Angustia

Angustia: el día que Jesucristo dio cátedra a la Psiquiatría

La Medicina contemporánea parece muy bien entrenada para anestesiar nuestras consciencias y no dejar percibir en lo más mínimo, ninguna cualidad que nos distraiga de nuestro “rol social”, por nada del mundo debemos quitarnos la careta con la que afrontamos el día a día.

Algo de esto sucede con la denominada “ansiedad”: si observamos sus síntomas (palpitaciones, sudoración de manos, hiperactividad, reacción desmedida ante una determinada situación, etc.) tomamos nota que posee las mismas reacciones que el miedo. Lo que sucede es que la ansiedad es el miedo. Sólo que nos avergüenza en demasía decir que tenemos miedo y la ciencia surge en auxilio de nuestro Ego herido explicándonos que lo que tenemos es otra cosa, ansiedad, que tiene que ver con un cambio neuroquímico en nuestro cerebro y ante lo cual no tenemos nada que ver, es sólo una circunstancia casual que cayó sobre nuestro destino, pero somos libre de estar implicados en esta situación.

Todavía peor es lo que sucede con la Angustia: nuestro Ego y la Psiquiatría se hallan embarcados en la misión de erradicarla de nuestras vidas. Sin embargo, cometen un grave error que sólo conduce a “un vaciamiento de sentido de la existencia”. Puesto que la angustia no es el problema, sino la cura.

Para comprender esto, en primer lugar necesitamos saber que angustia y ansiedad-miedo no son lo mismo: el miedo es un sentimiento, pertenece al ámbito de las emociones; en cambio, la angustia es una sensación, pertenece al ámbito del cuerpo. Tanto las emociones como las sensaciones poseen un registro psicológico (la mente toma consciencia de ellas), pero es diferente el proceso en una y otra.

La angustia se percibe con el cuerpo, allí, en el pecho, y no tenemos palabras para poder expresarla; éste es su rasgo distintivo. Al miedo lo podemos describir perfectamente, a la angustia ni en lo más mínimo.

Es difícil de creer y de soportar, pero lo que produce el desarrollo personal es la angustia, puesto que ella genera en la psiquis humana un nivel muy alto de energía (tensión interna) la cual podemos aprender a orientar hacia fines positivos, incluso saludables. Un artista comprende perfectamente que necesita esta tensión, puesto que de ella brota su inspiración. Atahulapa Yupanqui dijo: “el dolor se vuelve canción”.

Jesucristo -que no era científico, ni filósofo, ni teólogo, sino un curador- expresó esto del siguiente modo:

“Entren por la entrada estrecha [angustiante]; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella [Ego-comodidad]; más, ¡qué estrecha [angustiosa] la entrada y qué angosto [angustiante] el camino que lleva a la Vida!, y pocos son los que lo encuentran [porque la mayoría se evade].” Mateo 7, 13-14.

Jesucristo hablaba en arameo, el texto precedente se escribió en griego, y la traducción “oficial” está hecha en un determinado contexto, por lo tanto, son posibles estas opciones de traducción hacia “el lenguaje de la Psicología”. Más aún: angustia significa “angosto”, “angostamiento”, “estrechez”, de allí proviene el origen de la palabra.

¿Por qué un curador dijo esto?

Porque la angustia produce la tensión vital que es necesaria que se movilice en la psiquis humana para poder producirse la sanación. Esta incomodidad, “estrechez”, mueve en nosotros el DESEO de curarnos, y cuando no es posible la cura nos lleva a la búsqueda de un sentido espiritual, profundo de la existencia. Nada de lo cual es posible si anestesiamos nuestras percepciones con psicofármacos.

¡Ven! ¡Y conoce, el Otro Lado de la Fuerza!”

[Nota: cabe aclarar que no estoy en contra del uso medicinal de la farmacoterapia, sino del uso abusivo de la misma que no indaga en las razones del sufrimiento humano].

Insomnio

Samuel se despertó tres veces en la noche creyendo que su mentor Helí lo llamaba o lo molestaba con los achaques de la vejez. Sin embargo, Helí no lo había llamado ni molestado. Samuel padecía una clase de insomnio que lo hacía despertarse frecuentemente de noche, no pudiendo descansar naturalmente y sin comprender por qué le sucedía esto.

“Entonces Helí le dijo que tome un psicofármaco…”

¡Es una broma! No fue esto lo que sucedió, porque el maestro judío era sabio y comprendía que lo que no dejaba dormir a Samuel provenía de su profunda interioridad y que este impulso no debía ser aplacado sino comprendido. Helí le dice al joven Samuel que permanezca en su lugar, en la noche, que no busque la ayuda del maestro y que se predisponga para escuchar…

Es increíble la incomprensión que tiene la ciencia (no sólo la médica, la psicológica también) por lo que sucede en lo intrapsicológico profundo. El insomnio no es un problema menor, un ser humano no puede estar más de cinco días seguidos sin dormir porque moriría y, sin llegar a este extremo, el insomnio prolongado en el tiempo produce problemas cardíacos en el ser humano. No obstante estas amenazas, no es correcto forzar el dormir cuando éste no se produce naturalmente, sino que es preferible comprender las razones por las cuáles se produce.

  • A veces son factores cotidianos, relativos al trabajo muy próximo al horario de descansar, el exceso de café o el deporte nocturno. Estos aspectos de la cotidianeidad que inciden negativamente en el sueño deben ser considerados ante la presencia del insomnio.
  • Desde otra perspectiva, puede decirse que cuando el sistema nervioso no permite ingresar naturalmente al estado de adormecimiento es debido a que detecta un factor al cuál debe prestarle atención y que le representa un problema que no puede resolver. Dicho problema crítico ha de ser relevante puesto que impide una función autónoma (el sueño).
  • Aun así, existe otra configuración psíquica en la que se produce el insomnio que puede estar o no relacionada a los factores antedichos.

Toda época tiene lo que se denomina “espíritu de la época” (Jung) o mentalidad de un determinado tiempo y lugar cultural. Esta cosmovisión popular rige nuestra cotidianidad, es un paradigma de pensamiento a través del cual explicamos lo que nos sucede y de donde obtenemos los pensamientos que rigen nuestro actuar. De modo subterráneo, toda época posee en su Inconsciente Colectivo un pensamiento divergente que se ha denominado “espíritu de la profundidad”, el cual remite a la sabiduría milenaria que acumulan las civilizaciones referida a temas trascendentes (no solamente de contenido espiritual, también el arte, la música, entre otros, se hallan en este plano).

El insomnio es relativo a una hiperexcitación de una zona del cerebro humano en el Neo-Cortex, la capa más evolucionada de aquel, que implica la racionalidad y el control de nuestra vida día a día. En el espíritu de nuestra época se halla el activismo, nuestras tensiones y preocupaciones, aquello que nos abruma.

El sueño nos lleva a un plano alterado de consciencia y conecta con aquel espíritu de la profundidad. Por lo tanto, el insomnio es una especie de conflicto entre una mentalidad y la otra y se produce para romper aquello que de lo cotidiano daña la mente humana. Esto que daña la psiquis humana no es un trabajo, un problema, o lo que fuere, sino el “Ego-control”. Nuestra educación racional tan valorada nos desarrolla la ilusión de que estamos en control de nuestras vidas y que ello es el objetivo máximo de un hombre o mujer; sólo es necesario una vivencia de límite real para que tomemos consciencia que esto es un error: de ningún modo controlamos nuestro destino y no tenemos la más mínima posibilidad de hacerlo.

El espíritu de nuestra época, nuestra cotidianidad, se rige por la razón y su capacidad de planificación futura (germen de ansiedad). El insomnio rompe con ello y nos conduce a un agotamiento extremo y aún a la depresión de nuestra energía mental. Nos lleva a un proceso psíquico divergente del de la racionalidad y que es el de la “percepción inconsciente”, asociado a los estratos más profundos de la corteza encefálica, relacionados a las capas evolutivas que tenemos en común con reptiles y aves.

¿Qué te fumaste en la Facultad de Psicología? Alguno estará pensando…

CEREBRO ANIMAL:

Neo-cortex: sólo desarrollado en humanos – incipientes en otros mamíferos.

Cerebro mamífero: todos los mamíferos lo tenemos en común, también denominado cerebro medio o límbico.

Cerebro reptiliano: es el predominante en reptiles y aves, se halla en la parte más interna de nuestra masa encefálica.

“¡Nuestra capacidad racional es lo más elevado que tenemos y lo que nos distingue como humanos!”

– ¿Lo dijo un nazi? No, un teólogo… o un filósofo… da lo mismo.

Estos razonamientos egocéntricos se refutan con Biología del secundario: la naturaleza en su evolución deja en el interior lo más importante y en el exterior de los organismos lo menos valorado, porque de esta manera protege las estructuras fundamentales ante los traumatismos externos: la musculatura externa protege los huesos, la estructura ósea a su vez protege a los órganos internos, puesto que éstos son fundamentales para la vida.

Pero volvamos al insomnio, lo que pretendemos decir es que el mismo responde a una necesidad de la psiquis humana de cambio en el proceso de pensamiento, que debe dirigirse hacia menos control racional y mayor percepción emocional-sensitiva.

Tips para el insomnio: El ritual del adormecimiento.

¡Olvidé mencionar un factor de insomnio! La falta de sexo. ¿Puede ser?

Una manera sencilla de favorecer el adormecimiento es prepararlo como si se tratase de un acto sexual ritual, de un encuentro con un otro. Dejar de lado paulatinamente todo lo relacionado a nuestro hacer del día (comenzando por apagar el celular y desconectarse de Facebook, ¡sin TV! -¿tengo que explicar esto?), tal vez escuchar una música suave (¿lleva un poco de tiempo? No te preocupes, menos que el insomnio), un vaso de vino para el que le gusta, tal vez un libro que no tenga que ver con nada de nuestro hacer y esperar, en silencio… el tiempo que sea necesario. ¿Hasta dormirme? ¡No! Hasta oír la voz de la profundidad… Recién luego ESO te va a dejar en paz.

“Zapallo, verdura, ¡los griegos a la basura!”

[Éste es el título que cobardemente no me animé a colocarle a un examen final de la facultad.]

El tema de la percepción no es menor. Basta estar perdido en un lugar extenso para comprender qué tanto sirve la racionalidad limitada al horizonte de visión. Valoramos el desarrollo de nuestro Sistema Nervioso Central (SNC) en la línea evolutiva de los mamífieros y olvidamos que existe una línea de esta evolución que es divergente, que tiene una masa encefálica menos desarrollada pero que es muy adaptativa: las aves. En ellas la percepción visual y auditiva prima sobre las funciones más privilegiadas en mamíferos.

– ¿Quién es el mejor cazador?

Por eso os digo, no os preocupéis[Ego-control] por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis [espíritu de la época]. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? [la naturaleza protege las estructuras internas] Mirad las aves del cielo [la línea evolutiva divergente con la nuestra], que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros [sólo se dedican a percibir -y necesitan menos masa encefálica que nosotros], y sin embargo, [¡Y sin embargo!] vuestro Padre celestial [la Naturaleza les dio un mecanismo satisfactorio de supervivencia] las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?… [¿No se supone que somos más inteligentes?] Mateo, 6, 25-26.

Creo que extraje este texto de un manual de Biología… ¿si?

* * *

¿Por qué hablar del insomnio en esta sección? Porque el marco teórico que empleo tiene relación con la Psicología Analítica de Carl Jung, a partir de la cual se infiere que JesuCristo es el Arquetipo más poderoso del Inconsciente Colectivo de Occidente, ello significa que posee una atracción “magnética” hacia otros patrones de referencia, haciendo que éstos se orienten hacia él.

Psicólogos en Argentina

En el año 2005 se publicó una investigación por Universidad de Palermo (Alonso) en el que se informó que había en Argentina 56.000 psicólogos, lo que representa al país como el de mayor proporción de psicólogos por habitante de todo el mundo, equivalente a 154 profesionales por cada 100.000 habitantes, lo que constituía al momento de la investigación un crecimiento de casi el 50 % en los últimos cinco años. Es un dato relevante; nos interroga acerca de a qué podría responder este fenómeno social.

Para situar este interrogante, consideramos que la cultura occidental se halla establecida sobre dos pilares paradigmáticos de su pensamiento o cosmovisiones: el cristianismo y el pensamiento griego del siglo V a.C.

Los psicólogos, como profesionales de la salud mental, son una institución contemporánea de nuestra cultura, sus comienzos se pueden situar hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX. Sin embargo, el arquetipo cultural que encarnan no es contemporáneo sino antiquísimo, dicho patrón transcultural es el del sanador, mezcla de investigador con chamán. Hasta donde hemos observado, todas las civilizaciones conocidas lo tuvieron. Inclusive, se destaca en la mitología griega la leyenda de Quirón, el “sanador herido”.

Con la emergencia de la sociedad industrial (posterior al Siglo XVIII), la Medicina quedó absorbida por sus encantos positivistas y el espíritu del arte de curar se retiró de ella. La Medicina trastoca el arte de sanar por la “industria de curar”.

Empero, sucede otro fenómeno, quizás aún más importante y previo a la Revolución Industrial: la teología cristiana-católica desarrolla una extraña adoración por una diosa griega: la Filosofía (san Agustín retomó a Platón en el siglo V y Santo Tomás de Aquino a Aristóteles en la Edad Media). Es precisamente la teología tomista la que conduce este camino al extremo y hacia un abismo en el que la Fe como experiencia mística y trascendente es asfixiada literalmente por la Razón griega (pre cristiana y construida con fines políticos de dominación –Platón era un político que construía su relato a través de la mitología, con la finalidad de lograr la adhesión popular a su voluntad).

Esta auténtica idolatría realizada por los teólogos católicos deja un lugar vacante: a nadie ya le interesa sanar las almas (la Medicina se ocupa de arreglar engranajes de un mecanismo y la Teología de dar razones filosóficas a problemas de hace 2500 años). El arquetipo queda libre y disponible para quien quiera servirse de su poder. Y los psicólogos lo tomamos. Para ser más sinceros, fueron los psicoanalistas quiénes lo hicieran (una especie también repudiada por la teología católica).

Por lo tanto, la SOMBRA es una necesidad oculta que tanto la ciencia como la teología rechazaron. ¿Cuál es esa Sombra? Curar por EMPATÍA. Los médicos pretenden cada vez alejarse más de su paciente, que ya cada vez menos es tocado por ello sino que introducido en máquinas que lo analizan técnicamente; los teólogos se esconden tras un ritual que les de seguridad… ¿Qué le pasa a la gente de este planeta?

Retomando la idea… “curar por empatía” no es un acto, ni una técnica, menos aún una racionalidad griega; curar por empatía es un Arquetipo del Inconsciente Colectivo. Quién representa ese arquetipo en nuestra cultura es Jesucristo. La teología lo transformó en un filósofo, un pedagogo de reglas morales o una estatua en un santuario. No obstante ello, si miramos los pocos rastros de su historia, lo primero que vemos es que era un sanador (de cuerpo, mente y alma, puesto que la civilización oriental judía no separaba estos términos sino que consideraba al hombre una sola cosa). Esto, permanece en la oscuridad para la teología.

El catolicismo cometió un error estratégico: en vez de tomar la mitología griega y reconducirla hacia sí (por ejemplo, tomando el mito de Quirón para explicar el carácter sanador de Jesucristo –que es similar), hizo lo contrario, llevo la experiencia cristiana hacia la Filosofía, desechando la mística por ser “irracional” y “no demostrable”, terreno de “mentes perturbadas”.

“David y Goliat”

Cuando se trata de Latinoamérica las malas noticias suelen tener 500 años de historia, como mínimo. Desde nuestro perspectiva, este arquetipo inconsciente que retoma la psicología clínica viene a intentar destronar otro arquetipo, un “ídolo” que adora América Latina y cuyos orígenes se enraízan con la sumisión de las dos terceras partes del continente: el de la madre pseudo-protectora que brinda seguridad, consuelo y no permite el afrontamiento del mundo real, finalmente insensibiliza como a un niño egocéntrico que sólo piensa en la satisfacción de sus necesidades inmediatas. ¿Un psicólogo versus la Virgen de Guadalupe? Creo que David tenía mejores “probabilidades” contra Goliat…

En fin… los psicólogos se insertan en la Sombra de JesuCristo, acorde a la matriz de pensamiento occidental que brinda esa disposición del Arquetipo del Sanador, en zona de conflicto con la Ciencia y la Teología.

Padres separados y abandono (parte 2)

Padres separados. El doble abandono – Parte 2

A partir del momento en que Abraham abandona a su hijo y su madre, el relato bíblico adquiere mucha crudeza en cuanto al destino de Agar e Ismael. Las provisiones del padre abandonador duran poco tiempo y no sirven para afrontar la adversidad del desierto. Rápidamente Agar toma consciencia de su impotencia, su frustración y su dolor; pierde toda fuerza y toda esperanza, hasta el punto de abandonar ella a su hijo para no verlo morir.

Puede comprenderse una reacción natural de la mujer que cría y es abandonada por el progenitor, cómo consecuentemente ella también actúa de modo similar, abandonado a su hijo. La mujer sola recibe una presión muy alta que la impulsa a adoptar comportamientos de abandono con su hijo si se siente amenazada por un contexto adverso. De este modo, el abandono del niño/a resulta doble y de gran impacto para su psiquis.

Sin embargo, allí sucede algo trascendental: en ese doble abandono interviene Dios para salvar al niño. Significa que allí, se hace muy presente el accionar de los mecanismos de defensa primitivos de la psiquis humana (el Self), proveyéndoles a la madre y al niño, POR LA PRESENCIA DEL NIÑO. Pareciera como si Dios y la naturaleza dispusieran de una enorme cantidad de energía para defender a los niños, tal vez aquí radica el origen del Self como sistema defensivo, tanto a nivel individual como colectivo.

Es tan trascendente esta soledad y abandono en el desierto para el hombre, que se repite como parte del proceso espiritual del varón en los denominados “ritos de iniciación”, y allí, otra vez, el mecanismo psíquico defensivo se hace presente. De modo que si el ser humano busca la presencia de Dios, debe ir al desierto. Justamente la dirección contraria a la del hombre contemporáneo, que busca el confort y la satisfacción de sus necesidades, no comprendiendo que allí no crece; puesto que otra cosa que destaca el texto bíblico es que Ismael creció en el desierto.

La mujer independiente

Mientras el hombre abandona, destruye y mata en pos de sus ideas, Dios le dice a Agar que tome de la mano al niño y lo conduzca en su vida, porque hará de él una gran nación. En los siguientes párrafos bíblicos se puede ver cómo esta mujer esclava lleva adelante las acciones propias de un padre con un hijo, y cómo Dios la asiste y bendice para ello. Supongo que en Agar pueden verse consoladas y fortalecidas muchas mujeres que han tenido que criar solas a sus hijos, allí pueden ver la certeza de la protección espiritual y cómo ellas deben actuar con sus hijos.

Algunos versículos más adelante en el libro también se verá que Dios hace de Ismael doce tribus, el mismo número que los hijos de Israel.

Padres separados y abandono (parte 1)

Padres separados y abandono – Parte 1

La moral católica acostumbra hablar de grandes ideales entre los que a menudo se encuentra el modelo de la mujer madre y dedicada a su casa; pensamos en la “Virgen María”, la mamá de Jesús (una verdadera ficción, puesto que a ciencia cierta poco se sabe de su vida), y tantas otras que han sabido y podido desarrollar una familia armónica, pero… esto no ha sido posible para todas, y aquellas otras mujeres que no pudieron realizar el ideal cultural quedan arrojadas a la sombra de la culpa y a considerar que su situación no es bendecida por Dios, sin embargo, ello es un error inducido por “los dueños de Dios”, aquellos que creen que saben qué es lo que Dios piensa y decide.

En el primer libro de la Biblia (Génesis) encontramos un hecho significativo como arquetipo de relaciones de padres separados que nos permite debatir algunos puntos. En el capítulo 21 se relata la historia de Abraham con su hijo primogénito Ismael, a quién decide abandonar junto a su madre Agar en el desierto por presión de Sara, la madre de su segundo hijo (Isaac).

En esta historia podemos apreciar en primer lugar una reacción instintiva y muy frecuente en una mujer frente a otra mujer ante la presencia del varón: una actuación territorial, posesiva y egoísta, con un elevadísimo nivel de competitividad destructiva; cualidades que solemos atribuir de modo excluyente al varón.

Tal vez se trate de instinto materno, no lo sabemos, lo que sí sabemos es que Abraham no se cansa de cometer errores y de fallar como padre, arrojando al desierto y a la carencia a su primogénito Ismael. Se trata de un hombre débil como padre, cuyo único soporte masculino termina siendo la intervención de Dios en su vida y su gran fe. Desde una perspectiva psicológica, no es Agar quién hace ilegítimo a Ismael, sino el mismo padre Abraham al rechazarlo (sabemos que después quiso matar a su segundo hijo).

Se observa una situación similar a la de Edipo Rey, dónde un hombre débil es sugestionado por una instancia femenina fuerte, en la cual en su debilidad se apoya, para terminar actuando en rechazo del hijo y abandono letal.

Otro aspecto que muestra el texto bíblico se refiere a la dependencia de Abraham hacia su mujer Sara, donde prefiere ceder a su presión antes que salvar a su hijo, y aun cuando éste era su primogénito varón, cualidades muy valoradas en los pueblos primitivos.

De modo que si unos capítulos atrás el mismo libro del Génesis decía que Dios castigaba el pecado de Eva con la dominación masculina, ahora muestra la dependencia emocional del varón hacia la mujer. ¿Contradicción?

Estamos acostumbrados a pensar que el varón es competitivo, violento con su par, que no comparte como si se tratara de un perro con su hueso, pero… ¿qué es esta actitud de Sara que no quiere que su hijo comparta la herencia con su hermano? ¿Qué es esta voluntad concretada de arrojar a la otra mujer con su niño a la privación total? Si esto no es un deseo de muerte está muy cerca. Es increíble ver cómo a lo largo de la historia humana, se van dando estas divisiones por odio y rencor.

Si bien la tradición religiosa realza todo el linaje hebreo que parte desde Abraham a través de su segundo hijo Isaac, pienso que Dios también tiene su lado oscuro o sombrío, aquel que va por el sufrimiento, y que muchas veces mira con preferencia.

Sara le dijo a Abraham: “Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con mi hijo Isaac”. Aquí se plantea un fenómeno psicológico destacable, que muestra cómo un hombre dependiente de una mujer recibe un conflicto por parte de esta, que no puede procesar; Sara le inocula a Abraham un veneno para el cual no tiene defensa y, lo que es necesario apreciar, ese veneno es drenado por el padre hacia el hijo, el cual resulta excusa y acusación de la mujer, y recibe inocentemente el mayor daño en todo su ser.

De modo que Abraham termina siendo un conducto directo desde el odio de Sara hacia la victimización de Ismael. No hay defensa para el niño, puesto que el defensor natural es el padre y éste ha sido vulnerado.

Pienso que ésta es una situación frecuente del varón contemporáneo, que aún no logra resolver y que muchas veces lo lleva hacia caminos erráticos, que involucran la violencia hacia sus hijos o algún tipo de modalidad de rechazo de la mujer, como la violencia por ejemplo.

Surge otro interrogante, en defensa de Sara:¿por qué Abraham estaba dividido en dos mujeres y dos hijos de madres diferentes? Es un típico caso de hijos con padres separados. Pienso que esta división es parte de Abraham, de su Self, de su interioridad; dividido entre dos partes de su ser que no sabe reconciliar y que se exteriorizan en estas divisiones. Quizás estas dos partes representan a su fuerza física capaz de engendrar naturalmente y a su fuerza espiritual, que engendra desde la debilidad y la impotencia pero con fe en Dios.

Estas dos partes, supongo, no tendrían que oponerse y enfrentarse, sino asociarse y potenciarse mutuamente. Lamentablemente esto no sucede y el padre del judeocristianismo termina dividiéndose (Isaac tampoco se salva del odio asesino de su padre que llega al punto de decidir asesinarlo).

Mientras que Sara y Abraham envían a Agar e Ismael a la escasez de todo bien y a la desprotección absoluta, Dios decide proteger esta célula de vida; y no sólo eso, sino hacer del primogénito una gran nación; quién más tarde también tendrá doce hijos como las tribus de Jacob-Israel.

Cuando Dios le dice a Abraham que haga “como Sara dice” creo que está reconociendo la dependencia del hombre por su mujer, aceptándola de alguna manera, pero no por ello felicitando la determinación. Un Dios muy respetuoso de la debilidad humana, cuyas argumentaciones muchas veces responden a las limitaciones de nuestros paradigmas perceptuales.

El nacimiento de la sombra

Pienso en el momento en que Jesús leyó o escuchó por primera vez este pasaje de la Toráj, probablemente de niño, me inquieta saber qué habrá meditado, cómo recepcionó su corazón esta historia, si pensó en Abraham el padre de la fe de Israel, si acaso se puso a pensar en los dos niños, hermanos separados; me pregunto si tal vez pensó cómo sería tener un hermano mayor alejado… no lo sé.

Volviendo al texto, puedo reflexionar acerca de lo que Agar representa para Abraham, tal vez su lado esclavo, antiguo, del que quiere salir y liberarse. Muchas veces el hombre piensa en una liberación del pasado que consista en no recordarlo nunca más, y muchas veces es la mejor opción, pero no siempre lo es; en otras ocasiones el pasado debe ser asumido, procesado y si, en cambio, es rechazado, se transforma en la sombra del yo. Tal vez con Ismael nace la sombra de Israel, producto del rechazo de… los propios errores cometidos y sin intención de ser aceptados.

De alguna manera, la ley de Israel (la Toráj) planteó esta exclusión de lo otro, lo ajeno, lo aberrante para el yo, por medio de la prescripción de la norma, pero ello fracasó rotundamente, porque lo otro es parte del yo y ello no se puede rechazar. Sólo Jesucristo se da cuenta de eso e incorpora en el Self de Israel y su propio Self toda esta ajeneidad rechazada.

Ahora Ismael pasa a ser la sombra de Abraham, y desde allí actuará, desde el desierto y la privación total; es el engendramiento de la sombra y la pobreza, de la diferencia, de la rivalidad, del odio. Todas estas representaciones de la realidad son arrojadas sobre las espaldas del niño Ismael.

El fin del patriarcado

Se habla hasta el cansancio acerca de que las “nuevas generaciones” no tienen límites, no respetan ninguna autoridad, no tienen “normas” o “ley” (según los psicoanalistas); sin embargo, éste parece ser un planteo acorde al paradigma del patriarcado, donde una autoridad coactiva y violenta impone su orden y una organización a sus súbditos o alumnos.

El patriarcado es sin dudas una faceta del padre, pero no es la única ni la más evolucionada. Este padre que impone la ley es el que tiene un cierre definitivo con la crucifixión de Jesús; toda la tradición judía representada por los fariseos de hace 2000 años es la que lo clava y mata en la cruz: es el Padre-Ley que mata al hijo, que no lo deja ser libre desde su propio espíritu. De este modo, con el elevamiento de un hijo asesinado por su propio padre (la ley de Moisés –el Dios precristiano), queda en evidencia que el paradigma patriarcal es homicida y filicida (como lo demostró más tarde la “Santa Inquisición”).

Con la muerte del hijo se produce un retorno de lo rechazado: su Espíritu de libertad. Este cambio de paradigmas deja un marca en la psiquis [individual y colectiva], que no es la marca de la Ley sino la marca del don. Se abre una nueva etapa, una nueva mentalidad y una nueva faceta del padre: el padre es el que dona, el que transmite su herencia al hijo.

Por medio de la crucifixión y muerte, Jesús se vuelve el Padre y hace lo que el padre-ley (Moisés) no hizo: crea una identidad empática y la dona, la transmite.

De este modo, la Pascua (el paso a través del sufrimiento y la muerte) es un acto de empatía de Jesucristo con la comunidad, el 100 % de sus neuronas espejo funcionando en contemplación del otro… del otro ser humano, hasta del “impuro” que la ley judía y patriarcal de aquel tiempo segregaba.

El acto de Jesús dice: la empatía con el sufrimiento de otro ser humano lo sana. De modo similar a como el tejido nervioso drena la tensión interna del sistema, también los seres humanos podemos hacer esto unos con otros, si estamos “conectados” afectivamente. Por ello, mucho de la ley moral que juzga al bueno y al malo y los polariza, produce la exclusión y la obturación de la empatía.

Tiempo pre-cristiano

  • Ley y tradición
  • Padre como agente limitante y “castrador”
  • Letra escrita (las tablas de la Ley)
  • Patriarcado: interacciones de sumisión y violencia

Tiempo cristiano

  • El nuevo padre (Jesucristo) deja su marca (la empatía con el sufrimiento)
  • Padre como agente que dona una herencia al hijo
  • Afrontamiento del mundo externo
  • Fratriarcado: comunidad.

Lo que produce el cambio de realidad y de paradigmas es el paso del ser humano por la angustia, que en última instancia siempre es angustia de muerte. Ésta es la Sombra que no podemos soportar y que al mismo tiempo tampoco podemos evitar.

Cuando la vida te descarta (no-hacer III)

Llega una determinada edad en el transcurrir de las personas en la que empezamos a dudar acerca de qué es lo que estamos haciendo en este mundo y de cuál es la posición en la cancha en la que la vida nos ha colocado. Pronto nos damos cuenta que ya no somos titulares en este partido, sino que estamos en el banco de suplentes… ¿Qué es lo que sucede? ¿Algún poder invisible nos está descartando?

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¿Cuándo el Inconsciente Colectivo te descarta?

Cuando la vida de un ser humano deja de tener sentido creativo, cuando una persona “mecaniza” su vida de tal manera que ya no surge nada profundo que pueda conectarla con los significados más antiguos de la humanidad -ésos que nos llegan a través de los relatos de mitos y leyendas, fábulas y cuentos de hadas-, el Yo de ese individuo deja de “vivir esos símbolos”, deja de estar “conectado” con los arquetipos y patrones más antiguos -y al mismo tiempo permanentes de la cultura humana-; cuando eso sucede lo advertimos como una pérdida de sentido de nuestras vidas, como un menoscabo palpable de energía en nuestras sensaciones. Literalmente: nos vamos marchitando.

Entonces, algo aún peor nos ha sucedido: el Inconsciente Colectivo nos ha quitado su atención, ya no nos convoca como al actor principal de la película de nuestra propia existencia sino que meramente nos “subsidia” el resto de una vida lánguida en energía psíquica. Para comprender en su cabal magnitud esta afirmación, es necesario tener presente que en la Psicología Junguiana el Inconsciente Colectivo está vivo, tiene voluntad propia e independiente del Yo de cada individuo. Por lo tanto, puede descartarnos como si simplemente dejara de regar una planta para esperar que naturalmente se seque y sólo sirva de material de carbono para alimentar a un nuevo ser en la próxima generación.

¿Cuándo? ¿Cuándo sucede esto?

Como lo expresé: cuando nuestra vida deja de estar ligada, relacionada, a los mitos y creencias más antiguos de nuestra civilización. El espíritu de este tiempo, la mentalidad de una determinada época, la controlan los órganos sociales de poder y control; sin embargo, las masas a lo largo de la historia la controlan las ideologías y los sistemas de creencias -subjetivos, inmateriales- y no el poder material.

La producción de estructuras de significado racionalistas (digamos por ejemplo: pagar el crédito del auto todos los meses) fija nuestra energía psíquica en esos objetos y restringe la posibilidad de nuevas ideas libres. Más aún: podemos fijar nuestra propia imagen en una especie de “auto-idolatría” a través del perfil público en una red social.

Un mensaje para psicólogos

Este breve ensayo no está dirigido al público general (que también está invitado a leerlo), sino a mis colegas:

Un psicólogo que no puede entrar en la profundidad del símbolo no tiene razón de ser en esta sociedad.

Una enfermedad no te descarta, la pobreza no te pone en el “banco de suplentes de la superliga”, una limitación no te quita la mirada del Inconsciente Colectivo… si seguís produciendo símbolos; y las personas que debemos ayudar en esta tarea a otras personas somos los psicólogos en este momento particular de la historia de la humanidad. Pensá en aquella joven mujer argentina que escribe un diario íntimo para su hijito porque sabe que ella va a morir y ese cuaderno se transforma más tarde en un libro con el que ella atraviesa la misma muerte.

¿Para qué sirve un psicólogo que no puede conectar a las personas con el espíritu de la profundidad? Estimados psicólogos, colegas y amigos:

Dejen de vender su alma en Instagram y Netflix y pónganse a estudiar mitología.

Soy un poquito ácido en este comentario por una razón; Instagram idolatriza la imagen del Ego (en la que se enquista la psicopatología que nosotros intantamos resolver) y Netflix industrializa los símbolos (los cuentos de hadas), con lo que los encierra en un sólo significado posible (el que le da el productor) y cierra la posibilidad de múltiples sentidos e interpretaciones, que es desde donde surge el potencial de energía que nos trae el Inconsciente Colectivo. ¿Por qué, por qué y por qué? Porque las historias mitológicas permiten ser revividas, reeditas en nuestras vidas a lo largo de miles de años; una mujer hermosa que me tienta hoy como una sirena a Ulises en su retorno a Ítaca es el mismo símbolo con el que se animó a cruzar el mar un marinero de la época de Homero, ¡hace 2800 años!; sin embargo, la mujer de la que me quedo prendado no es la misma que la de aquel marinero sino que el mismo arquetipo se “reencarna” en nuevas personas y así logra seguir viviendo. Los personajes de una serie televisiva no se van a reeditar en nadie; no estoy en contra de estas producciones que responden al espíritu de nuestro tiempo, ellas tienen su importante razón de ser, sino que estoy en contra de que los psicólogos nos adiestremos con ellas.