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Un sueño de Alicia

Publicado: 11 octubre 2017 en melancolía, paternidad

¡Papá! ¿Dónde estás? ¿Por qué no venís? ¿Por qué te fuiste?

Alicia se introduce convulsionada en el sueño, su consciencia se desvanece pero una parte de sí permanece alerta, como si detectase la presencia de un peligro.
Una silueta que no logra discernir con claridad se acerca a su cama, por detrás de ella; su rostro se acerca al suyo para susurrarle algo que no logra comprender cuando, su atención es enérgicamente dirigida hacia el espejo de su ropero: “¡el espejo no está roto!”

Alicia despertó aquel día con una extraña sensación, nueva, que no podía discernir. Su padre había partido y debía dejar atrás su recuerdo, él también era culpable… ¡eso!; era culpable de no haberla protegido siendo ella tan solo una niña. Era el momento de dejarlo atrás, de ya no pensar en él. Inclusive, recordaba a su psiquiatra psicoanalista que le había dicho que es normal el odio hacia la persona perdida en una etapa del duelo, etapa necesaria y que prepara la finalización del proceso doloroso. Hoy era el día de Alicia, ¡y nadie se lo podría robar!

Alicia se encuentra insomne. Fue un buen día y está dejando atrás la tristeza, sin embargo, no puede dormir.

Una silueta oscura, que no logra discernir con claridad, se acerca a su cama, por detrás de ella; el rostro de un hombre se aproxima al suyo para susurrarle algo que logra comprender cuando, su atención es enérgicamente dirigida hacia el espejo de su ropero: “¡el espejo no está roto!” El olvido atrapa el mensaje. Alicia despierta agitada sin poder notar el momento en que quedó dormida.

El espíritu sensible de Alicia le hizo comprender rápidamente que algo no estaba bien. Excepto por algunos detalles, había tenido por segundo día consecutivo el mismo sueño. Alicia sintió miedo.

Mientras calzaba sus zapatillas mencionó casi sin pensar: “nada ni nadie me va a quitar un buen día, estoy bien y no voy a permitir que nadie me perturbe”.

Alicia se encuentra acostada en su cama, recuerda el mensaje que decía: “¡rebélate!, no te sometas a nadie”. La silueta es de un hombre, aunque no logra percibirlo con claridad, se encuentra tapando el espejo y su mirada parece penetrar hasta el alma de Alicia. Toda su silueta parece una sombra, Alicia se paraliza por el miedo.

Alicia despertó violentamente aquel día, el estado de vigilia la había llevado del miedo a la preocupación. Y éste fue el día tercero.

Alicia sentada en su cama; es de noche y mantiene la luz prendida mientras mira fijamente el espejo partido. Está dispuesta a no dormir. Ésta es una noche de lucha.

El sueño pareció placentero, un enorme árbol crecía desde la biblioteca de su padre, salía por la ventana y se dirigía hacia alturas imposibles de medir. Alicia despertó dispuesta a continuar sus estudios de Ingeniería en Informática, buscó sus apuntes guardados, organizó un cronograma de actividades, satisfecha de saber que éste era su destino y su talento. Al caer la noche, la joven mujer se dirigió al asador de su padre, en la patio de la casa pero contiguo a la biblioteca, y allí incineró todos sus restos académicos. Papeles en llamas se desprendían como hojas de árbol, y eran ascendidos por el viento suave, casi tan alto como el árbol del sueño. Alicia ya no pudo despertar del cuarto día.

Una mujer increíblemente bella, alta, de cabello cobrizo, señala a la joven y le dice con un gesto de la mano que ella puede oír: “ven”. La niña se levanta de la cama, se sumerge en el agua del lago y comienza a nadar hacia aquellos mujer, rodeada de una sensación de infinito placer; sus brazos se mueven y mueven hacia la profundidad del mar sin experimentar el cansancio. Ella se entrega. El quinto día y el quinto sueño. Aren se despertó conmocionado en la noche mientras todos sus hermanos dormían en la superficie de aquel poderoso barco vikingo. Temió por su hija en la aldea, si acaso algún espíritu maligno quisiese poseerla. Una mano oscura ahogó su grito y se introdujo por su boca mientras el guerrero perdía el aliento.

Alicia se encuentra sentada en su cama. Papá ya no está, pero no siente más su dolor y su pesar. El espejo se halla intacto, siente una leve sensación de poder en todo su cuerpo.

Alicia despierta en su sueño: “¡es real! Me está enseñando a matar”.

Alicia se puso de pié, ansiosa por tomar su cuaderno de notas, una birome y escribir:

Abuelo:

La historia de la niña y el espíritu ocurrió de verdad. El espíritu le enseñó a matarse, a suicidarse. Fue un plan tan perfecto como maquiavélico. ¡Lo descubrí! ¡Sé que estás leyendo esta carta!

Ensayo: un sueño creado en 6 días

Los sueños de Alicia pueden agruparse bajo la categoría “el eje del mal”; ellos muestran la lógica perfecta de la melancolía que, como una araña en la noche, teje sus redes inconscientes hacia el único destino posible. Puede afirmarse que la melancolía no mata a nadie, ella es mucho más perversa, puesto que logra convencer a su víctima de que la muerte, su propia muerte, es el único destino posible. Por este motivo, en otras épocas y en otras culturas, se consideró que un espíritu diabólico poseía a la persona enferma en busca de su destrucción; aquel vikingo percibe el peligro que acecha a su hija en estos términos.

El pensamiento del melancólico es presa de un espíritu rebelde, necesariamente, el cual se asocia a la soberbia y el orgullo, una especie de caparazón racionalista que está destinado a rechazar todo intento de ayuda que provenga del lazo social, por lo cual, dicha rebeldía lo que pretende es romper el vínculo con las otras personas, para de este modo quitar una de las más importantes posibilidades de salida, la cual queda así vedada para este individuo. Pero existe un aspecto quizás más peligroso que éste. Freud dijo que, en la melancolía, “sus quejas son querellas” o, “sus acusaciones son autoacusaciones”. Por ello, Alicia debe odiar a su padre, piedra fundamental del suicidio melancólico. Puesto que al aprende a hacerlo -racionalización de por medio-, el acto se halla preparado para la inversión hacia el sí mismo. Todo ello se teje en la sombra inconsciente de la persona.

¿Cómo salir de aquí?

El punto crítico es el padre de Alicia. Para comprenderlo, viajemos un instante hacia “una galaxia muy muy lejana…” para así trazar el triángulo de la muerte que acecha a Latinoamérica.

Star Wars, un mito emergente de la sociedad estadounidense en pleno siglo XX, muestra la vinculación psicológica de un joven que pretende ser un gran hombre, pero que carece de los recursos internos para alcanzarlo, y un padre terrible, violento y autoritario, que en la saga es figurado como “el villano más malvado del universo”; o sea: el chico tiene un padre difícil. Este detalle no es menor, puesto que los psicólogos y expertos en mitologías de trasfondo junguiano que participaron en la elaboración de la trama, lo han situado intencionalmente. Aquí es donde se dividen las “aguas psicológicas” que dividen a los países del norte y a los del resto de América: en la saga, este joven jamás acepta confrontar con su padre y considera que el “acceso” al padre es su única opción para ser un maestro y un sabio de las artes del espíritu. Más aún, en un primer encuentro adulto de ambos, el malvado padre corta la mano derecha (simbolismo de su habilidad) del hijo. Muy distinta es nuestra mitología importada, hemos adoptado la mentira freudiana del mito de Edipo creyendo que debemos enfrentar y matar a nuestro padre para madurar como hombres y mujeres. 500 años de sometimiento mental aún no nos permiten despertar.

El problema del padre es más crítico de lo que puede parecer. Puesto que éste es el único acceso posible para un sujeto al Arquetipo Fundamental, única posibilidad de sanación de la depresión melancólica que padece Alicia. Pero esto, lo debatiremos en otra oportunidad.

Rebeldía, orgullo racional y ataque a la figura paterna; éste es el triángulo de la muerte de Alicia.

“¿Quién me llama?”

Publicado: 2 octubre 2017 en paternidad

-“¡Alicia!”

Alicia se detuvo y giró hacia sus espaldas, pero no había nadie allí. Pensó: “¡Una alucinación!”; sonrió recordando al psiquiatra que le había explicado que todos los seres humanos tienen esta percepción, que responde al mecanismo de la alucinación, aunque se produzca en personas sanas. Su vida cotidiana continuó.

Ensayo: La voz

El psiquiatra de Alicia ha dicho la verdad, todos alguna vez escuchamos que alguien nos llama y no hay nadie allí, lo escuchamos de modo claro, nuestro nombre perfectamente pronunciado por no sabemos quién. ¿Puede ser ésta la voz de Dios?

Cuando de niños nos contaban que Dios hablaba directamente con Adán y Eva, nos sorprendíamos y maravillabamos de aquella proximidad, y en la medida que crece en nosotros la racionalidad, reflexionamos sobre aquel tiempo como una experiencia mitológica. Pero, ¿y si no fuese así, si aquello fuera real?

La única realidad de esta voz que nos llama es que produce incertidumbre en nosotros, pareciera ser una voz sin sujeto que la enuncie, por lo tanto, su realidad queda abierta a la interpretación.  Este fenómeno llamó la atención de los hombres espirituales de hace más de 3000 años:

El Señor volvió a llamar: “¡Samuel!” Y Samuel se levantó, fue a Elí y dijo: “Aquí estoy, pues me llamaste”. Pero él respondió: “Yo no te he llamado, hijo mío, vuelve a acostarte.” (1 Samuel 3, 6).

Para el que fue posteriormente un profeta, ésta fue la voz de Dios que lo llamaba y sobre esa certeza se desarrolló su vocación y acción, y ellas quedaron grabadas en la historia colectiva. Se trató de la afirmación de una certeza. ¿Será posible pensar en una voz sobrenatural que tan claramente nos habla? Quizás sea muy difícil que un ser humano contemporáneo pueda creer en lo que está oyendo y busque una explicación pseudo-psicológica que le permita seguir durmiendo.

Al tercer llamado inexplicable, el profeta Samuel se detiene y realiza un cambio de escena que abre el sentido, en vez de cerrarlo: <<¡Habla, Señor!>>. Pocos pueden animarse a esta respuesta, la posibilidad de tener una certeza sobre nuestro destino es una misión sólo para mujeres y hombres de extremo valor.

Un recuerdo

Recuerdo el breve tiempo en que pertenecí a la iglesia católica, fue un momento único en mi ciudad porque coincidió con el ingreso de la Renovación Carismática (muy ligada al pentecostalismo evangélico) y con su posterior intervención y expulsión por parte del obispo local. Recuerdo la noche en que en una misa multitudinaria se levanta un hombre, muy mayor, y dice: “Hay dos jóvenes en el fondo de la iglesia que estuvieron orando por su abuelo recientemente fallecido, el Señor me dice que les diga que él lo tiene consigo.” Con mi hermano nos miramos y nos dijimos: “¡Somos nosotros!”.

El profeta Ezequiel vio como la Gloria de Dios se alejaba del templo de Jerusalén en el siglo VI aC.; te aseguro que percibí como el Espíritu se alejaba de los templos católicos cuando el obispo, primero intervenía, luego directamente expulsaba a aquellos denominados “curas sanadores”.

Hoy ya no veo ningún católico que se anime a decir: “Dios me habló, me dijo esto para vos”.

No quería publicar este ensayo, porque sé cual es la versión científica del tema. Pero mientras oraba escuché su voz, tan clara como siempre, que me decía que lo escriba para vos, pues Él quiere que te lo diga.

El monstruo de la laguna

Publicado: 25 septiembre 2017 en paternidad
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Alicia no puede dejar de llorar, dentro de ella habita un monstruo que desde las profundidades más oscuras de su alma la acosa con múltiples acusaciones a cada instante en que se activa su consciencia.

El monstruo que emerge en Alicia es la maléfica melancolía, le han dicho, un sol negro que cada día amanece con su despertar y que, a cada paso que da, va acariciando con su oscura tinta todo lo que toca en la vida de la joven; repite día a día este círculo dañino hasta llegar a su ocaso definitivo, el día en que logre acabar con su vida. Éste es el diagnóstico de Alicia, ella es melancólica y esto no tiene cura.

Lejos están los días en que Alicia niña jugaba con papá, en el patio de casa, cuando el sol parecía haber sido creado sólo para que los niños puedan divertirse. 

Papá ha fallecido, pero aún esto, no es real sino parte de la trampa de Alicia, trampa que el verdadero monstruo de Occidente ha creado para ella y para todos los niños.

El monstruo que habita en su inconsciente, familiar muy cercano de todos aquellos monstruos arquetípicos que las diferentes culturas han percibido en las oscuridades de los lagos, está allí para salvarla. Toda esa energía destructiva acumulada, sólo está allí para liberarla. El temor de Alicia es sólo el miedo de su limitada educación racional, que le hace ver un enemigo donde hay un defensor. Por ello, Alicia no tiene espejo; no puede verse a sí misma, no puede ver lo que está sucediendo puesto que nadie va a decírselo.

Mucha agresividad se gesta en esta joven mujer, agresividad que está allí para defender y proteger; defender y proteger aquello que su Yo de reina decida que debe ser resguardado. El monstruo no es una patología, sino la pervivencia en ella de la función paterna y cuando pueda mirarlo cara a cara como a su propia Sombra, ella va a lograr una conexión con su padre que jamás tuvo, teniendo la sensación inexplicable de que él vive en ella.

Eso está aquí para proteger, para cuidar, aún para consolar a otras personas que buscarán refugio bajo el ala poderosa de Alicia. Ella no lo sabe, pero ya está sucediendo. Eso vive en ella.

Ensayo: el monstruo de dos cabezas

América (porque nosotros también somos americanos) es atacada desde hace 500 años por una bestia de dos cabezas y qué sé yo cuantos cuernos. Por una parte, el eterno retorno del fallo de los padres -hombres- en asumir el liderazgo que nos corresponde y, por otra, la tristeza melancólica que como un manto de debilidad cubre a toda esta parte central y austral del continente. Algunos de nosotros, tomamos consciencia de esta situación y, emergentes del Espíritu de la Profundidad (Jung) de la humanidad accionamos en esta dirección.

Este monstruo de dos caras posee un reverso, en su dorso se encuentra otro monstruo, el monstruo de Occidente, una especie de “Sombra del Monstruo”, cuyas cabezas son la filosofía griega y el judeocristianismo.

Papá es una sensación

Publicado: 13 septiembre 2017 en Génesis, paternidad, sensación

¡Respira!

Cuando un bebé/a nace, lo primero que pronuncia es algo así como “Ahhhhh…”; es su primera bocanada de aire y una y otra vez la repetirá. Sus papás estarán mucho tiempo atentos a este “Ahhhhh” que es lo más importante que tiene que hacer este niño y su señal de que está vivo. Cada vez que su mamá se acerque a su cuna, irá en busca de este suspiro, tan esencial, tan vital. Si el niño/a se enferma, podrá estar sin comer algún tiempo, incluso sin beber agua, pero ni un instante la naturaleza le permite suspender la respiración.

Seguido de esta primera inspiración vendrá la primera exhalación de aire del bebé, que no pronuncia ninguna vocal, pero si debiéramos identificarla con alguna podríamos decir que es un “ehhhhh…”. El ciclo de la respiración se compondrá entonces de un recurrente “ahhhhh-ehhhhh”.

Respiramos cuando estamos despiertos, respiramos cuando estamos dormidos; lo hacemos de modo voluntario, pero también nuestro organismo sabe hacerlo sin que tomemos consciencia del proceso. Si uno observa las espiritualidades orientales, en muchas de ellas la respiración está asociada a la divinidad y el dominio de la respiración es un modo de acceso a lo trascendente. También es así en la espiritualidad cristiana, dónde se dice que Dios, al crear al ser humano, sopló sobre él su aliento de vida. El nombre de Dios, “Yahvéh”, bien podría ser una referencia a esta respiración “Ahhhhh-ehhhhh”, de modo que estaríamos pronunciando su nombre toda nuestra vida, en cada momento, en cada lugar, y el día que digamos “Yahvéh” por última vez, será el último instante de nuestra existencia como también la última palabra que digamos. Pero hay mucho más en esto.

¡Papá es una sensación!

Si nuestra experiencia de Dios está asociada a la respiración, entonces no es un concepto intelectual ni una teoría, sino una sensación; no se percibe con el intelecto sino… ¡con el cuerpo!

Genial descubrimiento de los místicos; el psicoanalista francés Jaques Lacan retomó aspectos de la mística cristiana para remitirse a esta relación con el cuerpo más allá de toda comprensión racional; también lo hizo el psiquiatra suizo Carl Jung (*).

Al relacionar estas ideas con la de Dios como “padre” (respiración-sensaciones-padre), tomo consciencia de que la función paterna tiene que ver con las experiencias corporales, que lógicamente tienen más relación con el dominio del mundo externo a través de la musculatura y la fuerza, mientras que el mundo interno -sentimientos y pensamientos-, parecerían mayormente ligados a las funciones femeninas.

Sé que muchos sociólogos dirán que se trata de diferencias culturales, pero por el momento prefiero que mi maestro sea este papá que veo en la playa jugando a la pelota con su hija.

Resulta determinante situar la función de los papás en nuestra sociedad, somos nosotros, los hombres, los que hemos dejado de enseñar a nuestros niños cómo afrontar el mundo que está allí afuera y del que hemos huído para refugiarnos en un vicio, un fanatismo deportivo o un escapismo religioso; somos nosotros los padres los que fallamos en nuestra sociedad, inclusive más allá de Latinoamérica.

Pero hay un motivo más por el cual escribo estas líneas. Las escribo para aquellos y aquellas que no tienen a su papá o que está muy lejos de ser un buen papá; escribo para decirles que lo busquen por sus acciones y su modo de afrontar el mundo, en sus comportamientos -y no en sus palabras- están las respuestas a la búsqueda del padre.

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(*) Para elaborar este breve ensayo me he valido de una charla del doctor en teología protestante Lucas Leys, de la obra de fray Juan de la Cruz, del Seminario XX de Jaques Lacan, como también de la obra de Carl G. Jung.

Quiero poder plantearte una clase de “metodología de afrontamiento” para situaciones adversas, desde las más complejas hasta las más sencillas, y no me refiero solamente a problemas existenciales, sino que se trata de algo práctico que podés intentar hasta con una gripe o una enfermedad orgánica.

¿Te acordás de Patch Adams? El hizo un descubrimiento digno de un premio Nobel; tomó consciencia de que la alegría mejoraba la acción del sistema inmunológico en los niños enfermos, aún en caso de enfermedades muy graves, y ello llegaba a producir curaciones milagrosas en muchos casos, pero aún cuando éste no fuese el caso, mejoraba notablemente la salud de los pequeños. Lo demostró y lo demostró, una y otra vez.

De este tema quiero que tengas presente unos minutos dos cosas: alegría y niños. ¿Oki?


Destrucción y restauración del Sí-mismo

El problema es el Ego. El Ego es la identidad social -imagen- que hemos creado de nosotros mismos y con la que nos comunicamos con la sociedad; sería algo así como nuestro perfil en las redes sociales, tiene las fotos en las que salimos “más lindos” y “más lindas”. El Ego se enorgullece de los “Me Gusta” y se agranda con ellos; detrás de él está nuestro Yo, quién verdaderamente somos.
Cuando sufrimos una crisis, nuestro Ego se resiente, un simple dolor de muelas nos quita todas las ganas de actualizar nuestra historia de Instagram. Sin embargo, a nuestro Yo no le pasa nada por ello, y esto nos da una oportunidad, más grande de lo que creemos.

Destrucción del Ego

Nuestro Yo -quien, y como,  verdaderamente somos- está ligado a toda nuestra historia, por ello, muy emparentado con nuestra niñez. Pero hay un problemita con el Yo: muchas cosas que somos o que hemos vivido no están buenas y preferiríamos ocultarlas, por ello hemos tenido que tomar una decisión “genial”: ¡crear nuestro perfil en Facebook! Pero, como la torre de Babel, este invento racional, se resiente y se derrumba con nuestras crisis. ¡Gracias a Dios!

El Ego es una trampa del poder que se produce por el fenómeno llamado “Atribución Externa” (AE) que significa que la valoración de una persona se da por las referencias externas al sí mismo. Pero esto es muy peligroso para la salud mental de un individuo porque genera dependencia de dicha atribución. Aunque padecemos mucho por esto, es bastante lógica su explicación.


Restauración del Yo

Cuando Zacarías, un líder religioso de los hebreos que regresan del destierro de Babilonia a Jerusalén, traza la visión para la reconstrucción de la nación, plantea dos temas centrales:

• la reconstrucción de la identidad no puede ser por la fuerza y;

• el enfoque de la visión del pequeño grupo debe estar en un solo factor, y este factor debe ser interno.

O sea: rechazo de la AE y afirmación de la Atribución interna (AI).


Revelación: de talentos del Sí mismo

¿Qué pasa cuando las redes sociales no funcionan? Imagínate ese Apocalipsis que sucedería si un día te quedás sin celular. Confieso que me ha pasado… es como perder toda tu vida, no te acordás ni el teléfono de tu casa.

Entonces… nos ponemos creativos. Éste es el punto crítico, la limitación del Ego nos hace resurgir la creatividad y la espontaneidad, como cuando éramos niños.


Potencial evolutivo: afirmación del carácter

El asunto es que si, como Patch Adams, podemos afirmar alegría en la limitación del Ego, lo que hacemos es abrirle paso a una conexión psíquica de nuestro Yo con aspectos de nuestra niñez, y allí algo mágico sucede.

Te invito a que hagas la experiencia, es increíble. Sé que no sabés como hacerla, pero quiero que lo intentes. No se trata de teorías o técnicas psicológicas de “super-universidades, inténtalo a tu manera, como te salga. Te dejo aquí una pequeña cita de un libro que relata que un hombre afirma alegría en medio de una desgracia, ya que tiene lepra y ha perdido todo. El libro es del año 1000 aC., o quizás más viejo aún.

Mas aún es mi consuelo, y me regocijo en el dolor sin tregua, que no he negado las palabras del Santo. Job 6.10

¡Levanta tus manos!