Steve Jobs: básico y letal

A menudo observamos personalidades que con un limitado desarrollo académico o intelectual han alcanzado logros empresariales destacados. Bill Gates abandonó la universidad (Harvard) para emprender en el mundo de los negocios, y lo mismo hizo Jobs. ¿Cómo pudieron? ¿Por qué no necesitaron el dominio racional-académico para desplegar su potencial?

El caso de Steve Jobs es significativo puesto que sus permanentes ayunos anoréxicos, sus dietas de sueño y el consumo de LCD entre otras substancias psicoactivas, parecen llevarlo inconscientemente hacia un funcionamiento regresivo y primitivo del Sistema Nervioso Central, donde se destaca la desestructuración de los mecanismos racionales y corticales del Yo. A través de este violento proceso que el joven Steve realiza sobre su propia psiquis, comienza a favorecer los mecanismos psicológicos de la intuición, cualidad destacada en los niños pero menospreciada por la educación sistemática.

La educación funciona filosóficamente, a priori, haciendo diagnósticos y previendo cómo debe comportarse la realidad; la intuición funciona de modo contrario, por ensayo y error, realizando reflexiones a posteriori sobre la experiencia (método que antiguamente empleaba la Medicina).

Erróneamente planteamos que la intuición es inútil porque no responde a un proceso lógico, sin embargo, es un error pensar que ella no posee un proceso de desarrollo claro, sólo que mientras la razón occidental ha sido entrenada para responder a las exigencias de la autoridad y el status quo, la intuición sólo responde a las necesidades internas y, en consecuencia, conecta directamente con el inconsciente personal y colectivo que atraviesa toda la cultura.

La “autoridad intelectual occidental” (filósofos griegos y teólogos católicos) han pensado que lo “básico” de nuestro ser animal era pueril y contaminado por el pecado, que lo elevado son las cualidades intelectuales.

“Lo qué debo hacer” versus “lo que percibo y me inquieta dentro de mí”. Éste es el dilema que a edad muy temprana pudo comprender y resolver Steve Jobs. Le inquietó la mística hindú y se dirigió enérgicamente hacia allí hasta llegar literalmente a India; le inquietaron los circuitos electrónicos y, sin darse cuenta plenamente, percibió que se hallaba en medio de una revolución tecnológica naciente… ¡básico y letal! ¿Pero qué hubiese sucedido si hubiese continuado la universidad, recibirse, etc.? Sin dudas Apple no existiría. O él sería Steve Wozniak, que consideraba más importante ser el último ingeniero eléctrico de HP que embarcarse con su amigo en la creación de esta empresa.

Éste es el momento es en que me cruzo con un filósofo que me dice: “¡no podés decirle a la gente que haga lo que le gusta!”

¡No, no, no! No es lo que le gusta, es¡lo que le duele! ¿Tan difícil es de comprender? Por ello no hay crecimiento de largo plazo por el lado del confort. Nunca Jobs fue por ese camino, siempre por la inquietud. Pero me olvidaba que somos latinos, que tanto nos gusta reposar sobre los brazos de nuestra madre la Virgen de Guadalupe…

Abusos sexuales y violencia

Abusos sexuales y violencia: ni el cuerpo nos pertenece

Recuerdo hace un año y medio cuando entraron a robar a mi casa y golpearon y lastimaron a mi hijo y mi esposa, recuerdo los días siguientes ir a la pieza y ver la sangre en el piso entre todo el desorden de cosas, y esa sensación de no querer estar allí, en nuestra propia casa, sentir que invadieron nuestra intimidad y no querer ya estar más en ese lugar, como un rechazo de nuestro propio territorio.

Sé que algo similar siente una persona que ha padecido violencia, o un abuso, o una violación: sentir que se han apropiado de algo que es muy tuyo, tu cuerpo, y sentir un rechazo hacia sí mismo por sentir que está sucio, contaminado por eso que hizo el victimario. Como un veneno que se introduce en la sangre, que te intoxica por dentro y que no sabés como expulsar de ti; querés vomitar y no podés, querés arrancarte la piel pero no te dejan, querés abrirte las venas para que se drene ese veneno…

A Jesús le pasó eso, él probó el veneno de la violencia e incluso, ésta lo mató.

Me pregunto qué pasó con la violencia sobre él. Me pregunto qué pasó en su intimidad, cómo lo vivenció. Lo que me planteo como reflexión sé que no está bueno… al menos para los hombres y mujeres felices de nuestro tiempo.

Siguiendo algunas reflexiones del psiquiatra suizo Carl Jung, pienso que Jesús se volvió malo y violento… que “probó el vinagre”.Sé que esta idea es una herejía para el cristiano modelo, pero cuanto me aliviaría que él haya sentido lo mismo que yo.

Pude mudarme cobardemente de mi casa, pero de tu cuerpo y tus pensamientos no podés irte. Algunos piensan que es algo que sólo pasa por tu cuerpo… pero tu cuerpo sos vos. Lo que tengo para decirte es terrible, y lo sé:

Te vas a volver malo/a; te vas a pasar al “lado oscuro de la fuerza”. Tal vez Jesús al morir fue a la tierra de los muertos y los condenados, y él mismo se volvió uno de ellos.

Como el cuerpo fabrica el anticuerpo para combatir un veneno que se introdujo en su sangre y éste permanece para siempre como memoria de aquel, también la víctima tendrá que procesar su defensa asumiendo que se va a volver ello, todo el mal recibido se va a encarnar en el propio ser, cuerpo, mente, sentimientos, y los va a moldear. Y desde allí, desde esa fuerza de odio y resentimiento apropiados sobre el sí mismo, se va a crear la defensa.

El católico modelo me va a decir que no es lo que hizo Jesús, pero tal vez debería releer las profecías bíblicas y recordar lo que sucedió en Jerusalén unos años después de la muerte de Cristo, cuando “no quedó piedra sobre piedra”.

El problema es cómo resolver esto de modo inteligente, como orientar y gestionar esa fuerza impresionante que se desata y que se llama impulso de muerte o “Sombra”.

“Entonces Jesús, cuando hubo tomado el vinagre, dijo: ¡Consumado es! E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.” [Juan 19, 30.]

El peligro del confort

La mayoría de las personas que se allegan a la consulta psicológica lo hacen movidas por situaciones críticas y angustiantes y en búsqueda del bienestar perdido. No es la totalidad de los casos, pero sí la mayoría de ellos. Ante esta situación se dividen las aguas psicoterapéuticas entre los profesionales que buscan la recuperación del bienestar (a lo cual le llaman “salud”) y otros que no pensamos que la salud mental vaya por ese camino, sino justamente en la dirección opuesta.

“¡Malditos psicólogos que hacen sufrir a la gente!”

Sucede que la construcción mental del Ego implica un proceso interno por el cual un individuo coloca su seguridad y confort en aquello que valora, pero esto ha sido un error históricamente en la cultura, puesto que el psiquismo inconsciente posee un mecanismo autónomo que lo ataca y tiene un motivo para ello.

Esta búsqueda de seguridad y confort es peligrosa porque hace al Yo dependiente de lo que se la brinda y, al mismo tiempo, lo deja estancado frente a la necesidad de afrontar los peligros siempre existentes del mundo externo (¿por qué habría de preocuparse si está seguro y confortable como un niño en su lugar maternal). De modo que la psiquis humana se paraliza, se aletarga y cuando sobreviene una situación crítica que desestabiliza el bienestar cotidiano (un síntoma psicológico, o cualquier otro), el Ego se resquebraja y su desmoronamiento se realiza en “pedazos de angustia”.

Los psicoterapeutas “pro-status quo” intentarán pegar con el adhesivo de técnicas psicológicas los pedazos del Ego en búsqueda de reestablecer lo mejor posible el paraíso perdido; pero sabiendo que nada pueden contra el infortunio. Nosotros, los “psicoterapeutas malos“, intentaremos mostrarles que el sufrimiento de existir no se va a ir ni vamos a poder quitarlo, pero es posible aprender a utilizar esaTENSIÓN (ésta es la palabra clave) en búsqueda de una vida con sentido y que ese sentido es más importante y provocador de salud mental que cualquier bienestar.

Para resumir: el confort es peligroso porque cuando lo perdemos arrasa con todo nuestro Yo. Tarde o temprano, es inevitable que ello ocurra. Por el contrario, el camino angustiante (“narrow gate”) nos permite crecer permanentemente y desarrollarnos como personas reales a través del sufrimiento que nos toca. Quizás luego, la consciencia de nuestro lugar trascendente en la sociedad emerja desde las propias heridas abiertas.

Intento comprender una célebre frase ante la que siempre dudo…: “Felices los pobres”.

La sombra de Cristo

Realizamos una hipotética línea histórica de la vida de Jesucristo donde podemos situar cinco momentos de progresivo y creciente encuentro con su propia Sombra:

i) Su nacimiento y subsiguiente rechazo por el paradigma dominante y superficial de la época que, encarnado en el rey Herodes se dirige a asesinar a todos los niños menores de dos años en búsqueda del que es “diferente” (“mesías” significa “marcado” en una de sus acepciones).

ii) Sus doce años, momento crucial de encuentro con el centro y eje de la tradición judía en el Templo de Jerusalén, donde Jesús deja en segundo plano a su familia en búsqueda de la tradición paterna. A partir de allí comienza a adquirir conocimiento sobre la Toraj (ley judía), que era dicotómica y moralista:

– El bien vs. el mal.

– Los puros vs. los impuros/pecadores.

– Los sanos vs. los enfermos.

– Los elegidos vs. los pueblos paganos/condenados.

– Judaísmo vs. resto de las naciones.

iii) Conjeturamos una etapa crítica, de confusión y replanteo de sus creencias entre sus treinta y treinta y tres años aproximadamente, que culmina con su experiencia en el desierto, donde es llevado por su propio espíritu para ser testeado frente al mal que allí emerge. Una especie de “prueba de realidad interior”.

En nuestra reflexión psicológica suponemos que allí descubre el impulso al mal dentro del Si-mismo –en ausencia de todo estímulo externo y de toda “estructura” social, política, económica-. Nos parece determinante el contexto de este hipotético descubrimiento: el impulso al mal se acrecienta cuando existen necesidades básicas insatisfechas.

Jesús resiste el impulso a satisfacerse en la comodidad a cualquier precio.

iv) Posteriormente a esta experiencia de CRISIS se produce el retorno a su comunidad con una perspectiva profunda y totalmente renovada pero que habrá de producir un choque violento con el paradigma dominante de la época.

Su comportamiento (Acting-in) y sus palabras comienzan a disolver las oposiciones de la tradición:

– Salvarse es perdonar al que hizo el mal.

– Salvar es integrar a los impuros y condenados.

– Comprender empáticamente cura toda dolencia del hombre.

– Incorporar a todo el mundo sin diferencias.

Nos parece que aquí ocurre un fenómeno psicológico y social destacado: Jesús intenta responder a las necesidades externas (pobreza, opresión, enfermedad y aún, la muerte) satisfaciendo una necesidad interna y basal: la comprensión y reconocimiento empático del otro (sobre todo del que es diferente). Y no lo logra.

v) Aproximadamente a sus treinta y ocho años es asesinado por un complot entre la gente de su pueblo y el imperio dominante. El niños de doce años deseoso del conocimiento de su tradición es torturado y matado por esa misma ortodoxia. El plan diseñado por aquel niño para curartodas las heridas y enfermedades arriba a su ocaso y al fracaso.

Desde nuestra perspectiva, ésta es la Sombra de Cristo. El deseo más poderoso que hubo en la historia por sanar a todo el mundo a través de toda la historia. El rechazo de su persona generó el RETORNO de su Arquetipo. Y no existe ningún Arquetipo más poderoso que éste en Occidente.

Sentimiento de culpa

LA CULPA SIMPLIFICANTE

Incorporación

De modo similar a como un niño interioriza los juicios de valor a través de la educación en sus primeros años de vida, volviendo propios los contenidos que partieron de sus maestros, la Teología y los sacerdotes han hecho algo similar en el desarrollo histórico del cristianismo en Occidente.

En la Edad Media, la Inquisición (hoy denominada “Congregación para la Doctrina de la Fe”) ejecutaba a los que acusaba como herejes, a los que discrepaban con la Doctrina-Teología católica. Ingenuamente creemos que la violencia teológica ha terminado, porque ya no se asesina a nadie por estos motivos como hace pocos siglos; sin embargo, lo que ha sucedido es que se ha interiorizado, se ha vuelto sublime el proceso de la acusación con su acusador, los cuales se hallan dentro de nuestra psiquis actualmente.

Todo este mecanismo psicológico lo ha descripto magistralmente Sigmund Freud al referirse al asedio que recibe el Yo por parte del Superyó (portador de la conciencia de culpa). La Teología dogmática ha logrado la perfección de su propósito: la Inquisición ahora es interna e invisible, y ello es irreversible.

La Teología nos acusa

Nuestro “santo inquisidor” (el Superyó educado por el paradigma del patriarcado) nos ofrece una versión simplificada de los problemas relevantes y críticos que padecemos, la cuestión es simple para él: “somos o no somos culpables” [to be or not to be –GUILTY]. De esta forma, a la manera de un embudo, toda la complejidad de la realidad decanta en un solo problema: si estamos o no estamos dentro del paradigma moral dominante.

¡Entonces surgen los rebeldes! ¡Aquellos que van a hacer todo lo contrario a lo que dicen los moralistas! Una pretensión cuya estupidez correlaciona de modo inverso con la violencia de la Teología Moral. Porque el problema no es el contenido de la moral, sino el mecanismo de polarización y exclusión que produce. Ser un revolucionario es lo mismo que ser un moralista, las dos caras de la misma moneda del sistema.

Usufructuamos de la culpa

Ya sea que nos sometamos a ella o que luchemos en su contra, en ambos bandos tenemos la misma fe y el mismo dios. El reprimido y el libertino adoran el mismo ídolo: la cognición moral de la realidad, esto es: LA CULPA.

Cuando se trata de caminar por la aldea bajo el sol de la culpa – no culpa, todo es más sencillo; nuestros mecanismos de afrontamiento de la incertidumbre que nos genera la realidad se reducen a uno solo. La complejidad del sistema se reduce y el chivo expiatorio ya ha sido señalado.

Por este motivo el Psicoanálisis ya no produce efecto: el analista introduce al analizante en una lucha contra el Superyó tras lo cual eso no produce ningún efecto sobre la vida real del individuo, más allá de una sensación pasajera de liberación de responsabilidades impuestas.

El paradigma sigue siendo el mismo…

Angustia

Angustia: el día que Jesucristo dio cátedra a la Psiquiatría

La Medicina contemporánea parece muy bien entrenada para anestesiar nuestras consciencias y no dejar percibir en lo más mínimo, ninguna cualidad que nos distraiga de nuestro “rol social”, por nada del mundo debemos quitarnos la careta con la que afrontamos el día a día.

Algo de esto sucede con la denominada “ansiedad”: si observamos sus síntomas (palpitaciones, sudoración de manos, hiperactividad, reacción desmedida ante una determinada situación, etc.) tomamos nota que posee las mismas reacciones que el miedo. Lo que sucede es que la ansiedad es el miedo. Sólo que nos avergüenza en demasía decir que tenemos miedo y la ciencia surge en auxilio de nuestro Ego herido explicándonos que lo que tenemos es otra cosa, ansiedad, que tiene que ver con un cambio neuroquímico en nuestro cerebro y ante lo cual no tenemos nada que ver, es sólo una circunstancia casual que cayó sobre nuestro destino, pero somos libre de estar implicados en esta situación.

Todavía peor es lo que sucede con la Angustia: nuestro Ego y la Psiquiatría se hallan embarcados en la misión de erradicarla de nuestras vidas. Sin embargo, cometen un grave error que sólo conduce a “un vaciamiento de sentido de la existencia”. Puesto que la angustia no es el problema, sino la cura.

Para comprender esto, en primer lugar necesitamos saber que angustia y ansiedad-miedo no son lo mismo: el miedo es un sentimiento, pertenece al ámbito de las emociones; en cambio, la angustia es una sensación, pertenece al ámbito del cuerpo. Tanto las emociones como las sensaciones poseen un registro psicológico (la mente toma consciencia de ellas), pero es diferente el proceso en una y otra.

La angustia se percibe con el cuerpo, allí, en el pecho, y no tenemos palabras para poder expresarla; éste es su rasgo distintivo. Al miedo lo podemos describir perfectamente, a la angustia ni en lo más mínimo.

Es difícil de creer y de soportar, pero lo que produce el desarrollo personal es la angustia, puesto que ella genera en la psiquis humana un nivel muy alto de energía (tensión interna) la cual podemos aprender a orientar hacia fines positivos, incluso saludables. Un artista comprende perfectamente que necesita esta tensión, puesto que de ella brota su inspiración. Atahulapa Yupanqui dijo: “el dolor se vuelve canción”.

Jesucristo -que no era científico, ni filósofo, ni teólogo, sino un curador- expresó esto del siguiente modo:

“Entren por la entrada estrecha [angustiante]; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella [Ego-comodidad]; más, ¡qué estrecha [angustiosa] la entrada y qué angosto [angustiante] el camino que lleva a la Vida!, y pocos son los que lo encuentran [porque la mayoría se evade].” Mateo 7, 13-14.

Jesucristo hablaba en arameo, el texto precedente se escribió en griego, y la traducción “oficial” está hecha en un determinado contexto, por lo tanto, son posibles estas opciones de traducción hacia “el lenguaje de la Psicología”. Más aún: angustia significa “angosto”, “angostamiento”, “estrechez”, de allí proviene el origen de la palabra.

¿Por qué un curador dijo esto?

Porque la angustia produce la tensión vital que es necesaria que se movilice en la psiquis humana para poder producirse la sanación. Esta incomodidad, “estrechez”, mueve en nosotros el DESEO de curarnos, y cuando no es posible la cura nos lleva a la búsqueda de un sentido espiritual, profundo de la existencia. Nada de lo cual es posible si anestesiamos nuestras percepciones con psicofármacos.

¡Ven! ¡Y conoce, el Otro Lado de la Fuerza!”

[Nota: cabe aclarar que no estoy en contra del uso medicinal de la farmacoterapia, sino del uso abusivo de la misma que no indaga en las razones del sufrimiento humano].

Insomnio

Samuel se despertó tres veces en la noche creyendo que su mentor Helí lo llamaba o lo molestaba con los achaques de la vejez. Sin embargo, Helí no lo había llamado ni molestado. Samuel padecía una clase de insomnio que lo hacía despertarse frecuentemente de noche, no pudiendo descansar naturalmente y sin comprender por qué le sucedía esto.

“Entonces Helí le dijo que tome un psicofármaco…”

¡Es una broma! No fue esto lo que sucedió, porque el maestro judío era sabio y comprendía que lo que no dejaba dormir a Samuel provenía de su profunda interioridad y que este impulso no debía ser aplacado sino comprendido. Helí le dice al joven Samuel que permanezca en su lugar, en la noche, que no busque la ayuda del maestro y que se predisponga para escuchar…

Es increíble la incomprensión que tiene la ciencia (no sólo la médica, la psicológica también) por lo que sucede en lo intrapsicológico profundo. El insomnio no es un problema menor, un ser humano no puede estar más de cinco días seguidos sin dormir porque moriría y, sin llegar a este extremo, el insomnio prolongado en el tiempo produce problemas cardíacos en el ser humano. No obstante estas amenazas, no es correcto forzar el dormir cuando éste no se produce naturalmente, sino que es preferible comprender las razones por las cuáles se produce.

  • A veces son factores cotidianos, relativos al trabajo muy próximo al horario de descansar, el exceso de café o el deporte nocturno. Estos aspectos de la cotidianeidad que inciden negativamente en el sueño deben ser considerados ante la presencia del insomnio.
  • Desde otra perspectiva, puede decirse que cuando el sistema nervioso no permite ingresar naturalmente al estado de adormecimiento es debido a que detecta un factor al cuál debe prestarle atención y que le representa un problema que no puede resolver. Dicho problema crítico ha de ser relevante puesto que impide una función autónoma (el sueño).
  • Aun así, existe otra configuración psíquica en la que se produce el insomnio que puede estar o no relacionada a los factores antedichos.

Toda época tiene lo que se denomina “espíritu de la época” (Jung) o mentalidad de un determinado tiempo y lugar cultural. Esta cosmovisión popular rige nuestra cotidianidad, es un paradigma de pensamiento a través del cual explicamos lo que nos sucede y de donde obtenemos los pensamientos que rigen nuestro actuar. De modo subterráneo, toda época posee en su Inconsciente Colectivo un pensamiento divergente que se ha denominado “espíritu de la profundidad”, el cual remite a la sabiduría milenaria que acumulan las civilizaciones referida a temas trascendentes (no solamente de contenido espiritual, también el arte, la música, entre otros, se hallan en este plano).

El insomnio es relativo a una hiperexcitación de una zona del cerebro humano en el Neo-Cortex, la capa más evolucionada de aquel, que implica la racionalidad y el control de nuestra vida día a día. En el espíritu de nuestra época se halla el activismo, nuestras tensiones y preocupaciones, aquello que nos abruma.

El sueño nos lleva a un plano alterado de consciencia y conecta con aquel espíritu de la profundidad. Por lo tanto, el insomnio es una especie de conflicto entre una mentalidad y la otra y se produce para romper aquello que de lo cotidiano daña la mente humana. Esto que daña la psiquis humana no es un trabajo, un problema, o lo que fuere, sino el “Ego-control”. Nuestra educación racional tan valorada nos desarrolla la ilusión de que estamos en control de nuestras vidas y que ello es el objetivo máximo de un hombre o mujer; sólo es necesario una vivencia de límite real para que tomemos consciencia que esto es un error: de ningún modo controlamos nuestro destino y no tenemos la más mínima posibilidad de hacerlo.

El espíritu de nuestra época, nuestra cotidianidad, se rige por la razón y su capacidad de planificación futura (germen de ansiedad). El insomnio rompe con ello y nos conduce a un agotamiento extremo y aún a la depresión de nuestra energía mental. Nos lleva a un proceso psíquico divergente del de la racionalidad y que es el de la “percepción inconsciente”, asociado a los estratos más profundos de la corteza encefálica, relacionados a las capas evolutivas que tenemos en común con reptiles y aves.

¿Qué te fumaste en la Facultad de Psicología? Alguno estará pensando…

CEREBRO ANIMAL:

Neo-cortex: sólo desarrollado en humanos – incipientes en otros mamíferos.

Cerebro mamífero: todos los mamíferos lo tenemos en común, también denominado cerebro medio o límbico.

Cerebro reptiliano: es el predominante en reptiles y aves, se halla en la parte más interna de nuestra masa encefálica.

“¡Nuestra capacidad racional es lo más elevado que tenemos y lo que nos distingue como humanos!”

– ¿Lo dijo un nazi? No, un teólogo… o un filósofo… da lo mismo.

Estos razonamientos egocéntricos se refutan con Biología del secundario: la naturaleza en su evolución deja en el interior lo más importante y en el exterior de los organismos lo menos valorado, porque de esta manera protege las estructuras fundamentales ante los traumatismos externos: la musculatura externa protege los huesos, la estructura ósea a su vez protege a los órganos internos, puesto que éstos son fundamentales para la vida.

Pero volvamos al insomnio, lo que pretendemos decir es que el mismo responde a una necesidad de la psiquis humana de cambio en el proceso de pensamiento, que debe dirigirse hacia menos control racional y mayor percepción emocional-sensitiva.

Tips para el insomnio: El ritual del adormecimiento.

¡Olvidé mencionar un factor de insomnio! La falta de sexo. ¿Puede ser?

Una manera sencilla de favorecer el adormecimiento es prepararlo como si se tratase de un acto sexual ritual, de un encuentro con un otro. Dejar de lado paulatinamente todo lo relacionado a nuestro hacer del día (comenzando por apagar el celular y desconectarse de Facebook, ¡sin TV! -¿tengo que explicar esto?), tal vez escuchar una música suave (¿lleva un poco de tiempo? No te preocupes, menos que el insomnio), un vaso de vino para el que le gusta, tal vez un libro que no tenga que ver con nada de nuestro hacer y esperar, en silencio… el tiempo que sea necesario. ¿Hasta dormirme? ¡No! Hasta oír la voz de la profundidad… Recién luego ESO te va a dejar en paz.

“Zapallo, verdura, ¡los griegos a la basura!”

[Éste es el título que cobardemente no me animé a colocarle a un examen final de la facultad.]

El tema de la percepción no es menor. Basta estar perdido en un lugar extenso para comprender qué tanto sirve la racionalidad limitada al horizonte de visión. Valoramos el desarrollo de nuestro Sistema Nervioso Central (SNC) en la línea evolutiva de los mamífieros y olvidamos que existe una línea de esta evolución que es divergente, que tiene una masa encefálica menos desarrollada pero que es muy adaptativa: las aves. En ellas la percepción visual y auditiva prima sobre las funciones más privilegiadas en mamíferos.

– ¿Quién es el mejor cazador?

Por eso os digo, no os preocupéis[Ego-control] por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis [espíritu de la época]. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? [la naturaleza protege las estructuras internas] Mirad las aves del cielo [la línea evolutiva divergente con la nuestra], que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros [sólo se dedican a percibir -y necesitan menos masa encefálica que nosotros], y sin embargo, [¡Y sin embargo!] vuestro Padre celestial [la Naturaleza les dio un mecanismo satisfactorio de supervivencia] las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?… [¿No se supone que somos más inteligentes?] Mateo, 6, 25-26.

Creo que extraje este texto de un manual de Biología… ¿si?

* * *

¿Por qué hablar del insomnio en esta sección? Porque el marco teórico que empleo tiene relación con la Psicología Analítica de Carl Jung, a partir de la cual se infiere que JesuCristo es el Arquetipo más poderoso del Inconsciente Colectivo de Occidente, ello significa que posee una atracción “magnética” hacia otros patrones de referencia, haciendo que éstos se orienten hacia él.