Tu enemigo te necesita

Pienso que muchos acontecimientos sociales se producen de modo paralelo con muchas situaciones que vivimos los individuos. De esta manera, las experiencias colectivas quedan anidadas en el Inconsciente Colectivo generación tras generación como las distintas capas de sedimento bajo nuestros pies que, tras miles de años, la naturaleza fue arrojando hacia lo más profundo de la tierra.

Sin embargo, de tanto en tanto, en distintos lugares, las erupciones volcánicas nos arrojan nuevamente a la superficie aquello que está en el corazón de nuestro planeta como lava incandescente que, luego de enfriarse, permite a los investigadores el análisis de ese material y conocer, justamente, los minerales y materiales que fueron arrojados.

Te decía que algo similar sucede con las vivencias de la humanidad que van quedando sepultadas con el transcurrir de los años. En mi momento presente, un sector de la sociedad se alza frente a otro desde hace años, con distintas irrupciones de agresiones pero con el mismo tema reiterativo de la confrontación. Desde la Psicología Junguiana, podemos interpretar que esta confrontación no nos deja crecer porque busca someter o superar al otro, cuando el crecimiento debería permitir al individuo y a la sociedad el crecimiento mutuo dado por los distintos puntos de vista.

Un conflicto que no sucedió

Permitime mostrarte una confrontación que no fue, una de hace muchos años y que posee ocultas algunas ideas increíblemente valiosas para afrontar la actualidad; como aquellos minerales que el volcán nos trae desde el interior de la tierra, esta historia nos trae una sabiduría ancestral de inestimable valor y “supercondensada” en pocas frases…

Al entrar Jesús en Cafarnún, se le acercó un centurión y le rogó:

‘Señor, mi criado yace en casa, paralítico y con muchos sufrimientos.’

Jesús le dijo: ‘Iré a sanarlo.’

(Mateo 8, 5-7.)

El concepto de Sombra

Te paso un par de conceptos para hacer este análisis:

Jesús = Yo; centurión (soldado romano) = enemigo (la Sombra).

Cafaranún fue un lugar muy cálido para Jesús, a él le gustaba ir a esa ciudad, muchos de sus amigos vivían allí; era un lugar de encuentro fraterno, como el que todos buscamos con nuestros amigos y aquellos con los que conformamos nuestro ámbito de pertenencia (los del mismo club de fútbol, los de la iglesia, los que comparten con nosotros una actividad laboral o afición, etc.). Sin embargo, al llegar de viaje a este lugar, el Yo se encuentra con su Sombra, con el enemigo -los romanos habían esclavizado a la comunidad de Jesús y los centuriones eran los encargados militares de hacer cumplir el sometimiento al césar de Roma. Y aquí tenemos nuestra primera clave de análisis:

La Sombra-enemigo aparece frente al Yo porque necesita su ayuda.

Este relato arquetípico (se trata de un patrón de la psiquis humana lo que el pequeño texto relata) muestra que ante cualquier situación de confrontación que se presente a una persona o grupo, la manera de solucionar el problema es interpretando la necesidad de la otra parte, jamás juzgándola. Parece muy sencillo y que todos estamos de acuerdo, sin embargo, no resulta agradable pensarlo así, menos aún si se trata de confrontaciones que implican violencia. Pero aquí la clave es “interpretar”, o sea: entender qué es lo que está pasando con el otro, por qué piensa o actúa de esta manera.

El quitar la mirada de la violencia del otro y enfocar la necesidad, es una herramienta psicológica para salir internamente de la frustración y el dolor. Intentar comprender muchas veces detiene la violencia. No se trata de una receta mágica, porque éstas no existen, pero puede ser un gran recurso en muchas ocasiones. Sigamos un poco más…

Escuchar y sanar

El agresor sabe que está frente a su víctima, sabe que Jesús es un esclavo de Roma, pero también sabe que este hombre no están juzgándolo ni haciendo nada en contra suyo. Esto le permite expresarse, le permite contarle lo que está pasando en su vida, algo que le produce mucho dolor…

Cuando pienso en estas líneas que escribo, estoy pensando en los debates contemporáneos entre abortistas y no abortistas. Sea cual sea tu postura, sin dudas también del otro lado hay una necesidad, aún cuando se trata de un opresor. Quisiera intentar descubrir cuál es esa necesidad… ¿tal vez la de sanarse? ¿sanarse de qué?

Sanar el corazón del hombre sometido por el patriarcado violento

Hay un símbolo más en esta historia y que es de suma importancia: el criado.

Criado = ?

¿Podés descubrir qué simboliza el criado enfermo de tu enemigo? Entonces ya estás sanándolo.

Este personaje mencionado que no aparece en la escena es la Sombra del centurión, lo que no está funcionando en su vida, una parte de sí mismo que se muere o sufre en extremo. Esto es: el enemigo patriarcal y violento tiene dentro suyo una parte de sí que le produce terrible dolor y contra la que no sabe qué hacer. Para ello, necesita de su opuesto, alguien externo a él que es espejo de su criado, puesto que ambos son sus “esclavos”. Pero al acercarse a pedir ayuda al sanador, reconoce algo más allá del poder.

Si algo caracterizaba al imperio romano fue claramente el poder: poder de someter, controlar y matar. Centuriones romanos, manipulados por los dirigentes judíos, asesinaran un par de años después de este hecho al mismo Jesús. No obstante, este hombre vive en carne propia el sufrimiento y reconoce dónde buscar la salud: fuera del poder; abajo, entre los sometidos hebreos.

El Yo frente a su Sombra

Recuerdo una bebé, de aproximadamente 7 meses, que dormía en la calle el día en que me gradué en la Universidad de Palermo.
Hoy, por la tarde, vi un papá con su hija, él llevando un carrito porque eran muy pobres. Mueven en mí un dolor y una compasión muy fuertes, aunque no sé qué hacer. En realidad, sí sé qué debo hacer: hablar y gritar. Contártelo a vos.

Aquel día estaban la niña de un lado y la ciencia del otro. Yo en el medio, con un pié de cada lado…

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1-1      1-0
Algo se rompe en la visión global e ideal con la que percibimos la realidad. Puedo expresarlo como una línea que se quiebra, según el milenario código del I Ching; puedo expresarlo como 1-1 que evoluciona hacia 1-0, según el código binario de la moderna Informática. Puedo expresarlo como ideal y frustración, ricos y pobres, mayorías y minorías, Dios y el diablo, hombre y mujer… El código más básico es binario.
Un papá y una hija, un adulto y una niña, un hombre y una mujer. Ellos frente a mí con mi hija, mi sombra frente a su sombra y un abismo de incomunicación de por medio.

El yo y su sombra son un fenómeno estructural de la psiquis humana. Quizá el más básico de todos. La angustia que se abre paso en mí no reclama una solución a la pobreza en el mundo ni la curación de todos los enfermos, sino algo infinitamente más difícil de realizar: convertir el dos en UNO. En términos junguianos: integrar la Sombra en el Si-mismo.
¿Qué vi hoy por la tarde? Mi sombra; una persona sólo puede percibir desde el Si-mismo. La pregunta real es: “¿por qué percibimos?” Por el momento, lo que se puede saber es que la percepción tiende al Uno.

padre-hija