En el principio todo tenía Sentido

Todos nacimos para tener una vida con sentido y que nos llene el alma, esto lo expresamos a nosotros mismos cada día que deseamos estar bien.
Nuestras infancias buscaron la felicidad, en la adolescencia anhelamos una vocación que nos realice para la vida adulta, que nos colme, que nos llene.

¿Por qué te expreso esta frase que fue referida a Jesucristo?

Porque es la visión acerca de la salud con la que trabajo; retomar este “principio” de la vida de una persona, de la nuestra, de la de todos es la tarea central del proceso psicoterapéutico y de la vida misma de todo ser humano.

Para alcanzar este objetivo, los profesionales que trabajamos en ME Salud disponemos de todos los recursos terapéuticos que tenemos para ayudarte a recuperar tu salud o preservarla.

Es nuestro deseo reconocer ese niño interior que aún hoy suspira en nuestros corazones. Allí se dirige la Psicología Profunda y científica que empleamos en nuestro proyecto de trabajo y queremos compartirla contigo.

ME.

Trapecistas del amor (no-hacer II)

La generación llamada Millennials, muestra su lado luminoso en sus talentos para las nuevas tecnologías de la información, pero también sufre una sombra en las relaciones sentimentales, donde estos jóvenes no dejan de sufrir, día tras día, la desilusión en el amor.

Trapecistas sin red de contención

Esta generación es el resultado de otra generación que le precede y que afectivamente la abandonó. Tal vez no a todos, pero sí a la mayoría de ellos y de modo extendido socialmente (sólo para dar un dato estadístico, en las escuelas públicas de Argentina, el 80% de los niños de primer a tercer grado no posee una familia constituida con un papá y una mamá en casa).

Lejos de pretender juzgar esta nueva tendencia social, lo que pretendo es ofrecer un recurso terapéutico; y para ello necesito hacer un buen diagnóstico.

Nuestros papás y nuestras familias son quiénes deberían darnos el soporte afectivo que encontramos cuando compartimos la cena, el almuerzo del domingo o las ahora trágicas navidades. Eso “ya fue”, no existe más.

Hoy, cuando un joven sufre una desilusión en el amor es como un trapecista aprendiendo sus primeros lanzamientos en el aire que, tras un fallo en tomar un nuevo soporte, se encuentra cayendo al vacío. En su caída, este joven acróbata toma conciencia de que sus maestros en el arte no han colocado, a unos pocos metros del piso, la red que evita el trágico impacto. De esta manera, lo que debía ser una experiencia de aprendizaje de una materia difícil -la frustración- se convierte en una experiencia traumática de la que el o la joven no se puede recuperar.

El dolor crece, se vuelve insoportable, pronto el o ella toma conciencia que hay una sola salida: el sacrificio del sentimiento, no volver a enamorarse.

La vida no se termina aquí, queda “bloqueado” el sentimiento pero esa “energía” se dirige hacia el cuerpo, hacia las sensaciones. En el plano amoro, sería más o menos así:

Sexo sí, amor no.

Más allá del sexo, la psiquis de modo global comienza a concentrar su energía en el hacer y en las acciones directas. Esto produce cierto enfoque y energía para el logro de objetivos. ¿Esto es algo malo? No lo sé, no lo creo.

Serie no-hacer

¿Tengo que hacer algo? No. Sin dudas “no”. Porque no se puede hacer algo. La pregunta es:

¿Qué son las sensaciones?

En la Psicóloga Junguiana, las sensaciones representan el recurso psicológico central del arquetipo del guerrero. Guerrero significa defensa. ¿Los guerreros pueden amar? Sí, pero como guerreros, y los guerreros se vuelven maestros en su arte cuando aprenden a “dejar la espada”. Y un guerrero deja la espada cuando descubre que su líder lo ha engañado.

La consciencia sobre el daño afectivo y el engaño del poder, de la acción, permite a estas personalidades desarrollarse como líderes sociales porque el liderazgo necesita de mucha independencia y soledad, exige determinación y hasta cierta insensibilidad.

Pero hay otro arquetipo asociado a las sensaciones, al que ya me he referido reiteradamente tiempo atrás, el de la mujer sensitiva y erótica, que en nuestra cultura simboliza María Magdalena, la primera persona a la que se le presenta Jesús resucitado, un símbolo de aquella que mayor sensibilidad tiene para la espiritualidad.

¿Por qué ella? No lo sé, lo que sí sé es que ni protestantes ni católicos se sienten muy a gusto en su presencia. Y en este momento ella está muy presente.

¿A dónde se dirige este razonamiento?

Lo que parece una problemática del amor no lo es en realidad, sino más bien un fallo del sentido de pertenencia afectivo que los vínculos amorosos intentan suplir. Esta necesidad de pertenecer es un impulso primario en nuestra especie porque somos gregarios por naturaleza puesto que en un ambiente primitivo un ser humano no puede sobrevivir solo y aislado, sino que necesita de un grupo para protegerse y obtener alimentos. Esta necesidad arcaica e impresa en nuestros genes se expresa con desesperación en todo jóven que no posee su red de contención natural y muchas veces comete un error intentando reparar este vacío con una relación sentimental.

La generación Millennials padece esta herida y sin dudas logrará resolver el problema, pero antes de crear la terapéutica adecuada necesitará realizar un buen diagnóstico de su situación.

Alicia sin Espejo. Una Era sin Padre

¿Por qué Alicia?

Porque remite a un arquetipo de nuestra psiquis. Podría haber sido Mafalda o Patoruzito.

¿Por qué sin Espejo?

Porque no puede acceder al mundo de la fantasía y de la imaginación infantil.

¿Por qué una era?

Porque con los espejitos de colores por oro nace una etapa de la humanidad.

¿Por qué sin padre?

Porque es la marca de un patrón que repite Latinoamérica?

¿Qué es un padre?

Lo responderá el libro.

Presentación del libro

Heridas de la ausencia del padre. Psicoterapia y restauración de sus marcas en las emociones. Éstas son las temáticas centrales que movilizaron la producción del libro Alicia sin Espejo. Una era sin padre.

Existen pocos libros que hablen directamente de la relación padre-hijo/a, muchos menos de las heridas que se producen en este vínculo. Llama la atención esta falta de tratamiento del tema puesto que el hecho no es nuevo.

A la luz de los progresos actuales de la mujer en Occidente, me pareció adecuado retrabajar esta problemática desde la perspectiva de una joven que pierde a su padre y lo que ello implica en su vida cotidiana, como al mismo tiempo un camino posible para su recuperación y sanación.

En los próximos días, junto a compañeros de trabajo en ME Salud, presentaremos el libro.

La Sombra puesta sobre el Yo

Desde la perspectiva junguiana es posible interpretar los acontecimientos de la vida de los seres humanos como acciones impulsadas por un propósito más allá de lo que el individuo comprende.

La “Sombra”, un controvertido concepto de la Psicología Profunda, señala que el “Yo” de una persona -o grupo de personas- es asediado por un conjunto de pensamientos y sentimientos que no logra comprender cabalmente y que, cuál espíritu de ultratumba de una mitología perdida, busca poseerlo y habitar en él.

Tal vez pueda ilustrar esta compleja relación que se entreteje entre el Yo y la Sombra con lo que sucede en la homosexualidad: aquí el Yo de una mujer o un hombre siente y comprende este conjunto de ideas y emociones que arriban a su consciencia como si fuesen la presencia de algo ajeno que invade y termina tomando y modificando la personalidad. Desde el análisis que aquí planteo, esto sucede porque tiene una función que cumplir, una clase de “finalidad”; con ello quiero decir que la homosexualidad como Sombra llega al Yo para hacerlo cumplir una especie de “misión”, no es un fenómeno que sucede aleatoriamente sino, por el contrario, posee una intencionalidad. El problema radica en que dicha intencionalidad no corresponde al Yo sino al Inconsciente Colectivo -otro concepto aún más controvertido.

Comprendo que estas ideas no son sencillas de asimilar, pero confío en que el ejemplo las podrá ilustrar.

La emergencia de la homosexualidad como fenómeno social masivo y aceptado, que llega a la legislación del matrimonio igualitario con las consecuentes atribuciones de derechos, permite sacar a la luz un lado rechazado de la sociedad, pero ese lado repudiado implicaba a cientos de miles de personas. El hombre descubre que eso “horroroso” que ve en el gay es parte de todo hombre y de la masculinidad, lo mismo la mujer con la lesbiana. El varón observa atónito que un hombre puede ser sensible, tener gusto por la estética y las artes o nada de ello y la virilidad no depender de roles socialmente construidos. Como consecuencia de este fenómeno se produce una modificación de la imagen de hombre y de mujer que era absolutamente necesario para la evolución de la sociedad y la detención de la peligrosa cadena de asociaciones: discriminación-estigmatización-eliminación.
Una vez la Sombra ha cumplido su función, el Yo queda libre para tomar la decisión que desee, pudiendo llevar un comportamiento homosexual en adelante o no, ello es indistinto para el proceso que busca realizar el Inconsciente Colectivo; el problema radica cuando el individuo y su entorno no comprenden que esto ha tenido un sentido, en este caso el Yo queda poseído por la Sombra y atrapado en ella, sin poder entender el propósito.

Para ahondar en el tema de la Sombra, quiero mencionar otro fenómeno que adquiere hoy la fuerza de la Sombra en nuestra sociedad y busca su comprensión profunda: el feminismo.

Con la bandera del aborto en mano, el feminismo porta la imagen de lo repudiado y rechazado por el sector social más conservador. Si tomamos a este sector como un modelo del Yo, el feminismo es un “espíritu” que viene a arrojarle un sentido que debe comprender para poder crecer; nuevamente, el problema aquí radica en el juicio de valor que se realiza y que “demoniza” el fenómeno por medio del preconcepto que obtura, impide, la comprensión empática.
Con tantos niñas y niños abusados, asesinados -asociado a un contexto general de ausencia paterna-, es totalmente lógico que las mujeres -cuidadoras naturales desde la perspectiva biológica- se empoderen y cobren sobre sí el ímpetu de la Sombra para mostrar la crueldad del patriarcado, no el de ellas, sino el del sector “consciente” de la sociedad. El intento por legalizar el aborto no es más que un espejo invertido del yo de muchos hipócritas que han ocultado y rechazado lo que ellos mismos han realizado incontables veces para ocultar sus actos.

Con este planteo no pretendo argumentar a favor del aborto, todo lo contrario, estoy en contra de la legalización del mismo, pero mi función como psicólogo -y como ser humano- no es decir lo que se debe hacer sino mostrar estas realidades profundas. De esta manera pretendo ayudar a integrar sectores sociales que se abren en confrontación y la división es perjudicial para todos.

El gráfico muestra una hipótesis de trabajo en la que la Sombra, como concepto cualitativo, se desplaza desde un fenómeno social a otro, lo cual puede constatarse cuantitativamente midiendo los números de casos relevantes a través de una metodología de análisis apropiada. Es una hipótesis, no una conclusión, un punto de partida de investigación no de llegada para ilustrar los temas tratados.

Si bien el gráfico dice “número de casos”, puede estudiarse como percepción de relevancia social que los medios de comunicación le dan a la temática o, “agenda mediática”. También: “número de casos significativos reseñados por los medios masivos de comunicación”, entre otras opciones de análisis.