El Arquetipo más peligroso de Latinoamérica

Durante mucho tiempo pensé que el arquetipo más peligroso de Latinoamérica, el que inducía al sometimiento de esta parte del continente americano, estaba relacionado a la virgen de Guadalupe, puesto que este patrón hace del varón prácticamente un niño en busca de su auxilio; sin embargo, es posible que el peligro provenga de otra fuente.
Mujeres sin hombre

Si en la vida de una mujer la figura paterna falla, habrá un problema necesariamente. Es difícil comprender este punto, porque pareciera que pocas veces se puede explicar claramente qué es la “función paterna”.
La función paterna es el enfoque de la energía en una sóla dirección, sólo eso. Por ello, la innovación hebrea fue el monoteísmo en un contexto politeísta (cabe recordar que ninguna religión politeísta en la que surge la creencia en Yavé ha sobrevivido):

“Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.” (Deuteronomio, 6, 5).

No obstante, un padre puede estar ausente por muchas razones o puede no cumplir su función aún siendo presente. Pero si una mujer no se hace consciente de este hecho, su psiquis se verá notablemente afectada.

Violencia

En este breve ensayo quiero hacer un comentario sobre un tipo particular de ausencia paterna, y es la que se produce por la violencia que el varón ejerce sobre la mujer en muchos casos; ello produce, lógicamente, el rechazo del hombre y de la función paterna en ella puesto que él, al violentarla, la ha rechazado previamente, sea quién sea este hombre.
Pero, el hombre cae en una trampa mortal al violentar a la mujer, sea de modo directo con la agresión, o de modo indirecto con alguna versión del machismo autoritario que la somete…

Deja como resto la sensualidad sin afecto

La violencia del hombre, esa que coacciona y oprime a la mujer, rompe el vínculo afectivo hombre-mujer; éste hombre puede obtener sexo y placer en su cuerpo, pero ya no puede “conectarse afectivamente” con ella, lo que genera un estrés permanente; también ella es arrojada a una sexualidad muy erótica, que extrema la sensualidad, pero donde ya no habrá enamoramiento sino solo una actuación del mismo; ella también podrá encontrar placer en su cuerpo con el hombre, pero no va a calmar su ansiedad y tensión que permanentemente la acompañan. Y él, el hombre violento, no podrá resistirse a ello. ¿Por qué? Porque ante la atracción sensual de la mujer el hombre​ no puede hacer nada con su fuerza, sólo si ha desarrollado una fortaleza afectiva-espiritual podrá resistir este estado, por lo tanto, sólo le resta el poder y seguir sometiendo a la mujer, pero ya no podrá enamorarse, un precio muy alto que ningún poder compensa ni puede hacer sentir.

Trae por resultado el rechazo del padre (que estaba en el comienzo)

Latinoamérica padece este síndrome bipolar que oscila entre el patriarcado que evoluciona hacia el autoritarismo y que, tras estallar allí, se dirige hacia el polo opuesto de la liberación sexual y social sin criterio, dejando sólo en evidencia que el común denominador es que nuestras sociedades fallan una y otra vez en lograr una misión en la que concentrar todas las energías, fallo de la función paterna.

Continuará…

El odio hacia la mujer

Cuando una adolescente se enamora y no es correspondida por el chico que quiere, puede escribir en su diario íntimo, puede hablar horas y horas con sus amigas o, simplemente, puede encerrarse en su pieza a llorar.

Cuando un adolescente se enamora y no es correspondido por la chica que quiere, se emborracha, se droga, sale a pelearse con otros adolescentes o, al menos, algo debe destruir, pero jamás hará contacto con su interior.

Es un triste destino el que nuestra sociedad le educa a la psicología del varón, la manera en que debe ser “macho”.

Existe un “odio industrial” e incluso, un “odio institucional” hacia las mujeres, sobretodo cuando son “jóvenes y locas”, porque una cosa parece estar asociada a la otra en nuestra manera de pensar. Las mujeres son un problema para nuestra sociedad, se resisten permanentemente al sometimiento de la fuerza que propone la “lógica masculina” del poder; no creen mucho en las religiones productos de los hombres; se embarazan y no pueden trabajar y, mucho peor aún, hacen que los hombres nos enamoremos de ellas y “perdamos la cabeza”, hasta que, ¡gracias a Dios!, aprendemos a despreciarlas y a no sentir nada por ellas.

Las mujeres revelan el déficit atroz de educación emocional que tenemos los hombres. Pero, no vamos a dejar de trabajar una hora al día para sentarnos a jugar con los niños, no vamos a quedarnos un día triste a reflexionar internamente sin ir a la previa de la cancha a alcoholizarnos y drogarnos, porque este vómito de impulsos nos hace realmente hombres y nos ayuda a superar cualquier padecer emocional que tengamos. (Es increíble la cantidad de mujeres que, a su vez, piensan de esta manera).

Sea como sea, no vamos a cambiar, seguiremos asesinando mujeres y niñas, todos los que conformamos esta sociedad saturada, consintiendo cada día con nuestros actos las condiciones de posibilidad de estos acontecimientos.

¿Por qué el “odio”?

Porque el odio es una emoción ligada a la agresividad y a la función de separación. “Separación” de todo esto “terrible” que representa lo femenino y de lo que los hombres debemos alejarnos. Al menos eso es lo que nos dijeron.

mujer lastimada