Psicoprofilaxis ante el aislamiento

Mientras la sociedad global afronta la pandemia por el coronavirus Covid-19, el aislamiento necesario para detener la propagación de la enfermedad nos plantea una posible secuela de otros daños para la salud, entre los que se encuentra nuestra salud mental. Por este motivo, como profesional de la salud, considero oportuno comenzar el cuidado de nuestra psiquis a tiempo ante esta situación.

A través de una serie de reportes sobre el tema, los psicólogos de ME Salud pondremos a disposición del público general recursos terapéuticos a los fines de cuidar nuestra salud mental e integral.

Una secuela psicológica del coronavirus

Los seres humanos somos una especie comunitaria, nos sentimos seguros cuando encontramos pertenencia en un grupo, ello favorece nuestra experiencia de felicidad y mejora el funcionamiento de nuestro sistema inmunológico.

La situación actual de aislamiento absoluto y extendido a lo largo y a lo ancho de todo el territorio nacional en muchos países, nos coloca en una condición de extrema vulnerabilidad psicológica, aunque aún no lo reconozcamos claramente. Son muy pocos los seres humanos que están preparados para sobrevivir en aislamiento, por ello, debemos tener especial cuidado.

Una higiene mental necesaria

Cada mañana al levantarnos nos lavamos la cara y nos cepillamos los dientes, quizás también tomemos una ducha, esto es parte de nuestra higiene cotidiana. De modo similar al lo que hacemos por el bienestar de nuestro cuerpo, es necesario en estos momentos adoptar algunos hábitos de cuidado psicológico matutino.

1. Lo primero que resulta muy recomendable realizar al levantarnos, es tomar un cuaderno y comenzar a escribir en él de “puño y letra” -no por medio de un archivo digital. ¿Por qué? Tomará varios informes explicarlo, pero progresivamente mostraremos su importancia. Por ahora, lo que podemos decir es que esta sencilla actividad permite activar mecanismos psicológicos orientados a favorecer la adaptación del ser humano ante las adversidades.

2. En segundo lugar, es necesario puntualizar lo que no hay que hacer: a) consultar las noticias en el celular o tv, b) mirar las redes sociales e interactuar en ellas, c) realizar acciones productivas.

3. Nos encontramos ante una situación de “elevadísimo” estrés emocional y la única manera saludable de afrontar el aislamiento es redirigir la energía mental, nuestro interés psíquico, hacia el mundo interno -no el externo, puesto que allí no podemos actuar y nos conduce a experimentar impotencia creciente.

Victor Frankl, sometido a los campos de concentra nazis, fue quién puso de manifiesto que ante situaciones de terrible amenaza para nuestro ser, la única defensa para maternos de pie psicológicamente es comenzar a trabajar sobre nuestro interior (El hombre en busca de Sentido).

Recurso Terapéutico: escritura matutina

Dr. Mariano Ellison. Director clínico ME Salud.

Coronavirus y “palabritas de amor”

En la medida que se expande la epidemia brotan desde la consciencia colectiva estos charlatanes de turno que nos encomiendan unirnos en la ayuda del prójimo, enfrentar la adversidad y bla bla bla…

Recuerdo a mis 25 años, los primeros días de noviembre, cuando llegué a Lucca, la ciudad italiana que contaba con la población más envejecida del mundo. No lo sabía, pero mi espíritu me lo dijo cuando esa misma mañana fui a recorrer la ciudad.

Era época próxima a la Navidad y se percibía cierto clima festivo, sin embargo, ese día que marco mi odio por el antiguo continente me sentía mal sin saber por qué. ¿Por qué? Porque el mismo Espíritu del Señor me estaba diciendo algo.

Llegué a la plaza y desde mis impulsos inconscientes exclamé sorprendido: ¡No hay niños! Como te decía, tenía 25 años, me había recibido de psicólogo hacía poco tiempo y no pensaba en tener hijos. Pero es parte de nuestra naturaleza, si no protegemos a los niños no hay destino posible para el ser humano.

Pero esto no fue todo, “fui a parar” a la casa en la que se encontraba otro argentino que me dio lugar para pasar unos días. La casa pertenecía al sacerdote de una de las iglesias principales de Lucca. No te voy a sorprender con esto: encontramos pornografía infantil en la biblioteca. Eran libros y revistas en aleman, pero tenía allí un familiar que hablaba el idioma y hasta pude dar con el movimiento de religiosos que estaban en el asunto. Pero esto no termina aquí.

Mi amigo Carlitos, el que me dio lugar, tenía dos hijas pequeñas y se preocupó por la situación. Es una persona muy sociable y se había vuelto próximo a un par de “señoras mayores” que ostentaban buena posición económica. Él buscó cierta “protección” en ellas porque, de alguna manera, dependía del sacerdote para su residencia y para conseguir trabajo. Cuando les planteó la situación ellas le dijeron algo como esto: “que tus hijas estén lejos del sacerdote, pero si algo sucede, nosotras no vamos a delatarlo”.

Una pandemia detrás de otra pandemia

Creo que estos hechos me mostraron la sombra de una cultura que arrastra la paidofilia desde hace siglos y quizás por ello nunca quise regresar al viejo contiene a pesar de que tengo familiares allí que pueden recibirme. He permanecido en la insegura y subdesarrollada Sudamérica.

Estos hechos se sumaron a otros con los que pude constatar la “pandemia” de violencia y abusos que sufren los niños que, a diferencia de las feministas, no pueden realizar una manifestación en reclamo respecto de las atrocidades que sufren.

Investigué, y sigo haciéndolo, respecto de la violencia generalizada hacia los niños y oculta por la complicidad de los adultos. Escribí un libro, organizamos un evento con mi amigo y socio Lucas y el resultado fue: ¡fracaso absoluto!

A la hipocresía de las viejas italianas que encubrían al abusador tuve que sumarle una nueva tragedia: a nadie le importa realmente este problema. Aunque no lo creas, es así: a nuestra sociedad no le interesan los niños.

En el momento en que escribo, en Argentina, se han prohibido todos los eventos masivos debido al riesgo de propagación de la epidemia, exepto uno: las escuelas. La consciencia colectiva arguye que los niños están más protegidos en los establecimientos educativos que en sus hogares, pero puedo leer su inconsciente colectivo que dice: “no vamos a proteger a los niños”. Soy consciente de los pseudo-fundamentos del ministerio de educación y bla bla y bla.

Entonces…

¡Me quedé sin salida! Así de simple. Hace años que noche tras noche le he pedido a Jesucristo, en quién creo firmemente, que proteja a los niños. Supliqué y supliqué hasta que me rendí. ¿Cómo haría Dios, allí desde el cielo, para proteger a los niños? Ellos están en las manos de los despiadados adultos que los sacrifican a diario por su ego y sus seguidores en las redes sociales. Recuerdo esa estúpida madre mirando el celular mientras su hijito internado le pedía auxilio ante el pánico que sentía. Muchos piensan que soy antisocial, pero no, sólo me da asco esta gente.

De modo que no dejo de sorprendeme por esta acción inédita del Inconsciente Colectivo: es la primera pandemia -de la que tenemos noticias a través de la historia- que no tiene como primer blanco a los niños sino a los adultos mayores, y en mayor medida a los hombres que a las mujeres. Ayer en Italia se registraba en las personas fallecidas un 75% de hombres.

¿No te llaman un poquito la atención estos datos?

La naturaleza no está diciendo: “abrazo solidario”. Sino todo lo contrario:

“Todo sarmiento que en Mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto”; Evangelio según San Juan.

Coronavirus: una mirada desde la Psicología Junguiana

La séptima copa de la ira del Señor

<<Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón. El séptimo ángel derramó su copa en el aire, y desde el trono en el templo salió una fuerte voz que decía: ‘todo está hecho’.>> Apocalipsis 16, 16-17. RVC.

De un momento a otro nos encontramos asolados por una pandemia que no nos da tiempo a siquiera comprender lo que está sucediendo; su comportamiento en extremo caótico e impredecible no nos permite defendernos con una lógica clara. ¿Cómo hacerlo con un enemigo imperceptible al ojo humano?

Esta enfermedad contemporánea se relaciona con las vías respiratorias, puesto que -hasta donde sabemos- evoluciona hacia la neumonía dañando los pulmones y los alvéolos. El aire es la fuente de energía imprescindible que necesitamos los seres vivos; sin O2 perecemos en pocos minutos. Por lo tanto, algo en la naturaleza ataca nuestro primer recurso necesario para la vida o, en términos más preciosos, nuestra capacidad para obtenerlo.

Me llama la atención el hecho de que el Apocalipsis menciona que Dios descarga uno de sus castigos al hombre sobre el “aire”, símbolo que pone de relieve que éste se torna letal para el ser humano. ¿Puede tener esto alguna relación con la pandemia actual?

Este libro, que habla de una “copa de ira”, es un sueño y, como tal, sus imágenes y descripciones son simbólicas, esto significa que tienen un mensaje “encriptado”, oculto…

Racionalismo e industria

En el lapso de años que transcurre entre 1900 y 1950, el mundo experimentó dos guerras mundiales entre otras catástrofes globales. Estas situaciones llevaron a las mentes del momento a realizar una fuerte crítica al desarrollo de la civilización racionalista y tecnocrática que olvidaba los principios esenciales del ser humano, aquellos que lo vinculan con su origen natural y con su búsqueda de trascendencia y sentido. Entre los hombres que hicieron notar a la consciencia colectiva la tragedia de la técnica se encontraba Carl G. Jung. Por lo tanto, extraigamos de sus profundas observaciones algunas ideas que nos arrojan luz sobre esta enfermedad.

En busca de Sentido

Una ceguera histórica no nos permite reconocer una sabiduría milenaria al alcance de cualquier biblioteca doméstica:

<<Si comes del árbol del conocimiento, morirás.>>

Sentencia el primer libro bíblico que incluye el relato apocalíptico del Arca de Noé.

Es importante precisar algunas cuestiones, pero para esta tarea “escuchemos” las palabras de la naturaleza. Si lo hacemos, podemos notar dos características sobresalientes de esta pandemia que la hacen diferente de sus predecesoras:

Tiene como primer banco a los ancianos y,

A las sociedades más desarrolladas.

China e Italia se conectan misteriosamente en este comienzo del siglo XXI: se trata de sociedades muy desarrolladas técnicamente (me refiero a Milán, una de las metrópolis de mayor desarrollo industrial de Europa) y poseen una población que tiende a la longevidad. Decir que Italia posee la población más envejecida de Europa no significa que este país posee muchos ancianos…

¡No! ¡Definitivamente no!

Significa que es una sociedad en la que no nacen niños. ¡No nacen niños! Y esto no es un evento de la naturaleza, sino que representa una decisión de una consciencia colectiva compartida por millones de ciudadanos que han optado por el confort personal en lugar del esfuerzo y sacrificio que implica tener una familia y cuidar de los niños. Al respecto, todos tenemos conocimiento de las fuertes políticas antinatalistas que ejerce la dirección china.

El Inconsciente Colectivo, producto emergente de la naturaleza (quiero decir: “no es la mente oculta de un grupo de extraterrestres”) nos permite interpretar por el lenguaje el mensaje de la naturaleza: ella desaprueba el camino que hemos tomado en los últimos años como sociedad global.

A lo largo y a lo ancho de la historia, las epidemias se han propagado afectando en gran medida a los niños y las poblaciones empobrecidas; pero el comportamiento del coronavirus nos sugiere todo lo contrario. ¿No te parece un dato curioso?

Voy a sintetizar en pocas palabras lo que puedo interpretar del “mensaje” del inconsciente Colectivo:

Ancianos, ricos y antinatalistas: tarjeta roja.

Adultos medios: tarjeta amarilla.

Niños y jóvenes: tarjeta verde.

En un mundo multicolor, el claroscuro se impone – Parte II

Algunos dicen que los seres humanos podemos ver una amplia gama de colores mientras que los animales -correcto sería decir: ‘el resto de los animales’- sólo percibirían tonos de grises, entre el blanco y el negro. No obstante, esta descalificación de nuestros hermanos animales es puesta en duda frente a la potente visión de un águila, un lince o un felino nocturno cuya vista es superior a la nuestra. Entonces, ¿cuál es nuestra ventaja, si es que realmente la tenemos? ¿Nuestra visión es realmente superior a la del resto de la naturaleza o simplemente estamos negando con el orgullo de nuestro ego que somos realmente limitados? En pocas palabras y para no extenderme en un tema secundario, nosotros vemos el “partido de fútbol” de la vida en un TV de altísima definición, mientras que los animales perciben con todos los sentidos porque están en la cancha y son parte del juego.

¿Por qué te hago este planteo?

Hace 500 años los nativos de las tierras americanas fueron engañados por los avaros conquistadores que los deslumbraron con el brillo de sus telas e imágenes, quitándoles el oro de las montañas por el color de su propia imagen devuelta en un espejo. ¡Qué preciado valor tenía su ego!

Desde aquel tiempo, la estrategia ha sido infalible y como arquetipo que incesantemente puja por manifestarse, encarnamos generación tras generación esta trágica profecía reeditada por las redes sociales digitales.

Espejito, espejito; altar de nuestro ego te adoramos.

Sólo 1

Desde mi punto de vista, la cuestión no ha sido ni es la avaricia de los extranjeros -digamos, por ejemplo: ¡Instagram!-, sino el hecho de carecer de un criterio de referencia para poder discernir la substancia real del intercambio.

Cuando empleamos una red social para comunicar una imagen de nosotros mismos, se produce un intercambio manifiesto entre la divulgación masiva que la red realiza de nuestro ego y la información que obtiene de nosotros; sin embargo, existe otro “intercambio comercial” aún más incisivo: en nuestra propia Ánima o Ánimus hemos cedido el insight por el outside, abandonando el conocimiento interior.

Como hábil tentador, el conquistador no nos fuerza al abandono de nuestro mundo interno, nosotros se lo hemos entregado sin siquiera el más mínimo reparo, sin considerar las “implicancias” de este perverso contrato espiritual. ¿Por qué hacemos esto?

En muchas ocasiones, solamente dos tonos hacen más sencilla la toma de decisiones frente a la multitud de opciones.

Freud contra Dios

Es llamativo que Sigmund Freud (creador del Psicoanálisis) hablara de “represión” por parte de la religión siendo él mismo judío; me cuesta creer que él no supiera que los criterios antiquísimos de su pueblo no tienen que ver en absoluto con un rechazo de la sexualidad sino con el hecho de ofrecerles un criterio organizador.

Los mandamientos de la ley hebrea constituyen un principio activo -como el elemento activo de un fármaco que cura una enfermedad-, no buscan restringir un comportamiento sino organizarlo en base a un único referente. Repito: un único centro de atención.

La estética y el placer relajan la concentración del ser humano, no están mal de por sí, pero no sirven en absoluto cuando las personas atravesamos situaciones críticas en la vida. Figurémonos que, ante la pérdida de trabajo de un padre de familia, se le dijese:

Ve a la peluquería, córtate el cabello para sentirte más a gusto contigo mismo y luego cómprate un buen vino para relajarte esta noche antes de dormir.

Parece una broma; sin embargo, dudo de cuántas personas sabrían qué decir a un hombre en esta situación.

Es increíble el estado de humillación al que hemos sometido nuestra propia alma americana al dejar de lado el forjar principios (¡palabra repudiada por los grandes intelectuales de esta parte del continente!) que sean los promotores de valor en todos los planos de nuestras vidas.

La creación de valor de una sociedad no está dada por los recursos naturales, las nuevas tecnologías o el conocimiento que posee, menos aún por el capital o el socialismo; la creación de valor depende de, precisamente, “crear valor”, y esto sólo puede realizarse a partir de criterios con los cuales desarrollamos nuestro mundo interno, nuestra experiencia y nuestro accionar.

En un mundo multicolor, el claroscuro se impone

Libro sobre Psicología de la paternidad desde la perspectiva de la psicología junguiana. Presentación: día del padre 2020.

En un mundo multicolor, el claroscuro se impone

2000 años antes de Cristo. Un anciano se desplaza con su gente por las arenas del desierto de Medio Oriente: por delante, en búsqueda de mejores tierras para su familia y animales, por detrás, huyendo de la ciudad donde la civilización concentra múltiples oportunidades de intercambio comercial.

Como a todo hombre de aquella época, la obsesión de un dios lo conduce hacia una promesa. Un dios, uno solo; en ello radica el nudo de su conflicto con sus contemporáneos. Pero él no tiene una imagen para su dios, una forma esculpida con la que representarlo, ni siquiera un nombre para designarlo.

Debe huir porque la confrontación entre su espíritu y el de sus coetáneos ha llegado a niveles exacerbados de los que su pequeño dios es símbolo frente a la gran Reina del Cielo, divinidad de prosperidad tanto para hombres como para sus tenencias. Frente a la diosa de la fertilidad, la guerra y el comercio, el innombrado no tiene algo por hacer.

Su fortísima intuición es la que lo conduce día y noche sin descanso. Para sopresa de sus familiares y esclavos, la tierra esperada es hallada y un mejor lugar recompensa la intuición del anciano visionario del alejamiento del progreso de la ciudad de su época.

Por algún motivo que no comprende él se siente más libre a distancia de la multitud de recursos y bienes, algo gestado en su interior hace que encuentre mayor satisfacción en su instinto de búsqueda incipiente de significado que en el poder de aquella figura materna y sensual que, mientras a otros exita, a él le hace abominarla.

La tierra que buscó no fue meramente un lugar con mejores condiciones de vida, sino un espacio de libertad interior en el que permitir la expansión de su experiencia, la cual, en medio de una sociedad de múltiples ofertas no podía desarrollar.

Un impulso místico en un hombre muy primitivo, un rechazo de lo múltiple y la búsqueda de lo único. Su confrontación permanece 4000 años más tarde, por fuera y por dentro de cada corazón humano. El pequeño dios sin nombre todavía vive, no así la diosa de templos y esculturas de su época. Un poder dominante por concentración de la energía interior; frente a él, esgrime el florete otro poder cuya dispersión reiteradamente desagota su energía por sus múltiples filtraciones.