Estos son mis ojos; no son azules como el cielo, no son dulces como la miel.

Esta es mi mirada; no es recia como la determinación, no es mansa ni calma, no es profunda ni superficial.

Esta es mi visión; y no podés saber nada en absoluto de ella, no podés comprender lo que pienso, ni lo que siento, ni lo que soy, sin embargo, en nada me oculto a tu presencia.

Ni claro ni oscuro; sólo quiero mostrarte algo que percibo, más allá de lo que pueden ver mis ojos.

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Estoy un poco cansado de tantos charlatanes que hablan por los medios de comunicación sobre “psicología” y temas por el estilo. Y no me refiero a periodistas, ni a chamanes, ni a algo que se les parezca. Me refiero a los psicólogos exclusivamente.

Si bien siempre he preferido mantener un perfil discreto y silencioso en cuanto a lo que pienso sobre lo que investigo, los psicólogos argentinos me hastían demasiado. Por ello es que he decidido mostrarte mi mirada.

Si mis ojos brillaran a la luz de mi supuesta inteligencia, no podría descender a las profundidades del abismo de tu alma… estaría demasiado atemorizado por perder mi belleza, la cual no necesito pero sé que vos necesitás de la tuya.

Cualquier atributo de fortaleza o debilidad me haría caer en el infierno al entrar en tu dolor. Si me importase mi reputación profesional, te derivaría a un psiquiatra si me decís que te querés morir… no sea que arruines mi imagen pública.

No quiero ser extenso en esto que sólo representa el preámbulo de lo que quiero comunicarte, creo que me comprenderás. Sólo decirte que lo que ves con apariencia de psicólogo, sólo es un filósofo trasvestido como psicólogo; no es que tenga algo contra la Filosofía proveniente de los paidófilos griegos (y por favor, ¡es “paidofilia”, no “pedofilia”!), sino sólo que somos otra cosa…

En los próximos días, si todavía tengo ganas y me dura el enojo, voy a empezar a mostrarte la zona más oscura del mundo en que vivís, la que está en tu propia alma. ¿Porque quiero atemorizar a alguien? No. Todo lo contrario, el temor proviene del desconocimiento. Para mostrarte que es posible renacer aún desde la oscuridad más profunda. Y de paso te muestro la diferencia entre estudiar de gordos libros frente a los apuntes resumidos de los compañeritos de la facu.

Cuando alguien llega al consultorio y me mira (si es que me dejo, porque suelo evitar la mirada), sabe que sé que es posible. No porque lo haya leído en un librito de autoayuda, porque ya lo he visto.

¿Crees que me estoy haciendo publicidad con esto? Intenta conseguir un turno conmigo y no lo obtendrás excepto que me digas nombre y apellido de algún ex paciente.

No te enojes. No es contra vos. Sólo contra los psicólogos.

mirada

Recuerdo una bebé, de aproximadamente 7 meses, que dormía en la calle el día en que me gradué en la Universidad de Palermo.
Hoy, por la tarde, vi un papá con su hija, él llevando un carrito porque eran muy pobres. Mueven en mí un dolor y una compasión muy fuertes, aunque no sé qué hacer. En realidad, sí sé qué debo hacer: hablar y gritar. Contártelo a vos.

Aquel día estaban la niña de un lado y la ciencia del otro. Yo en el medio, con un pié de cada lado…

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1-1      1-0
Algo se rompe en la visión global e ideal con la que percibimos la realidad. Puedo expresarlo como una línea que se quiebra, según el milenario código del I Ching; puedo expresarlo como 1-1 que evoluciona hacia 1-0, según el código binario de la moderna Informática. Puedo expresarlo como ideal y frustración, ricos y pobres, mayorías y minorías, Dios y el diablo, hombre y mujer… El código más básico es binario.
Un papá y una hija, un adulto y una niña, un hombre y una mujer. Ellos frente a mí con mi hija, mi sombra frente a su sombra y un abismo de incomunicación de por medio.

El yo y su sombra son un fenómeno estructural de la psiquis humana. Quizá el más básico de todos. La angustia que se abre paso en mí no reclama una solución a la pobreza en el mundo ni la curación de todos los enfermos, sino algo infinitamente más difícil de realizar: convertir el dos en UNO. En términos junguianos: integrar la Sombra en el Si-mismo.
¿Qué vi hoy por la tarde? Mi sombra; una persona sólo puede percibir desde el Si-mismo. La pregunta real es: “¿por qué percibimos?” Por el momento, lo que se puede saber es que la percepción tiende al Uno.

padre-hija

La leona ha perdido al macho dominante del grupo en la disputa por el trono, ve como el nuevo Alfa se dirige hacia su área en busca de sus cachorros. Ella no hace nada, sólo observa cómo él los devora.

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Alicia se encuentra desganada y apática, sin poder hallar ninguna motivación que la impulse a salir de años de encierro ante la imagen partida que le devuelve el espejo fracturado del placard.

Hace un año su madre partió al exterior, tras la muerte del padre de Alicia, diciendo a sus hijos que debía contactar a sus suegros por la herencia que se hallaba en otro país. En un comienzo la comunicación era frecuente, como el dinero que enviaba para sus tres hijos; a medida que fue pasando el tiempo, los llamados se tornaron esporádicos, el dinero ya no alcanzaba, y ya no respondía ningún tipo de pedido.

Mientras su hermana y hermano menores duermen, Alicia recuerda la historia familiar. Su madre se había casado para huir de su casa paterna; luego de años de Psicoanálisis decidió que debía darle lugar a sus deseos individuales como resarcimiento a su pasado traumático, pero en estos deseos sus hijos no tenían lugar. Su padre, sometido por un padre tirano y exitoso, siempre había sentido la humillación de éste hasta la depresión devastante que lo llevó al suicidio. Alicia comprende que su madre tiene que “negociar” la herencia con su suegro… pero ello implica un sacrificio…

Los sucesos se desencadenaron tras el suicidio del padre de Alicia. Hacía tiempo que atravesaba una profunda tristeza, incomprensible para su hija, de la que nunca pudo salir. Ella sólo recordaba una breve conversación con su padre en la que él le había contado su frustración: nunca había alcanzado las expectativas de su familia de origen al decidir dejar la empresa que habían fundado y viajar hacia América en busca de su propio destino. El abuelo de Alicia no había perdonado esta decisión y menos aún la familia que luego tuvo; en todos aquellos años, el resentido abuelo, había invertido su tiempo tanto en negocios como en maniobras para transferir su capital a una persona con la que tenía un oscuro vínculo y que hacía de testaferro de aquel.

Este recuerdo eclosionó en la mente de Alicia al ver en una red social a su madre con aquel hombre y sus abuelos. Aquel hombre era el empresario que su padre le había mencionado alguna vez como aliado de algunos negocios sombríos de su abuelo; ella entiende la estrategia de unos y de otra: se trata de una alianza de negocios en la que no puede divisar qué lugar ocupan ella y sus hermanos.

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La abulia de Alicia tiene fundamento en un comportamiento instintivo y primario del que es realmente difícil salir, puesto que tiene a toda la naturaleza en su contra. El abandono materno no es una simple ausencia sino la introducción de la joven en un paradigma de pensamiento que, cómo estructura mental, implica la desaparición de Alicia junto a sus hermanos y su estado de ánimo es espejo de ello, aún cuando ella no lo comprenda. Su madre ha activado en ella el impulso de muerte, puesto que la naturaleza “sabe” que un mamífero en desarrollo depende de la asistencia primaria, y ella ha sufrido una doble pérdida. Sin embargo, Alicia es mucho más que un mamífero.

Su psiquis no funciona como la del resto de los animales, cuando la de aquellos tan sólo se dejaría caer en la muerte, a lo sumo enviando un grito apagado de dolor a un otro inexistente, el proceso mental de la joven humana envía la señal hacia ella misma, hacia su propio Ego, produciendo el desdoblamiento del ser.

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Alicia hace consciente el inconsciente familiar. Su ser se desdobla a través del proceso reflexivo que la hace verse a sí misma como si fuese otra; su consciente y su inconsciente se alían en la activación del Self: el más poderoso impulso de vida y autodefensa que posee la psiquis humana.

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Alicia recuerda aquella oración de pequeña junto a su mamá, en la cama antes de dormir, para protegerla de los “monstruos del ropero”:

Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares, ni de noche, ni de día.

Un joven se suicida por la violencia padecida en la escuela de parte de sus compañeros. No es la primera vez ni será la última que ocurra en la ciudad ni en Argentina. He tratado este tema en otras ocasiones pero la repetición del mismo me retrotrae hacia aquellos análisis.

La escuela no educa ni contiene, todos sabemos eso. La escuela está para controlar y someter; pocos asumimos esto. En estas pocas líneas intentaré demostrarlo.

¿Cómo podría existir una educación (esto es: el desarrollo intelectual) sin el cuidado del desarrollo de los afectos de los niños y los jóvenes? Una primera constatación nos muestra que la institución educativa no tiene su razón de ser en la formación íntegra de los nuevos ciudadanos sino es su escisión cognitivo-afectiva.

En 2015 escribí un artículo sobre el caso del niño que se quitó la vida en la zona cordillerana argentina en similares circunstancias. El arquetipo se repite.

La escuela se fundamenta en la jerarquía académica (¿sí?), en la acumulación de conocimiento (¿una modalidad del poder?) y en la competencia calificativa. Por lo tanto, su primera función y misión social es enseñar el patriarcado; éste es su paradigma subyacente y operativo. El patriarcado jerárquico implica, precisamente, que el más fuerte somete al más débil. Ello está implícito en las condiciones institucionales de posibilidad de la escuela industrial, materialista, jerárquica y competitiva.

¿Quién protege a los niños?

Nuestro desarrollo cultural se asienta sobre el sacrificio de los niños, tanto en nuestra vertiente griega (Edipo Rey) como en la cristiana. Es hora de asumirnos.

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Libro

Libro

Reseña de la obra:

Este libro constituye una hipótesis de trabajo acerca del sacrificio de los niños como fenómeno cíclico y repetitivo de las sociedades humanas que, de modo individual y colectivo, correlaciona con momentos históricos de saturación percibida, en los cuales, los lazos afectivos se debilitan y fracturan, siendo los niños el eslabón más débil de la estructura de relaciones fraternas.

Dicha hipótesis se desarrolla a través de la modalidad del ensayo, dónde el lector es invitado a involucrarse, a través de la toma de consciencia, en los comportamientos que conducen a la agresión hacia los niños, desde las ansias de productividad hasta el sacrificio del “niño interior”, en el contexto de una “sociedad de consumo de seres humanos”.

La problemática es abordada por medio del estudio de arquetipos que conforman nuestra psiquis colectiva y que, como macro marco de referencia, modelan desde nuestros saberes inconscientes nuestros actos cotidianos, más allá de lo que podemos comprender. En la confrontación entre la racionalidad griega y la mitología judeo-cristiana, se traza esta línea de trabajo.

Se recopilan en este texto los principales artículos relacionados a la niños publicados desde el inicio de esta web.

Web del libro: https://elsacrificioweb.com/