La intuición, los simulacros y la recuperación del sentido en la era de la Inteligencia Artificial

Por Mariano Ellison

1. Nuestro mapa ha sido dañado. ¡Y alguien lo ha ensuciado!

Imaginemos que somos exploradores que han llegado a un territorio desconocido. Tenemos en nuestras manos un antiguo mapa que debería ayudarnos a encontrar el camino. Sin embargo, cuando lo abrimos, descubrimos algo inquietante: está deteriorado. Tiene agujeros, manchas y dibujos falsos que alguien ha introducido para confundirnos.

Algunos caminos conducen a lugares inexistentes. Otros, que alguna vez fueron importantes, han desaparecido. Incluso encontramos imágenes que parecen representar el territorio, pero que en realidad no guardan ninguna relación con él.

Esta situación podría describir uno de los problemas psicológicos más profundos del ser humano contemporáneo.

Hemos desarrollado una extraordinaria capacidad tecnológica para obtener información sobre el mundo. Disponemos de herramientas digitales, sistemas de inteligencia artificial y redes de comunicación que nos permiten acceder a conocimientos que ninguna generación anterior habría imaginado.
Y, sin embargo, paradójicamente, podemos sentirnos cada vez más desorientados. La abundancia de información no necesariamente produce conocimiento. Mucho menos sabiduría. Nuestra atención se encuentra rodeada de imágenes, discursos, noticias, ideologías y modelos de comportamiento que compiten permanentemente por interpretar la realidad en nuestro lugar.

El problema no consiste solamente en que recibimos demasiada información. Consiste en que podemos estar perdiendo la capacidad de reconocer cuáles son las señales verdaderamente importantes para orientar nuestra existencia.

Pero hay algo que debemos recordar: aunque nuestro mapa esté dañado, el territorio continúa existiendo. Y podemos volver a explorarlo.

2. Del instinto ancestral a la intuición: nuestro primer mapa interior

En un artículo anterior, La evolución de la psicoterapia en la era de la Inteligencia Artificial, propuse comprender parte del desarrollo humano como una progresiva sofisticación de nuestra capacidad para detectar señales y reconocer patrones.

Nuestros antepasados necesitaban interpretar los signos de la naturaleza para sobrevivir. Una huella sobre la tierra, un sonido lejano o determinados cambios en el comportamiento de los animales podían anunciar oportunidades o peligros. El instinto proporcionaba una orientación inmediata.

Con la evolución de la conciencia, el ser humano desarrolló formas cada vez más complejas de reconocimiento de patrones. Ya no solamente podía identificar relaciones entre fenómenos materiales, sino también reconocer regularidades en la conducta, los acontecimientos y las experiencias humanas. Una de las expresiones psicológicas de esa capacidad es lo que llamamos intuición.

Desde la perspectiva de la psicología profunda, la intuición es una función psicológica que nos permite percibir posibilidades y relaciones que no siempre resultan evidentes para el pensamiento consciente.
Las antiguas civilizaciones expresaron muchas de sus intuiciones acerca de la existencia a través de mitos, relatos religiosos, cuentos y obras de arte. El héroe que enfrenta al dragón, el viaje hacia lo desconocido, el sacrificio, la muerte simbólica y el renacimiento son imágenes que reaparecen en distintas culturas.
Jung propuso comprender estas recurrencias mediante su teoría de los arquetipos del inconsciente colectivo. Desde este enfoque, los arquetipos constituyen patrones profundos de la experiencia humana que se expresan a través de imágenes simbólicas.

Esas imágenes funcionaron durante siglos como verdaderos mapas de orientación para atravesar las grandes experiencias de la existencia: el nacimiento, el amor, la pérdida, la transformación y la muerte.
Sin embargo, el ser humano contemporáneo ha desarrollado una relación cada vez más distante con esa herencia simbólica. Y aquí comienza nuestro problema.

3. Los agujeros y las manchas del mapa: Baudrillard y la sociedad de los simulacros

El filósofo francés Jean Baudrillard desarrolló una crítica particularmente importante para comprender las transformaciones de la sociedad contemporánea. En Simulacros y simulación, exploró cómo las representaciones pueden dejar de remitir a una realidad exterior para comenzar a circular y reproducirse en relación con otras representaciones.
Desde esta perspectiva, las imágenes ya no necesariamente representan objetos o experiencias reales. Pueden terminar construyendo un universo de signos que se legitiman mutuamente, sin necesidad de contrastarse con el territorio original.

Pensemos en algunas situaciones cotidianas.
El éxito de una persona puede comenzar a medirse por su visibilidad en las redes sociales. La calidad de un profesional, por la cantidad de seguidores que posee. La importancia de una idea, por el número de veces que ha sido compartida.

Incluso nuestra identidad personal puede comenzar a organizarse alrededor de la imagen que construimos para ser reconocidos por los demás.
El signo termina ocupando el lugar de aquello que supuestamente representa.
Confundimos visibilidad con valor, popularidad con verdad e información con conocimiento.
Esta confusión constituye uno de los agujeros de nuestro mapa: hemos perdido parte de la conexión entre la representación y la experiencia real.
Pero también existen las manchas.
Las manchas son aquellas imágenes, interpretaciones e ideologías que distorsionan nuestra percepción del territorio.

No solamente las encontramos en los medios de comunicación o en las plataformas digitales. También aparecen en nuestras creencias personales, nuestros prejuicios y nuestras identificaciones inconscientes.
De este modo, nuestro mapa puede ser alterado tanto por influencias colectivas como por contenidos inconscientes individuales. La ideologización de la vida contemporánea presenta aquí un problema particular: cuando una interpretación se convierte en una verdad absoluta, dejamos de observar lo que realmente sucede. En lugar de explorar el territorio, buscamos que la realidad confirme nuestro mapa. Y así perdemos nuestra capacidad creadora.

4. La actitud del explorador: volver al territorio desconocido

¿Qué podemos hacer cuando descubrimos que nuestro mapa ya no resulta confiable? La respuesta simbólica aparece en una de las imágenes más antiguas de la humanidad: el viaje del héroe.
En los relatos mitológicos, el héroe debe abandonar el mundo conocido para ingresar en un territorio incierto. Allí descubre que sus antiguas certezas son insuficientes y que necesita desarrollar nuevas capacidades para continuar su camino.
Ulises, en La Odisea, atraviesa mares desconocidos y enfrenta fuerzas que amenazan continuamente con desviar su recorrido. Pero su verdadero desafío no consiste solamente en sobrevivir a las adversidades exteriores. También debe conservar una orientación interior que le permita recordar hacia dónde se dirige.
Desde la perspectiva de la psicología profunda, podemos comprender este recorrido como una representación simbólica de los procesos de transformación de la conciencia. El héroe necesita enfrentarse tanto a los peligros del mundo como a sus propias limitaciones interiores.
En la vida contemporánea, ese viaje puede comenzar con un acto aparentemente pequeño: detenernos y reconocer que muchas de nuestras ideas, deseos y decisiones quizá no sean tan propias como imaginábamos.

¿Cuántas de nuestras aspiraciones económicas proceden de necesidades reales y cuántas fueron construidas por la comparación social?

¿Cuántas opiniones políticas o culturales expresan una reflexión personal y cuántas reproducen una identificación colectiva?

¿Cuántas decisiones tomamos después de observar cuidadosamente una situación y cuántas son simples respuestas a estímulos digitales?

Estas preguntas pueden resultar incómodas porque nos obligan a abandonar la seguridad de nuestros antiguos mapas. Pero también abren la posibilidad de comenzar una auténtica exploración.

5. El nuevo territorio digital: aprender a reconocer señales

Nuestro mundo contemporáneo posee una característica histórica extraordinaria: buena parte de la actividad humana deja rastros digitales. Las búsquedas en internet, las conversaciones públicas, las tendencias culturales, las noticias y las producciones artísticas generan información que puede ser analizada. Esto crea una oportunidad inédita para estudiar los patrones de comportamiento individual y colectivo.
Podemos comenzar formulando algunas preguntas:

¿Qué buscan las personas en internet y qué necesidades podrían expresar esas búsquedas?

¿Qué conflictos humanos aparecen repetidamente en las películas, las series, la música y la literatura?

¿Qué acontecimientos capturan la atención colectiva y por qué?

¿Qué imágenes simbólicas emergen en medio de las crisis sociales, económicas y tecnológicas?

Sin embargo, debemos ser cuidadosos. Los datos digitales tampoco son el territorio mismo. Las tendencias pueden estar condicionadas por algoritmos, intereses comerciales, estrategias comunicacionales y mecanismos de selección de información.

Una noticia no constituye una representación completa de la realidad. Una tendencia cultural tampoco permite conocer directamente las motivaciones inconscientes de millones de personas.
Por eso necesitamos desarrollar un nuevo método de exploración. Primero debemos observar los acontecimientos concretos. Luego, reconocer las narrativas mediante las cuales esos acontecimientos son representados. Finalmente, podemos preguntarnos qué patrones psicológicos y simbólicos podrían encontrarse detrás de esas narrativas.

La psicología profunda ofrece aquí una perspectiva particularmente interesante. Los mitos, los cuentos, las obras de arte y los sueños pueden ayudarnos a formular hipótesis acerca de los conflictos humanos que atraviesan determinadas experiencias. Por ejemplo, una película contemporánea sobre un individuo que se enfrenta a una organización tecnológica omnipotente puede interpretarse como un conflicto entre la conciencia individual y una fuerza colectiva que amenaza con absorber su autonomía. La imagen del héroe frente al monstruo adquiere así una nueva expresión histórica. Esto no significa que hayamos descubierto una verdad psicológica definitiva. Significa que hemos encontrado un posible patrón simbólico que merece ser explorado.

El objetivo no es reemplazar una ideología por otra interpretación incuestionable, sino recuperar nuestra capacidad para observar, comparar, comprender y crear.

6. La Inteligencia Artificial como instrumento para reconstruir el mapa

Existe una paradoja particularmente interesante en este momento histórico.
La misma tecnología que contribuye a multiplicar imágenes y representaciones también puede ayudarnos a analizar los patrones presentes en ellas.
Los sistemas de inteligencia artificial permiten procesar grandes cantidades de textos, identificar recurrencias temáticas, comparar narrativas y detectar relaciones difíciles de observar manualmente.
Esta posibilidad abre un campo de investigación en la intersección entre psicología profunda, procesamiento del lenguaje natural e inteligencia simbólica.
En mis proyectos de investigación y desarrollo, esta convergencia constituye uno de los ejes centrales de trabajo.

Podemos imaginar herramientas que ayuden a estudiar narrativas personales, relatos culturales o decisiones económicas a través de distintas capas de análisis.
Una primera capa puede describir características observables: palabras, temas, sentimientos expresados y relaciones semánticas.

Una segunda capa puede explorar posibles patrones simbólicos, conflictos y figuras arquetípicas desde una perspectiva junguiana.
Y una tercera capa puede ayudarnos a preguntarnos si estamos frente a una narrativa que favorece la comprensión y la resolución de problemas o si, por el contrario, permanecemos atrapados en una repetición estéril de los mismos conflictos.
Naturalmente, estas interpretaciones deben comprenderse como hipótesis que requieren contexto, revisión crítica y participación humana, no como diagnósticos automáticos.

La inteligencia artificial puede reconocer regularidades estadísticas y asistirnos en la investigación.
Pero no puede sustituir nuestra experiencia vivida ni asumir por nosotros la responsabilidad de dar sentido a la existencia.
La tecnología puede colaborar en la elaboración del mapa. La orientación última sigue siendo una responsabilidad humana.

7. Recuperar el mapa interior: de la información a la individuación

Volvamos ahora a nuestra imagen original.
Tenemos el mapa entre las manos. Reconocemos sus agujeros, descubrimos las manchas y comenzamos a sospechar que algunos caminos fueron dibujados por otros.

¿Qué hacemos?
Para comenzar a reconstruir nuestro mapa, necesitamos recuperar una relación activa con nuestra experiencia.
Los sueños pueden ofrecernos imágenes de conflictos que aún no hemos comprendido.
La lectura de mitos y grandes obras literarias puede ayudarnos a reconocer patrones de transformación humana.
La escritura personal puede permitirnos distinguir entre lo que realmente experimentamos y las narrativas que construimos para explicarlo.
La psicoterapia ofrece un espacio para explorar estas relaciones con mayor profundidad, reconociendo los complejos, las proyecciones y los símbolos que intervienen en nuestra vida.
Pero también necesitamos desarrollar capacidades prácticas para actuar en el mundo contemporáneo.
En este sentido, propongo tres preguntas fundamentales:
Primera: ¿cuál es el problema real que necesitamos resolver?

Antes de buscar respuestas, debemos definir cuidadosamente nuestra situación. Muchas veces consumimos información que no guarda ninguna relación con nuestras necesidades concretas.
Segunda: ¿qué recursos personales poseemos para afrontar ese problema?
Necesitamos reconocer nuestras capacidades, experiencias, conocimientos y posibilidades de desarrollo. Esto también exige identificar nuestros temores y limitaciones.
Tercera: ¿qué recursos exteriores pueden ayudarnos realmente?

No toda información es útil. No toda herramienta tecnológica contribuye a resolver nuestros problemas. Debemos aprender a seleccionar los medios adecuados para nuestros objetivos.
Estas preguntas nos permiten pasar de una relación pasiva con el entorno a una posición activa y creadora.
Ya no se trata simplemente de consumir imágenes sobre cómo deberíamos vivir.
Se trata de construir una vida a partir de una comprensión más profunda de quiénes somos y de las posibilidades reales que encontramos en el mundo.

8. Conclusión: no necesitamos consumir más imágenes, necesitamos volver a explorar

Nos encontramos frente a una situación histórica extraordinaria.

Por primera vez, disponemos de tecnologías capaces de producir y distribuir representaciones de la realidad a una escala prácticamente ilimitada.
Sin embargo, esa abundancia también puede alejarnos de las experiencias que dan sentido a nuestra existencia.

La antigua sabiduría simbólica, recuperada y conceptualizada por la psicología profunda, nos recuerda que el ser humano necesita algo más que información para orientarse.
Necesita desarrollar su intuición, reconocer los patrones que organizan su experiencia y construir una relación consciente con su mundo interior.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a investigar estos patrones y comprender mejor la complejidad de nuestro tiempo.

El desafío consiste en generar nuestra autonomía interior y emplear las nuevas tecnologías como instrumentos de exploración y creación.
Quizá descubramos que nuestro viejo mapa ya no puede ser reparado completamente.
Eso no significa que estemos perdidos.
Significa que debemos convertirnos nuevamente en exploradores.

Porque, aunque las imágenes hayan sido distorsionadas y los antiguos caminos hayan desaparecido, el territorio sigue allí, esperando ser descubierto.

Y tal vez el verdadero propósito de esta aventura no sea encontrar un mapa perfecto, sino desarrollar la capacidad de orientarnos, descubrir y crear nuestros propios caminos.

La respuesta no está en consumir más imágenes del mundo, sino en recuperar nuestra capacidad de experimentar, comprender y transformar la realidad.