La marca del padre

En nuestra civilización, los hombres de todas las épocas han planteado que la manera en la que el niño se vuelve “hombre” tiene la forma del rito de iniciación, en el cual el joven varón es sometido a una situación de máximo estrés y exigencia, ante lo que hacer emerger un fuerte instinto de supervivencia y allí recibe una marca sobre su cuerpo que los hombres adultos realizan sobre él de modo indeleble -puede tratarse de un tatuaje, la amputación de una parte del cuerpo, una herida que deja una cicatriz para siempre, introducción de substancias sobre la piel para modificar su aspecto, etc. Ésta es la marca de los hombres adultos sobre el niño devenido en hombre tras el proceso traumático de la iniciación.

La marca en la actualidad

No se trata de prácticas de otras épocas y lugares, en nuestras sociedades supuestamente civilizadas estos ritos de iniciación se encuentran solapados, ocultos detrás de otros comportamientos típicos que tienen la misma finalidad en cuanto a la iniciación del joven varón en el mundo de los hombres adultos.

¿Cuál es el fundamento de estas prácticas? El joven varón, a medida que crece y despliega su energía viril se vuelve inestable y destructivo sino es educado en el uso de su agresión. Lo cual, lamentablemente, es cierto.

Sin embargo, esto es lo que sucede en el cuerpo del varón; existe otra realidad para su alma y que es el tema en el que quiero hacer foco en este ensayo. El alma del joven, su Ánima en términos de la Psicología Junguiana, emerge con fuerza tras la pubertad y, tarde o temprano el joven que no pasa por el rito de iniciación se verá ante la situación del enamoramiento hacia una joven. El fin ha llegado: el joven ve emerger en él un sentimiento imposible de controlar y soportar si no tiene una figura paterna fuerte; la crisis del enamoramiento más fuerte se denomina “posesión del Ánima” y conduce al varón hacia la melancolía desde donde no hay medios para rescatarlo produciendo en algunos casos el suicidio; sin llegar a tal extremo, las madres de los jóvenes en estas situaciones son conscientes de la auto-destructividad que se genera en el varón inmaduro en el amor. En pocas palabras, los ritos de iniciación impiden esta situación.

El espíritu de este tiempo

La iniciación produce entonces una marca que no es meramente sobre el cuerpo sino que busca alcanzar el alma, busca matar el Ánima-sentimiento del niño apartándolo radicalmente del mundo materno y sólo permitiéndole la fraternidad entre hombres que le enseñarán a mudar su afecto infantil en agresividad masculina -muy útil para la guerra o el trabajo “de sol a sol”. Una finalidad muy valiosa para la productividad de los sistemas sociales. Este nuevo hombre podrá tener una esposa e hijos, podrá ser un excelente compañero de trabajo, vecino del barrio, pero no va a enamorarse.

No estoy buscando criticar esta situación, todo lo contrario. Si sos papá o mamá con un poco de experiencia sabés que esto es así y que no se puede evitar. Mi análisis apunta a mostrar que esto remite a la categoría junguiana de “espíritu de la época” (o “del tiempo”), que significa el modo de pensar de una época o de una condición humana, lo que los seres humanos hemos podido elaborar para nuestro desarrollo en la relación entre naturaleza y cultura.

Pero hay algo más detrás del muerte del ánima del varón; otro espíritu.

El Espíritu de la Profundidad

Hace ya varios años leí un libro que se titulaba “De amor herido”; un librito muy sencillo pero de los más satisfactorios que he leído. Como corresponde a un buen libro, lo regalé. En este texto, el autor mostraba una serie de personas de diferentes lugares que, en un momento de sus vidas, habían experimentado el encuentro con una situación que los dejó para siempre “marcados” por una sensibilidad que jamás pudieron borrar, una especie de herida de amor que los cambió para siempre en cuanto al sentimiento consigo mismos y a la relación con las otras personas, por lo general por una especie de acto de empatía que rompía todos los preconceptos y racionalizaciones de la persona. Todos estos casos tenían un patrón en común, una especie de “hilo misterioso del destino” los unía.

Esta experiencia, de todas las épocas, tiempos y lugares, no es creada por la cultura como en el caso de los ritos de iniciación; esta experiencia proviene de la estructura neuropsicológica de la empatía y surge desde otro plano de la realidad: el Espíritu de la Profundidad que es una especie de reserva de patrones -arquetipos- que se encuentran en el Inconsciente de la humanidad. Este arquetipo del “amor herido” que brota desde las profundidades del psiquis humana vuelve a atraer hacia la consciencia el ánima sacrificada del hombre y lo fractura, lo quiebra, rompe la imposición que el patriarcado precedente -y repito: necesario– había hecho sobre el Yo del hombre. Ésta es una experiencia de integración psicológica (integración en el sentido de conocer lo que existe “dentro” de la mente humana) que restituye el daño que la cultura había realizado. El hombre que posee esta experiencia no es nunca más el mismo.

A diferencia de los ritos de iniciación, no es posible producir voluntariamente el encuentro con el Ánima; sucede o no sucede, al menos hasta donde llega mi conocimiento.

Ambas instancias, la de la marca que subyuga al Ánima y la de la herida de amor que la restaura completamente son procesos necesarios en el desarrollo psíquico del varón. Sin la vivencia de ambos el hombre está incompleto y perdido de sí mismo, su Yo vaga como un zombi en búsqueda de su alma muerta.

El nuestro, el del siglo XXI, es un momento crucial para comprender la psicología del varón en tanto es el eje central del desarrollo sano de los niños; nuestro continente y nuestro mundo padece líderes inmaduros que atraviesan la vida matando el ánima de otros seres humanos debido a su propia inmadurez, lo padecimos muchas veces en Argentina, yo mismo vi los soldaditos de 17 y 18 años marchar por la avenida de mi ciudad hacia la guerra de Malvinas, por las decisiones de viejos decrépitos y violentos que necesitaban demostrar poder en compensación de sus penes impotentes.

La marca del padre no se puede evitar, pero el joven varón debe ser reconducido hacia una experiencia mayor, la de la sensibilidad por el sufrimiento y el dolor de los niños, sea cuál sea la forma que éste revista; sea cual sea su propia manera de amar.

man holding a child

Energy!

Las dictaduras militares latinoamericanas produjeron como efecto generaciones de niños reprimidos, que no podían expresar lo que les sucedía frente a un modelo de padre tirano y déspota. A este modelo de padre le sucedió la ausencia casi absoluta de figuras paternas en Argentina, la carencia de hombres con sabiduría y fortaleza para orientar a los jóvenes. A este modelo de paternidad endeble y ausente le acompaña una extensión de niños y jóvenes necesitados de orientación y guía.

Las tribus urbanas no generan adhesión, las redes sociales pronto perderán su breve ímpetu de fuegos de artificio… un poco de adicciones para la noche, el sexo libre ya está plagado de patologías y disfunciones sexuales, un poco de cultura de cerveza artesanal… Y ya no queda nada. ¿Energía? No, no. Nada de eso.

Era del hielo para el carácter

Aunque haya hombres que se reproducen, en nuestra cultura los padres han sido exterminados, sólo quedan madres con niños. Si quiero hallar un referente para un jóven sin rumbo, ¿dónde puedo encontrarlo? Lo buscaré una y otra vez y no lo encontraré. Parece el triste final de una historia sin sentido. Esta situación es parte del exterminio sublime que padece Latinoamericana; no sólo los países de Oriente sufren el asedio de la guerra, también nosotros nos encontramos en medio de una guerra brutal de poderes invisibles que no queremos percibir ni reconocer.

Es momento de cerrar Instagram y Facebook

La energía de una persona jóven -sea hombre o mujer- surge de la tensión interna entre la necesidad de expresarse en la vida y la oposición que el entorno le ofrece, mientras esta tensión interna no se traslade a una forma externa, a alguna cosa concreta.

La energía se produce sola, nuestra naturaleza la provee para afrontar las tensiones de la vida del mismo modo que crecemos luchando contra la gravedad. Nuestra necesidad de lucha no halla satisfacción en horas frente a la pantallita del celular porque éste no representa ningún desafío. Aún cuando nuestros cuerpos crezcan, nuestra mente se está hundiendo como una canoa llena de agujeros en medio del río. No hay aventura, no hay desafío, no hay nada por conquistar. Nuestro deseo interno de vivir nuestra Odisea -para la que todos nacemos predispuestos- es reemplazado por la que consumimos en series televisivas. Desde hace 500 años seguimos entregando el oro de nuestras almas por los espejitos de colores del glamour del primer mundo.

Sólo tensión necesita un padre transmitir a sus hijos; lejos de los objetos de evasión. Sin forma, cerca de la naturaleza animal que realmente somos.

Entrenando a mi Dragón

La caída de los antiguos modelos de paternidad no ha “dado a luz” a una nueva paternidad sino meramente a su ausencia en cuanto a función se refiere. Los “machos” de la especie humana seguimos reproduciéndonos pero lejos estamos de saber qué hacer con nuestras crías. Y ello tiene efectos claros sobre las nuevas generaciones.

Paternidad NO es liderazgo

Un elemento importante de la paternidad es si ésta puede ser interpretada como una acción a través de la que un padre dirige a un hijo o hija en una dirección de comportamientos esperados. Parece algo lógico, sin embargo, pienso que esto no permitiría “entrenar” las habilidades propias que posee un niño o niña.

En la animación infantil Trainning Dragon, el joven protagonista no puede responder en absoluto a los ideales vikingos de su padre: no es un fuerte guerrero sino un niño temeroso y débil, no quiere dominar la naturaleza -representada en el dragón- sino más bien comprenderla y relacionarse armoniosamente con ella. En una primera instancia, él es todo decepción para su padre; al menos esto parece.

Sin embargo, la película infantil trabaja muy bien aspectos difíciles de la paternidad y, en particular, de la psicología del varón. El jóven confronta con el padre pero de manera superficial, ya que no emplea los recursos mentales, herramientas y armas que el padre le propone; no obstante ello, en ningún momento evade su responsabilidad como jóven vikingo de resolver la situación que la vida en su entorno le dispone: el problema de los dragones que arrasan con su poblado. Es determinante situar este punto: el joven no posee las habilidades del padre pero en ningún momento se evade de lo que debe afrontar en la vida. La discrepancia entre ambos es de métodos, no de principios.

Líder es rol, padre es ser

Soy líder porque dirijo una empresa en la que tomo decisiones definidas por determinados vínculos sociales, quizás soy líder porque como capitán de mi equipo deportivo elijo los titulares del partido del domingo… pero soy padre porque soy, es una cuestión de ser, no de hacer, por lo tanto, aquí también podemos tomar consciencia de que la paternidad es una instancia anterior al liderazgo y éste deriva de ella.

La paternidad tampoco se limita al acto de reproducción biológica sino que está relacionada al reconocimiento y aceptación de lo que soy. Por supuesto, también existe la opción de evadirme de ello por la enorme responsabilidad que tomo consciencia que esto significa.

Sólo hay un papá

Puedo tener un jefe en el trabajo, un director espiritual y un director técnico del equipo de fútbol, pero mi padre es uno solo. Esto significa que existe una única persona que, para bien o para mal, marca de una manera determinante mi vida y, al ser padre, lo hago en el mismo sentido para con mis hijos.

Aún si se trata de una mala experiencia, ésta es igualmente proveedora de sentido para los hijos. Existe un motivo por el cual considero que es importante reconocer esto y que conduce a una experiencia positiva.

Hacia el Uno

Aún cuando nunca hayamos conocido a nuestro padre, la cultura (el Inconsciente Colectivo) nos transmite el arquetipo del padre. El punto crítico es que la psiquis humana se estabiliza y funciona sanamente cuando se dirige hacia lo único, porque produce enfoque, el enfoque disuelve la incertidumbre porque da certezas y por ello es salugénico. Por este motivo, la toma de consciencia del padre permite el enfoque en su única figura y extraer sentido a través de la interpretación. Pero esta experiencia es la toma de consciencia de un determinante fundamental de la civilización humana; el padre es el primer patrón de Sentido(*) y, a partir de ello, siempre es posible realizar una interpretación positiva.

(*) Sin dudas alguien objetará esta afirmación. Para aclararlo cabe decir que un psicólogo se limita a observar lo que ve, no a decir debería ser la realidad, en este sentido, las grandes religiones son predominantemente producciones de sentido en torno a una figura paterna, más aún, son posiblemente las primeras instituciones creadoras de significado existencial de la humanidad.

Cuatro papás

Tengo cuatro amigos, ellos no se conocen entre sí pero tienen algo en común, algo que los conecta inconscientemente sin que ellos lo sepan: los cuatro son papás solos de un hijo o una hija.

Una niña al costado del camino

Uno de ellos no supo bien que hacer cuando tuvo su hija, pensó que con sólo tenerla era suficiente; su beba pasó la mayor parte de su tiempo en manos ajenas, entre guarderías, escuelas y demás instituciones para niños. Sin darse cuenta, Germán fue dejando al costado de “su” camino a “su” propia hijita y, para bien o para mal, su destino fue marcado por terceras personas.

Una alegría efímera

Santi es un amigo que recibió con mucho entusiasmo el nacimiento de su hijo: fue una alegría inmensa para él. Recuerdo su cara de felicidad absoluta cuando nos pasó la foto de ambos en el sanatorio: “recién salidito del horno”, nos escribió en el grupo.

Santi es una buena persona, pero confieso que los amigos no aceptábamos mucho a su esposa. No tardó mucho en llegar el día en que nos contó que “las cosas” no estaban bien con Guillermina. Habían perdido intimidad y, antes que el pequeño Felipe cumpliera un año, Santiago le había sido infiel a su mujer. Ella lo descubrió y se separaron.

Aunque parezca increíble, en tan poco tiempo, el afecto de papá se secó, no se profundizó y Felipe creció con un padre ausente.

Trabajo, preocupación y exigencias

Distinto fue el caso de Facundo: él tuvo un hijo de soltero y su relación con su hijo siempre fue directa. Si bien no veía a diario a su niño, Facundo es, sin dudarlo, un padre presente e interesado en su hijo. Sin embargo, él es un hombre exitoso. Es un profesional de renombre internacional que recorre el mundo entre congresos y reuniones con empresarios. Su niño crece bien al cuidado de su madre, pero su papá responde a él sólo en segundo lugar, tras las preocupaciones de su demandante éxito personal e individual. No sé qué piensa su pequeño niño, pero ya es consciente de que está en segundo lugar para su papá.

Un papá rebelde

El cuarto de mis amigos es Gustavo, hijo de italianos y bastante gruñón, no hay día que no se queje de algo o de alguien, en particular de su ex esposa que lo dejó y le fue infiel. Pasaron ya varios años y él no ha rehecho su vida. Sin embargo, algo me llama la atención de él…

El último verano tomábamos una cerveza en un barcito de la ciudad y me contó que había dejado la empresa en la que trabajaba como profesional para dedicarse de lleno a su vocación docente. Pero había algo más en esta decisión, de esta manera había logrado liberar todas sus tardes para tener más tiempo con su hijo. No es una decisión que “brille” ante la mirada contemporánea, no obstante, sí brilla a los ojos de su hijito que sabe que “¡aquí hay papá!”

Gustavo no es docente solamente porque le gusta su materia, él tiene una especie de “don” por estar atento a las problemáticas existenciales que viven los adolescentes.

Aquel día, el de la cerveza, recuerdo que me comentó el caso de un alumno que había perdido trágicamente a su padre y todo lo que él -Gustavo- había hecho por que sus compañeros estén presentes con aquel jóven que sintió realmente la presencia afectiva de sus amigos.

Su paternidad de un único hijo rinde por 30 alumnos, 100 jóvenes, 1000 veces.

Pero ese día Gustavo no estaba de buen humor; me dijo:

Yo no creo en Dios; si existiese, no podría permitir que esto suceda.

Mientras me hablaba me vino una idea a la mente:

Si Dios existe, debe ser como Gustavo.

La detención de la violencia

En el país en el que vivo y en la región en la que me encuentro, año a año, mes a mes, semana a semana, la violencia hacia la mujer se incrementa a niveles jamás pensados; pero no sólo ello, el tipo de crímenes se torna cada día más irracional y difícil de comprender para la sociedad.

Opciones resolutivas

He escrito muchas veces sobre este tema, en intentos diagnósticos desde la perspectiva psicológica. En este breve ensayo quisiera comenzar a esbozar posibilidades de acción que sean resolutivas.

Existen diversos modos de pensar este tema, pero permitime hacer un planteo en extremo sencillo.

Los comienzos del siglo XXI presentan innovaciones culturales de la más diversa índole; quisiera mostrarte algo al respecto: un grupo muy reducido de hombres -entre los que me incluyo- buscamos tener una relación exclusiva y directa con nuestros hijos, esto es: sin intermediación de las madres de los niños. Quizás me preguntes: ‘¿Cuál es la relación entre la violencia hacia la mujer y la paternidad directa?’

Un grupo de padres muy reducido

Los varones jóvenes poseen una fuerza y energía inherentes que no saben ni pueden controlar, pero la generación de precedente de padres no tiene mayormente interés en educarlos, por lo que permanecen “desamparados psicológicamente”.

En primer lugar los padres marginados del ideal social de familia somos los que tomamos conciencia de esta situación de los niños y los jóvenes; paradójicamente, el cambio resolutivo comienza por la “marginalidad” social.

Tarde o temprano, los papás vamos a darnos cuenta que el Estado no va a proteger a nuestros hijos, ni el de izquierda ni el de derecha; las ONG no se van a ocupar de ellos, pues no podrán evitar ser absorbidas por el poder. Ninguna institución va a realizar este trabajo y deberemos salir nosotros a realizar esta tarea tan básica y fundamental para la sociedad humana y que hemos olvidado detrás de las máscaras de nuestro Ego.

Sé de lo que hablo. Sé lo que significa “estar salvando el mundo” mientras tu esposa y tu hijo tienen un arma apuntándoles a la cabeza.

El peligro que afrontan las mujeres y los niños no se limita a un acto delictivo, es mucho más profundo, es sutil, ideológico, inyecta veneno en las frágiles psiquis de nuestros niños sin que nosotros nos demos cuenta.

Una hipótesis para actuar

No pretendo ahondar en el diagnóstico, sino en la toma de consciencia, en la necesidad que tenemos los padres-hombres de comenzar a agruparnos, a asociarnos en la defensa de lo que valoramos. Por lo tanto, ésta es a mi juicio la primera acción resolutiva para la violencia:

Los hombres comienzan a agruparse en defensa de las mujeres y los niños.

Pd: no es tan sencillo, implica dejar un poquito de lado el partido de fútbol y la peña, valoraciones extrañas que se han convertido en “religiones” del Ego del varón adulto.