Narcotráfico y violencia: un toque de Dios

“Yo doy la vida, y yo la quito;

yo hiero de muerte, y yo devuelvo la vida,

y no hay nadie que pueda evitarlo.”

Creo que con esta nota voy a ganarme el odio de la mitad más uno de los lectores…

A veces no termino de darme cuenta si los políticos y aquellos que supuestamente luchan contra el narcotráfico “son o se hacen”; si realmente son grandes hipócritas o no se dan cuenta de lo que dicen. Pero, después de mirar el ridículo intento del presidente uruguayo Mujica por legalizar la producción y distribución de marihuana, no me queda otra opción que pensar que no se dan cuenta.

Ridículo intento porque es imposible, porque no entiende la lógica social en la que se inspira el fenómeno y que implica que todos los intentos de control vayan a fracasar. El narcotráfico es una diarrea de humanos, y lo único que se puede hacer es esperar a que termine el proceso, rogando a Dios que no se lleve una parte esencial de nuestras vidas.

¿Por qué te planteo esto? Porque el narcotráfico y la violencia, que son dos realidades muy ligadas, poseen raíces muy profundas en la biología y la psicología del varón, cumplen una función importante en la psiquis masculina, y nada se puede contra ello.

El 25 de noviembre fue el día de lucha contra la violencia de género (¿el día de lucha contra la violencia hacia los niños cuando es?); leía al respecto una nota que decía algo así como: “el tráfico de mujeres y el feminicidio es el delito que más vidas humanas cobra”. Bueno, ¿qué decir?, vamos a hacer una pequeña corrección:

El acto de violencia que más vidas humanas cobra se llama guerra, y las vidas que se lleva son en su mayoría de varones.

Empecemos por hacer un buen diagnóstico, si no, vamos a prescribir el tratamiento equivocado. Es importante que enfoquemos bien la violencia; ésta no la generó el narcotráfico, la generamos nosotros, los “educados y civilizados”, los que nos oponemos a la barbarie; la engendramos porque la consentimos con los siguientes principios organizadores de nuestra urbe:

  • Está bien que los niños se peguen en la escuela: “¡Y… son varones!”
  • Está bien que los jóvenes vayan a morir a la guerra: “¡Se llama patriotismo!”
  • Está bien que los varones compitan en la selección del más macho por una mujer: “¿Dependencia?”
  • Está bien que los niños sean violados en los orfanatos y los delincuentes en las cárceles: “¿Ok?”

Los humanos parece que organizamos nuestra cultura en base a separaciones morales: lo bueno y lo malo, nosotros y ellos, los del centro y los de la periferia, los normales y los enfermos, etc. Sin embargo, si nos hospedamos unos días en la selva, todo ello se diluye, allí la naturaleza enlaza vida y muerte, creación y destrucción en un circuito que se retroalimenta permanentemente.

La cita que transcribí al comienzo la extraje de la Biblia (Deuteronomio 32, 39), y muestra cómo el Dios judeo-cristiano es poseedor de toda la realidad, la que nos gusta y la que nos repugna. Esto significa que existe SIGNIFICADO en todo los actos humanos, y hacia allí vamos en busca del sentido del narcotráfico y la violencia.

Las opciones del “sistema” son interesantes: si no sos de la elite (ya sea por dinero o por salud -son los dos criterios fundamentales de exclusión), podés intentar ser como ellos: tener un oficio o ser policía… ¡algún día te van a aceptar en el círculo de los elegidos por el bienestar social! Pero el violento que pasa al acto delictivo no cree en nada de ello y sólo él, en este momento, rompe con el sistema. Y esto, es necesario; es necesario que alguien rompa, sino, desaparecemos como humanos.

Los enfermos fueron confinados a los hospitales, los niños con su creatividad serán atrofiados en las escuelas, los curas fueron tragados por la imagen, los artistas también, los psicólogos estamos en proceso, pero… ¡no hay más lugar en las cárceles para los delincuentes! ¿Qué vamos a hacer con ellos? Además, ¿quién va a trabajar por unas monedas para los chicos y chicas top de la ciudad?

Agresividad, ruptura, libertad, cuerpo, potencia física, placer… todo ello está en la sombra que intenta rescatar la droga, viene a sacar a luz aquella parte eliminada del varón, domesticada por la civilización, rechazada por los moralistas pero que es humana, demasiado humana como para ser repudiada. Por ello, se trata de un toque de Dios; y tiene una función muy importante que cumplir en la sociedad, más importante que la preservación de tu ego.

Las feministas tienen la solución: “¡el hombre es el problema! ¡Librémonos de él!”

Una pregunta más: ¿quiénes terminaron con la esclavitud? ¿quiénes liberaron? ¿quiénes crearon? Pero… no lo vamos a entender.

Santa Fe, Argentina

(Allá perdidos por Sudamérica)

PD: ¿sabés qué se memora el 25 de abril?

La muerte de los niños

Y el temor a la profundidad

El otro lado y el miedo

La muerte de los niños es un tema que te propongo reflexionar en un momento paradójico de nuestras vidas y de nuestras comunidades: cuando nos hallamos en “el mejor momento” desde el punto de vista social, exterior, “tangible”.

El motivo para ello radica en que se produce un encadenamiento cíclico entre el máximo bienestar y el inicio de un período negativo de nuestras vidas. Cuando digo “bienestar” quiero decir el momento de mayor consumo en nuestras vidas y contextos. Allí, precisamente, sucede la muerte de los niños, como el Yin y el Yang, se produce un engendramiento del opuesto.

Sé que este tema que te planteo no está bueno, no es agradable de pensar, incluso causa temor, pero tiene una finalidad positiva: es un parámetro, un marcador, una señal que puede testearnos realmente “desde el alma”, desde nuestra profundidad.

Muchas veces te voy a repetir esta idea: cuando las personas y las sociedades se saturan se engendra de modo paralelo un impulso de destrucción hacia los niños o las generaciones más jóvenes. Si estás involucrado en la saturación, advertí y percibí la señal para no cometer errores y para que te obligue a prestar atención a lo esencial, aun cuando no puedas salir de la saturación por el presente. Si no estás en medio del proceso pero tal vez tu sociedad lo esté, observá el proceso porque es masivo y arrastra a todos.

Este acontecimiento es un principio o arquetipo, se produce por necesidad y no puede detenerse ni modificarse, aunque una personas sí puede sustraerse de su radio de acción. ¿Cómo?

¡A través del miedo!

“El miedo te sirve” dijo alguna vez Guillermo Vilas. El miedo de obliga a estar atento, alerta, prestando atención a todo lo que sucede a tu alrededor, no deja que la anestesia social del bienestar te adormezca y te vuelva insensible a los aspectos esenciales de la vida.

Hace muchos años viajé a Europa para competir en un deporte. Arribé a Lucca, una ciudad italiana que se caracteriza por ser la que posee la población más avejentada de todo el continente: allí no nacen niños. El primer día fui a la plaza principal y, a pesar de que no tenía hijos ni pensaba en tenerlos en ese momento, percibí un choque violento en mi mente. Incluso fue inconsciente, porque no sabía qué me pasaba hasta que tomé consciencia que me producía un gran rechazo el hecho de que no hubiese niños en la plaza, ni en las calles, ni en ninguna parte, ellos no eran parte de la vida de aquella comunidad. ¡Increíble! Uno no puede creerlo hasta que no lo percibe por sí mismo. Lamentablemente, nosotros nos dirigimos en la misma dirección.

Aplicación práctica: cuando a todos les vaya muy bien… ¡huí!; cuando a la mayoría le vaya muy mal… ¡vení!, es momento para nuevos proyectos.