La marca del padre

En nuestra civilización, los hombres de todas las épocas han planteado que la manera en la que el niño se vuelve “hombre” tiene la forma del rito de iniciación, en el cual el joven varón es sometido a una situación de máximo estrés y exigencia, ante lo que hacer emerger un fuerte instinto de supervivencia y allí recibe una marca sobre su cuerpo que los hombres adultos realizan sobre él de modo indeleble -puede tratarse de un tatuaje, la amputación de una parte del cuerpo, una herida que deja una cicatriz para siempre, introducción de substancias sobre la piel para modificar su aspecto, etc. Ésta es la marca de los hombres adultos sobre el niño devenido en hombre tras el proceso traumático de la iniciación.

La marca en la actualidad

No se trata de prácticas de otras épocas y lugares, en nuestras sociedades supuestamente civilizadas estos ritos de iniciación se encuentran solapados, ocultos detrás de otros comportamientos típicos que tienen la misma finalidad en cuanto a la iniciación del joven varón en el mundo de los hombres adultos.

¿Cuál es el fundamento de estas prácticas? El joven varón, a medida que crece y despliega su energía viril se vuelve inestable y destructivo sino es educado en el uso de su agresión. Lo cual, lamentablemente, es cierto.

Sin embargo, esto es lo que sucede en el cuerpo del varón; existe otra realidad para su alma y que es el tema en el que quiero hacer foco en este ensayo. El alma del joven, su Ánima en términos de la Psicología Junguiana, emerge con fuerza tras la pubertad y, tarde o temprano el joven que no pasa por el rito de iniciación se verá ante la situación del enamoramiento hacia una joven. El fin ha llegado: el joven ve emerger en él un sentimiento imposible de controlar y soportar si no tiene una figura paterna fuerte; la crisis del enamoramiento más fuerte se denomina “posesión del Ánima” y conduce al varón hacia la melancolía desde donde no hay medios para rescatarlo produciendo en algunos casos el suicidio; sin llegar a tal extremo, las madres de los jóvenes en estas situaciones son conscientes de la auto-destructividad que se genera en el varón inmaduro en el amor. En pocas palabras, los ritos de iniciación impiden esta situación.

El espíritu de este tiempo

La iniciación produce entonces una marca que no es meramente sobre el cuerpo sino que busca alcanzar el alma, busca matar el Ánima-sentimiento del niño apartándolo radicalmente del mundo materno y sólo permitiéndole la fraternidad entre hombres que le enseñarán a mudar su afecto infantil en agresividad masculina -muy útil para la guerra o el trabajo “de sol a sol”. Una finalidad muy valiosa para la productividad de los sistemas sociales. Este nuevo hombre podrá tener una esposa e hijos, podrá ser un excelente compañero de trabajo, vecino del barrio, pero no va a enamorarse.

No estoy buscando criticar esta situación, todo lo contrario. Si sos papá o mamá con un poco de experiencia sabés que esto es así y que no se puede evitar. Mi análisis apunta a mostrar que esto remite a la categoría junguiana de “espíritu de la época” (o “del tiempo”), que significa el modo de pensar de una época o de una condición humana, lo que los seres humanos hemos podido elaborar para nuestro desarrollo en la relación entre naturaleza y cultura.

Pero hay algo más detrás del muerte del ánima del varón; otro espíritu.

El Espíritu de la Profundidad

Hace ya varios años leí un libro que se titulaba “De amor herido”; un librito muy sencillo pero de los más satisfactorios que he leído. Como corresponde a un buen libro, lo regalé. En este texto, el autor mostraba una serie de personas de diferentes lugares que, en un momento de sus vidas, habían experimentado el encuentro con una situación que los dejó para siempre “marcados” por una sensibilidad que jamás pudieron borrar, una especie de herida de amor que los cambió para siempre en cuanto al sentimiento consigo mismos y a la relación con las otras personas, por lo general por una especie de acto de empatía que rompía todos los preconceptos y racionalizaciones de la persona. Todos estos casos tenían un patrón en común, una especie de “hilo misterioso del destino” los unía.

Esta experiencia, de todas las épocas, tiempos y lugares, no es creada por la cultura como en el caso de los ritos de iniciación; esta experiencia proviene de la estructura neuropsicológica de la empatía y surge desde otro plano de la realidad: el Espíritu de la Profundidad que es una especie de reserva de patrones -arquetipos- que se encuentran en el Inconsciente de la humanidad. Este arquetipo del “amor herido” que brota desde las profundidades del psiquis humana vuelve a atraer hacia la consciencia el ánima sacrificada del hombre y lo fractura, lo quiebra, rompe la imposición que el patriarcado precedente -y repito: necesario– había hecho sobre el Yo del hombre. Ésta es una experiencia de integración psicológica (integración en el sentido de conocer lo que existe “dentro” de la mente humana) que restituye el daño que la cultura había realizado. El hombre que posee esta experiencia no es nunca más el mismo.

A diferencia de los ritos de iniciación, no es posible producir voluntariamente el encuentro con el Ánima; sucede o no sucede, al menos hasta donde llega mi conocimiento.

Ambas instancias, la de la marca que subyuga al Ánima y la de la herida de amor que la restaura completamente son procesos necesarios en el desarrollo psíquico del varón. Sin la vivencia de ambos el hombre está incompleto y perdido de sí mismo, su Yo vaga como un zombi en búsqueda de su alma muerta.

El nuestro, el del siglo XXI, es un momento crucial para comprender la psicología del varón en tanto es el eje central del desarrollo sano de los niños; nuestro continente y nuestro mundo padece líderes inmaduros que atraviesan la vida matando el ánima de otros seres humanos debido a su propia inmadurez, lo padecimos muchas veces en Argentina, yo mismo vi los soldaditos de 17 y 18 años marchar por la avenida de mi ciudad hacia la guerra de Malvinas, por las decisiones de viejos decrépitos y violentos que necesitaban demostrar poder en compensación de sus penes impotentes.

La marca del padre no se puede evitar, pero el joven varón debe ser reconducido hacia una experiencia mayor, la de la sensibilidad por el sufrimiento y el dolor de los niños, sea cuál sea la forma que éste revista; sea cual sea su propia manera de amar.

man holding a child

El asesinato del héroe

Este título representa un símbolo y un principio. Voy a ser un poquito esquemático esta vez:

Símbolo = el héroe;

Principio = sobresaliente del resto de las personas por sus destrezas;

El símbolo remite a una imagen mental, el principio es un proceso o comportamiento; el primero es un factor estático, el segundo es dinámico, como si dijese “en movimiento”.

En El Libro Rojo, Carl G. Jung enuncia este título para referir que el acceso a los procesos psíquicos profundos exige, en sus primeras instancias, el abandono del deseo de ser alguien poderoso, destacado, que se impone al resto de los seres humanos; exige el sacrificio de este aspecto ideal que el ser humano cristaliza en su imaginación como “el héroe”, con ello surge en el sí-mismo una sensación difícil de soportar.

La impotencia

El héroe, en el ejercicio del principio que mencioné, no es consciente de la energía que despliega en busca de alcanzar su imagen idealizada, pero esa energía muchas veces se alimenta de la competitividad y el sacrificio de los vínculos afectivos más cercanos. Con las mejores intenciones, el hombre en busca de su héroe se aproxima peligrosamente a la violencia. Ejemplo de esto fue la vida del rey David, símbolo por excelencia del héroe (¡mató al gigante Goliat!) y del liderazgo (el más importante rey de Israel); sin embargo su familia fue trágica y debió mandar a matar a su hijo más querido, Absalón. Toma un minuto y observa a tu alrededor, mira los “héroes” que te rodean, muchos de ellos han tenido que sacrificar a sus hijitos. Pero continuemos.

La palabra clave es “sacrificio”; el punto es que cuando una mujer o un hombre deja de entregar tanta energía a la imagen del héroe, libera en el sí mismo una fuerza interior contenida que estaba “pagando impuestos” al ideal; toda esa energía queda disponible para el Yo.

Este tema produce mucho sufrimiento en nosotros porque sentimos una gran frustración al no poder satisfacer a esta imagen y aceptar la impotencia para el preludio de una vida derrotada. Y quizás, así lo sea. Quiero decir: el asesinato del héroe por nada… Es nada.

¿Por qué Jung asesina al héroe?

El héroe, en tanto imagen, es como un film que vemos por un medio de comunicación, nuestra vida real no participa de ello.

Se trata destituir una imagen del Yo para acceder al Inconsciente Colectivo, pero este Inconsciente Colectivo no es una especie de “conocimiento supersecreto al que sólo algunas personas privilegiadas pueden acceder” como el que dicen poseer algunas sectas top, si así fuese, sería otro simulacro del héroe. Sí sí, ellos también cayeron en la trampa del Ego. El inconsciente colectivo podríamos definirlo hoy como todas aquellas personas, de todos los tiempos, a las que podés hacerles bien y que pueden hacerte bien a vos, empezando por tu familia. Quizás hoy eres joven y fuerte, pero imagínate cuando seas viejito o viejita… Como dice una amigo sobre sus hijos pequeños: “a estos los tengo que tratar bien porque me van a empujar la silla de ruedas”.

Un antiprincipio

Si eres intelectual seguramente te he decepcionado con mi definición de inconsciente colectivo; permitime mostrarte algo más. En concreto, la imagen y el principio que te mencioné poseen otro símbolo y otro principio detrás, ocultos en su inconsciente.

Símbolo.héroe = “portador de luz propia”… “ángel de luz”… Lucifer;

Principio.sobresalir = aislamiento;

Restauración del principio originario

En el vínculo afectivo (lo colectivo) con todo lo que rodea al ser humano (lo inconsciente) se produce el efecto de liberación de la energía y el despliegue del potencial humano, lo que transforma al sujeto de espectador en creador de SU propia aventura (no la Hollywood). Aquí comienza el acceso al Espíritu de la Profundidad en términos de la Psicología Junguiana.

¿Netflix ha reemplazado a los cuentos de hadas?

Esta mañana ingresé a un librería para comprar unos libros escolares. Mientras esperaba por el librero me detuve unos minutos frente a la obra completa de los Hermanos Grimm que compendian cuentos de hadas de la Edad Media. En ese instante, un súbito poder me transportó al más allá y sentí esa conexión mágica que estos libros producen sobre mí, esa liberación de la imaginación y el acceso a un mundo fascinante de valores ocultos entre estas páginas sobrecargadas de creatividad.

Netflix y Disney

Pero aquí está el siglo XXI, con todo su desarrollo tecnológico que llega hasta el plano más profundo de nuestras mentes por medio de la inteligencia artificial, aún hasta nuestros sueños.

La actividad mental que realiza un niño cuando le leemos un cuento de hadas es muy diferente a la que acontece cuando mira una animación de una productora de cine. Y es de capital importancia comprender la diferencia entre uno y otro proceso psíquico.

La lectura de un cuento conduce al niño a imaginar, crear en su mente, los escenarios y los personajes que escucha, él se vuelve parte del proceso creativo del cuento puesto que éste le ofrece escaso contenido visual, el narrador escribe a través del tiempo, pero el pequeño lector realiza los dibujos imaginarios para sí mismo, construye su propia versión del cuento para su vida.

Diferente es la propuesta de Disney y Netflix, como si fuese un alimento precocido y listo para calentar en el microondas, las productoras de contenido audiovisual ofrecen al pequeño espectador un contenido saturado de imágenes donde los valores del cuento quedan rígidamente asociados a la imagen dada. Un ejemplo: tenemos un cuento que habla de un hombre rico, un tío rico, pero ahora éste personaje tendrá una única imágen, un único símbolo.

Idea: hombre rico = tío rico Mac Pato.

En el cuento de hadas el mismo contenido tiene otro proceso mental:

Idea: hombre rico = … (imagen a crear por el niño).

En el primer caso hay una identidad predeterminada entre el patrón (la idea) y su imagen; en el segundo es particular para cada lector.

¿Qué implica esto?

La conquista del capital simbólico de los niños, la posibilidad de introducir en sus mentes inconscientes las imágenes concretas que desea la productora.

Juego digital y juego simbólico

Veo con terror cómo algunos papás creen que estimulan la inteligencia de sus hijos ofreciéndoles recursos digitales (celular, tablets, etc.). Quizás sea necesario aclarar que el juego digital ofrece multiplicidad de opciones, pero limitadas y predeterminadas (un auto en un videojuego siempre será un auto), por lo tanto, lo que este tipo de actividades estimula es el cálculo mental, un proceso mental de análisis de posibilidades. Por su parte, cuando un niño toma una maderita y, junto a una cajita, juega a que son autitos, rompe la relación lógica entre objeto y significado, creando para el objeto el contenido imaginario que él desea, con ello, el proceso mental es sintético, “creador”; mientras que en el caso anterior era “consumidor” (de significado).

Soy consciente de que parte de nuestro mundo se ha tornado digital, no estoy pregonando el rechazo de estos elementos que la cultura crea, sólo estoy analizándolos.

El E-book Reader, una pieza de museo

Pero te contaba que estaba en la librería. El dueño de esta librería, hace unos años publicó en el diario más importante del país una nota en la que afirmaba que en pocos años el libro en papel desaparecería. Se equivocó, nada más alejado de la realidad. ¿Cómo fue posible que el libro en papel nockeara en el primer round al E-book Reader enviándolo al museo digital para siempre? No tiene lógica, o quizás el ser humano tiene otra lógica que la que el mundo digital pretende imponer.

Imaginar y crear

Si soy un escritor de una ciudad perdida de Sudamérica, o si soy un pequeño fabricante de zapatos, ¿qué podría hacer frente al advenimiento a mi país de una mega industria en mi rubro? Todo hace pensar que, tarde o temprano, me voy a quedar sin trabajo. No obstante, el error de análisis está puesto en el objeto (libro, zapato), puesto que no tiene posibilidad de competencia con la producción industrial, sin embargo, el foco debe ser puesto en el acto creativo en sí mismo, no en el resultado. Ésta es la última defensa y ante la cual la industria no puede hacer frente porque al producir en serie, no puede realizar el valor de lo creativo. Se trata de dos conceptos de sujeto que se contraponen: el sujeto creador frente al sujeto consumidor.

El Gran Creador

Quizás no pueda ya vender un libro frente al imperio de las grandes cadenas norteamericanas como Amazon, pero voy a poder seguir escribiendo e invitar a otros a escribir. Hay un libro que recomiendo a muchos de los consultantes que llegan a la terapia y que te lo sugiero hoy a vos: El camino del artista, de Julia Cameron. Un libro que siempre me ha parecido genial e inspirador. Su tesis principal puede enunciarse así:

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Génesis); por lo tanto, él es el Gran Creador y todos somos semejantes a él en esto. La creatividad es entonces, la clara señal de su presencia en nuestras vidas.

El “acechador” de la psiquis

En la psiquis humana se desarrolla en numerosas ocasiones el sentimiento inconsciente de culpa que, si bien es externo y educado, llega a producir daños psicológicos severos en las personas. Podría decirse que es uno de los elementos más nocivos para el ser humano y que habita en las profundidades de su mente, al menos desde el punto de vista psicoanalítico. No obstante, no es a este fenómeno al que voy a remitirme aquí. Existe algo aún mayor en su gravedad.

Culpa y poder

La culpa en la psiquis es como el delito para una persona que ha transgredido la ley, una especie de sombra oculta que lo persigue día y noche con la amenaza del encierro. El “acechador” (por ahora llamémosle así) sería como Chernobyl, una irradiación imposible de contener a la que burdamente encoframos con acero pero que, tarde o temprano, será devorado sin que haya posibilidad de contención; ante este poder el Yo se encuentra totalmente desamparado y expuesto. Como digo, tiene que ver con un poder sobre el Yo y con la amenaza de extinción.

Se trata de la última clave de la locura, tan difícil de asir como de soportar. Surge de la desprotección primaria que vivencia un niño o niña, como si un pequeño chimpancés se hallara solo cuando merodea un tigre hambriento en derredor. Siguiendo este ejemplo, quiero mostrarte que dicho enemigo tiene que ver con la desprotección primaria de los humanos y la pérdida del vínculo afectivo en adultos.

El cazador rugiente e insaciable también busca la construcción del Ego -autoconocimiento- y del poder, ya que ambos producen el mismo efecto: la desvinculación social y próxima. En la medida que acreciento el conocimiento de mí mismo (como proclamaron los griegos), hago decrecer el interés puesto en el otro; en la medida que escalo en la pirámide competitiva del poder, mayor es mi falta de “pares” y me encuentro en soledad en aumento.

Por lo tanto, puedo hacer una primera aproximación a esta “psicología del infierno” y lo que los psicólogos clínicos podemos hacer frente a ello:

Nosotros buscamos cuidar y sanar los vínculos afectivos de las personas, la mejor defensa frente al acechador.

Una hipótesis antropológica

Un primate de hace 3.000.000 de años se queda sin su hábitat natural en los árboles. El descenso a la sabana africana lo conduce a adaptarse a un nuevo ámbito, nuevos alimentos, mayores posibilidades pero, al mismo tiempo, mayores peligros. Mientras un mono sobre los árboles goza de gran destreza de desplazamiento y resulta difícil de acechar por un gran predador, no sucede lo mismo sobre la tierra árida y con poca vegetación.

En los árboles, los depredadores actuales de los monos son los grandes felinos y las grandes serpientes. Mientras un mono alfa de grupo puede enfrentar a un tigre desde las alturas, nada podría hacer, por más fuerte que sea, sobre el terreno sin árboles y frente a un león. Y ésta ha sido, con toda probabilidad, la situación de nuestros antepasados.

Lo primero que podemos tomar consciencia en la evolución de un primate primitivo hacia el homo sapiens es que, ante esta amenaza, el macho alfa no sirve para nada.

Préstame atención:

El homo sapiens no se organiza en torno a machos alfas porque no tiene estructura biológica de combate apta para ello.

Para poder afrontar al león (entre otros peligros) el humano originario debió desarrollar la cooperación; la defensa fue la ayuda mutua, posteriormente el desarrollo de herramientas primitivas se convirtió en armas de defensa, pero la primera protección debió ser la cooperación.

Esta experiencia, la del acecho, se repitió durante muchos años; con muchos años quiero decir algo así como 3.000.000 de años. Mucho tiempo, muchas experiencias gravadas en la memoria genética de nuestra especie.

Introduzcámonos en la psiquis del león, en su modo de pensar un momento. El león no se quedó de brazos cruzados mirando pasivamente como la comida se le escapaba de las garras y también desarrollo un plan de acecho, él también debió evolucionar.

La estrategia del león

El león comprendió que un espécimen solo era una presa fácil, por lo tanto, la estrategia siempre fue aislar al individuo del grupo, esto habría sido particularmente factible con las hembras y, en particular con las crías. Si los leones lograban atemorizar al grupo de pequeños homínidos, seguramente los individuos más frágiles (las hembras preñadas y las crías) serían una presa fácil.

Pero los machos nunca quedaron fuera del alcance de su ojo, estos representaban una posibilidad de mayor ingesta de proteínas para el león y su grupo. Ante ellos el león hizo sublime su acecho, cambió su táctica pero mantuvo la misma estrategia.

Si ante las hembras el rugido y la imagen atemorizante de su fiereza podría atemorizarlas y hacerlas huir ante el pánico de muerte abandonando sus crías; con los machos la táctica perfecta fue la seducción. El felino es un animal sumamente inteligente, el león en postura de sumisa debilidad le hizo creer sutilmente al macho humano que él era fuerte y poderoso, se hizo perseguir por él en actitud de temor y debilidad con la finalidad de fomentar su creencia de poder, de superioridad; el león alimentó su orgullo haciéndole creer que él podía aislarse de su grupo con una rudimentaria arma primitiva, le hizo creer en su soberbia que era él, el supuesto alfa dominante, quién podía enfrentarlo solo. Una vez aislado del grupo por su propia voluntad y tras la ilusión del león cansado de huir, él le demostró quién manda en África. Un trágico final para el macho dominante.

Un ejemplo presente

Permitime una breve digresión para citarte un hecho actual y mostrarte la inteligencia de este predador:

Un grupo de cazadores furtivos ingresan (armados por su puesto) a territorio de leones para cazar un ejemplar. Se pudo reconstruir a posteriori lo sucedido. Tres leones los dejan entrar en su territorio, no salen en defensa sino que los dejan avanzar, tanto como para estar suficientemente lejos de todo pedido de ayuda. Los dejan acampar día tras día, sólo observándolos. Cuando ellos se encuentran con cierto agotamiento, confiados en que su cacería avanza satisfactoriamente, en la noche, los tres leones atacan el campamento y devoran a los cazadores humanos sin resultar ningún león herido. Estamos hablando del siglo XXI, armas de fuego y cazadores profesionales.

Resumiendo el apartado:

La estrategia fue el aislamiento. El aislamiento tuvo dos tácticas diferentes:

  • Ante las hembras, la amenaza de muerte para que abandonen a las crías indefensas;
  • Ante los machos, la seducción del poder para separarlos del grupo.

Una hipótesis desde la psicología Junguiana

El homo sapiens se encuentra con su grupo de pares en la sabana africana. Parece que tenemos una explicación biológica del problema, sin embargo, ¿por qué sucedió esto? ¿Es efecto del azar? ¿Las condiciones materiales, concretas, sin ningún motivo, se organizaron de esta manera?

Son preguntas difíciles de responder, porque el único acceso al tema es por la vía de la Psicología Profunda.

Con el paso del tiempo, el león fue introyectado en la psiquis humana y se convirtió en una función de ésta. Es parte de nosotros, de nuestra memoria ancestral; se transformó en una función de nuestra mente inconsciente y colectiva, esto es: un patrón, el arquetipo del acechador.

La hembra primitiva se transformó en el Ánima de la cultura y el macho en el Ánimus: las representaciones inconscientes acerca de lo masculino y lo femenino. Las patologías del Ánima se desarrollan por la desvinculación social que la conduce a la peligrosa melancolía, manifestación inconsciente de la devoración del león. Las patologías del Ánimus se relacionan a la falsa creencia del poder y la superioridad ante su par, que terminan conduciendolo otra vez al aislamiento jerárquico competitivo y las patologías del poder en las diferentes formas de la violencia.

En pocas palabras:

La única defensa sigue siendo la empatía y el vínculo social.

La receta de Juan

Había un hombre que se llamaba Juan. Su mejor amigo era su primo mayor, compañeros de juego en la infancia, de grandes ideas revolucionarias en la juventud, de aventuras y viajes cuando fueron grandes…

Frente a sus ojos su primo y mayor afecto fue torturado por la dictadura y después asesinado. Él mismo pudo correr el mismo destino pero como era hijo de una familia influyente logró ser “rescatado” del mismo desenlace.

Juan conoce la violencia, la conoce de cerca, vió con sus propios ojos a los asesinos de su primo hermano; no lo leyó en un libro ni lo miró por televisión en un documental.

Hoy es un hombre mayor, roza los 80 años, conoce al león, reconoce su mirada y su rugido cuando está cerca. Anoche soñó con las fauces abiertas del devorador frente a una mujer joven, quizás símbolo de su nación…

Él comprende de lo que se trata, sabe lo que viene, lo que va a suceder y decide escribir una carta a su familia:

Hijitos míos…

En el amor no hay temor.

¿Y dónde está papá?

Sea que él haya muerto, se halla ido o tengas una mala relación con él… Si estás dentro de alguna de estas condiciones, este artículo fue escrito para vos.

Una mirada

Quiero hablarte de un ojo, un ojo que observa como un espectador participante de la vida, de situaciones, de ésta en particular.

Pensemos en tres etapas de una pérdida: en la primera de ellas nuestra mirada se dirige hacia el padre que perdemos, aquel que tuvimos y ya no está; sólo enfocamos ese dolor del recuerdo de una figura ideal o quizás podemos hacer un paralelismo con el transcurso de una larga enfermedad terminal.

La segunda etapa la podemos considerar como el presente, el momento de la ausencia real, la pérdida aceptada y resignada; es aquí donde parece que nos hallamos ante el fin de la historia.

¿Cuál es esa otra mirada, qué es lo que ese ojo observa?

En el primer tiempo, el del pasado, podríamos decir que un Otro observa los acontecimientos como el caer de una fruta desde un árbol, que lentamente entra en proceso de descomposición como curso de su propia evolución.

En el segundo tiempo, aquel ojo observa aquel fruto desaparecido y una semilla plantada, en paralelismo a la pérdida.

Hay un tercer tiempo, en el que ese ojo observa un árbol surgir de aquella semilla germinada y brotada.

¿Dónde está papá?

El punto crítico es que no se trata de nuestra mirada, nuestro modo de ver esta pérdida, nuestro modo de hacer el duelo o nuestra interpretación; esto se encontraría dentro del ámbito de la autosugestión. No es de lo que estoy hablando aquí, no estoy buscando “encontrarle un sentido a la vida”.

Para poder responder a la pregunta podemos situar nuestra propia mirada en el ojo observador, pero no en el “árbol” (esto representa la autosugestión, “mi propia” manera de darle sentido); sino en el ojo de un Otro que mira con Sentido (“su” sentido, no el “mío”) los acontecimientos pero que no es nuestro ojo, es otro diferente, radicalmente diferente.

Si lo racionalizás demasiado no la vas a poder percibir, porque se trata de una experiencia intuitiva de la psiquis individual a través de la cuál accede al Inconsciente Colectivo a través de un efecto de descentramiento de la atención y disolución del Ego (el Yo-consciente) en fusión del Sí-mismo (algo así como “mi ser más allá de lo poco que conozco de mí”) con el Espíritu de la Profundidad de la experiencia humana ancestral.

No quiero abrumarte con conceptos raros, éstos son irrelevantes; lo que pretendo es invitarte a que realices esta experiencia de percepción desde otro lugar distinto al de tu Yo.

El gráfico es una foto de un dibujo sobre el pizarrón del consultorio, lamento que no sea una imagen más elaborada. Muestra la sucesión de estas dos miradas que mencioné y cómo, en el tercer tiempo, prevalece una sola de ellas.

En el segundo momento, mientras la persona se halla en duelo, el ojo del observador percibe una semilla a punto de terminar.

El tercero momento es la desaparición de la estructura del Ego-individual y la integración de este gran Otro como un aspecto del Sí-mismo.

Presencia – ausencia – presencia es un modo de representar estas relaciones, incluso puede hacerse con el sistema binario: 101. Distintas maneras de percibir la realidad, de interpretarla.