Crisis sociales en Latinoamérica: ¿qué es esto?

Esta parte de América es un territorio convulsionado por las recurrentes crisis sociales, o mejor dicho, por la pobreza cuyos intentos de solucionarla fallan una y otra vez sea cuál sea la orientación política dominante. Pareciera que, en el transcurso del tiempo, nada ni nadie puede traer una solución duradera y estable. Es difícil vivir así, es difícil sentir algo de paz.

La ciudad en la que vivo tiene uno de los índices de homicidios más altos del mundo; recuerdo hace unos años cuando se recrudecía la violencia en la franja de gaza, con atentados y conflictos bélicos permanentes, en ese momento, moría más gente de modo violento aquí que allí, aunque resulte difícil de creer.

Me pregunto cómo psicólogo: “¿cómo puede integrarse esta situación?”, “¿dónde hallar la fuerza suficiente como para solucionar algo?”, o quizás no hay nada que solucionar y éste es nuestro trágico destino.

Los diferentes pueblos del mundo han atravesado sus guerras y calamidades que una y otra vez los han diezmado, ¿tiene América que pasar por las mismas situaciones? El mundo espera que sí, no sé si con sentido histórico o con rencor ante la juventud de nuestro continente. Son preguntas que algunas disciplinas buscan responder con el “progreso”; donde haya progreso habrá satisfacción de las necesidades sociales. Sin embargo… ¿es realmente cierto esto? ¿El progreso disminuye la negatividad?

La Gran Mentira

Las minorías con recursos buscan refugiarse detrás de la imagen de un emprendedor exitoso que desarrolla un producto tecnológico innovador, se hace millonario de la noche a la mañana, ¡y luego puede huir de este infierno! O al menos ser un profesional exitoso o un empresario independiente que busca sobrevivir en lo que en su mente es una especie de apocalipsis económico.

Por otra parte, tenemos a la mayoría, que también se alimenta de la misma mentira sólo que la mira desde el otro lado: toda su miseria está justificada por la falta de justicia social, o sea: hay un gran otro que se quedó con lo que era suyo y todo tipo de queja paralizante pasa a estar justificada.

Todos somos víctimas de la Gran Mentira, ésta es una ficción ideal que construimos delante de nuestras narices para justificar la realidad. ¿Cuál es la realidad?

Poncio Pilatos le hizo una pregunta similar a Jesucristo: “¿Qué es la verdad?”, pregunta a la que Jesús no respondió.

La realidad

Muchos filósofos y psicólogos escriben páginas y páginas buscando disolver esta idea, maligna para ellos. Sin embargo, si no hay realidad, entonces vivimos en los discursos, las opiniones y los relatos de poder.

A los 25 años me detuve en la plaza principal de una ciudad superdesarrollada, era próxima la Navidad por lo que la zona céntrica estaba adornada con los típicos colores navideños, rojos, blancos y pinos verdes. Pero algo me mantenía inquieto, desde que llegué hasta ese momento sentía un sensación de incomodidad cuya causa no podía encontrar. ¡Hasta que me dí cuenta! Allí, en esa plaza, se me hizo evidencia la realidad de aquella ciudad:

¡No hay niños!

Casi no nacían niños en aquella ciudad, realmente era así. No tenía hijos en aquel momento pero la sensación de horror que me produjo aún la recuerdo en todo detalle. ¿Esto es el progreso?

De modo que para mí la realidad son los niños y esta verdad que surgió de mis descubrimientos condujo mis años posteriores como profesional.

Detrás del velo imaginario del ideal y de la acusación a algo o a alguien se encuentra la realidad de la experiencia interior que los hombres y mujeres americanos NO producimos; sin esta experiencia interior con la realidad del propio sí mismo sólo resta la esclavitud. Si no hay experiencia interior fuerte sos presa fácil de un discurso dominante, sea cuál sea tu condición social o económica.

Cuando nuestros hijos están distanciados

No es un tema sencillo de hablar, no es fácil decir ni expresar el dolor que siente un padre cuando sus hijos no le hablan, lo culpan, se encuentran distanciados de él y ya no le dicen “papá”.

¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué sucede?

Quizás podemos comenzar a comprender esto con un fenómeno de la naturaleza que nos puede ayudar a comprender la realidad de la paternidad en nuestro medio.

Algunas águilas, cuando realizan su nido colocan espinas en derredor que cubren con plumas cuando los pichones son pequeños; una vez estos crecen, los papás águilas van quitando las plumas forzando a los “grandulones” a abandonar el nido. Y si con esta estrategia no alcanza, los empujan directamente para que tomen vuelo.

Cuando los jóvenes crecen y se preparan para la vida adulta es normal que comiencen a percibir diferencias con sus papás -me refiero a los humanos- porque ello responde a una necesidad de separación de la naturaleza; los jóvenes lo interpretan como “papá es malo”, “papá no me compró el último iPhone”, pero el plan de la creación es otro: sólo están respondiendo a una necesidad biológica de distanciamiento para alcanzar la madurez. Por lo tanto, esta situación tiene un potencial revelador: ¡nuestros bebés de 20 o 30 años están preparados para madurar!

¿Y qué pasa con papá?

La separación también es para el padre y en nuestra especie éste tiene un trabajo que realizar destinado a reconfigurar el vínculo con sus hijos, pronto adultos. Ya no es más “papá”, el padre de la infancia, ideal, cargado de mitos y fantasías; se alumbra entonces la llegada del padre real.

Ante esta situación de separación, la interpretación que el padre realice es crucial y determina el curso futuro de los sucesos. Se abren tres escenarios posibles:

  • Reacción de enojo frente al hijo/a;
  • Reacción de tristeza y culpa;
  • Acción de reestructuración de la figura paterna.

La primera y la segunda pueden ser un trágico error, resintiendo de modo duradero el vínculo, ¿pero en qué puede consistir la “reestructuración de la figura paterna”? No se trata del vínculo con el hijo, es el mismo padre el que debe realizar un proceso de transformación difícil para poder evolucionar desde esta situación. Para intentar aclarar esto, quisiera mencionar un mito griego, la historia de Ulises, recitada por el poeta Homero en la Ilíada y la Odisea. Este mítico rey debe partir a la guerra de Troya contra su voluntad, es obligado, ya que en realidad él prefería quedarse junto a su esposa y su hijo, por lo que esta situación se convierte en una separación de su hijo Telémaco pero es esta condición la que lo lleva a realizar grandes proezas -como inventar el caballo de Troya- y convertirse en un héroe y un rey de tierra y mares.

La situación del padre distanciado de sus hijos tiene mucha similitud con las adversidades que con perspicacia debe sortear Ulises -rey fuerte que se caracteriza por resolver los problemas con ingenio y nunca por la fuerza. No obstante, esto implica un problema más serio de lo que a primera vista puede parecernos:

El padre en distancia con su/s hijo/s deberá desarrollar nuevas habilidades que lo hagan afirmarse fuertemente en la vida. No es tarea sencilla puesto que este papá posiblemente ya curse la mediana edad.

El mensaje de la vida para el padre es muy duro:

Sus hijos necesitan un padre nuevamente en acción y listo para demostrar su fortaleza; de otra manera, le resta el trágico final de ahogarse en la depresión, como sucedía con los marineros de aquella leyenda que caían al mar adormecidos por el canto de las sirenas.

El padre en busca de su Ánima

El debate actual sobre la figura paterna oscila entre dos polos opuestos: por una parte, el rechazo de las figuras patriarcales y autoritarias como modelos de padre; por otra, el intento de una paternidad afectuosa, “hecha a imagen y semejanza de las madres”, pero con cierto menoscabo. Entre un extremo y otro, los nuevos papás han perdido el timón, el mapa y el rumbo de su barco. Extraviados en el océano buscan reencontrar algo ancestral y perdido: su propia alma.

Éste es el eje central que desarrolla el libro; a través de una historia de un padre en busca de su hija, plantea una serie de ensayos para público general, en los que se trata el problema actual de la paternidad, su crisis y sus posibles vías de resolución.

El libro tendrá su publicación en 2020. El transcurso de 2019 estará destinado a presentar algunos de sus tópicos.

Año 2099 – Día del padre

El padre observa por la ventana las estrellas y toma el pequeño libro en sus manos.

–Siguen existiendo ventanas, permanecen las estrellas y los libros.

Como cada noche, Aren se prepara para leer un cuento a sus hijos. Ha pasado la euforia y la crisis de la Inteligencia Artificial y él no deja de sorprenderse por lo sucedido.

Mira las hojas, no son de papel madera como antaño, pero siguen siendo hojas. ¿Cuál es el motivo por el cuál los humanos mostramos esa atracción reverente por un libro en el formato de miles de años atrás cuándo éste ya no es necesario?

Sus hijos le han dejado un dibujo, no son las pinturas rupestres de los primeros homínidos, pero los humanos siguen dibujando.

Aren mira con detenimiento el dibujo, es la imagen que una y otra vez piden sus niñitos que papá vuelva a leer.

¿Cómo es posible que este acto tan primitivo haya derrotado a la más poderosa tecnología de la historia jamás conocida?

Sobre el papel sintético, el dibujo del lobo soplando la casa del cerdito construida con ladrillos que éste no pudo derribar, permanece inmutable a través de la historia.

Sin dudas “Los tres cerditos” han derrotado a la inteligencia artificial, puesto que han pervivido después de ella. Un arquetipo de cientos de años que resiste los embates del tiempo.

–Es difícil de reconocer pero está allí; contra todos los pronósticos, el libro de papel ha derrotado al E-book Reader y lo ha convertido prácticamente en una pieza de museo. Aún más, pasarán los años, llegará el 2099 y una generación de seres humanos totalmente nueva, las tecnologías mutarán y cambiarán miles de veces pero… un papá seguirá leyendo este cuento a sus niños antes de dormir, al lado de sus camas.

Entrenando a mi Dragón

La caída de los antiguos modelos de paternidad no ha “dado a luz” a una nueva paternidad sino meramente a su ausencia en cuanto a función se refiere. Los “machos” de la especie humana seguimos reproduciéndonos pero lejos estamos de saber qué hacer con nuestras crías. Y ello tiene efectos claros sobre las nuevas generaciones.

Paternidad NO es liderazgo

Un elemento importante de la paternidad es si ésta puede ser interpretada como una acción a través de la que un padre dirige a un hijo o hija en una dirección de comportamientos esperados. Parece algo lógico, sin embargo, pienso que esto no permitiría “entrenar” las habilidades propias que posee un niño o niña.

En la animación infantil Trainning Dragon, el joven protagonista no puede responder en absoluto a los ideales vikingos de su padre: no es un fuerte guerrero sino un niño temeroso y débil, no quiere dominar la naturaleza -representada en el dragón- sino más bien comprenderla y relacionarse armoniosamente con ella. En una primera instancia, él es todo decepción para su padre; al menos esto parece.

Sin embargo, la película infantil trabaja muy bien aspectos difíciles de la paternidad y, en particular, de la psicología del varón. El jóven confronta con el padre pero de manera superficial, ya que no emplea los recursos mentales, herramientas y armas que el padre le propone; no obstante ello, en ningún momento evade su responsabilidad como jóven vikingo de resolver la situación que la vida en su entorno le dispone: el problema de los dragones que arrasan con su poblado. Es determinante situar este punto: el joven no posee las habilidades del padre pero en ningún momento se evade de lo que debe afrontar en la vida. La discrepancia entre ambos es de métodos, no de principios.

Líder es rol, padre es ser

Soy líder porque dirijo una empresa en la que tomo decisiones definidas por determinados vínculos sociales, quizás soy líder porque como capitán de mi equipo deportivo elijo los titulares del partido del domingo… pero soy padre porque soy, es una cuestión de ser, no de hacer, por lo tanto, aquí también podemos tomar consciencia de que la paternidad es una instancia anterior al liderazgo y éste deriva de ella.

La paternidad tampoco se limita al acto de reproducción biológica sino que está relacionada al reconocimiento y aceptación de lo que soy. Por supuesto, también existe la opción de evadirme de ello por la enorme responsabilidad que tomo consciencia que esto significa.

Sólo hay un papá

Puedo tener un jefe en el trabajo, un director espiritual y un director técnico del equipo de fútbol, pero mi padre es uno solo. Esto significa que existe una única persona que, para bien o para mal, marca de una manera determinante mi vida y, al ser padre, lo hago en el mismo sentido para con mis hijos.

Aún si se trata de una mala experiencia, ésta es igualmente proveedora de sentido para los hijos. Existe un motivo por el cual considero que es importante reconocer esto y que conduce a una experiencia positiva.

Hacia el Uno

Aún cuando nunca hayamos conocido a nuestro padre, la cultura (el Inconsciente Colectivo) nos transmite el arquetipo del padre. El punto crítico es que la psiquis humana se estabiliza y funciona sanamente cuando se dirige hacia lo único, porque produce enfoque, el enfoque disuelve la incertidumbre porque da certezas y por ello es salugénico. Por este motivo, la toma de consciencia del padre permite el enfoque en su única figura y extraer sentido a través de la interpretación. Pero esta experiencia es la toma de consciencia de un determinante fundamental de la civilización humana; el padre es el primer patrón de Sentido(*) y, a partir de ello, siempre es posible realizar una interpretación positiva.

(*) Sin dudas alguien objetará esta afirmación. Para aclararlo cabe decir que un psicólogo se limita a observar lo que ve, no a decir debería ser la realidad, en este sentido, las grandes religiones son predominantemente producciones de sentido en torno a una figura paterna, más aún, son posiblemente las primeras instituciones creadoras de significado existencial de la humanidad.