Cuando la vida te descarta (no-hacer III)

Llega una determinada edad en el transcurrir de las personas en la que empezamos a dudar acerca de qué es lo que estamos haciendo en este mundo y de cuál es la posición en la cancha en la que la vida nos ha colocado. Pronto nos damos cuenta que ya no somos titulares en este partido, sino que estamos en el banco de suplentes… ¿Qué es lo que sucede? ¿Algún poder invisible nos está descartando?

barco1051673320.jpg

¿Cuándo el Inconsciente Colectivo te descarta?

Cuando la vida de un ser humano deja de tener sentido creativo, cuando una persona “mecaniza” su vida de tal manera que ya no surge nada profundo que pueda conectarla con los significados más antiguos de la humanidad -ésos que nos llegan a través de los relatos de mitos y leyendas, fábulas y cuentos de hadas-, el Yo de ese individuo deja de “vivir esos símbolos”, deja de estar “conectado” con los arquetipos y patrones más antiguos -y al mismo tiempo permanentes de la cultura humana-; cuando eso sucede lo advertimos como una pérdida de sentido de nuestras vidas, como un menoscabo palpable de energía en nuestras sensaciones. Literalmente: nos vamos marchitando.

Entonces, algo aún peor nos ha sucedido: el Inconsciente Colectivo nos ha quitado su atención, ya no nos convoca como al actor principal de la película de nuestra propia existencia sino que meramente nos “subsidia” el resto de una vida lánguida en energía psíquica. Para comprender en su cabal magnitud esta afirmación, es necesario tener presente que en la Psicología Junguiana el Inconsciente Colectivo está vivo, tiene voluntad propia e independiente del Yo de cada individuo. Por lo tanto, puede descartarnos como si simplemente dejara de regar una planta para esperar que naturalmente se seque y sólo sirva de material de carbono para alimentar a un nuevo ser en la próxima generación.

¿Cuándo? ¿Cuándo sucede esto?

Como lo expresé: cuando nuestra vida deja de estar ligada, relacionada, a los mitos y creencias más antiguos de nuestra civilización. El espíritu de este tiempo, la mentalidad de una determinada época, la controlan los órganos sociales de poder y control; sin embargo, las masas a lo largo de la historia la controlan las ideologías y los sistemas de creencias -subjetivos, inmateriales- y no el poder material.

La producción de estructuras de significado racionalistas (digamos por ejemplo: pagar el crédito del auto todos los meses) fija nuestra energía psíquica en esos objetos y restringe la posibilidad de nuevas ideas libres. Más aún: podemos fijar nuestra propia imagen en una especie de “auto-idolatría” a través del perfil público en una red social.

Un mensaje para psicólogos

Este breve ensayo no está dirigido al público general (que también está invitado a leerlo), sino a mis colegas:

Un psicólogo que no puede entrar en la profundidad del símbolo no tiene razón de ser en esta sociedad.

Una enfermedad no te descarta, la pobreza no te pone en el “banco de suplentes de la superliga”, una limitación no te quita la mirada del Inconsciente Colectivo… si seguís produciendo símbolos; y las personas que debemos ayudar en esta tarea a otras personas somos los psicólogos en este momento particular de la historia de la humanidad. Pensá en aquella joven mujer argentina que escribe un diario íntimo para su hijito porque sabe que ella va a morir y ese cuaderno se transforma más tarde en un libro con el que ella atraviesa la misma muerte.

¿Para qué sirve un psicólogo que no puede conectar a las personas con el espíritu de la profundidad? Estimados psicólogos, colegas y amigos:

Dejen de vender su alma en Instagram y Netflix y pónganse a estudiar mitología.

Soy un poquito ácido en este comentario por una razón; Instagram idolatriza la imagen del Ego (en la que se enquista la psicopatología que nosotros intantamos resolver) y Netflix industrializa los símbolos (los cuentos de hadas), con lo que los encierra en un sólo significado posible (el que le da el productor) y cierra la posibilidad de múltiples sentidos e interpretaciones, que es desde donde surge el potencial de energía que nos trae el Inconsciente Colectivo. ¿Por qué, por qué y por qué? Porque las historias mitológicas permiten ser revividas, reeditas en nuestras vidas a lo largo de miles de años; una mujer hermosa que me tienta hoy como una sirena a Ulises en su retorno a Ítaca es el mismo símbolo con el que se animó a cruzar el mar un marinero de la época de Homero, ¡hace 2800 años!; sin embargo, la mujer de la que me quedo prendado no es la misma que la de aquel marinero sino que el mismo arquetipo se “reencarna” en nuevas personas y así logra seguir viviendo. Los personajes de una serie televisiva no se van a reeditar en nadie; no estoy en contra de estas producciones que responden al espíritu de nuestro tiempo, ellas tienen su importante razón de ser, sino que estoy en contra de que los psicólogos nos adiestremos con ellas.

En el principio todo tenía Sentido

Todos nacimos para tener una vida con sentido y que nos llene el alma, esto lo expresamos a nosotros mismos cada día que deseamos estar bien.
Nuestras infancias buscaron la felicidad, en la adolescencia anhelamos una vocación que nos realice para la vida adulta, que nos colme, que nos llene.

¿Por qué te expreso esta frase que fue referida a Jesucristo?

Porque es la visión acerca de la salud con la que trabajo; retomar este “principio” de la vida de una persona, de la nuestra, de la de todos es la tarea central del proceso psicoterapéutico y de la vida misma de todo ser humano.

Para alcanzar este objetivo, los profesionales que trabajamos en ME Salud disponemos de todos los recursos terapéuticos que tenemos para ayudarte a recuperar tu salud o preservarla.

Es nuestro deseo reconocer ese niño interior que aún hoy suspira en nuestros corazones. Allí se dirige la Psicología Profunda y científica que empleamos en nuestro proyecto de trabajo y queremos compartirla contigo.

ME.

Trapecistas del amor (no-hacer II)

La generación llamada Millennials, muestra su lado luminoso en sus talentos para las nuevas tecnologías de la información, pero también sufre una sombra en las relaciones sentimentales, donde estos jóvenes no dejan de sufrir, día tras día, la desilusión en el amor.

Trapecistas sin red de contención

Esta generación es el resultado de otra generación que le precede y que afectivamente la abandonó. Tal vez no a todos, pero sí a la mayoría de ellos y de modo extendido socialmente (sólo para dar un dato estadístico, en las escuelas públicas de Argentina, el 80% de los niños de primer a tercer grado no posee una familia constituida con un papá y una mamá en casa).

Lejos de pretender juzgar esta nueva tendencia social, lo que pretendo es ofrecer un recurso terapéutico; y para ello necesito hacer un buen diagnóstico.

Nuestros papás y nuestras familias son quiénes deberían darnos el soporte afectivo que encontramos cuando compartimos la cena, el almuerzo del domingo o las ahora trágicas navidades. Eso “ya fue”, no existe más.

Hoy, cuando un joven sufre una desilusión en el amor es como un trapecista aprendiendo sus primeros lanzamientos en el aire que, tras un fallo en tomar un nuevo soporte, se encuentra cayendo al vacío. En su caída, este joven acróbata toma conciencia de que sus maestros en el arte no han colocado, a unos pocos metros del piso, la red que evita el trágico impacto. De esta manera, lo que debía ser una experiencia de aprendizaje de una materia difícil -la frustración- se convierte en una experiencia traumática de la que el o la joven no se puede recuperar.

El dolor crece, se vuelve insoportable, pronto el o ella toma conciencia que hay una sola salida: el sacrificio del sentimiento, no volver a enamorarse.

La vida no se termina aquí, queda “bloqueado” el sentimiento pero esa “energía” se dirige hacia el cuerpo, hacia las sensaciones. En el plano amoro, sería más o menos así:

Sexo sí, amor no.

Más allá del sexo, la psiquis de modo global comienza a concentrar su energía en el hacer y en las acciones directas. Esto produce cierto enfoque y energía para el logro de objetivos. ¿Esto es algo malo? No lo sé, no lo creo.

Serie no-hacer

¿Tengo que hacer algo? No. Sin dudas “no”. Porque no se puede hacer algo. La pregunta es:

¿Qué son las sensaciones?

En la Psicóloga Junguiana, las sensaciones representan el recurso psicológico central del arquetipo del guerrero. Guerrero significa defensa. ¿Los guerreros pueden amar? Sí, pero como guerreros, y los guerreros se vuelven maestros en su arte cuando aprenden a “dejar la espada”. Y un guerrero deja la espada cuando descubre que su líder lo ha engañado.

La consciencia sobre el daño afectivo y el engaño del poder, de la acción, permite a estas personalidades desarrollarse como líderes sociales porque el liderazgo necesita de mucha independencia y soledad, exige determinación y hasta cierta insensibilidad.

Pero hay otro arquetipo asociado a las sensaciones, al que ya me he referido reiteradamente tiempo atrás, el de la mujer sensitiva y erótica, que en nuestra cultura simboliza María Magdalena, la primera persona a la que se le presenta Jesús resucitado, un símbolo de aquella que mayor sensibilidad tiene para la espiritualidad.

¿Por qué ella? No lo sé, lo que sí sé es que ni protestantes ni católicos se sienten muy a gusto en su presencia. Y en este momento ella está muy presente.

¿A dónde se dirige este razonamiento?

Lo que parece una problemática del amor no lo es en realidad, sino más bien un fallo del sentido de pertenencia afectivo que los vínculos amorosos intentan suplir. Esta necesidad de pertenecer es un impulso primario en nuestra especie porque somos gregarios por naturaleza puesto que en un ambiente primitivo un ser humano no puede sobrevivir solo y aislado, sino que necesita de un grupo para protegerse y obtener alimentos. Esta necesidad arcaica e impresa en nuestros genes se expresa con desesperación en todo jóven que no posee su red de contención natural y muchas veces comete un error intentando reparar este vacío con una relación sentimental.

La generación Millennials padece esta herida y sin dudas logrará resolver el problema, pero antes de crear la terapéutica adecuada necesitará realizar un buen diagnóstico de su situación.

¿Por qué no quieren volver con sus familiares?

Hombres en la calle y un mensaje mudo que derrumba estructuras del patriarcado. Al estilo Lao Tsé, una verdad desde la no acción que ningún ideal quisiera escuchar.

Serie no-acción

Con este artículo damos comienzo en esta web a una serie de ensayos sobre la no-acción, concepto traducido por la Psicología Junguiana de la sabiduría china y que coloca muy cerca el pensamiento de Lao Tsé -uno de los pilares fundamentales de la cultura china- y las enseñanzas de Jesucristo.

Se trata de un concepto que parece de menor importancia en la teoría psicológica pero que golpea en el centro del racionalismo y del voluntarismo occidental, o sea, en el orgulloso: “¡Yo puedo todo!”

Hombres en la calle

Cuando alguien que trabaja y tiene una vida socialmente adaptada como yo observa a uno de estos hombres, suele decir:

¡Por qué no se ponen a trabajar! ¡Son unos vagos!

Así que yo, supuestamente cristiano, me voy deslizando hacia el juicio de valor y la acusación.

Muy distinta sería la interpretación que de estos hombres realizaría el sabio chino del siglo VI a.C.; sus respuestas son muy claras y sencillas:

No lo sé. No hay un juicio de valor. No hay acción.

Síndrome de Matías Pascal

Lo que sucede con estos hombres tiene un diagnóstico, en muchos de sus casos, ya que la ciencia necesita de un diagnóstico para poder intervenir; o sea: un juicio de valor.

Voy a intentar dirigirme en mayor profundidad y no mirar lo que dice la formalización racional sino intentar descubrir el corazón de la Sombra, la sombra de mi acusación.

Tercera fase de la función paterna

En otros ensayos he tratado el tema de la paternidad, mostrando tres estadíos que, en pocas palabras, se entrelazan de esta manera:

  • Padre empático: aquel que acentúa el vínculo emocional como eje central del vínculo con sus hijos.
  • Padre terrible: limita y coacciona a sus hijos por medio de la fuerza física o mental.
  • Padre donante: el que transmite a sus hijos un modo de afrontar el mundo externo al hogar protector.

¿No es preferible que vuelvan con sus hijos, al menos para estar presentes?

Así comienza a vislumbrarse otra realidad, algo quizás aterrador. Este tercer estadío de la función paterna nos permite comprender que es posible una “donación oscura”, diferente del padre terrible de la segunda instancia. Éste último es coactivo, aquel es éticamente destructivo y enseña un modo de afrontar el mundo externo, pero maligno.

Si detenemos un instante nuestro juicio de valor acerca de cómo deberían -idealmente- ser las cosas, podemos escuchar sutilmente la voz ancestral de Lao Tsé:

Quizás está bien que así sea. Quizás esto tiene sentido.

Qué sentido tiene

Estos hombres marginales han depuesto su vida y han logrado que “el mal” no pase a sus hijos, han construido una muralla que pagaron con su ausencia, pero muchos de nosotros sabemos que hay presencias que son mucho peores que las ausencias.

Él, ese hombre, es mi sombra; con ello quiero decir que tomo consciencia de que en mí, como en cada hombre y padre, existe un enorme potencial destructivo que tenemos que asumir y aprender a encauzar sanamente.

La buena noticia es que estos hombres que despreciamos tienen algo esencial que mostrarnos. Así, logramos una mayor integración de nuestra propia Sombra y la de la sociedad, que los psicólogos nos ocupamos de mostrar. Ésto es crecimiento para nosotros.

Un último comentario: si padeciste la falta de tu padre estoy seguro que me vas a comprender y también vas a poder suspirar tranquilo/a. Si no, me vas a tener que juzgar. Esto resulta insoportable.

_____________________________

Fuente de imagen: extraída de http://www.saladillodiario.com.ar; El croto y la maestra: una historia real y conmovedora.

La grieta y la integración

En el instante de la historia en el que vivo, la mentalidad de la época me arroja una concepto a la consciencia, como si fuese el oleaje del mar que arroja sobre la costa un objeto que llama la atención de un caminante ocasional. Este término es: “la grieta”.

Un concepto Junguiano

Carl Jung planteó que los símbolos de una sociedad -sus ideas, mitos, significados centrales- poseen dos aspectos: uno positivo (llamado numinoso), y uno negativo (la sombra). Ambos realizan un juego de complementos en el que la sombra permite ver un aspecto rechazado por la parte opuesta, que por lo general se asocia al ideal del Yo de un individuo. El trabajo del Yo es lograr integrar en su existencia esa dimensión que es expulsada porque causa su desagrado. Si, por ejemplo, tenemos dos partidos políticos contrapuestos, cada uno crecerá y se alimentará de lo que el otro deja como resto de debilidad, intentando hacerse fuerte en contraposición. Esto sucede a diario en todos los planos de nuestras vidas, sin embargo, no es la integración de la Psicología Junguiana.

¡Por favor, matrimonio no!

Veo con asombro como las nuevas generaciones rehúsan la idea de “casarse para toda la vida”. Digo “con asombro”, no “con rechazo”, porque entiendo que nuestro tiempo necesita elaborar muchas cosas antes de poder volver a configurar la trama de un matrimonio, y ello en gran medida debido a la violencia que los hombres han generado sobre las mujeres.

El ideal (aspecto positivo) recibe en nuestra época el retorno de la sombra (aspecto contraparte) que lo rechaza. Si me interrogo aún más acerca de este tema, comprendo que el conflicto no se produce desde quiénes rechazan esta institución social, sino que el elemento tóxico se produce en una educación idealizada del vínculo conyugal que no prepara a los jóvenes adecuadamente para afrontar las problemáticas de un matrimonio.

Suelo preguntar a los consultantes:

¿Sabés por qué llevás la alianza en la mano izquierda?

Aprovecho para formularte también a vos la pregunta. ¿Lo sabés?

En el ritual católico del matrimonio, llega el momento en que los esposos se toman la mano derecha uno al otro y, luego, el hombre coloca el anillo en el dedo anular de la mano izquierda y la mujer realiza lo mismo con el hombre. Parece que este ritual proviene de una tradición gnóstica de la Edad Media, su simbolismo es muy fuerte porque estos actos quieren decir que el hombre y la mujer se unen por su voluntad y su esfuerzo (mano diestra), pero la alianza significa que uno respecto del otro encierra -cuida- la parte siniestra de su cónyuge (antiguamente, la mano izquierda se denominaba “siniestra”). Esto muestra un proceso que atañe al fundamento del matrimonio y que implica, necesariamente, tanto una dificultad como una oportunidad.

Existen aspectos más complejos involucrados en este tipo de unión entre un hombre y una mujer, por ejemplo en lo relativo al interjuego mutuo de proyección luz-sombra que realizan mutuamente en espejo; sin embargo, sólo pretendo dar un pequeño ejemplo y no ahondar en la temática.

Limosnas sentimentales

La ilustración anterior me permite volver al tema de la integración, para poder mencionarte que existen vidas de muchas personas que ninguna religión quiere integrar, porque todas se fundamentan en el preconcepto hacia el otro.

A esta espiritualidad “emparchada”, a la que le es presupuesto el juicio de valor y le subyace el rencor, jamás podrá lograr la integración real del “corazón” del otro sino que, tarde o temprano, le pedirá su sumisión. De esta manera, el fundamentalismo se torna una premisa para odiar puesto que no comprende la integración.

Se trata de un tema difícil de aceptar. El encuentro de Jesús, hace 2000 años, con los judíos que quieren apedrear a una mujer adúltera saca a la luz el fallo de los moralistas para integrar, no porque sean asesinos -que lo eran-, sino porque Jesús hace emerger el pecado de ellos:

El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra.

Lo que en un espejo invertido de la realidad resulta inadmisible no es el adulterio de esta mujer, sino el propio resentimiento de los religiosos.

Una pieza esencial

El problema escala aún más en su complejidad. Creo que el día en que Jesucristo elige aparecer resucitado ante María Magdalena rompe todos los esquemas; justamente esta mujer que desborda de erotismo y sensualidad es la elegida por el mesías.

“¿Cómo haremos para convertirla en monja?”

Pero ella, con todo lo de rechazado que porta su estética, resulta una pieza clave en la difusión del cristianismo, su potencia espiritual no la asemeja a ninguna otra mujer.

Lo que pretendo decir es que aquel que es divergente, al ser integrado, resulta una pieza esencial en el plan de vida de la comunidad que lo integra, ya que trae una cualidad o talento único. Toda persona espiritual debería saber esto, sin embargo, abunda la “domesticación de las almas”.

Esta asignación de Sentido a la vida de ella… es lo que sana.

Gracia irremplazable

Una restauración difícil de aceptar por el religioso, porque le exige darle un lugar especial al otro, “al que no es como yo, teológico y moral”. Esta asignación de Sentido a la vida del otro -pensemos en una abortista para un cristiano- resulta insoportable. El religioso puede decir: “una vez que cambies y pienses como yo, vas a ser aceptada por Dios”, pero está muy lejos de poder reconocer que su vida, la de esa mujer, es una clave esencial para la divinidad. Ésta es la restauración de Jesucristo en el Evangelio, una valoración del otro, no una descarga de reglas puritanas.

Qué lejos estamos

Si miro atentamente las religiones (tal vez no todas), observo claramente una división entre “los salvos” y “los condenados”; tarde o temprano, por aquí o por allí, esta división aparece en base a una regla o concepto que diferencia una cosa de otra.

La Psicología Junguiana en el comienzo del siglo XXI me trae el concepto de Sombra y de integración que me permiten comprender un poquito más de aquel mensaje tan antiguo y aún tan lejano de nuestra comprensión contemporánea.

Una oportunidad para Argentina

No me gustan las acusaciones que desde la opinión internacional se dictan sobre Latinoamericana y, en particular sobre mi país. Argentina no es cambiante ni inestable, esta nación no es inmadura. Todavía no han hecho el esfuerzo suficiente por integrarnos. Argentina es Ánima, en su psiquis colectiva prevalencen las cualidades de la mujer.

No es tan terrible. ¿O sí?

La integración como acto de creatividad

El concepto psicológico de empatía permitió tocar el corazón del otro desde un punto de vista afectivo. Ahora, el concepto junnguiano de integración nos permite crear un sentido para el otro en mi propio plan: él o ella revela mi Sombra, sólo él/ella. Esto representa un punto de vista creativo.

¡Dios es creativo!

Por qué nos gustan las series

Es un fenómeno contemporáneo, las series televisivas atraen nuestra atención cotidiana día a día. Me pregunto si se trata solamente de ocio o si, tal vez, existe alguna función psicológica de mayor importancia que esto pone de manifiesto.

El ocio de los griegos

Las series tienen que ver con el ocio, con la recreación y el entrenamiento. Desde una mirada “productivista” de la vida, solemos pensar negativamente del ocio, sin embargo, éste fue muy valorado por los filósofos griegos de la antigüedad que desarrollaron su pensamiento más elevado en un contexto social que favorecía el tiempo libre de aquellos hombres. Prácticamente toda la ciencia occidental tuvo origen en el pensamiento de aquellas mentes, por lo tanto, el ocio permite la creatividad y la invención.

Qué hacemos cuando miramos series

La producción de estos contenidos televisivos se halla muy lejos de ser azarosa; se diseñan a través del trabajo investigativo de psicólogos y mitólogos que elaboran historias de la antigüedad que son reeditadas, actualizadas a través de nuevas representaciones que los guionistas narran pero respetando las estructuras originales de aquellos relatos que tienen el poder de cruzar las distintas épocas. El Espíritu de nuestro tiempo se entrelaza así con el Espíritu de la Profundidad, el que nos conecta con el Inconsciente Colectivo.

Para comprender cuál es la función que cumplen las series en nuestro tiempo y su relación con el ocio generativo, podemos ver un ejemplo.

La cura de sueño

Se trata de un tratamiento que se prescribe a pacientes psiquiátricos y que consiste en inducir el sueño de una persona (por lo general, un individuo que padece depresión profunda o algún tipo de esquizofrenia) por muchos días, a través de una medicación inductora del sueño.

El efecto que este tratamiento produce es muy notable, las mejorías de los pacientes son constatables pero… sólo se produjo el sueño. Podríamos decir: ¡no se hizo nada!

El dormir conecta al ser humano con el soñar, una actividad de la mente naturalmente reparadora de las funciones psíquicas y biológicas del organismo.

Series, mitos y sueños

Los sueños y los mitos están intrínsecamente relacionados, se parecen mucho en sus símbolos y en el hecho de expresar mensajes ocultos. Las series representan un modo más elaborado y agiornado a la época de expresar contenidos similares, pero han sufrido cierta deformación.

Podemos pensar que en ese ocio recreativo que nos sumergimos en los momentos de no-hacer, algo estamos buscando, tal vez una cura de nuestros sueños o, más allá, una posibilidad para que ellos surjan, puedan emerger en nuestras vidas.

Lo que la series carecen es de su “manual de uso”. Así como existe una metodología para analizar un sueño, que los psicólogos aprendemos en la facultad, o existe un análisis propio para los mitos, también necesitamos comprender la función que las series cumplen y qué es lo que nuestra psiquis está buscando cuando se siente atrapada por ellas.

Más allá de convertirnos en receptivos espectadores de estos contenidos ancestrales, se abre una ventana de oportunidad para nuestra creatividad, invención y expresión, que lo permite este espacio de ocio, de no acción. ¡Veremos qué podemos hacer con esto!

El alma de Argentina

En la Psicología Junguiana existen dos conceptos opuestos y complementarios que indican atributos culturales masculinos y femeninos, respectivamente son Ánimus y Ánima; ambos se refieren al “alma” humana pero, con la intención de diferenciar una cualidad y otra, Carl G. Jung los llamó de esta manera.

Observo en el discurso que transmiten los medios una visión de nuestra realidad argentina como “inestable emocionalmente”, “sin identidad”, sin “proyecto de país” claramente definido, inclusive pareciera que selección argentina de fútbol porta estas cualidades. Además, nos decimos a nosotros mismos que somos un país inmaduro, adolescente, que nos faltan “guerras”. Desde la mirada exterior, somos subdesarrollados o, en el mejor de los diagnósticos económicos: emergentes.

El Inconsciente Colectivo de Argentina

No me simpatizan los juicios de valor, sinceramente, creo que estas opiniones que los mismos argentinos ratificamos, están un tanto desajustadas. Al considerar los conceptos anteriores, se torna claro que Argentina es una sociedad (permítanme la generalización) donde se destacan las cualidades del Ánima femenina, aspecto puesto de manifiesto claramente en la actualidad con el debate sobre la ley del aborto, que se despliega casi exclusivamente en el escenario público de las mujeres. Estos elementos, desde la Psicología Profunda, resultan emergentes de una situación colectiva e inconsciente: Argentina es Ánima. Y los hombres, que oscilamos desde las violencias hacia la ausencia en la participación social constructiva y cooperativa, tenemos mucho que ver en esto.

Hace algunos años trabajé en un barrio periférico de la ciudad, allí pude constatar una realidad que se torna día a día extensiva en nuestro territorio: las personas que, de modo casi exclusivo, participan en la vida social, son las mujeres. Con esta afirmación quiero decir:

  • en la copa de leche con los niños;
  • atendiendo a los ancianos en los comedores públicos;
  • participando en Cáritas o en las iglesias;
  • en las escuelas;
  • en los hogares al frente de las familias.

Siempre son ellas, las mujeres. Si busco a los hombres, después de cierta edad, es difícil encontrarlos, porque están muertos o en la cárcel, excepto aquellos que tienen un trabajo y prácticamente se esconden del entorno. Un porcentaje destacado de varones están ligados al delito, pero son mayormente adolescentes y jóvenes.

Pero ésta, no es una realidad periférica, sólo la menciono a título de ejemplo; toda nuestra sociedad padece de una ausencia de hombres y de padres que tengamos claro el enfoque de nuestras vidas y de nuestros hogares. Por este motivo, considero que los juicios de valor patriarcales que se realizan sobre nuestro país no comprenden profundamente nuestra sociedad. Argentina es Ánima, por ello la Psicología (una disciplina fuertemente marcada por las cualidades femeninas -cabe destacar que Freud construye su Psicoanálisis escuchando a mujeres que sufrían en una sociedad en extremo machista) ha encontrado aquí su polo mundial.

¿Y esto cómo se explica?

Una vez más, al observar los símbolos sociales, modos en los que la afectividad colectiva subyacente de la nación se expresa… Argentina produce mucho talento, posee mucha creatividad y ha sido receptiva (otro rasgo Ánima) a muy diversas culturas que se han radicado aquí. Buenos Aires, como capital nacional, es claramente un crisol de razas y de pueblos. Tal vez el problema radica en los criterios con los que juzgamos; quizás sea más apropiado dejar de utilizar “diagnósticos políticos y económicos” y comenzar a comprender cómo es una sociedad, cómo se expresa, que muestra en sus diversas manifestaciones.

Tal vez somos un referente en Latinoamérica, quizás el mundo debate sobre esta parte del continente y su futuro…