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La paternidad en nuestros tiempos

En la víspera del día del padre presentaré, junto a mi equipo de trabajo, este libro sobre la figura paterna en la sociedad actual. Es el tercero de una serie enfocada en los aspectos psicológicos y sociales del vínculo padre-hijos. En este caso, la historia se traza sobre un hombre cuya hija ha desaparecido misteriosamente, imagen simbólica del hombre que pierde su alma detrás del consumismo, el hedonismo y la violencia.

La narrativa es acompañada por una sucesión de ensayos en los que argumento por qué considero que la restitución de los daños del fallo de la función paterna es la clave de lectura para comprender el devenir de las próximas generaciones, huérfanas de dirección y sentido para sus incipientes vidas.

En un mundo multicolor, el claroscuro se impone – Parte II

Algunos dicen que los seres humanos podemos ver una amplia gama de colores mientras que los animales -correcto sería decir: ‘el resto de los animales’- sólo percibirían tonos de grises, entre el blanco y el negro. No obstante, esta descalificación de nuestros hermanos animales es puesta en duda frente a la potente visión de un águila, un lince o un felino nocturno cuya vista es superior a la nuestra. Entonces, ¿cuál es nuestra ventaja, si es que realmente la tenemos? ¿Nuestra visión es realmente superior a la del resto de la naturaleza o simplemente estamos negando con el orgullo de nuestro ego que somos realmente limitados? En pocas palabras y para no extenderme en un tema secundario, nosotros vemos el “partido de fútbol” de la vida en un TV de altísima definición, mientras que los animales perciben con todos los sentidos porque están en la cancha y son parte del juego.

¿Por qué te hago este planteo?

Hace 500 años los nativos de las tierras americanas fueron engañados por los avaros conquistadores que los deslumbraron con el brillo de sus telas e imágenes, quitándoles el oro de las montañas por el color de su propia imagen devuelta en un espejo. ¡Qué preciado valor tenía su ego!

Desde aquel tiempo, la estrategia ha sido infalible y como arquetipo que incesantemente puja por manifestarse, encarnamos generación tras generación esta trágica profecía reeditada por las redes sociales digitales.

Espejito, espejito; altar de nuestro ego te adoramos.

Sólo 1

Desde mi punto de vista, la cuestión no ha sido ni es la avaricia de los extranjeros -digamos, por ejemplo: ¡Instagram!-, sino el hecho de carecer de un criterio de referencia para poder discernir la substancia real del intercambio.

Cuando empleamos una red social para comunicar una imagen de nosotros mismos, se produce un intercambio manifiesto entre la divulgación masiva que la red realiza de nuestro ego y la información que obtiene de nosotros; sin embargo, existe otro “intercambio comercial” aún más incisivo: en nuestra propia Ánima o Ánimus hemos cedido el insight por el outside, abandonando el conocimiento interior.

Como hábil tentador, el conquistador no nos fuerza al abandono de nuestro mundo interno, nosotros se lo hemos entregado sin siquiera el más mínimo reparo, sin considerar las “implicancias” de este perverso contrato espiritual. ¿Por qué hacemos esto?

En muchas ocasiones, solamente dos tonos hacen más sencilla la toma de decisiones frente a la multitud de opciones.

Freud contra Dios

Es llamativo que Sigmund Freud (creador del Psicoanálisis) hablara de “represión” por parte de la religión siendo él mismo judío; me cuesta creer que él no supiera que los criterios antiquísimos de su pueblo no tienen que ver en absoluto con un rechazo de la sexualidad sino con el hecho de ofrecerles un criterio organizador.

Los mandamientos de la ley hebrea constituyen un principio activo -como el elemento activo de un fármaco que cura una enfermedad-, no buscan restringir un comportamiento sino organizarlo en base a un único referente. Repito: un único centro de atención.

La estética y el placer relajan la concentración del ser humano, no están mal de por sí, pero no sirven en absoluto cuando las personas atravesamos situaciones críticas en la vida. Figurémonos que, ante la pérdida de trabajo de un padre de familia, se le dijese:

Ve a la peluquería, córtate el cabello para sentirte más a gusto contigo mismo y luego cómprate un buen vino para relajarte esta noche antes de dormir.

Parece una broma; sin embargo, dudo de cuántas personas sabrían qué decir a un hombre en esta situación.

Es increíble el estado de humillación al que hemos sometido nuestra propia alma americana al dejar de lado el forjar principios (¡palabra repudiada por los grandes intelectuales de esta parte del continente!) que sean los promotores de valor en todos los planos de nuestras vidas.

La creación de valor de una sociedad no está dada por los recursos naturales, las nuevas tecnologías o el conocimiento que posee, menos aún por el capital o el socialismo; la creación de valor depende de, precisamente, “crear valor”, y esto sólo puede realizarse a partir de criterios con los cuales desarrollamos nuestro mundo interno, nuestra experiencia y nuestro accionar.

En un mundo multicolor, el claroscuro se impone

Libro sobre Psicología de la paternidad desde la perspectiva de la psicología junguiana. Presentación: día del padre 2020.

En un mundo multicolor, el claroscuro se impone

2000 años antes de Cristo. Un anciano se desplaza con su gente por las arenas del desierto de Medio Oriente: por delante, en búsqueda de mejores tierras para su familia y animales, por detrás, huyendo de la ciudad donde la civilización concentra múltiples oportunidades de intercambio comercial.

Como a todo hombre de aquella época, la obsesión de un dios lo conduce hacia una promesa. Un dios, uno solo; en ello radica el nudo de su conflicto con sus contemporáneos. Pero él no tiene una imagen para su dios, una forma esculpida con la que representarlo, ni siquiera un nombre para designarlo.

Debe huir porque la confrontación entre su espíritu y el de sus coetáneos ha llegado a niveles exacerbados de los que su pequeño dios es símbolo frente a la gran Reina del Cielo, divinidad de prosperidad tanto para hombres como para sus tenencias. Frente a la diosa de la fertilidad, la guerra y el comercio, el innombrado no tiene algo por hacer.

Su fortísima intuición es la que lo conduce día y noche sin descanso. Para sopresa de sus familiares y esclavos, la tierra esperada es hallada y un mejor lugar recompensa la intuición del anciano visionario del alejamiento del progreso de la ciudad de su época.

Por algún motivo que no comprende él se siente más libre a distancia de la multitud de recursos y bienes, algo gestado en su interior hace que encuentre mayor satisfacción en su instinto de búsqueda incipiente de significado que en el poder de aquella figura materna y sensual que, mientras a otros exita, a él le hace abominarla.

La tierra que buscó no fue meramente un lugar con mejores condiciones de vida, sino un espacio de libertad interior en el que permitir la expansión de su experiencia, la cual, en medio de una sociedad de múltiples ofertas no podía desarrollar.

Un impulso místico en un hombre muy primitivo, un rechazo de lo múltiple y la búsqueda de lo único. Su confrontación permanece 4000 años más tarde, por fuera y por dentro de cada corazón humano. El pequeño dios sin nombre todavía vive, no así la diosa de templos y esculturas de su época. Un poder dominante por concentración de la energía interior; frente a él, esgrime el florete otro poder cuya dispersión reiteradamente desagota su energía por sus múltiples filtraciones.

2020: Función paterna

El hombre canoso de la derecha, de 56 años, es lo que ninguna red social jamás podrá hacer con alguien, lo que Netflix no puede emular ni la inteligencia artificial recrear: este hombre es una de las mentes más poderosas de la historia de la humanidad y dispone de una herramienta frente a sí para transmitir su poder a todo niño que se siente frente a él, tablero de por medio: ése hombre es la función paterna en acción.

El peor momento de la historia para hablar del padre

Ausentes, abandonando sus hogares, abusadores y violadores, “violentos por naturaleza”; traficantes, portadores de los más altos índices de delito, autoritarios y patriarcales… Y un sin número de palabras que nos llegan a los hombres como perdigones de grueso calibre.

Sin lugar a dudas, es éste el peor momento de la historia de la humanidad para hablar del padre; la mayoría de los psicólogos están hablando de políticas de género y las bondades del consumo de marihuana, ¿por qué mejor no llamarme a silencio?

Cada comienzo de año defino un eje temático a desarrollar: el año 2019 fue el concepto de no hacer proveniente del Taoísmo, en 2018 trabajé la melancolía en torno al libro “Alicia Sin Espejo”. Este año voy a centrarme en la función paterna; “función”, no “figura”.

Todos los adjetivos que el discurso aniñado de los ideólogos contemporáneos dirige sobre nosotros, los hombres, se plantea en un nivel implícito como la única definición del varón. De modo que, a partir de este momento, me voy a sentar en un sillón en la vereda de mi casa esperando ver la imagen de un niño que, anhelando a su padre, pudo encontrar el mismo reconocimiento desde su madre. Dije “reconocimiento”, ese que un niño varón espera de su padre y que en absoluto le importa que provenga de su tierna mamita.

¡Es cultural!, me grita una joven con un pañuelo verde en su puño izquierdo.

No hay cura sin función paterna

Para que no queden dudas acerca de la radicalidad de este planteo y de lo que significa la función paterna -extensamente trabajada por el psicoanalista francés Jaques Lacan- voy a demostrar como no existe cura a nivel psicológico y espiritual si no es a través de la incidencia en el ser humano de la función paterna.

¿Qué es la función paterna? Creo que lo he trabajado hasta el hartazgo en este website, no obstante, hoy agregaría una idea: la función paterna es el encuentro entre “el más grande del mundo” y un niño un niño que lo admira, tablero de por medio. Por supuesto que el más grande del mundo no es el campeón mundial de ajedrez, sino papá.

Función paterna (alguien que ocupe este lugar):

  • el hombre más poderoso;
  • una herramienta cultural que haga de intermediaria;
  • un niño que lo admira;

Resultado: reconocimiento (Zoja, L) e identificación al padre (Freud, S).

Los conceptos de reconocimiento e identificación los analizaré a continuación en los siguientes ensayos. Por el momento, valga esto de Presentación.

Nota a pie de página

Todavía hay algo más que quiero agregar; quizás alguno mantiene aún alguna duda acerca de la importancia trascendental que posee la paternidad en la psiquis humana.

En el siglo VIII aC Homero recita la Odisea, donde pone de manifiesto la importancia del padre para la organización social de la naciente civilización griega que dará a luz al conocimiento más vasto que conocemos en Occidente; por otra parte, hace 2000 años Jesucristo centra toda su predicación en “El Reino del Padre” y su vida parte literalmente la historia en dos mitades. Los pilares fundamentales de nuestra experiencia planetaria hallan cimiento en la función paterna. Aclarado este punto, cierro esta nota.

El don de crear

El domingo escuché una pregunta, era una pregunta sutil, en apariencia sencilla, pero una de las pocas preguntas que realmente no puede el ser humano responder. Esa pregunta apuntaba a un límite que no podemos percibir, como cuando intentamos pensar en el límite del universo. Allí nuestro sistema cognitivo -nuestro pensamiento- toca una especie de agujero negro de la psiquis. La pregunta decía algo más o menos así:

¿Hay condenación?

¿Existe el juicio, el juzgar?

No es una pregunta teológica acerca de lo que pase en “el otro mundo”, es una pregunta concreta sobre nuestra vida cotidiana.

Cuando escuché la pregunta, que no podía ni puedo responder, argumenté que los curadores curamos independientemente de la voluntad de las personas, o de si son buenas o malas, sólo es necesario entrar en contacto; por lo tanto, puedo decir que hay sanación y supongo que Dios también debe querer salvar a todo aquel con el que entre “en contacto personal”, como lo hizo Jesús. No obstante, no nos apresuremos con mi optimismo.

Mi día se oscureció de inmediato a partir ese momento, aún cuando era exactamente el mediodía y quedé realmente abatido sin saber por qué. Quizás pienses que soy muy vulnerable y que esto es una gran estupidez. Es posible, pero como te dije, pertenezco al gremio de los curadores y la naturaleza ha ocasionado una particular herida en nosotros que nos produce sensibilidad con las cosas que enferman la psiquis de las personas. Si me permitís, voy a intentar mostrártelo.

Absorbiendo un poco más de veneno

Antes pensaba que era una bendición del Señor poder tomar el “veneno” de otra persona y generar los “anticuerpos” para ella -como lo hacen los caballos al producir el suero antiofídico que neutraliza la ponsoña de la serpiente-, ahora lo vivo como una maldición de la que no puedo huir.

La cuestión es que me llevó varias horas poder salir fuera de ese estado de desolación aparentemente injustificado, y pude hacerlo a través de una imagen o un símbolo que llegó a mi mente y que me permitió comprender la tensión existente entre el ser humano y el mal -el mal real, no estoy hablando de cuestiones del más allá.

Dones en conflicto

El mito del Génesis muestra un atributo del ser humano que aún hoy, miles de años después del enunciado de este libro, no llegamos a comprender. El ser humano tiene una cualidad que lo hace semejante a Dios, que lo “diviniza” podría decir y que, simbólicamente representa el árbol de la vida en el relato legendario, del que Adán y Eva podían comer. O sea: el mito dice que el ser humano recibe un don de Dios y que éste es la capacidad de crear -junto con Dios. La creatividad sería entonces el aspecto que más emparenta al hombre con lo celestial. Sin embargo, Dios tiene otra cualidad que también “dona”, pero esta vez no al hombre, sino a los ángeles: a ellos los “co-participa” del don de juzgar. El símbolo de ello en el relato del Génesis es el árbol del conocimiento del bien y del mal -esto es: “discernir, separar esto de aquello”, o sea: “juzgar”-, árbol con el que tienta la serpiente a Eva.

Permitime una digresión…

Este es el momento en el que todos los que tienen un trauma por algo que le hizo un sacerdote, pastor o lo que fuera, salen a esgrimir todas sus razones y fundaciones, aforismos y silogismos… No te evadas del problema por favor, lo que te estoy comunicando es mucho peor que lo que te hayan hecho y, además, nadie va a decírtelo. De hecho, te desafío a que encuentres alguien que te lo haya dicho… ¡Sin adquirir posiciones ideológicas! Ya que, si así fuese, otra vez estaríamos hablado de “juicios de valor”. Creo oír tu pregunta en este momento… ¡Así es! ¡No adopto ninguna postura acerca de nada! Te confieso que no es idea mía, lo tomé de Lao Tsé.

Luego de todo esto -gracias a Dios no fui tan extenso- intento volver al eje del razonamiento.

El asunto es que hubo un ángel, un tal Lucifer, que poseía dos rasgos sobresalientes -esto quiere decir que no era un No Name en el Reino de Dios-, este personaje era el más bello de los ángeles que Dios había creado y el más inteligente. Cómo si no fuera poco, compartía con Dios y con el resto de los ángeles el don de juzgar, el cual el ser humano no tenía, le estaba prohibido explícitamente por el Creador. Lucifer no acepta que los ángeles, o sea: las Funciones Psicológicas Superiores -inteligencia, cálculo matemático, analisis lógico-racional, bla… bla… bla…, y todo eso-, no puedan crear.

¡Momento! ¿No te lo dije? Bueno, entonces te cuento que los ángeles son un símbolo de funciones psicológicas inconscientes -¡por eso son invisibles!- del ser humano.

Estoy divagando demasiado. Lo que sucede es que me llegan críticas de todas partes, quiero responder y no acepto que no puedo todo 😦

La cuestión, decía, se traza en este plano: Lucifer rechaza la posibilidad del Yo (= humano) de crear y lo ataca ofreciéndole la posibilidad de juzgar el bien y el mal, distinguir al justo del pescador, el salvo del condenado. Las implicancias de esto son mucho más grandes de lo que puedas imaginar, todo nuestro orden social está asentado sobre este error, el de desplazar a la creatividad por el juicio.

Estoy agotado… Necesito un vaso con agua.

Antes que me grites te lo confieso:

– Sí, soy anarquista, no creo en el Estado.

¿Sabías que el anarquismo surgió de comunidades cristianas y de piratas? Lo dejamos para otro ensayo.

El gran Creador

Esta tesis de la artista Julia Cameron pone en evidencia lo que estaba delante de nuestros ojos; si Dios es el que creó todo, entonces…

¡El tipo se dedica al arte!

Desde el punto de vista psicológico, esto significa que la función paterna (=Dios) que resulta eje central de la psiquis humana tiene los recursos propios para solucionar las situaciones problemáticas que encuentre a través de la creatividad; nunca -¡jamás!- a través del juicio de valor. La herramienta natural de resolución de problemas para el ser humano es su destreza creativa, no la acumulación científica del conocimiento.

¡Basta! ¡No voy a responder a esa pregunta! Ya dije que Lucifer (= inteligencia y belleza… ¡Oh! Instagram… ¿quién es el joven más bello de toda la comarca?) también es creación de Dios y el árbol del conocimiento (= ciencia) el mismo Dios lo puso en el medio del Edén; con lo que queda claro que la ciencia es valorada por Dios, sólo que no tiene autonomía suficiente para dominar a la creatividad. De aquí el símbolo de Lucifer que intenta suplir el lugar de Dios y ser él “quién mande en este mundo”.

– No no no, estoy cansado, no voy a hablar de Einstein y la bomba atómica. Me voy a dormir.