Viaje a lo profundo del Corazón

A través de una ficción, en la que nos dirigimos en un helicóptero imaginario que puede viajar a través del tiempo, nos introducimos en la búsqueda del Arquetipo Fundamental.
Nuestra imaginación y la Psicología Junguiana serán nuestros medios de transporte en esta apasionante aventura hacia el descubrimiento de una realidad hasta hoy desconocida pero en permanente tensión con nuestro Yo.

El sacrificio de los niños 3

“Maldito el día en que nací.”

Esta expresión, salió de la boca de Jeremías, un joven hebreo, hace aproximadamente 2500 años y su intenso dolor permaneció en la historia. En su época, se originó la palabra Gehena, que actualmente se empela como sinónimo de “infierno” pero cuyo sentado originario remite a otra cosa, o tal vez, a lo más próximo al infierno en nuestra vida.

Veo el maltrato infantil, niños violentados, abusados y asesinados, veo niños llegar al extremo del suicidio, veo niños decapitados y crucificados, abandonados en la esclavitud. ¿Qué es esto? ¿Alguien puede responder?crucificcion_niños

 

 

 

 

 

Fig. 1. Crucifixión de niños en 2014.

Quiero decir que esto es un sacrificio de niños, y que el sacrificio de los niños es un ARQUETIPO: un patrón de nuestra cultura que se repite una y otra vez a través del tiempo. Sabemos esto, es parte de nuestro Inconsciente Colectivo, lo aprendimos de niños de tal manera que lo hemos naturalizado: Moisés se salva del asesinato de todos los niños hebreos menores de dos años ordenado por el faraón egipcio, lo mismo le sucede a Jesús con el rey Herodes (día que recordamos como el día de los inocentes), y muchos otros casos.

Me pregunto: ¿por qué Jeremías repudia el día en que nació? Es por un niño, por el acto del rey que fue su contemporáneo en Jerusalén, rey que quemó en el fuego a su hijo como sacrificio a los dioses, en el valle llamado Gehena.
Sucede que este niño es más que este niño. Aquel niño quemado vivo por su padre y reysignifica la institución, la aceptación social y colectiva de este tipo de crimen, el sacrificio de niños deja de ser un acto de locura para transformarse en parte de la vida cotidiana.Los dioses y el patriarcado se vuelen el gran pretexto para matar; gracias a ellos, ahora todo está permitido.

Jerarquía y sometimiento, siempre justificado, por supuesto. “Por el bien de ellos, para que aprendan, porque son irracionales se decía no hace mucho tiempo.” Sinceramente, no creo que nada de esto sea real. Pero vos sí lo crees, reconócete en ello.
Algunos de nosotros, sólo no podemos ser como vos…

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Figura 2 y 3. Decapitación de una niña.

Santa Fe, Argentina, Sudamérica… cerca de la Antártida.

El sacrificio de los niños 2

A través de una serie de posteos, iniciaremos unos comentarios acerca de este fenómeno contemporáneo, que palpamos en nuestra sociedad, pero que sin embargo resulta una triste y cíclica repetición de una conducta colectiva humana.

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En el momento presente, nuestra sociedad ha puesto sobre el escenario mediático la violencia de género hacia la mujer; desde mi punto de vista, esta violencia es más extensiva y abarca a todo aquel que es “débil” de alguna manera ante la mirada de otro que puede instituirse como “poderoso”. Débil porque posee una limitación, una diferencia, débil porque es un niño.

No es meramente una cuestión de discriminación, de “distinguir” o separar a unos de otros, se trata de someter como esta sociedad lo enseña: por poder, por poder sólo de someter, una especie de placer oculto, de goce siniestro.

Todos somos partícipes de este fenómeno en alguna medida, sólo que solemos presentarlo de modo solapado, en pequeños detalles: competimos para ganar, nos especializamos para sobresalir, trabajamos por más dinero y por objetos de consumo lujosos y costosos, quiero decir, competimos por diferencias.

Detestamos al otro y el juego social consiste en demostrarle que él es más débil. En el deporte, en la ropa que vestimos, en las escuelas de nuestros niños, en todo… Éstas son las reglas de nuestro “contrato social”, a esto jugamos, porque nos organizamos de un modo patriarcal perverso, en el que el que asciende a la cima de la jerarquía puede hacer lo que quiera con los que están abajo, lo podemos comprobar aún en la política de nuestro tiempo, no solo la que gobierna a un país, sino también a las asociaciones deportivas hasta llegar a los pequeños clubes de barrio.

Nuestra sociedad no es represiva ni permisiva; nuestra sociedad es perversa, goza, es psicopática, disfruta de devorar al débil.

Ciclos sociales y el mito de la democracia

Esta situación es cíclica y repetitiva, se relaciona trágicamente a los procesos de decantación de un paradigma de pensamiento socialmente compartido. La dictadura militar argentina no termina por los reclamos de democracia por parte de las ideologías socialistas de la década de 1970, sino por la muerte de niños en la Guerra de Malvinas en 1982. Éste es siempre el último paso de la ruptura de un paradigma de pensamiento, porque son los niños los más débiles para ser sacrificados (una mujer golpeada puede denunciar a su marido, pero ¿puede un niño denunciar a sus padres? La mayoría de las veces no) y, tarde o temprano, un sector de la sociedad desde el dolor de ver morir a sus niños reacciona sin más tolerancia ante el dolor.

Más allá de todo límite

¿No es cierto, acaso, que vos y yo aplaudimos a un famoso técnico de fútbol condenado años atrás por violación de un niño?

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Santa Fe, Argentina… allá en el extremo de Sudamérica.

Abuso de niños: permítanme que adivine el futuro

Hace unos años, cuando surgió en la escena mediática el caso Clara Rojas en Colombia, explicamos que el hijo que la abogada tuviese en cautiverio no había sido consecuencia del Síndrome de Estocolmo -como lo afirmaban los medios masivos-, sino que era producto de una violación. Tras la liberación y posterior edición de un libro por parte de Clara Rojas, ella expresó en una entrevista que no quería dar detalles acerca de cómo había sucedido aquello por preservar a su hijito, pero quería aclara que no se había tratado de una relación consentida (¿o sea…?).

Previamente a esto, tratamos el caso Madeleine McCann y, hace poco más de un año, comenzamos a hablar en el blog sobre la muerte de los niños, mencionamos a Martín, Candela, Ángeles, algunos de los chicos cruelmente asesinados en nuestro medio. Dijimos que era un fenómeno que vendría en crecimiento… en Argentina.

Hoy, fines de 2014, el tema es insoportable, cómo los medios evidencian la brutalidad del maltrato infantil que por lo general culmina en el abuso sexual, la muerte del niño o, ambas cosas. En este momento estoy observando una nota periodística referida a niños de 3 y 4 años abusados en un jardín recientemente.

Pero permítanme que les cuente el futuro… como suelo dar malas noticias, ya se sabrá que pienso que el problema no se va a resolver… pero no creo que sepan cuál es en mi opinión el problema.

El problema es la escuela como institución normalizadora el ser humano, quiero decir con esto: no puede resolverse el problema en el marco de la institución educativa porque ella posee como presupuesto la desprotección de los niños por parte de sus padres (que, según la naturaleza, son los encargados de cuidarlos hasta que se vuelvan independientes).

Entonces advendrán mayores y rigurosos controles sobre el personal que trabaja en las escuelas -lo cual es necesario- y… esto es lo que quiero decir: el problema va a estallar por otro lado. Por uno mucho peor… por el lado de los mismos niños. Los más grandes van a abusar de los más pequeños y la situación no podrá ser controlada. Hasta que algún niño tome un arma de fuego… Igualmente no soluciona.

De modo que tenemos que enviar nuestros niños a la escuela para que abusen de ellos… de eso se trata la educación institucionalizada, para eso se crearon las escuelas (¿te dije que se crearon de modo conjunto con la cárceles y las industrias?)

No hace falta ser adivino para saber esto… mirá el otro lado de la fuerza… allí donde también hay niños hacinados en instituciones, desde hace mucho tiempo, sin papás que los protejan, entonces me vas a creer. Tal vez tenés experiencia de lo que te digo, tal vez no tenés ganas de mirar nada de lo que te muestro… no importa, da igual.

Seguimos en la cuesta hacia abajo… hacia nuestra anhelada autodestrucción. No es la primera vez que sucede en la historia, la próxima te cuento sobre el rey que quemó a su hijo.

Santa Fe, Argentina