De donde surge la energía vital

Me pregunto de dónde surge la energía que despliega una persona cuando busca alcanzar una meta que anhela con mucho ímpetu, ¿surge ésta de su deseo?, ¿de sus creencias? o ¿de su fuerza de voluntad?

red candle

En más de una ocasión puedo pensar que dicha energía está en todo ser humano pero que se encuentra bloqueada, reprimida, por la culpa y las diferentes inhibiciones sociales; ésta es la hipótesis freudiana sobre la cuestión. Sin embargo, ya desde el sentido común parece una explicación demasiado superficial para una situación que suele ser mucho más compleja.

¿Por qué Alejandro Magno marcó la historia con su vida y otros mueren en el olvido? ¿Por qué? ¿Alguien puede responder esta pregunta?

De alguna u otra manera, todos pretendemos nuestra momento de éxito y brillo en algún medio masivo de comunicación, anhelando algo más que nuestras cotidianas vidas aconteciendo y desapareciendo en el olvido. ¿Qué es este deseo? ¿De dónde surge? No es algo actual y producto de la sociedad de consumo, el llamado “viaje del héroe” ha sido tema universal de cuentos y leyendas de las más diversas culturas. En última instancia, se trata de la búsqueda de un significado, pero de uno con mayúscula, uno que de la seguridad de poder cruzar las puertas de la muerte con él como escudo de gladiador.

Fisión y fusión nuclear

Cuando la ciencia define algo, lo conceptualiza, lo que hace es decir cómo es eso y cómo no es; asigna un criterio de verdad algo y uno de falsedad a otra cosa, estableciendo una clara regla de demarcación en el tema. La ciencia moderna procede entonces por división, por separación, por fragmentación; la energía surge aquí de una especie de fisión nuclear que consiste en romper los fenómenos (por ejemplo, al estudiar de modo aislado una bacteria en un laboratorio) con tal de captar su esencia. Parece que lo logra y la energía del científico surge de esta manera.

Sin embargo, esto poco tiene que ver con el proceso creativo, con el hecho de crear nuevas ideas, nuevas cosas. Quizás el poder de Alejandro Magno palidece frente a ciertas historias particulares, aún cuando suene difícil de creer. ¿Cómo puede ser esto?

Creo que vivo rodeado de hombres y mujeres que sueñan con ser emperadores y emperatrices del siglo XXI, cuya imagen en el espejo les devuelve esa supuesta validación, sin embargo, día tras día y año tras año van perdiendo la fuente de fuerza interior. Piensan que es por el trabajo, la rutina, el valor del dólar o lo que el enemigo político está haciendo para perjudicarlos, sin embargo, esta misma acusación es el candado de su fracaso.

Recuerdo un taller literario, un momento para conectar con la propia sensibilidad dolorosa, tan difícil de soportar pero tan cargada de tensión al mismo tiempo. Lamentablemente es así, es la fuerza del oponente lo que genera la diferencia de tensión y esta integración es la que moviliza la energía interna.

Mientras el hombre civilizado avanza en busca de eliminar aquello que le produce malestar, pierde la oportunidad de la integración de la materia prima que lo puede convertir en alguien que marque la historia, no que la divida.

División o integración, energía de fisión o energía de fusión. Parece sencillo pero si observo los analistas políticos y económicos no encuentro uno que lo considere realmente.

Destacado

Joker

Es uno de los doce arquetipos junguianos, mayormente conocido como trickster o tramposo, cobra protagonismo en la pantalla mediática contemporánea, y si esto sucede, es debido a que la consciencia colectiva le ha dado interés y relevancia. No es la sombra de Batman, esta vez él es el personaje principal.

Una verdad insoportable

La película muestra cómo una persona, cuyo destino inevitable es el psiquiátrico y la locura -o sea: tiene psicopatología severa-, se estabiliza por el acceso al mal. Y esto, es real. No es ficción, la enfermedad mental se equilibra completamente por esta vía.

Suena difícil de creer, pero es así; por este motivo quise tomarme el tiempo para analizar el film, aún cuando existen muchísimas películas de elevado valor artístico para el análisis.

Máscara de payaso

De modo que ya dije algo. Pero esto no es nuevo, lo novedoso es que la atención pública dirija su mirada de consumo en esta dirección. Se trata de una persona solitaria, carente totalmente de figura paterna y en medio de una sociedad superficial, vulgar, dominada por la estética banal… en la que el yo del personaje… ¿no puede realizar vínculo social? ¿No puede relacionarse sanamente con las personas porque es un psicópata?

¡No! ¡Nada más alejado de la realidad!

¿No? ¿No es un psicópata?

En este punto uno puede comenzar a notar por qué el tema comienza a complejizarse.

Si no vinimos a ver la historia de un psicópata, ¿qué estamos haciendo aquí?

Payaso no es Joker

En la mayoría de las mitologías antiguas existe la figura del trickster, “embaucador” o “tramposo divino” que hace trucos o desobedece normas de comportamiento. Si el patrón aparece en diferentes culturas ello significa que es parte de nuestra psiquis colectiva.

Los psicólogos y psiquiatra contemporáneos piensan que los arquetipos representan la versión arcaica de los trastornos psiquiátricos modernos, sin embargo, ello implica un grave error de estudio. Los arquetipos siempre fueron “espíritus”, podría decir: estructuras complejas de pensamientos-sentimientos-comportamientos que recaen sobre el yo, son externos a él, y constituyen un sistema de representación alternativo de la realidad, como tales no pertenecen a la mentalidad de la época sino al inconsciente colectivo.

Quizás el punto crítico, el que da comienzo a la revelación que trae la película tiene que ver con la condensación de dos símbolos en uno.

El Joker no es el payaso. El payaso eres tú.

El Joker domina a la perfección una técnica muy compleja que consiste en volverse él mismo espejo del otro. La estética del maquillaje -esa con la que el protagonista no puede vincularse para obtener un trabajo y acceder a una vida socialmente aceptable- es usada para ser deconstruida, desarticulada, desintegrada. Por ello, el trickster es un agente del caos.

¿Quién es el Joker entonces?

Antes de responder este interrogante, podemos avanzar en un nuevo descubrimiento:

La película fue elaborada para vos, el consumidor masivo.

No te olvides. En el cine, todo está hecho para vos.

Un arquetipo del Inconsciente Colectivo

El punto crítico, el risen, sucede cuando el protagonista termina de maquillarse como Joker y muestra a la perfección a través de la danza cómo es poseído por una especie de energía que lo invade y lo impulsa a actuar, allí se produce la “desconexión emocional”  que es fundante de este arquetipo, representada con el comienzo de los homicidios.

El tratarse de un complejo de representaciones del inconsciente colectivo y no del individuo puede apreciarse en cómo éste arquetipo moviliza a la masa social en tensión ante las injusticias y los problemas sociales no resueltos, en cuyo contexto el trickster florece en todo su esplendor logrando movilizar a la multitud hacia la destrucción y el caos.

Un Joker en el comienzo de nuestra cultura

Un análisis rápido puede hacernos pensar que se trata de una película sobre un perfil psicopático y punto, que toda esta argumentación acerca del arquetipo del Joker nada tiene que ver con nuestra vida cotidiana, sin embargo, encontramos este patrón en la historia de Israel; ésta es la historia de un tramposo y su posible “redención” a través de la lucha espiritual.

Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, era el segundo hijo de su padre quién prefería claramente a su primogénito Esaú. El nombre Jacob significa tramposo en hebreo (!) y por estas cualidades sumadas a la complicidad de su madre (que también cumple un rol importante en la película) Jacob engaña a Esaú y le roba la primogenitura quedándose con la herencia de su padre; algo así como que el Guasón se hubiese casado con la princesa simulando ser él Batman, la deja embarazada y a Batman -el moralista- sólo le queda ocultar la verdad. La misma estructura simbólica se encuentra en Braveheart, protagonizada por Mel Gibson sobre la revolución de los escoceses.

Y Jacob, gracias a su acto de chantaje, pasa a ser el protagonista principal de la película llamada historia judeo-cristiana.

Una y otra vez el mismo trasfondo

Jacob, el hijo no elegido; Arthur -el Joker- en busca de un padre que le de reconocimiento; una y otra vez el mismo patrón patológico derivado de la falta de figura paterna y sus efectos devastadores sobre la psiquis humana -¡qué diferencia de comprensión de la realidad psicológica en el arte cinematográfico estadounidense respecto del latino! La falta de padre es lo que lleva al joven hacia el lado oscuro (Star Wars). Latinoamérica ruega que su madre la defienda pero es ella quién permitió que la abusasen. Otro patrón que trágicamente se repite y de modo colectivo.

Una función psicológica

En este contexto de análisis, el Joker representa una función psicológica distorsionada, pervertida de su eje; por lo que análisis no apunta al juicio de valor sobre el sujeto (“psicópata”) sino a comprender la razón de existir de tal fenómeno. Como agente del caos es una instancia social necesaria para producir la ruptura de paradigmas sociales y personales saturados y agotados, por lo que anticipa el nuevo orden que en la película se visualiza en el niño Bruce que posteriormente se convertirá en Batman tras reaccionar a la muerte de sus padres por el conflicto social que desató el Guasón; como alguna vez Uribe se transformó en Batman y acabó con la guerrilla colombiana que había asesinado a su padre. ¡Tan arquetípico como real!

El punto de equilibrio

Jacob tuvo su oportunidad de redención. A través de una larga noche (= crisis existencial) en la que lucha con Dios (=el Padre) en búsqueda de obtener su bendición (=su reconocimiento) y recibe un nombre nuevo que será Israel, que significa “el que lucha con Dios”; obtiene la bendición justa que tramposamente robó y recibe una herida en su pierna como señal de que esta vez “la cosa fue en serio” y no es otra de sus artimañas. Por lo tanto, aquí podemos observar la espiritualización de la función Joker, la cual no puede ser eliminada sino integrada.

Quizás esto último es lo más difícil de reconocer:

El Joker no es un elemento demoníaco, sino que está dentro del plan de Dios (=el trazado del Inconsciente Colectivo).

Preocupaciones económicas

Mientras esperaba la luz verde en el semáforo, en el caluroso atardecer santafesino, pude ver una escena instantánea de dos símbolos opuestos y, quizás, complementarios: los chicos que pedían en el semáforo y que contaban el dinero para comprar una cerveza, por otro lado, el “plumerero de Santa Fe” (*) que volvía caminando por la vereda.

¿A quién elijo?

Hice un cálculo rápido y tomé consciencia que seguramente estos jóvenes (cuyas edades rondan los 20 años) ganan más dinero diario que este hombre. Me pregunté:

¿El plumerero equivocó el trabajo?

Si yo tuviera que elegir uno de estos trabajos…

¿Cuál elegiría?

Parece un poco injusto, tanto esfuerzo y kilómetros diarios dejan como resultado una pezca muy pobre al avecinarse la tercera edad.

Dos espíritus en lucha

No es el Yin y el Yang, estos opuestos no son complementarios porque tienen un desequilibrio implícito entre ellos.

El plumerero no lo sabe, pero en ese mismo momento él estaba encarnando un arquetipo del Inconsciente Colectivo, y esto posee muchísima fuerza intrínseca.

El espíritu de este tiempo, la mentalidad de nuestra época, puede hacernos creer que el esfuerzo acumulado de tantos años no vale nada.

Contra el pensamiento de la mayoría, existe otro espíritu, el espíritu de la profundidad, que responde a otros criterios, donde patrones ancestrales se vuelven a hacer presentes, vivos, en la experiencia de personas que “sintonizan” con ellos.

Hace dos mil años otro hombre volvía de una extensa y frustrada jornada de trabajo, sin nada que aprovechar, sólo vacío en sus manos. Pero en ese momento, aquel hombre vivencia una presencia que lo cambia para siempre y que lo transporta directamente a otra realidad. Esa presencia es sólo una voz que llega a sus oídos desde lejos. Esa voz le dice:

Vuelve a buscar en las profundidades.

En aquel entonces fue una expresión literal, porque aquel hombre era pescador y al alba la voz le dijo que vuelva al mar a pescar pero a mayor profundidad. Pero esas palabras y esa voz no fueron sólo literales sino que quedaron ancladas en el Inconsciente Colectivo y llegan hasta el plumerero de la ciudad.

Me pregunto qué podrían significar éstas palabras para él.

El espíritu de la profundidad (Carl G. Jung) es atacado por aquellos jóvenes seducidos por placeres inmediatos, sin consciencia de que ellos mismos hace 500 son poseídos por un arquetipo de destrucción cuyo lema dice:

Espejitos de colores por oro.

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(*) Un hombre de aproximadamente 60 años que hace muchísimos años vende plumeros “casa por casa”.

El origen de los arquetipos

Los arquetipos que estudia la psicología junguiana tienen la particularidad de que se encuentran desde los comienzos de la civilización humana; ante los primeros rastros de cultura ya tenemos testimonio de rituales en torno a la muerte y la vida de ultratumba, por ejemplo. Surge entonces la pregunta: ¿De dónde provienen los arquetipos?

Los arquetipos o patrones culturales del significado humano se expresan en diferentes símbolos (el rey, un guerrero, un amante, una artista, entre muchos otros), son innatos, ¿acaso los colocó una civilización extraterrestre allí?

¿El conocimiento como origen?

Los arquetipos griegos (Zeus, Dionisio, Atenea, Ulises y un sin fin de imágenes) pueden considerarse como símbolos asociados al pensamiento, son producto de la intelectualidad. Sin embargo, de esta manera no podemos rastrear el origen buscado.

Occidente, por influencia del pensamiento griego, reproduce símbolos de este “perfil intelectual”; no obstante, si buscamos en las tradiciones espirituales aborígenes de América, la simbología no está asociada tan claramente a la actividad cognoscitiva del hombre sino a la observación de la naturaleza. De este modo, los llamdos pueblos originarios pueden arrrojar luz al problema de los arquetipos.

Mientras los griegos imaginaron a Cronos para representar al tiempo; la mística aborigen simbolizó al espíritu con el águila o el jaguar. ¿Es porque ellos eran “primitivos”?

Creatividad y producción

El ser humano es un mamífero más de la naturaleza y, como tal, se halla integrado a su entorno y esta interacción es mutuamente enriquecedora. Las mujeres y hombres realizamos durante miles de años un aprendizaje empático de la naturaleza y éste impulsó nuestro desarrollo como especie: los chamanes ancestrales observaron el vuelo de las aves y crearon símbolos de hombres alados muchísimos años antes que el científico Leonardo Da Vinci diseñara una máquina para volar; aquellos hombres anhelaron apropiarse de la fuerza del jaguar, danzaron en rituales al sonido del tambor la identificación con la potencia del sagaz felino con gran antelación a que Henry Ford ensamblara su primer auto.

Como podés observar, es la actividad psíquica creadora de los arquetipos la que se encuentra en la base de la productividad humana.

De esta manera puedo postular la tesis acerca de que el origen de los arquetipos del Inconsciente Colectivo se halla en la naturaleza -en nuestro enraizamiento con el animal- y no en la actividad intelectual. Y esto tiene un implicancia.

Restauración de una generación

Una y otra vez escucho el melodrama “quejoso” de los “nobles” que juzgan América latina con sus diagnósticos de oficina:

Es una generación perdida… La droga… El delito… La desnutrición… El analfabetismo…

Frases que sirven de pretexto para garantizar la tranquilidad de no hacer nada, de no “jugarse la piel” (Nassim Taleb, 2018).

Quizás hoy el chamanismo aborigen me permite comprender por qué Jesucristo buscó pescadores y mujeres sencillas para crear su comunidad de paz que se transformó en el hito que partió la historia en dos mitades. Las mismas dos mitades con las que se forma el símbolo del pez que los cristianos primitivos emplearon cómo código encriptado para reconocerse.

La marca del padre

En nuestra civilización, los hombres de todas las épocas han planteado que la manera en la que el niño se vuelve “hombre” tiene la forma del rito de iniciación, en el cual el joven varón es sometido a una situación de máximo estrés y exigencia, ante lo que hacer emerger un fuerte instinto de supervivencia y allí recibe una marca sobre su cuerpo que los hombres adultos realizan sobre él de modo indeleble -puede tratarse de un tatuaje, la amputación de una parte del cuerpo, una herida que deja una cicatriz para siempre, introducción de substancias sobre la piel para modificar su aspecto, etc. Ésta es la marca de los hombres adultos sobre el niño devenido en hombre tras el proceso traumático de la iniciación.

La marca en la actualidad

No se trata de prácticas de otras épocas y lugares, en nuestras sociedades supuestamente civilizadas estos ritos de iniciación se encuentran solapados, ocultos detrás de otros comportamientos típicos que tienen la misma finalidad en cuanto a la iniciación del joven varón en el mundo de los hombres adultos.

¿Cuál es el fundamento de estas prácticas? El joven varón, a medida que crece y despliega su energía viril se vuelve inestable y destructivo sino es educado en el uso de su agresión. Lo cual, lamentablemente, es cierto.

Sin embargo, esto es lo que sucede en el cuerpo del varón; existe otra realidad para su alma y que es el tema en el que quiero hacer foco en este ensayo. El alma del joven, su Ánima en términos de la Psicología Junguiana, emerge con fuerza tras la pubertad y, tarde o temprano el joven que no pasa por el rito de iniciación se verá ante la situación del enamoramiento hacia una joven. El fin ha llegado: el joven ve emerger en él un sentimiento imposible de controlar y soportar si no tiene una figura paterna fuerte; la crisis del enamoramiento más fuerte se denomina “posesión del Ánima” y conduce al varón hacia la melancolía desde donde no hay medios para rescatarlo produciendo en algunos casos el suicidio; sin llegar a tal extremo, las madres de los jóvenes en estas situaciones son conscientes de la auto-destructividad que se genera en el varón inmaduro en el amor. En pocas palabras, los ritos de iniciación impiden esta situación.

El espíritu de este tiempo

La iniciación produce entonces una marca que no es meramente sobre el cuerpo sino que busca alcanzar el alma, busca matar el Ánima-sentimiento del niño apartándolo radicalmente del mundo materno y sólo permitiéndole la fraternidad entre hombres que le enseñarán a mudar su afecto infantil en agresividad masculina -muy útil para la guerra o el trabajo “de sol a sol”. Una finalidad muy valiosa para la productividad de los sistemas sociales. Este nuevo hombre podrá tener una esposa e hijos, podrá ser un excelente compañero de trabajo, vecino del barrio, pero no va a enamorarse.

No estoy buscando criticar esta situación, todo lo contrario. Si sos papá o mamá con un poco de experiencia sabés que esto es así y que no se puede evitar. Mi análisis apunta a mostrar que esto remite a la categoría junguiana de “espíritu de la época” (o “del tiempo”), que significa el modo de pensar de una época o de una condición humana, lo que los seres humanos hemos podido elaborar para nuestro desarrollo en la relación entre naturaleza y cultura.

Pero hay algo más detrás del muerte del ánima del varón; otro espíritu.

El Espíritu de la Profundidad

Hace ya varios años leí un libro que se titulaba “De amor herido”; un librito muy sencillo pero de los más satisfactorios que he leído. Como corresponde a un buen libro, lo regalé. En este texto, el autor mostraba una serie de personas de diferentes lugares que, en un momento de sus vidas, habían experimentado el encuentro con una situación que los dejó para siempre “marcados” por una sensibilidad que jamás pudieron borrar, una especie de herida de amor que los cambió para siempre en cuanto al sentimiento consigo mismos y a la relación con las otras personas, por lo general por una especie de acto de empatía que rompía todos los preconceptos y racionalizaciones de la persona. Todos estos casos tenían un patrón en común, una especie de “hilo misterioso del destino” los unía.

Esta experiencia, de todas las épocas, tiempos y lugares, no es creada por la cultura como en el caso de los ritos de iniciación; esta experiencia proviene de la estructura neuropsicológica de la empatía y surge desde otro plano de la realidad: el Espíritu de la Profundidad que es una especie de reserva de patrones -arquetipos- que se encuentran en el Inconsciente de la humanidad. Este arquetipo del “amor herido” que brota desde las profundidades del psiquis humana vuelve a atraer hacia la consciencia el ánima sacrificada del hombre y lo fractura, lo quiebra, rompe la imposición que el patriarcado precedente -y repito: necesario– había hecho sobre el Yo del hombre. Ésta es una experiencia de integración psicológica (integración en el sentido de conocer lo que existe “dentro” de la mente humana) que restituye el daño que la cultura había realizado. El hombre que posee esta experiencia no es nunca más el mismo.

A diferencia de los ritos de iniciación, no es posible producir voluntariamente el encuentro con el Ánima; sucede o no sucede, al menos hasta donde llega mi conocimiento.

Ambas instancias, la de la marca que subyuga al Ánima y la de la herida de amor que la restaura completamente son procesos necesarios en el desarrollo psíquico del varón. Sin la vivencia de ambos el hombre está incompleto y perdido de sí mismo, su Yo vaga como un zombi en búsqueda de su alma muerta.

El nuestro, el del siglo XXI, es un momento crucial para comprender la psicología del varón en tanto es el eje central del desarrollo sano de los niños; nuestro continente y nuestro mundo padece líderes inmaduros que atraviesan la vida matando el ánima de otros seres humanos debido a su propia inmadurez, lo padecimos muchas veces en Argentina, yo mismo vi los soldaditos de 17 y 18 años marchar por la avenida de mi ciudad hacia la guerra de Malvinas, por las decisiones de viejos decrépitos y violentos que necesitaban demostrar poder en compensación de sus penes impotentes.

La marca del padre no se puede evitar, pero el joven varón debe ser reconducido hacia una experiencia mayor, la de la sensibilidad por el sufrimiento y el dolor de los niños, sea cuál sea la forma que éste revista; sea cual sea su propia manera de amar.

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