Clara Rojas: ¿nacida de la selva o de la civilización?

[Foto: Clara Rojas cautiva por las FARC]

Esta semana ha sido de notoria repercusión global la liberación de dos mujeres secuestradas por las FARCS en Colombia, a través de la mediación exclusiva del presidente de Venezuela. Tal repercusión ha motiva el presente artículo, en busca de eslcarecer algunos conceptos específicos (que se han utilizado de modo apresurado a nuestro criterio) y de señalar una extraña inclinación que creemos percibir hacia la naturalización de estas prácticas terroristas como si se tratase de un recurso político más… entre otros…

¿Selva o civilización? Ninguna de las dos cosas: no se trata de “estados primitivos de vida” o como quiera llamársele, sino de terrorismo. Aunque los guerrilleros aparezcan mediáticamente como seres apacibles y que saludan afectuosamente, provocan un serio daño sobre la psiquis de las personas que han secuestrado.

La pregunta más llamativa acerca del caso es la que se refiere al hijo que Clara Rojas tuvo con un guerrillero de las FARCS. Nos centramos en este detalle porque parece ser el más resistente a las explicaciones mediáticas y, por ende, el más difícil de manipular puesto que se trata de un fenémeno, no de especulaciones.

¿PUEDE TRATARSE DE UN SÍNDROME DE ESTOCOLMO?

Entre raptores y raptados puede crearse un lazo afectivo que se desarrolla progresivamente a partir de la regresión a una condición psicológica infantil. El sujeto secuestrado adopta la causa del secuestrador por medio del mecanismo psíquico de la identificación: se trata del Síndrome de Estocolmo, una relación afectiva de naturaleza probablemente perversa que nace de la exigencia de la mente de recuperar el equilibrio después del shock de la captura.

La definición de este Síndrome fue dada por el criminólogo y psicólogo Nils Bejerot, que colaboró con la policía durante un secuestro en 1973, del cual toma el nombre este fenómeno; en aquel hecho, los prisioneros se habían negado a declarar, tras su liberación, en contra de sus captores, incluso los defendieron. Pero la popularidad de este término se debió al caso de Patricia Hearst. En sentido estricto, se trata de una condición ligada a condiciones de secuestro o rapto; no obstante, algunos investigadores lo remiten a otras situaciones de naturaleza relacionada, como pueden serlo la violencia doméstica, el trato interno de sectas religiosas o campos de prisioneros. En todos los casos se trata de situaciones de dependencia.

En cierta medida, el síndrome se puede explicar debido a que, tras el rapto, la psquis de la víctima buscará un nuevo equilibrio en medio de una situación desconocida. Paradojalmente, la primera persona con la que el secuestrado puede construir una relación humana es, propiamente, su raptor. La relación humana propuesta a la víctima no es en ningún modo comparable a aquellas situaciones normales en la familia o en la sociedad. Está fundada en una dependencia total: una interacción asimétrica que esquematiza el nuevo sistema de valores de la víctima.

Se dan otros fenómenos psicológicos concurrentes como la regresión, la identificación, pero es de destacar el hecho que, durante le secuentro, el prisionero toma inevitablemente consciencia del propio valor de “mercancía de cambio” y de las fluctuaciones de su “precio” durante las negociaciones: pierde así toda identidad social; considerado un bien material, entra en proceso de deshumanización.

El caso de Clara Rojas puede tratarse o no de Síndrome de Estocolmo. No obstante, no se trata de diagnosticar, no tiene mayor trascendencia para el análisis psico-social. Se trata de comprender un fenómeno alienante y violento, en toda su crudeza, independientemente de las pretensiones medíaticas de natulaizar el hecho.

Según nuestro criterio, no se dan la condiciones suficientes para que se trate de un Síndrome de Estocolmo, puesto que Clara Rojas comprendía cabalmente lo que era la guerrilla y el secuestro, incluso convivía con esa realidad colombiana y fue voluntariamente a la selva por su amiga Ingrid Betancourt. Todas estas peculiaridades no coinciden con los requisitos necesarios para diagnosticar el síndrome. Por otra parte, la coordialidad forzada que parecía verse en su comportamiento al saludar a los guerrilleros y su renuencia a declaraciones extensas no parece indicar una “amigable convivencia” en la selva.

No olvidando que poseemos muy pocos elementos (y viciados, como casi todo lo que proviene de los mass media), nos inclinamos a pensar que no se trata de Síndrome de Estocolmo.

PERO ENTONCES… ¿CÓMO QUEDO EMBARAZADA?

Aún cuando sea la hipótesis menos aceptada por la consciencia popular, me inclinaría a pensar que pudo tratarse de una violación (supuesto que será muy difícil de corroborar o refutar). Por el carácter que parece tener Clara Rojas, debe haber sido una prisionera difícil para los guerrilleros de las FARCS, tal vez una violación era un medio posible de intentar doblegarla. Si esto es así, Clara Rojas posee, en este momento, un puñal para atravesarles el corazón por las espaladas a sus ex-captores.

[Foto: Clara Rojas junto a su madre tras ser liberada. Ojeras, brazos muy delgados, palidez en el rostro… parecía en peores condiciones que su par colombiana liberada.]

EL CASO DE PATRICIA HEARST.

Nieta de un magante millonario, fue secuestrada el 4 de febrero de 1974 de su departamento en California por un pequeño grupo de izquierda denominado “El Ejército de Liberación Simbionés” (SLA). Poco tiempo después, el 5 de abril de mismo año fue fotografiada con un arma de largo alcance en el asalto a una sucursal del banco Hibernia, junto a sus raptores.

Más tarde se supo que había cambiado su nombre por el de Tania y se había comprometido con las ideas del SLA. Se dictó una orden judicial de captura y en septiembre de 1975, fue arrestada en el departamento de otro de los militantes.

En su juicio, comenzado el 20 de marzo de 1976, Hearst declaró que había sido encerrada y cegada en un armario y abusada física y sexualmente, produciéndosele un “lavado de cerebro”; un caso extremo de síndrome de Estocolmo, en el que los rehenes acaban compadeciéndose por los capturadores. La defensa no tuvo éxito y fue acusada de robo de banco. Su sentencia fue reducida después de veintidós meses por el presidente Jimmy Carter.

Hearst fue puesta en libertad el 1 de febrero de 1979. Más tarde fue indultada por el presidente Bill Clinton durante las últimas semanas de su mandato. Hearst ha participado en diversas películas y es notoria su relación profesional con el director de cine John Waters. Ha escrito un autobiografía titulada “Every Secret Thing”.

[Foto: Patty Hearst durante el atraco protagonizado por el SLA en el banco Hibernia.]

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