Entrenando a mi Dragón

La caída de los antiguos modelos de paternidad no ha “dado a luz” a una nueva paternidad sino meramente a su ausencia en cuanto a función se refiere. Los “machos” de la especie humana seguimos reproduciéndonos pero lejos estamos de saber qué hacer con nuestras crías. Y ello tiene efectos claros sobre las nuevas generaciones.

Paternidad NO es liderazgo

Un elemento importante de la paternidad es si ésta puede ser interpretada como una acción a través de la que un padre dirige a un hijo o hija en una dirección de comportamientos esperados. Parece algo lógico, sin embargo, pienso que esto no permitiría “entrenar” las habilidades propias que posee un niño o niña.

En la animación infantil Trainning Dragon, el joven protagonista no puede responder en absoluto a los ideales vikingos de su padre: no es un fuerte guerrero sino un niño temeroso y débil, no quiere dominar la naturaleza -representada en el dragón- sino más bien comprenderla y relacionarse armoniosamente con ella. En una primera instancia, él es todo decepción para su padre; al menos esto parece.

Sin embargo, la película infantil trabaja muy bien aspectos difíciles de la paternidad y, en particular, de la psicología del varón. El jóven confronta con el padre pero de manera superficial, ya que no emplea los recursos mentales, herramientas y armas que el padre le propone; no obstante ello, en ningún momento evade su responsabilidad como jóven vikingo de resolver la situación que la vida en su entorno le dispone: el problema de los dragones que arrasan con su poblado. Es determinante situar este punto: el joven no posee las habilidades del padre pero en ningún momento se evade de lo que debe afrontar en la vida. La discrepancia entre ambos es de métodos, no de principios.

Líder es rol, padre es ser

Soy líder porque dirijo una empresa en la que tomo decisiones definidas por determinados vínculos sociales, quizás soy líder porque como capitán de mi equipo deportivo elijo los titulares del partido del domingo… pero soy padre porque soy, es una cuestión de ser, no de hacer, por lo tanto, aquí también podemos tomar consciencia de que la paternidad es una instancia anterior al liderazgo y éste deriva de ella.

La paternidad tampoco se limita al acto de reproducción biológica sino que está relacionada al reconocimiento y aceptación de lo que soy. Por supuesto, también existe la opción de evadirme de ello por la enorme responsabilidad que tomo consciencia que esto significa.

Sólo hay un papá

Puedo tener un jefe en el trabajo, un director espiritual y un director técnico del equipo de fútbol, pero mi padre es uno solo. Esto significa que existe una única persona que, para bien o para mal, marca de una manera determinante mi vida y, al ser padre, lo hago en el mismo sentido para con mis hijos.

Aún si se trata de una mala experiencia, ésta es igualmente proveedora de sentido para los hijos. Existe un motivo por el cual considero que es importante reconocer esto y que conduce a una experiencia positiva.

Hacia el Uno

Aún cuando nunca hayamos conocido a nuestro padre, la cultura (el Inconsciente Colectivo) nos transmite el arquetipo del padre. El punto crítico es que la psiquis humana se estabiliza y funciona sanamente cuando se dirige hacia lo único, porque produce enfoque, el enfoque disuelve la incertidumbre porque da certezas y por ello es salugénico. Por este motivo, la toma de consciencia del padre permite el enfoque en su única figura y extraer sentido a través de la interpretación. Pero esta experiencia es la toma de consciencia de un determinante fundamental de la civilización humana; el padre es el primer patrón de Sentido(*) y, a partir de ello, siempre es posible realizar una interpretación positiva.

(*) Sin dudas alguien objetará esta afirmación. Para aclararlo cabe decir que un psicólogo se limita a observar lo que ve, no a decir debería ser la realidad, en este sentido, las grandes religiones son predominantemente producciones de sentido en torno a una figura paterna, más aún, son posiblemente las primeras instituciones creadoras de significado existencial de la humanidad.

Aquí hay papá! – Introducción

Aquí hay papá!
Libro

Este libro presenta una serie de ensayos independientes agrupados por temáticas; si bien el libro posee un progresión, puede ser leído desde cualquier punto de ingreso al mismo. Para facilitar la lectura, al comienzo de cada capítulo he colocado una breve sinopsis que muestra la perspectiva de los ensayos que suceden.

Estos ensayos constituyen una serie de hipótesis de trabajo, desde la perspectiva psicológica y que invitan a la reflexión y análisis crítico. En dichos supuestos he considerado e integrado dos paradigmas de pensamiento que conforman nuestra psiquis colectiva y que resultan imprescindibles de repensar, cuestionar en algunos casos, extraer sabiduría en otros. Por una parte, la tradición judeo-cristiana en la que nos hallamos inmersos; por otra, el pensamiento griego.

Las Conclusiones pretenden dar una mirada de conjunto a la temática como así también proponer algunos lineamientos futuros para continuar este debate.

Un Anexo al final del libro referencia otros ensayos no agrupados en los títulos anteriores y algunas acciones públicas llevadas a cabo en torno a la paternidad.

¿Qué es un papá?

A menudo escucho una queja recurrente por parte de los consultantes, particularmente los varones, que expresan que el padre ha sido agresivo, otras veces poco afectuoso o aún directamente ausente durante sus infancias. En virtud de estas situaciones, habrían crecido “sin figura paterna”, o incluso a veces escucho “fue mi abuelo materno el que cumplió esa función”.

Me pareció oportuno tratar aquí el tema puesto que es bastante general la preocupación, y aun cultural. Existe un primer gran error al considerar que la función paterna debería ser igual que la materna, esto es: estar presente, dar afecto directo, compartir momentos de juego y acompañamiento durante la infancia, etc.; si bien todo esto es muy bueno, no hace a la función paterna, y por lo tanto su ausencia no la menoscaba.

Existe un problema que se oculta tras las quejas a los padres: la dificultad de salir fuera de la contención materna y todas las comodidades que ello implica, se trata de una dificultad de afrontamiento del mundo paterno puesto que nuestra sociedad maternal (no matriarcal) no nos prepara realmente para ello y nos lo vuelve traumático. Sin embargo, como intentaré argumentarlo aquí, permanecer en el mundo materno es trágico.

La hipótesis de trabajo que presento puede escribirse como una fórmula matemática:

F(P) = marca

Con estas letras sencillas de recordar quiero decir que la función paterna consiste en realizar una marca sobre el hijo, en particular el hijo varón. Dicha marca implica una memoria del padre.

Es posible pensar que los tatuajes responden a esta necesidad de marcar, de modo indeleble sobre el cuerpo, en búsqueda de que tras esta marca temporal algo trascendente suceda.

Me pregunto qué habrán dicho las madres de aquellos que fueron jóvenes en la década del ’70 a sus hijos, en el contexto de un patriarcado injusto y violento, asociado a las dictaduras militares. Me pregunto si los habrán incentivado a rebelarse, a luchar por la “libertad”… de ellas. ¿Existirá algo más fuerte que el deseo de liberar a mamá? Algo de ello se expresa en el excelente drama psicológico que presenta Star Wars en los Episodios I a III (no es un film del género de la fantasía, sino un drama político anclado en la psiquis de un individuo y con una estética de ficción para adolescentes -muy recomendable para quién esté interesado en comprender la psiquis del varón), donde el personaje principal parte de la esclavitud de su infancia vivida junto a su madre y la falta de padre. Tal vez sea hora de que las mamás se hagan cargo de su parte…

El patriarcado no se puede evitar, y los padres deben enseñarles a sus hijos un modo de afrontarlo, por ello necesitan ser “traumáticos”, porque a imagen de “la marca de Caín”, ésta señal ha dañado al joven pero al mismo tiempo lo protege, una paradoja de la psiquis masculina. El joven varón no podrá librarse del trauma paterno y deberá metabolizarlo como pueda, sin recibir la ayuda adecuada de adultos sabios se perderá en el mar de la angustia, pero si es advertido de este proceso encontrará una vía de salida al patriarcado violento.

Actualmente en Argentina sucede un ataque violento hacia nuestros jóvenes desde diferentes lugares, que los lleva muchas veces a encontrarse con la muerte. Pero sucede que los padres no sabemos qué hacer, no sabemos cómo prepararlos para afrontar este mundo destructivo. A diferencia de plantear una búsqueda de libertad para nuestro Ego y sus placeres, su “estilo de vida”, creo que los hombres debemos enseñar a nuestros hijos todo lo contrario, enseñarles a dejar el Ego. ¿Cómo puede existir un joven que muere por defender su bicicleta? ¿Tanta importancia tenía para su Ego?

Lo único que veo tras las revoluciones armadas, de la época que sea (como la actual en Oriente), es una “pila de muertos”. ¿Nadie puede hacer otra cosa? ¿A nadie le sucedió tener que “trabajar” durante muchos años en el “mundo interno” para luego liberarse en el externo?

Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica. A todo el que te pida, dale, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames. [Lucas 6, 29-30]

Santa Fe, Argentina.