Carta de un psicólogo a una feminista

Observo una realidad en nuestra sociedad que me preocupa mucho, en particular en los barrios periféricos de nuestro país aunque no exclusivamente; pero sí donde se concentra la mayor parte de la población: el índice de embarazos no deseados que hoy la función política pone en escena público por medio del debate sobre el aborto.

Hace muchos años que estudio e investigo la psicología del varón, por ello, cuando pienso en el tema del aborto, lo primero que considero es la enorme cantidad de hombres ausentes o abusadores detrás de cada embarazo no deseado.

Un fenómeno que me produce mucho dolor es el de las violaciones y abusos sexuales, con tasas mucho más elevadas que las de los embarazos no deseados pero de las que, muchas veces, estos embarazos son efecto.

Permitime mostrarte algo a través de una composición de lugar: imaginate que soy tu pareja, que vivimos en un barrio carenciado del país con muy pocos servicios; yo soy el que aporta algo de dinero y vos tenés una hija, digamos de 11 años. Yo soy violento, golpeador, pero no sólo eso, también soy un abusador y violador de tu hija. Supongamos que esto sucede desde hace muchos años, vos lo sabés pero no podés huir, no tenés a dónde ir y, como si esto fuera poco, yo te mantengo amenazada de muerte a vos y a tu única hija, y sabés lo que puedo llegar a hacer…

Pero algo imprevisto sucede. Un día, tu hija está embarazada. Tarde o temprano tendrás que llevarla al hospital -al menos eso pensás-; recordás tu propio embarazo, el de esta hija tuya cuando vos también eras apenas adolescente. Tu memoria te lleva hacia aquel momento en que llena de temor fuiste con tu mamá al Servicio de Maternidad del Hospital. Allí te enteraste que había un lugar específico para vos llamado “Área de embarazo adolescente”; allí las enfermeras eran muy amables y te sorprendió como te trató el médico ginecólogo, quién fue unos meses después quién estuvo en tu parto. La entrevista con el médico fue sólo el inicio, después te entrevistó la asistente social que completó una ficha con muchos datos tuyos, en la que te preguntó donde vivías, si tu casa tenía piso de tierra o de material, si dormías sola en tu pieza u otras personas la compartían contigo; ella tomó mucho tiempo para oír tus respuestas. Después entrevistó a tu mamá, a quién pudiste ver preocupada a través del vidrio de la puerta de la oficina. Luego tuviste una entrevista con un psicólogo, no te acordás bien qué te preguntó pero sí que hablaste mucho y al irte a tu casa sentiste que te habías sacado “una mochila de encima”.

De repente, algo te trae a la realidad del tiempo presente. Soy yo otra vez, tu pareja, que acabo de cerrar violentamente la puerta al ingresar. Ves mi cara, mezcla de sonrisa y bronca, tengo un papel en la mano con un instructivo. El tiempo ha cambiado y en Argentina el aborto ahora es legal y yo te digo e impongo lo que vamos a hacer, lo que vas a decir, lo que vas a hacerle hacer a tu hija. Tengo poder suficiente sobre vos para poder imponerte esto.

Ahora sí es el fin, ahora sí es la tragedia. Ahora se presenta un nuevo escenario, una nueva realidad. Tu pequeña hija seguirá siendo violada noche tras noche, sus embarazos continuarán ocurriendo como así también los abortos que los silencien.

Quizás vos me digas que este caso es excepcional o que soy un fabulador que está intentando manipularte con una ficción, sin embargo, la realidad es otra. La composición de lugar que te ofrecí es real y yo fui, en mi residencia universitaria, hace 17 años, el psicólogo que entrevistó a estas niñas-adolescentes en el área de embarazo adolescente de un hospital local. Lo que te cuento es real y creo que no comprendés aún lo frecuente que es, mucho peor aún, no comprendés la mente del abusador que está usufructuando de vos, una mujer con ideales que quiere defender a otras mujeres.

La mente del hombre abusador es el problema relevante y crítico real a afrontar, éste abusador puede ser un violador o alguien que abandona a su pareja tras la noticia del embarazo reciente. El punto es que a este abusador le sirve, le conviene, el aborto. De modo similar a cómo los felinos machos buscan matar hasta sus propias crias para que la hembra entre rápidamente en celo, el hombre perverso se ve beneficiado enormemente de no asumir la responsabilidad de sus actos. Hasta José, el padre de Jesús, quiso abandonar a su mujer cuando se enteró que ella estaba embarazada.

Pero hay algo más, algo que no tiene que ver con la sexualidad y los embarazos sino con el poder. ¿Por qué muchos gobiernos, y cierto sector político, están tan interesados en las leyes que permiten la generalización del aborto? Lamento decirte que ello no se debe a la voluntad de defender los derechos de la mujer sino que tiene que ver con otro fenómeno que es el poder.

No voy a tratar este tema aquí y supongo que nunca lo haré públicamente. Sólo voy a mostrártelo y dejarlo como un “final abierto”…

Hace pocos años se realizó un descubrimiento arqueológico importante en lo que fue territorio de los incas: en un valle de la cordillera peruana se hallaron los restos fósiles del que es el mayor sacrificio de niños conocido hasta la fecha. Los incas no eran seres bestiales primitivos e ignorantes, todo lo contrario, eran muy inteligentes y su cultura se hallaba muy desarrollada; de hecho, se supone que fueron las castas superiores las que promovieron este infanticidio. ¿Por qué lo hicieron? Por una oscura relación entre poder político, religión oficial y sacrificio de niños.

Sé que el argumento que te presento es irrefutable; sé que defiendo a las mujeres víctimas de violencia y abusos sexuales más de lo que muchas personas dicen hacerlo. Sé que no vas a aceptar hoy mi argumento pero que, tarde o temprano, me vas a comprender. No por lo que te haya dicho, sino porque el poder político te va a dar la espalda.

Un momento para reencontrar el “eje” (no-hacer)

Quizás no sucedió nada terrible, tal vez todo parece normal, pero dentro nuestro tenemos esa sensación de que nos falta algo, que no estamos centrados en quiénes nosotros realmente somos o como deseamos ser, nos hemos salido de nuestro “eje”.

En esta reflexión te propongo una experiencia sencilla para hacer contacto con tu alma, con el centro de vos misma o de vos mismo. Veamos.

Síntomas en apariencia inexplicables

Hace algunos años los psicólogos nos vimos sorprendidos en nuestros consultorios por una serie de consultas que no respondían a una patología clara ni tenían síntomas bien definidos, sino que en su lugar la persona experimentaba un difuso malestar que no sabía de dónde provenía ni tampoco qué hacer ante esa situación. En algunos casos el sufrimiento psíquico llegaba a ser tan intenso que fue descripto como “una sensación de vacío aquí en el pecho”, o en la zona abdominal.

La mayoría de los psicólogos clínicos plantearon que se trataba de nuevas formas de los llamados “Trastornos de Ansiedad Generalizada”; no obstante, otros preferimos comenzar a emplear la noción de “patologías del vacío”. Si bien esta última expresión suena un poco fuerte, el tiempo fue mostrando un fenómeno muy propio de nuestra época en la que la soledad, la pérdida de sentido y el miedo a lo desconocido se entrelazaban para conformar ciertamente una sensación de vacío.

Actualmente, de ser algo esporádico y en algunos individuos, esta sensación pasó a convertirse en una experiencia común a la mayoría de las personas jóvenes y adultas.

Relajación

Los síntomas de ansiedad suelen responder muy bien cuando aplicamos una técnica de relajación o de meditación; en estos casos se trata de acciones muy efectivas con las que podemos luchar contra la ansiedad. Sin embargo, lo que funciona para la ansiedad produce el resultado opuesto en la patología del vacío acrecentando aún más la inquietud vivenciada.

Bicicleta, mate y un libro

Los curadores tenemos dos maneras a través de las que intentamos ayudar a las personas que sufren. En la primera de ellas, buscamos “empujar” al individuo hacia el estado de salud que buscamos. Un ejemplo de esto son las herramientas de relajación que mencioné en las que creamos mentalmente el estado de relajación que se necesita para poseer bienestar. Esto representa la acción ideal. Pero en otras ocasiones no tenemos tanta suerte y debemos actuar por la segunda forma.

Si padecemos una extraña sensación de vacío… pues bien, “¡vayamos en esa dirección!” Generemos el vacío como experiencia de conocimiento para descubrir cuál es el origen real de esta sensación.

La mejor terapéutica para el vacío es comenzar a separar un momento del día o de la semana en el que podemos apartarnos de la vida cotidiana algunas horas y no hacer algo en particular, detener la acción. Quizás podamos lograr esto de una manera muy económica tomando nuestra bicicleta, preparándonos el mate y llevando un buen libro; una vez localizamos un lugar en el que podemos pasar unas horas en soledad con nosotros mismos y alejados del ambiente ordinario, comenzaremos a sentir cierto alivio, como si un “vacío sano” desalojase a un “vacío enfermo”.

La industria tiene una terapéutica similar: horas y horas frente a la pantalla mirando series televisivas. Pero es una solución industrial, masiva y creada por otras personas; nosotros intentaremos encontrar una “solución artesanal” para nuestro vacío.

Sucede que lo que llamé “patología del vacío” no es una patología sino la manifestación dolorosa de una necesidad insatisfecha -y muy importante- que tenemos la mayoría de los seres humanos contemporáneos: la necesidad de encuentro con una parte de nosotros mismos -nuestra alma podría decir- y, cuando logramos tomar consciencia de esto, comienza a darse un cambio radical en nosotros.

Si el vacío se siente como una clase de desorganización interior, el encuentro con nuestra alma se vivencia como comenzar a “encontrar el eje”.

Mientras la ansiedad respondía satisfactoriamente a la relajación, el vacío lo hace frente al enfoque de la atención consciente.

Estas ideas son un aceptable comienzo para quién atraviesa esta sensación, aunque sólo representan una aproximación. Seguiré con este tema en futuros posts.

Qué tiene valor. Narciso y Eco

El trabajo de una persona en una organización puede ser considerado por el esfuerzo productivo de él/ella o, en contraposición, ser apreciado por el dinero que representa lo que hace. Un hombre que produce un objeto dentro de una organización puede ser valorado por ésta como un capital humano en sí mismo o, por el contrario, el valor económico que se obtiene de la venta de aquello que produce, cuánto dinero obtiene la institución por la comercialización de dichos productos. Parece un planteo sencillo, sin embargo, no lo es tanto.

Por lo general -no siempre- las empresas valoran a su empleado bajo la segunda modalidad que describí; por otra parte, podemos ver que en un club deportivo los deportistas serán necesariamente valorados por su destreza intrínseca y los resultados obtenidos -que no pueden ser anticipados- serán una consecuencia. Existe un tercer caso, en el que la persona que trabaja no es valorada ni por uno ni por otro medio, lo cuál resulta deshumanizante; por lo común sucede en las burocracias, dónde lo único que tiene valor es el protocolo.

Karl Marx dijo que el capitalista se apropia de un valor que el trabajador agrega al objeto que produce al que llamó plusvalía; sin embargo, su análisis era económico mayormente. Quisiera agregar un aspecto subjetivo a este tema que puedo plantear como hipótesis:

En las sociedades contemporáneas -de cualquier índole política- el individuo que posee poder de coacción se apropia del valor económico del producto del trabajo y deshecha el valor de la persona que trabaja.

En un esquema sencillo:

Persona –> trabajo ==> producto.

  • Valoración caso 1: “Lo que vale es el producto.”
  • Valoración caso 2: “Lo que vale es la persona, independientemente del resultado.”

¿Por qué hago este planteo?

Porque es una manera sencilla de comprender que el problema de la violencia social e inseguridad que padecemos en muchos países de América no tiene solución con este tipo de planteos. ¿Por qué? Porque la valoración de los productos siempre es inferior a la de las personas. Es como si un líder social tomara niños de seis años, en su primer grado de escuela, y dijese que sólo podrán seguir asistiendo al establecimiento aquellos que le reporten una ganancia clara al Estado en una proyección estimada de 15 años; sin dudas, muchos niños deberían ser descartados del sistema educativo porque “no van a servir” o “no producirán ganancias” al sector privado.

Nuestro sistema de organización social (tanto el de mercado como el socialista) coloca el valor de un ser humano en su resultado, es intrínsecamente esclavista y conlleva la acumulación del sector de poder sobre el sector de trabajo. Al primero le voy a llamar Líder Narcisista, al segundo, Paciente Espejista.

Narcisista y Espejista

Estos son conceptos centrales de las Psicoterapias Focalizadas Integradoras, están tomados del mito de Narciso y la ninfa Eco, que sólo puede repetir lo que el bello y egocéntrico Narciso dice.

Dado que el líder narcisista impone las reglas del juego, el pasivo espejista no podrá cambiarlas fácilmente. Sin embargo, si logra tomar consciencia del “engaño mental” y elaborar su propia valoración, podrá comenzar a quitarse las cadenas esclavistas.

Un pequeño cambio

Esta toma de consciencia permite algo más: la emergencia de un arquetipo del Inconsciente Colectivo, una especie de “gen dormido” que se activa con dicha toma de consciencia; un suave “olor a libertad” lo despierta. Este patrón innato de la mente adquiere la forma de un impulso creativo que le ofrece la motivación suficiente para comenzar a hacer algo productivo para las personas que realmente lo valoran, tal vez se trate de algo muy sencillo, tal vez siquiera sea crear barquitos de papel para unos niños que juegan en el agua que corre junto al cordón de la vereda; o salir al parque en bicicleta y tomarse la tarde para leer un libro junto al lago.

Es difícil de creer, pero un barquito de papel y un libro pueden demoler a la organización más poderosa del mundo.

Cuatro papás

Tengo cuatro amigos, ellos no se conocen entre sí pero tienen algo en común, algo que los conecta inconscientemente sin que ellos lo sepan: los cuatro son papás solos de un hijo o una hija.

Una niña al costado del camino

Uno de ellos no supo bien que hacer cuando tuvo su hija, pensó que con sólo tenerla era suficiente; su beba pasó la mayor parte de su tiempo en manos ajenas, entre guarderías, escuelas y demás instituciones para niños. Sin darse cuenta, Germán fue dejando al costado de “su” camino a “su” propia hijita y, para bien o para mal, su destino fue marcado por terceras personas.

Una alegría efímera

Santi es un amigo que recibió con mucho entusiasmo el nacimiento de su hijo: fue una alegría inmensa para él. Recuerdo su cara de felicidad absoluta cuando nos pasó la foto de ambos en el sanatorio: “recién salidito del horno”, nos escribió en el grupo.

Santi es una buena persona, pero confieso que los amigos no aceptábamos mucho a su esposa. No tardó mucho en llegar el día en que nos contó que “las cosas” no estaban bien con Guillermina. Habían perdido intimidad y, antes que el pequeño Felipe cumpliera un año, Santiago le había sido infiel a su mujer. Ella lo descubrió y se separaron.

Aunque parezca increíble, en tan poco tiempo, el afecto de papá se secó, no se profundizó y Felipe creció con un padre ausente.

Trabajo, preocupación y exigencias

Distinto fue el caso de Facundo: él tuvo un hijo de soltero y su relación con su hijo siempre fue directa. Si bien no veía a diario a su niño, Facundo es, sin dudarlo, un padre presente e interesado en su hijo. Sin embargo, él es un hombre exitoso. Es un profesional de renombre internacional que recorre el mundo entre congresos y reuniones con empresarios. Su niño crece bien al cuidado de su madre, pero su papá responde a él sólo en segundo lugar, tras las preocupaciones de su demandante éxito personal e individual. No sé qué piensa su pequeño niño, pero ya es consciente de que está en segundo lugar para su papá.

Un papá rebelde

El cuarto de mis amigos es Gustavo, hijo de italianos y bastante gruñón, no hay día que no se queje de algo o de alguien, en particular de su ex esposa que lo dejó y le fue infiel. Pasaron ya varios años y él no ha rehecho su vida. Sin embargo, algo me llama la atención de él…

El último verano tomábamos una cerveza en un barcito de la ciudad y me contó que había dejado la empresa en la que trabajaba como profesional para dedicarse de lleno a su vocación docente. Pero había algo más en esta decisión, de esta manera había logrado liberar todas sus tardes para tener más tiempo con su hijo. No es una decisión que “brille” ante la mirada contemporánea, no obstante, sí brilla a los ojos de su hijito que sabe que “¡aquí hay papá!”

Gustavo no es docente solamente porque le gusta su materia, él tiene una especie de “don” por estar atento a las problemáticas existenciales que viven los adolescentes.

Aquel día, el de la cerveza, recuerdo que me comentó el caso de un alumno que había perdido trágicamente a su padre y todo lo que él -Gustavo- había hecho por que sus compañeros estén presentes con aquel jóven que sintió realmente la presencia afectiva de sus amigos.

Su paternidad de un único hijo rinde por 30 alumnos, 100 jóvenes, 1000 veces.

Pero ese día Gustavo no estaba de buen humor; me dijo:

Yo no creo en Dios; si existiese, no podría permitir que esto suceda.

Mientras me hablaba me vino una idea a la mente:

Si Dios existe, debe ser como Gustavo.

La detención de la violencia

En el país en el que vivo y en la región en la que me encuentro, año a año, mes a mes, semana a semana, la violencia hacia la mujer se incrementa a niveles jamás pensados; pero no sólo ello, el tipo de crímenes se torna cada día más irracional y difícil de comprender para la sociedad.

Opciones resolutivas

He escrito muchas veces sobre este tema, en intentos diagnósticos desde la perspectiva psicológica. En este breve ensayo quisiera comenzar a esbozar posibilidades de acción que sean resolutivas.

Existen diversos modos de pensar este tema, pero permitime hacer un planteo en extremo sencillo.

Los comienzos del siglo XXI presentan innovaciones culturales de la más diversa índole; quisiera mostrarte algo al respecto: un grupo muy reducido de hombres -entre los que me incluyo- buscamos tener una relación exclusiva y directa con nuestros hijos, esto es: sin intermediación de las madres de los niños. Quizás me preguntes: ‘¿Cuál es la relación entre la violencia hacia la mujer y la paternidad directa?’

Un grupo de padres muy reducido

Los varones jóvenes poseen una fuerza y energía inherentes que no saben ni pueden controlar, pero la generación de precedente de padres no tiene mayormente interés en educarlos, por lo que permanecen “desamparados psicológicamente”.

En primer lugar los padres marginados del ideal social de familia somos los que tomamos conciencia de esta situación de los niños y los jóvenes; paradójicamente, el cambio resolutivo comienza por la “marginalidad” social.

Tarde o temprano, los papás vamos a darnos cuenta que el Estado no va a proteger a nuestros hijos, ni el de izquierda ni el de derecha; las ONG no se van a ocupar de ellos, pues no podrán evitar ser absorbidas por el poder. Ninguna institución va a realizar este trabajo y deberemos salir nosotros a realizar esta tarea tan básica y fundamental para la sociedad humana y que hemos olvidado detrás de las máscaras de nuestro Ego.

Sé de lo que hablo. Sé lo que significa “estar salvando el mundo” mientras tu esposa y tu hijo tienen un arma apuntándoles a la cabeza.

El peligro que afrontan las mujeres y los niños no se limita a un acto delictivo, es mucho más profundo, es sutil, ideológico, inyecta veneno en las frágiles psiquis de nuestros niños sin que nosotros nos demos cuenta.

Una hipótesis para actuar

No pretendo ahondar en el diagnóstico, sino en la toma de consciencia, en la necesidad que tenemos los padres-hombres de comenzar a agruparnos, a asociarnos en la defensa de lo que valoramos. Por lo tanto, ésta es a mi juicio la primera acción resolutiva para la violencia:

Los hombres comienzan a agruparse en defensa de las mujeres y los niños.

Pd: no es tan sencillo, implica dejar un poquito de lado el partido de fútbol y la peña, valoraciones extrañas que se han convertido en “religiones” del Ego del varón adulto.

Navidad es centrar la atención en los niños

Cuando un niño se encuentra en peligro

Mientras padre e hijo intentaban dormir en un frío y húmedo lugar, Aren sintió la piel muy caliente de su pequeño compañero de viaje, tomó consciencia del esfuerzo que esto representaba para él.
El niño dormía notablemente incómodo, los brazos fuertes del padre parecían no poder contener el frío de su hijo y su temor de que el niño estuviese realmente enfermo se acrecentó.
Aren sabía hacia donde se dirigía, tenía un plan para derrotar a aquel Guerrero hostil que lo asediaba, pero caía en desesperación ante la fiebre de su hijo, contra este enemigo se hallaba totalmente desarmado.

En la oscuridad recordó a un anciano que solía visitar de niño, alguien que contaba historias. Recordaba que la mayoría de los niños se aburrían con él, pero Aren disfrutaba ir para escucharlo. Aquel anciano le había dicho en una ocasión que los malos espíritus no atacan al hombre en su espíritu ni en su cuerpo; las enfermedades del cuerpo eran el resultado de la presencia de malos espíritus en la persona afectada o en su familia. El espíritu no podía ser atacado por ningún mal porque pertenecía al Águila, era su propiedad; por lo tanto, la batalla contra el mal se libraba en la mente del ser humano, en su pensamiento.
El anciano le había dicho que, en última instancia, no se puede comprender el mal ni las enfermedades desde el punto de vista de una sola persona, sino que era algo que tenía que ver con toda la humanidad. Aren nunca comprendió esta expresión, sin embargo, recordaba que el hombre calvo, de nariz muy grande, casi ciego, le había dicho que un mal espíritu es una esfera de tres caras compuesta por pensamientos-sentimientos-comportamientos indisolublemente unidos entre sí que se asentaban sobre la mente de una persona o un niño y lo atacaban para dañarlo.

-¡Papá! Me duele mucho la cabeza…

Sollozó el niño, en un estado de somnolencia entre el sueño y la vigilia. Aren sintió la angustia subir desde su vientre, pasando por su pecho como una serpiente en ascenso hasta morder fuertemente su cuello, sin permitir que el aire pudiese ingresar a sus pulmones.
El Sabio le había dicho que para que una esfera maligna pudiese descender sobre una persona, ésta o su entorno debía tener invertida, “patas para arriba”, su energía vital, como cuando un hombre busca su victoria individual antes que la de sus hijos.

– Papá…

El niño volvió a dormirse.

Con gran esfuerzo, Aren comenzó a susurrar unas palabras, una historia, la única que recordaba del Sabio.
Su hijo despertó y comenzó a escucharlo con atención, esa atención hizo que Aren se comprometiera aún más en la misión de atravesar la noche olvidándose de la angustia. Recordó detalles y más detalles, introdujo otros propios de su manera de interpretar aquella historia.
El niño se acurrucó aún más bajo el ala de su padre, buscando la protección de sus palabras y dispuesto a escuchar con mayor atención. Aren relataba y su hijo preguntaba fascinado por lo que escuchaba, era la primera vez que esto sucedía entre ambos, una experiencia irreconocible. El tiempo se detuvo, la noche se retiró y el sol comenzó a filtrarse por las pequeñas aberturas con sus rayitos de luz.

Aren tuvo un pensamiento esclarecedor: no debía subir sino bajar el cerro, debía refugiarse en una aldea dejada recientemente atrás de pacíficos e insignificantes pobladores porque allí encontraría mayor protección para su hijo, aunque ello lo retrasara en su travesía.
Aren tuvo un comportamiento decisivo: se puso en pie junto al niño y se dirigió en la dirección opuesta.
Aren rodeó con su brazo y mano la cabeza de su hijo y tuvo un sentimiento de alivio: la fiebre ya no estaba allí.

Cualquier cosa que calme el dolor

A mi hija le dolía la cabeza, ¿qué hacer? Se la veía decaída, cansada y el problema parecía no tener solución. Tenía un cuadernito y una fibras así que le enseñé a sumar con los dedos (tiene 4 añitos). Le gustó tanto que después me dibujó la Patrulla Canina de regalo.

¿Qué fue esto?

Enfoque de la atención consciente en una tarea para distraerse del dolor. Pero ella no puede hacerlo por sí sola, es muy pequeña, tuve que hacerlo yo por ella, debí ayudarla a desarrollar ese enfoque.

Este comentario parece de lo más sencillo. Ahora, pasemos al narcotráfico y la violencia.

Análisis del error

Los hombres hemos fallado al intentar transmitir algo a la próxima generación. Además, no queremos reconocerlo ni que nadie nos lo reproche, queremos que nos admiren y nos ensalcen. Pero allí están, esas feministas que nos acusan de violentos. ¿Qué les pasa a estas mujeres?

¡Tanto poder tiene la influencia paterna! Tanto como para calmar el dolor.

No podemos imaginar lo que sufre un niño en la calle, pobre, abandonado. No podemos imaginar lo que significa que no haya allí nadie para protegerlo. Pero hay un daño aún mayor, un abandono todavía peor y del que todos somos responsables: somos muchos los hombres y padres que podemos realizar esta tarea de enfocar y controlar los impulsos de dolor de un niño, sin embargo, nosotros no queremos hacerlo. Pero pasan los días y el ángel exterminador desciende sobre nuestros niños, pero allí no hay nadie para protegerlos. ¿Podrá subsistir este estilo de hombría sin sentido trascendente? Sin sentido de transmitir a otra generación. Ya vemos claramente que surge un impulso profundo, en todos los planos de nuestra sociedad que, cuál mano gigante e invisible, va apartando a los hombres de nuestra sociedad y eliminando a los jóvenes de modo implacable. No es una profecía, es un dato estadístico que podés corroborar.

Por mi parte, he descubierto un tesoro escondido: en el mejor momento de mi crecimiento profesional, dejé mi maestría incompleta para sentarme a jugar en piso.

Nota: ¡hoy es un gran día! Mi hija, que ya tiene un año más que cuando escribí la nota, me pregunto: “¿Por qué estás siempre feliz papá?”