritu de la profundidad, que responde a otros criterios, donde patrones ancestrales se vuelven a hacer presentes, vivos, en la experiencia de personas que “sintonizan” con ellos.

Hace dos mil años otro hombre volvía de una extensa y frustrada jornada de trabajo, sin nada que aprovechar, sólo vacío en sus manos. Pero en ese momento, aquel hombre vivencia una presencia que lo cambia para siempre y que lo transporta directamente a otra realidad. Esa presencia es sólo una voz que llega a sus oídos desde lejos. Esa voz le dice:

Vuelve a buscar en las profundidades.

En aquel entonces fue una expresión literal, porque aquel hombre era pescador y al alba la voz le dijo que vuelva al mar a pescar pero a mayor profundidad. Pero esas palabras y esa voz no fueron sólo literales sino que quedaron ancladas en el Inconsciente Colectivo y llegan hasta el plumerero de la ciudad.

Me pregunto qué podrían significar éstas palabras para él.

El espíritu de la profundidad (Carl G. Jung) es atacado por aquellos jóvenes seducidos por placeres inmediatos, sin consciencia de que ellos mismos hace 500 son poseídos por un arquetipo de destrucción cuyo lema dice:

Espejitos de colores por oro.

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(*) Un hombre de aproximadamente 60 años que hace muchísimos años vende plumeros “casa por casa”.

El origen de los arquetipos

Los arquetipos que estudia la psicología junguiana tienen la particularidad de que se encuentran desde los comienzos de la civilización humana; ante los primeros rastros de cultura ya tenemos testimonio de rituales en torno a la muerte y la vida de ultratumba, por ejemplo. Surge entonces la pregunta: ¿De dónde provienen los arquetipos?

Los arquetipos o patrones culturales del significado humano se expresan en diferentes símbolos (el rey, un guerrero, un amante, una artista, entre muchos otros), son innatos, ¿acaso los colocó una civilización extraterrestre allí?

¿El conocimiento como origen?

Los arquetipos griegos (Zeus, Dionisio, Atenea, Ulises y un sin fin de imágenes) pueden considerarse como símbolos asociados al pensamiento, son producto de la intelectualidad. Sin embargo, de esta manera no podemos rastrear el origen buscado.

Occidente, por influencia del pensamiento griego, reproduce símbolos de este “perfil intelectual”; no obstante, si buscamos en las tradiciones espirituales aborígenes de América, la simbología no está asociada tan claramente a la actividad cognoscitiva del hombre sino a la observación de la naturaleza. De este modo, los llamdos pueblos originarios pueden arrrojar luz al problema de los arquetipos.

Mientras los griegos imaginaron a Cronos para representar al tiempo; la mística aborigen simbolizó al espíritu con el águila o el jaguar. ¿Es porque ellos eran “primitivos”?

Creatividad y producción

El ser humano es un mamífero más de la naturaleza y, como tal, se halla integrado a su entorno y esta interacción es mutuamente enriquecedora. Las mujeres y hombres realizamos durante miles de años un aprendizaje empático de la naturaleza y éste impulsó nuestro desarrollo como especie: los chamanes ancestrales observaron el vuelo de las aves y crearon símbolos de hombres alados muchísimos años antes que el científico Leonardo Da Vinci diseñara una máquina para volar; aquellos hombres anhelaron apropiarse de la fuerza del jaguar, danzaron en rituales al sonido del tambor la identificación con la potencia del sagaz felino con gran antelación a que Henry Ford ensamblara su primer auto.

Como podés observar, es la actividad psíquica creadora de los arquetipos la que se encuentra en la base de la productividad humana.

De esta manera puedo postular la tesis acerca de que el origen de los arquetipos del Inconsciente Colectivo se halla en la naturaleza -en nuestro enraizamiento con el animal- y no en la actividad intelectual. Y esto tiene un implicancia.

Restauración de una generación

Una y otra vez escucho el melodrama “quejoso” de los “nobles” que juzgan América latina con sus diagnósticos de oficina:

Es una generación perdida… La droga… El delito… La desnutrición… El analfabetismo…

Frases que sirven de pretexto para garantizar la tranquilidad de no hacer nada, de no “jugarse la piel” (Nassim Taleb, 2018).

Quizás hoy el chamanismo aborigen me permite comprender por qué Jesucristo buscó pescadores y mujeres sencillas para crear su comunidad de paz que se transformó en el hito que partió la historia en dos mitades. Las mismas dos mitades con las que se forma el símbolo del pez que los cristianos primitivos emplearon cómo código encriptado para reconocerse.

El asesinato del héroe

Este título representa un símbolo y un principio. Voy a ser un poquito esquemático esta vez:

Símbolo = el héroe;

Principio = sobresaliente del resto de las personas por sus destrezas;

El símbolo remite a una imagen mental, el principio es un proceso o comportamiento; el primero es un factor estático, el segundo es dinámico, como si dijese “en movimiento”.

En El Libro Rojo, Carl G. Jung enuncia este título para referir que el acceso a los procesos psíquicos profundos exige, en sus primeras instancias, el abandono del deseo de ser alguien poderoso, destacado, que se impone al resto de los seres humanos; exige el sacrificio de este aspecto ideal que el ser humano cristaliza en su imaginación como “el héroe”, con ello surge en el sí-mismo una sensación difícil de soportar.

La impotencia

El héroe, en el ejercicio del principio que mencioné, no es consciente de la energía que despliega en busca de alcanzar su imagen idealizada, pero esa energía muchas veces se alimenta de la competitividad y el sacrificio de los vínculos afectivos más cercanos. Con las mejores intenciones, el hombre en busca de su héroe se aproxima peligrosamente a la violencia. Ejemplo de esto fue la vida del rey David, símbolo por excelencia del héroe (¡mató al gigante Goliat!) y del liderazgo (el más importante rey de Israel); sin embargo su familia fue trágica y debió mandar a matar a su hijo más querido, Absalón. Toma un minuto y observa a tu alrededor, mira los “héroes” que te rodean, muchos de ellos han tenido que sacrificar a sus hijitos. Pero continuemos.

La palabra clave es “sacrificio”; el punto es que cuando una mujer o un hombre deja de entregar tanta energía a la imagen del héroe, libera en el sí mismo una fuerza interior contenida que estaba “pagando impuestos” al ideal; toda esa energía queda disponible para el Yo.

Este tema produce mucho sufrimiento en nosotros porque sentimos una gran frustración al no poder satisfacer a esta imagen y aceptar la impotencia para el preludio de una vida derrotada. Y quizás, así lo sea. Quiero decir: el asesinato del héroe por nada… Es nada.

¿Por qué Jung asesina al héroe?

El héroe, en tanto imagen, es como un film que vemos por un medio de comunicación, nuestra vida real no participa de ello.

Se trata destituir una imagen del Yo para acceder al Inconsciente Colectivo, pero este Inconsciente Colectivo no es una especie de “conocimiento supersecreto al que sólo algunas personas privilegiadas pueden acceder” como el que dicen poseer algunas sectas top, si así fuese, sería otro simulacro del héroe. Sí sí, ellos también cayeron en la trampa del Ego. El inconsciente colectivo podríamos definirlo hoy como todas aquellas personas, de todos los tiempos, a las que podés hacerles bien y que pueden hacerte bien a vos, empezando por tu familia. Quizás hoy eres joven y fuerte, pero imagínate cuando seas viejito o viejita… Como dice una amigo sobre sus hijos pequeños: “a estos los tengo que tratar bien porque me van a empujar la silla de ruedas”.

Un antiprincipio

Si eres intelectual seguramente te he decepcionado con mi definición de inconsciente colectivo; permitime mostrarte algo más. En concreto, la imagen y el principio que te mencioné poseen otro símbolo y otro principio detrás, ocultos en su inconsciente.

Símbolo.héroe = “portador de luz propia”… “ángel de luz”… Lucifer;

Principio.sobresalir = aislamiento;

Restauración del principio originario

En el vínculo afectivo (lo colectivo) con todo lo que rodea al ser humano (lo inconsciente) se produce el efecto de liberación de la energía y el despliegue del potencial humano, lo que transforma al sujeto de espectador en creador de SU propia aventura (no la Hollywood). Aquí comienza el acceso al Espíritu de la Profundidad en términos de la Psicología Junguiana.

El “acechador” de la psiquis

En la psiquis humana se desarrolla en numerosas ocasiones el sentimiento inconsciente de culpa que, si bien es externo y educado, llega a producir daños psicológicos severos en las personas. Podría decirse que es uno de los elementos más nocivos para el ser humano y que habita en las profundidades de su mente, al menos desde el punto de vista psicoanalítico. No obstante, no es a este fenómeno al que voy a remitirme aquí. Existe algo aún mayor en su gravedad.

Culpa y poder

La culpa en la psiquis es como el delito para una persona que ha transgredido la ley, una especie de sombra oculta que lo persigue día y noche con la amenaza del encierro. El “acechador” (por ahora llamémosle así) sería como Chernobyl, una irradiación imposible de contener a la que burdamente encoframos con acero pero que, tarde o temprano, será devorado sin que haya posibilidad de contención; ante este poder el Yo se encuentra totalmente desamparado y expuesto. Como digo, tiene que ver con un poder sobre el Yo y con la amenaza de extinción.

Se trata de la última clave de la locura, tan difícil de asir como de soportar. Surge de la desprotección primaria que vivencia un niño o niña, como si un pequeño chimpancés se hallara solo cuando merodea un tigre hambriento en derredor. Siguiendo este ejemplo, quiero mostrarte que dicho enemigo tiene que ver con la desprotección primaria de los humanos y la pérdida del vínculo afectivo en adultos.

El cazador rugiente e insaciable también busca la construcción del Ego -autoconocimiento- y del poder, ya que ambos producen el mismo efecto: la desvinculación social y próxima. En la medida que acreciento el conocimiento de mí mismo (como proclamaron los griegos), hago decrecer el interés puesto en el otro; en la medida que escalo en la pirámide competitiva del poder, mayor es mi falta de “pares” y me encuentro en soledad en aumento.

Por lo tanto, puedo hacer una primera aproximación a esta “psicología del infierno” y lo que los psicólogos clínicos podemos hacer frente a ello:

Nosotros buscamos cuidar y sanar los vínculos afectivos de las personas, la mejor defensa frente al acechador.

Una hipótesis antropológica

Un primate de hace 3.000.000 de años se queda sin su hábitat natural en los árboles. El descenso a la sabana africana lo conduce a adaptarse a un nuevo ámbito, nuevos alimentos, mayores posibilidades pero, al mismo tiempo, mayores peligros. Mientras un mono sobre los árboles goza de gran destreza de desplazamiento y resulta difícil de acechar por un gran predador, no sucede lo mismo sobre la tierra árida y con poca vegetación.

En los árboles, los depredadores actuales de los monos son los grandes felinos y las grandes serpientes. Mientras un mono alfa de grupo puede enfrentar a un tigre desde las alturas, nada podría hacer, por más fuerte que sea, sobre el terreno sin árboles y frente a un león. Y ésta ha sido, con toda probabilidad, la situación de nuestros antepasados.

Lo primero que podemos tomar consciencia en la evolución de un primate primitivo hacia el homo sapiens es que, ante esta amenaza, el macho alfa no sirve para nada.

Préstame atención:

El homo sapiens no se organiza en torno a machos alfas porque no tiene estructura biológica de combate apta para ello.

Para poder afrontar al león (entre otros peligros) el humano originario debió desarrollar la cooperación; la defensa fue la ayuda mutua, posteriormente el desarrollo de herramientas primitivas se convirtió en armas de defensa, pero la primera protección debió ser la cooperación.

Esta experiencia, la del acecho, se repitió durante muchos años; con muchos años quiero decir algo así como 3.000.000 de años. Mucho tiempo, muchas experiencias gravadas en la memoria genética de nuestra especie.

Introduzcámonos en la psiquis del león, en su modo de pensar un momento. El león no se quedó de brazos cruzados mirando pasivamente como la comida se le escapaba de las garras y también desarrollo un plan de acecho, él también debió evolucionar.

La estrategia del león

El león comprendió que un espécimen solo era una presa fácil, por lo tanto, la estrategia siempre fue aislar al individuo del grupo, esto habría sido particularmente factible con las hembras y, en particular con las crías. Si los leones lograban atemorizar al grupo de pequeños homínidos, seguramente los individuos más frágiles (las hembras preñadas y las crías) serían una presa fácil.

Pero los machos nunca quedaron fuera del alcance de su ojo, estos representaban una posibilidad de mayor ingesta de proteínas para el león y su grupo. Ante ellos el león hizo sublime su acecho, cambió su táctica pero mantuvo la misma estrategia.

Si ante las hembras el rugido y la imagen atemorizante de su fiereza podría atemorizarlas y hacerlas huir ante el pánico de muerte abandonando sus crías; con los machos la táctica perfecta fue la seducción. El felino es un animal sumamente inteligente, el león en postura de sumisa debilidad le hizo creer sutilmente al macho humano que él era fuerte y poderoso, se hizo perseguir por él en actitud de temor y debilidad con la finalidad de fomentar su creencia de poder, de superioridad; el león alimentó su orgullo haciéndole creer que él podía aislarse de su grupo con una rudimentaria arma primitiva, le hizo creer en su soberbia que era él, el supuesto alfa dominante, quién podía enfrentarlo solo. Una vez aislado del grupo por su propia voluntad y tras la ilusión del león cansado de huir, él le demostró quién manda en África. Un trágico final para el macho dominante.

Un ejemplo presente

Permitime una breve digresión para citarte un hecho actual y mostrarte la inteligencia de este predador:

Un grupo de cazadores furtivos ingresan (armados por su puesto) a territorio de leones para cazar un ejemplar. Se pudo reconstruir a posteriori lo sucedido. Tres leones los dejan entrar en su territorio, no salen en defensa sino que los dejan avanzar, tanto como para estar suficientemente lejos de todo pedido de ayuda. Los dejan acampar día tras día, sólo observándolos. Cuando ellos se encuentran con cierto agotamiento, confiados en que su cacería avanza satisfactoriamente, en la noche, los tres leones atacan el campamento y devoran a los cazadores humanos sin resultar ningún león herido. Estamos hablando del siglo XXI, armas de fuego y cazadores profesionales.

Resumiendo el apartado:

La estrategia fue el aislamiento. El aislamiento tuvo dos tácticas diferentes:

  • Ante las hembras, la amenaza de muerte para que abandonen a las crías indefensas;
  • Ante los machos, la seducción del poder para separarlos del grupo.

Una hipótesis desde la psicología Junguiana

El homo sapiens se encuentra con su grupo de pares en la sabana africana. Parece que tenemos una explicación biológica del problema, sin embargo, ¿por qué sucedió esto? ¿Es efecto del azar? ¿Las condiciones materiales, concretas, sin ningún motivo, se organizaron de esta manera?

Son preguntas difíciles de responder, porque el único acceso al tema es por la vía de la Psicología Profunda.

Con el paso del tiempo, el león fue introyectado en la psiquis humana y se convirtió en una función de ésta. Es parte de nosotros, de nuestra memoria ancestral; se transformó en una función de nuestra mente inconsciente y colectiva, esto es: un patrón, el arquetipo del acechador.

La hembra primitiva se transformó en el Ánima de la cultura y el macho en el Ánimus: las representaciones inconscientes acerca de lo masculino y lo femenino. Las patologías del Ánima se desarrollan por la desvinculación social que la conduce a la peligrosa melancolía, manifestación inconsciente de la devoración del león. Las patologías del Ánimus se relacionan a la falsa creencia del poder y la superioridad ante su par, que terminan conduciendolo otra vez al aislamiento jerárquico competitivo y las patologías del poder en las diferentes formas de la violencia.

En pocas palabras:

La única defensa sigue siendo la empatía y el vínculo social.

La receta de Juan

Había un hombre que se llamaba Juan. Su mejor amigo era su primo mayor, compañeros de juego en la infancia, de grandes ideas revolucionarias en la juventud, de aventuras y viajes cuando fueron grandes…

Frente a sus ojos su primo y mayor afecto fue torturado por la dictadura y después asesinado. Él mismo pudo correr el mismo destino pero como era hijo de una familia influyente logró ser “rescatado” del mismo desenlace.

Juan conoce la violencia, la conoce de cerca, vió con sus propios ojos a los asesinos de su primo hermano; no lo leyó en un libro ni lo miró por televisión en un documental.

Hoy es un hombre mayor, roza los 80 años, conoce al león, reconoce su mirada y su rugido cuando está cerca. Anoche soñó con las fauces abiertas del devorador frente a una mujer joven, quizás símbolo de su nación…

Él comprende de lo que se trata, sabe lo que viene, lo que va a suceder y decide escribir una carta a su familia:

Hijitos míos…

En el amor no hay temor.